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Biografía

Pedro Justo Berrío

Estados Unidos de Colombia

1827–1875

18 min de lectura36 documentos
Nacimiento1827
Fallecimiento1875
RolesAbogado · Comandante militar conservador
Lugar principalSanta Rosa de Osos
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

Pedro Justo Berrío gobernó el Estado Soberano de Antioquia entre 1864 y 1873, es decir, durante casi toda la década en que el liberalismo radical impuso en Colombia el orden federal más laico y descentralizado de su historia. Su nombre pesa porque encarna una paradoja fundacional: mientras los Estados Unidos de Colombia se organizaban bajo la Constitución de Rionegro para desmontar el poder de la Iglesia y disolver la centralización, un solo estado —el suyo— construyó en sentido contrario un aparato conservador, católico y ordenado que resultó ser, en muchos indicadores, el más eficaz del país. En Antioquia se hicieron más escuelas que en ninguna otra parte, se echaron las primeras leguas del ferrocarril, se aceitaron las redes empresariales que sostendrían la expansión cafetera y se preservó una alianza intacta entre el clero y el poder civil. Cuando quince años después de su muerte Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro diseñaron la Regeneración, tenían a la vista una prueba empírica de que su programa era posible: la había hecho funcionar, sin proponérselo como modelo nacional, un abogado nacido en Santa Rosa de Osos.

02

Línea de vida

  1. 1827

    Nacimiento en Santa Rosa de Osos

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    Nació en Santa Rosa de Osos, en el norte montañoso de Antioquia, zona minera y ganadera que era médula del conservatismo regional, en el seno de una familia de propietarios medianos vinculados al mundo jurídico y comercial.

  2. 1864

    Combate del Cascajo y toma del poder en Antioquia

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    En enero de 1864, Berrío comandó las fuerzas conservadoras que derrotaron al gobernante liberal Pascual Bravo en el combate del Cascajo. Bravo murió en la acción y Berrío asumió el poder del Estado Soberano de Antioquia, inaugurando una revolución estatal exitosa en plena era federal y al inicio del mandato del presidente radical Manuel Murillo Toro.

  3. 1864

    Constitución estatal confesional de Antioquia

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    Berrío dotó a Antioquia de una constitución estatal que restableció el vínculo formal entre gobierno y catolicismo, en contraste directo con la Constitución de Rionegro (1863), primera carta colombiana que no comenzaba con la invocación 'En nombre de Dios'. La coexistencia de ambos ordenamientos expresó la contradicción interna del federalismo colombiano.

  4. 1868

    Composición del Himno de Antioquia

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    En 1868, Epifanio Mejía compuso el Himno de Antioquia, que expresaba resistencia frente a las pretensiones absorbentes de la capital federal, en el contexto del gobierno conservador de Berrío frente al Olimpo Radical en Bogotá.

  5. 1870

    Antioquia lidera la expansión educativa nacional pese a la reforma radical

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    Cuando el gobierno radical de Eustorgio Salgar promulgó el Decreto Orgánico de Instrucción Pública (1870), que imponía neutralidad religiosa y maestros protestantes alemanes, Antioquia —bajo el gobierno conservador de Berrío— se convirtió paradójicamente en el estado de mayor crecimiento educativo del país, absorbiendo recursos del sistema nacional sin sacrificar el carácter católico de la enseñanza.

  6. 1873

    Antioquia alcanza la mayor escolaridad del país

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    En 1873, Antioquia registraba el nivel más alto de escolaridad de Colombia: 5,4% de escolares sobre el total de su población, superando a Cundinamarca (4,6%) y Santander (3,1%). El logro fue atribuido al esfuerzo de las autoridades conservadoras antioqueñas bajo el gobierno de Berrío.

  7. 1873

    Fin del gobierno e impulso al Ferrocarril de Antioquia

    Leer contexto

    Al concluir sus nueve años de gobierno en 1873 —cifra insólita en la Colombia federal—, Berrío dejaba en marcha el proyecto del Ferrocarril de Antioquia bajo la dirección del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, obra clave para conectar la producción regional con el río Magdalena y los mercados exteriores.

La semblanza de un gobernante regional

Berrío no fue caudillo militar de carrera ni orador de plaza. Su ascenso obedeció al calce preciso entre una biografía y una necesidad: la de un conservatismo antioqueño que, tras la derrota nacional de 1863, requería un hombre de gabinete capaz de administrar una guerra breve y una paz larga. Sus nueve años de gobierno en Antioquia —cifra insólita en la Colombia federal, donde los mandatarios estatales solían durar meses o dos años— demuestran que supo convertir el triunfo militar de enero de 1864 en régimen estable, y el régimen en obra.

Lo que hace su figura relevante para leer el federalismo colombiano no es su carácter individual sino la manera en que su gobierno reveló la contradicción interna del sistema de 1863. La Constitución de Rionegro había concedido a los estados soberanos la potestad de adoptar sus propios códigos, organizar sus fuerzas, definir su régimen electoral, escribir sus constituciones. Los radicales que redactaron esa carta suponían que esas facultades servirían para consolidar el laicismo y la libertad; en Antioquia sirvieron exactamente para lo contrario. La misma soberanía estatal que Bogotá empleó para desamortizar bienes eclesiásticos y proyectar un sistema nacional de educación laica fue la que Berrío empleó para tejer con la Iglesia un pacto formal, financiar la educación confesional y blindar la región contra las reformas radicales. Antioquia bajo Berrío no fue una anomalía del federalismo: fue su prueba de estrés.

Los orígenes: Santa Rosa de Osos, la abogacía y el conservatismo antioqueño

Berrío nació en 1827 en Santa Rosa de Osos, en el norte montañoso de Antioquia, una zona minera y ganadera que había producido durante décadas la médula del conservatismo regional: propietarios medianos, párrocos con influencia, comerciantes vinculados a Medellín. Se formó como abogado en un ambiente donde la profesión jurídica era el vehículo natural de ascenso político para hijos de familias pudientes pero no oligárquicas, y donde el derecho se aprendía tanto en las aulas como en las notarías y los juzgados de provincia.

Cuando llegó a la vida pública, el conservatismo antioqueño ya tenía forma. Mariano Ospina Rodríguez —presidente de la Confederación Granadina entre 1857 y 1861, promotor del Colegio de San José de Marinilla y figura tutelar del partido en la región— había fijado sus rasgos: adhesión doctrinal al catolicismo, defensa de la propiedad, desconfianza de la soberanía popular sin filtros, apuesta por el orden como valor supremo. Berrío pertenece a la generación siguiente, la que recogió esa arquitectura ideológica y la convirtió en programa de gobierno.

Un rasgo del ambiente conviene subrayarlo, porque explica la solidez del bloque que Berrío heredó. En Antioquia el conflicto entre Iglesia y Estado, que en el resto del país adquirió tonos incendiarios, quedó atenuado por una religiosidad compartida transversalmente por todos los grupos sociales. No había en Medellín ni en Rionegro una clase dirigente ilustrada, anticlerical y librepensadora que tensara el debate público, como sí la había en Bogotá o en Popayán. La retórica antiliberal más intensa del país provenía justamente de este departamento aislado, "fanáticamente patriótico" y proteccionista, cuya capital era inaccesible por carretera hasta bien entrado el siglo XX. Ese aislamiento físico, que hasta la era de la aviación protegía a la región de la penetración de ideas exteriores, no era mero dato geográfico: era una condición estructural que moldeaba mentalidades.

La toma del poder: el combate del Cascajo y la revolución de 1864

En 1863, tras la derrota conservadora en la guerra de 1860-1862 y la instalación de la Convención de Rionegro, Antioquia había quedado en manos liberales. La gobernaba Pascual Bravo, joven mandatario del liberalismo antioqueño, en un estado donde el signo conservador de la mayoría poblacional volvía inestable cualquier gobierno del partido rival. La sublevación conservadora estalló a finales de 1863 y se resolvió militarmente en enero de 1864, cuando las fuerzas comandadas por Berrío derrotaron a las de Bravo en el combate del Cascajo. Bravo murió en la acción. Berrío asumió el poder que aquel había ejercido.

El episodio importa por varias razones. Primero, porque fue una revolución estatal exitosa: en un país donde durante el período federal muchas insurrecciones regionales fracasaron o terminaron por consumar apenas relevos efímeros, la de Antioquia consolidó nueve años de gobierno continuo del mismo bando. Segundo, porque ocurrió al inicio del mandato presidencial de Manuel Murillo Toro, la figura mayor del radicalismo, y le planteó de entrada una disyuntiva que ilustra los límites del federalismo: intervenir para reponer al gobierno liberal derrocado hubiera violado la soberanía del estado; tolerar el hecho consumado equivalía a admitir un enclave conservador en el corazón geográfico del país. La segunda opción prevaleció. Tercero, porque la revolución de 1864 estableció un patrón: el conservatismo antioqueño no iba a esperar la alternancia electoral nacional para gobernarse a sí mismo. Se gobernaría desde adentro, con sus propias reglas, aprovechando el margen que la Constitución de Rionegro concedía a los estados.

Hay una ironía que conviene retener. Antioquia había apoyado electoralmente a Murillo Toro poco antes de la revolución conservadora, lo que muestra que el vínculo entre partido nacional y clientela regional era menos rígido de lo que sugiere la lectura ideológica dura. La política antioqueña se movía por lealtades locales, cálculos económicos y coyunturas eclesiásticas tanto como por doctrina.

La trayectoria: nueve años de gobierno (1864-1873)

Los nueve años de Berrío en el poder se organizan alrededor de tres frentes simultáneos: la consolidación institucional del estado conservador, la política educativa y la infraestructura económica. Es en la combinación de los tres, más que en cualquiera por separado, donde reside la singularidad de su gobierno.

El estado conservador confesional. La primera tarea de Berrío fue dotar a Antioquia de una constitución estatal acorde con el signo político del régimen. La carta antioqueña de 1864 restableció el vínculo formal entre gobierno y catolicismo en un momento en que la nación acababa de promulgar, en Rionegro, la primera constitución colombiana que no comenzaba con la invocación "En nombre de Dios" sino con una fórmula secularizada. Ese contraste no era menor: mientras en el nivel federal los radicales habían suprimido la referencia divina, extendido la libertad religiosa y ratificado las leyes de desamortización sancionadas por Tomás Cipriano de Mosquera en 1861, en Antioquia se afirmaba el carácter confesional del estado. La coexistencia de ambos ordenamientos jurídicos dentro del mismo país expresaba con nitidez la contradicción del federalismo colombiano.

La red clerical. El pacto con la Iglesia fue el cimiento del régimen. La religiosidad compartida de la sociedad antioqueña facilitaba la alianza, pero no la garantizaba: hubo que institucionalizarla. Berrío contó con el respaldo activo del obispado de Medellín —encabezado durante parte del período por Valerio Antonio Jiménez— y con la red de párrocos que en cada municipio articulaban simultáneamente la vida religiosa y la política. Este maridaje operativo entre curato y gobernación no era una invención antioqueña: reflejaba la doctrina, sostenida sin ambages por buena parte de la jerarquía nacional, de que la participación del clero en política no era solo permitida sino obligación estricta, entendida como defensa del orden, del Estado y de la Iglesia frente al liberalismo. Lo que hizo Antioquia fue llevar esa doctrina al plano administrativo con la eficacia que las condiciones locales permitían.

Educación: la paradoja pedagógica. Aquí se produce el hecho más contraintuitivo del período. En 1870, el gobierno radical de Eustorgio Salgar promulgó el Decreto Orgánico de Instrucción Pública, la reforma educativa más ambiciosa del siglo XIX colombiano: escolarización elemental obligatoria, neutralidad religiosa, sistema nacional dirigido desde el centro, contratación de una misión pedagógica de protestantes alemanes para organizar escuelas normales en todos los estados de la federación. La reforma buscaba, entre otras cosas, sacar la formación de maestros del monopolio eclesiástico. Cabría esperar que Antioquia, bastión conservador y confesional, la resistiera y quedara atrás en cobertura.

Ocurrió lo contrario. Antioquia fue el estado con mayor crecimiento educativo del país bajo el régimen radical. En 1873 registraba el nivel de escolaridad más alto de Colombia: un 5,4% de escolares sobre el total de su población, seguida por Cundinamarca con 4,6% y Santander con 3,1%. El número nacional de escolares —que había pasado de cerca de 22.000 a mediados de siglo a 60.155 en 1870 y a más de 83.000 hacia 1873-1874— tenía en Antioquia su componente más dinámico. El logro se atribuyó al esfuerzo de las autoridades conservadoras antioqueñas: es decir, al gobierno de Berrío. La explicación de la paradoja está en el pacto local: mientras en otras regiones la reforma se estrellaba contra la resistencia del clero, en Antioquia la educación se confiaba más a pedagogos que a políticos, y la religiosidad compartida permitía absorber recursos, maestros y escuelas del sistema nacional sin sacrificar el carácter católico de la enseñanza. El resultado fue que, para 1912, cuando más del 80% de la población colombiana era todavía analfabeta, Antioquia mostraba una situación regional sensiblemente más favorable.

Infraestructura y economía. El otro frente fue material. Berrío impulsó la construcción del Ferrocarril de Antioquia, cuya primera etapa —las cuatro leguas iniciales tendidas desde una playa desierta rodeada de pantanos en el Magdalena— quedó bajo la dirección del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros. La obra respondía a una preocupación de larga data: desde comienzos del siglo XIX, la composición de los caminos hacia el Nare había sido considerada condición indispensable para dar vida al comercio y la agricultura de Antioquia. Sin salidas al Magdalena, la producción minera y agrícola de la región no llegaba a los mercados. Berrío heredó ese diagnóstico y le dio ejecución.

En paralelo, su gobierno arropó el proceso de colonización hacia el sur —el brazo antioqueño que a partir de mediados de siglo se derramó sobre lo que sería el Quindío, el norte del Valle del Cauca y el Tolima— y consolidó el marco jurídico que permitiría formalizarlo. La Ley 61 de 1874, ratificada por la Ley 48 de 1882, otorgó reconocimiento amplio al derecho de los colonos sobre las tierras baldías que hubieran cultivado; cristalizó así una práctica antioqueña de décadas y la convirtió en régimen jurídico nacional. Comerciantes medellinenses, organizados desde 1835 en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, fomentaron productos comerciales —principalmente el café— destinados a Europa y Estados Unidos, y generaron de manera endógena la mentalidad burguesa que sería el sello económico de la región.

Los negocios de minería, las concesiones ferroviarias y los remates de licores se movían en el mismo mundo de relaciones políticas y personales que el gobierno. Los negociantes conservadores, antes marginados durante los interregnos liberales, pasaron a ser beneficiarios sistemáticos del favor oficial. No hay aquí ninguna singularidad antioqueña: era el modo de operar de todos los gobiernos de todos los signos en la Colombia decimonónica. Conviene registrarlo, sin embargo, para que la imagen del régimen no quede reducida a la de un experimento cívico incontaminado.

La red: hombres, ideas y lugares

Berrío no operó en solitario. Su gobierno se apoyó en una plana mayor del conservatismo antioqueño que incluía a Marceliano Vélez —oficial de la revolución de 1864 y figura de peso en el aparato militar del estado— y a Recaredo de Villa, entre otros. Detrás, la sombra tutelar de Mariano Ospina Rodríguez seguía marcando la doctrina, aunque su influencia directa en Medellín se ejerciera más desde la publicística y las redes personales que desde el cargo.

Un actor clave del entramado ideológico regional fue Vicente Restrepo, cuya trayectoria ilustra las conexiones internacionales del catolicismo político colombiano. Restrepo había coincidido en París con Gabriel García Moreno —futuro dictador ultramontano del Ecuador entre 1861 y 1875, entonces exiliado—, con quien compartió un año en la École des Mines, marcados ambos por afinidades científicas y por un común alejamiento de la vida mundana parisina. De regreso en Colombia, Restrepo se contaría entre los fundadores de la Sociedad Católica de Medellín en la década de 1870, institución que canalizó la militancia católica en un momento en que la reforma radical la estimulaba a organizarse. Fue la hostilidad de Mosquera hacia la Iglesia —el destierro del obispo Domingo Antonio Riaño, el encarcelamiento de allegados al clero durante las medidas de tuición y desamortización de 1861— lo que precipitó su desilusión con el liberalismo y su tránsito hacia el conservatismo. El caso Restrepo revela por qué actores locales percibieron el orden radical como una agresión y cerraron filas alrededor de gobiernos como el de Berrío.

En el plano nacional, Berrío convivió con la dirigencia radical que dominaba Bogotá: Manuel Murillo Toro, Eustorgio Salgar, Aquileo Parra. La relación era de reconocimiento mutuo tenso. Bogotá aceptaba la existencia del enclave conservador antioqueño porque la Constitución de Rionegro no dejaba alternativa jurídica y porque una intervención armada hubiera costado más de lo que el gobierno federal podía permitirse. Medellín, por su parte, cumplía las exigencias formales del sistema —enviaba representantes al Congreso, participaba en las elecciones presidenciales, aplicaba las leyes federales que no contradijeran su ordenamiento propio— y aprovechaba cada resquicio para desarrollar su propia agenda.

En cuanto a las ideas, el conservatismo antioqueño se nutría de una tradición hispánica que hombres como Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodríguez y, con más ambigüedades, José Eusebio Caro habían articulado a mediados de siglo: defensa del librecambio compatible con un orden social jerárquico, catolicismo institucional, monarquismo cultural dentro de formas republicanas. Berrío no fue teórico —no dejó cuerpo escrito comparable al de Ospina Rodríguez o al de Caro—, pero gobernó dentro de ese horizonte. Y aunque ningún antioqueño ocupó la Presidencia de la República durante el siglo XIX —los presidentes provenían mayoritariamente de la costa atlántica, del Gran Cauca o de la región centro-oriental—, la experiencia de Antioquia entró al debate nacional como argumento vivo.

Los lugares también hablan. Santa Rosa de Osos, su cuna, era pueblo minero del norte. Medellín, su capital de gobierno, era en 1864 una ciudad de tamaño mediano cuyo perfil económico apenas empezaba a girar del oro hacia el comercio y la manufactura incipiente. Rionegro, sede de la convención constituyente de 1863, quedaba a un día de camino: la contigüidad geográfica entre el hito fundacional del radicalismo y la capital del régimen conservador que lo desafió resume la geografía política del período.

El himno, el aislamiento y la identidad

En 1868, en plena administración de Berrío, el poeta Epifanio Mejía compuso el "Himno de Antioquia". La pieza —convertida con el tiempo en emblema oficial— tiene una carga interpretativa que suele pasarse por alto: no es tanto un canto de libertad contra los antiguos colonizadores españoles como una protesta contra las pretensiones absorbentes del centralismo. Escrita bajo un gobierno conservador que se resistía al Olimpo Radical, la letra dice en cifra lo que la política decía a plena luz: Antioquia se piensa como comunidad distinta, con derechos frente a la capital, con destino propio.

La construcción de esa identidad regional acompañó y legitimó al régimen de Berrío. El tipo antioqueño fue elaborado discursivamente como "quizás el más bello tipo de la República", con conexión directa entre belleza física, prosperidad y virtud moral. La imagen era en gran medida autoproducida y se reforzaba con la posición económica creciente que Antioquia empezaba a ocupar en el país. Los propios antioqueños se preciaban de valores de aspereza, sencillez y rusticidad —"montañero, rústico, cerril"— como marcadores de identificación con su medio geográfico. El aislamiento físico se transmutaba en carácter, y el carácter en política.

Este edificio identitario cumplía una función: hacía verosímil, y en cierto sentido inevitable, la existencia de un gobierno distinto al del centro. Si los antioqueños eran otra cosa, era natural que se gobernaran de otra manera.

Los límites del modelo

La atmósfera de aislamiento no era favorable a ideas de mayor horizonte. El grupo dirigente antioqueño tendía a entender "lo práctico" de forma inmediata, y esa tendencia podía perjudicar incluso las realizaciones que requerían mayor originalidad y alcance. Los ferrocarriles se hacían, las escuelas se construían, las leyes de tierras se aplicaban; pero el modelo carecía de proyección teórica más allá de su circunstancia. Berrío gobernó bien lo que tenía delante; no formuló un programa exportable.

Esa limitación fue simétrica de una virtud: el régimen no pretendía ser modelo, y por eso pudo ser eficiente. Los proyectos con ambición doctrinal universal —como la reforma educativa radical de 1870— tropezaban con la brecha entre sus aspiraciones y los recursos humanos y materiales disponibles, con las resistencias territoriales, con los conflictos religiosos. Antioquia, más modesta en pretensión, alcanzó resultados que las políticas más ambiciosas no consiguieron a escala nacional.

El orden antioqueño tampoco fue benévolo con todos. La empresa política y económica era la de una élite conservadora que operaba dentro de una red densa de relaciones personales, y las oportunidades de negocio, las concesiones y los remates fiscales fluían por esas redes. La colonización antioqueña, presentada como epopeya democrática de pequeños propietarios, tuvo también su cara de expropiación de indígenas y de conflictos con propietarios previos que las leyes de baldíos no resolvieron bien. Ninguno de estos rasgos era exclusivo de Antioquia ni del período berrista, pero forman parte del cuadro completo.

La huella: la muerte, la guerra y el eco regeneracionista

Berrío murió en 1875, poco después de terminar su período de gobierno. Su desaparición coincidió con el fin de un ciclo. Al año siguiente estalló la guerra civil de 1876-1877, detonada en gran medida por la reacción conservadora y clerical contra la reforma educativa radical. El clero de Palmira, Cartago y Tuluá abanderó la causa antirreformista en el Cauca, entrelazándola con tensiones sociorraciales prevalecientes en la región. La guerra duró once meses y se libró principalmente en el Cauca y el Tolima. Rafael Uribe Uribe, entonces adolescente, inició su carrera militar del lado del gobierno y fue herido en la rodilla en la batalla de Los Chancos. En las montañas, los campesinos escondían de noche a sus hijos en el monte para evitar el reclutamiento forzoso.

El gobierno liberal radical ganó la guerra, pero la victoria fue desastrosa para la educación: se suspendieron clases, se destruyeron libros de texto, las aulas se convirtieron en cuarteles. La Universidad de Antioquia, orientada tras la muerte de Berrío hacia un enfoque más secular, fue cerrada varias veces por los gobiernos radicales; el diario de Justiniano Macía Vélez ilustra el temor con que las familias conservadoras contemplaban la posibilidad de inscribir a sus hijos en ella. Antioquia salió golpeada del conflicto, y el período que siguió a la muerte de Berrío fue descrito como un paréntesis de degradación política.

La Secretaría del Tesoro nacional se quejó en 1878 de que la guerra había costado el 118% del presupuesto nacional aprobado. Ese dato mide el desgaste del régimen federal. La combinación de reforma educativa polarizante, guerra costosa, fractura interna del liberalismo entre radicales e independientes, y ascenso de Rafael Núñez apoyado por los independientes en alianza con sectores conservadores, condujo en pocos años al fin del sistema de 1863. En 1886 se promulgó una nueva constitución que revirtió el federalismo, restableció el carácter católico del Estado y favoreció los intereses de la Iglesia en materia educativa, marco luego afinado por el Concordato de 1887.

Aquí se cierra el círculo. La Constitución de 1886, redactada bajo la égida de Núñez y Miguel Antonio Caro, retomó buena parte de los principios que Berrío había aplicado en Antioquia: alianza formal entre Estado e Iglesia, educación con inspiración católica, centralización política, orden social jerárquico. Sería excesivo decir que la Regeneración copió el modelo antioqueño; ni Núñez era conservador clerical al modo antioqueño ni Caro era antioqueño. Pero sería igualmente insuficiente ignorar que la experiencia de Berrío estaba a la vista de todos como prueba de que un orden semejante era administrable, productivo y compatible con el crecimiento económico. Antioquia había mostrado, dentro del federalismo, lo que la Regeneración se propondría hacer fuera de él. El experimento regional operó como plantilla no proyectada de un programa nacional.

Cómo se lo recuerda

La memoria posterior sobre Berrío ha oscilado entre dos polos. La tradición conservadora antioqueña lo consagró como el gran gobernante de la región, arquitecto de su progreso material y guardián de su identidad católica; su nombre quedó fijado en calles, escuelas y plazas de Medellín. La historiografía liberal, más reticente, lo situó dentro del bloque reaccionario que preparó el terreno para la Regeneración y para el largo predominio conservador que se extendería, con interrupciones, hasta 1930.

Una lectura más templada permite reconocer varias cosas a la vez: que Berrío fue un administrador eficaz cuya obra material y educativa es verificable en cifras; que su régimen se sostuvo sobre una alianza con la Iglesia que era condición estructural de la sociedad antioqueña antes que invención suya; que el aislamiento geográfico y cultural de la región fue tanto el habilitador de su experimento como el techo de su horizonte; que la Constitución de Rionegro, al conceder soberanía plena a los estados, permitió sin quererlo la construcción de un enclave que era su negación puntual; y que el eco regeneracionista de su obra no responde a una voluntad de exportar modelos sino al hecho de que Núñez y Caro pudieron leer en Antioquia una demostración empírica de que su programa era viable.

En ese cruce entre biografía individual y estructura de largo plazo reside la centralidad histórica de Pedro Justo Berrío. No fue el más elocuente ni el más doctrinario de los conservadores colombianos del siglo XIX. Fue, con toda probabilidad, el más eficaz en convertir doctrina en gobierno, y por eso su nombre sigue siendo indispensable para entender cómo se pasó del federalismo radical al orden regenerador, y por qué Antioquia ocupa dentro de la nación colombiana el lugar particular que ocupa.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

36 documentos · 43 fragmentos
01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1081 cita
[1]

la Constitución rionegrera, en cuya redacción y promulgación no había par- ticipado. Sin embargo, respaldaba las medidas federativas y de libertades que ella disponía, y no aprobaba las pertinentes a temas eclesiásti- cos, frente a las cuales tenía criterios y senti- mientos diferentes. Dos hechos de significado…

p. 108
02Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 521 cita
[2]

dictatorship of Rafael Urdaneta that resulted from it was overthrown in its turn by a counterrebellion the very next year, so that the two "successful" uprisings in effect canceled out each other. The next three uprisingsthe War of the Supremes, the Conservative revolution of 1851, and the Melo coupall ended in…

p. 52
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Páginas 92, 2752 citas
[3]

lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…

p. 275
[21]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
04Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Páginas 372, 4672 citas
[4]

t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 Antioquia fue durante mucha parte del periodo un islote conservador. Las ideas y las acciones de los hom- bres políticos —liberales y conservadores— de Antioquia estaban condicionadas y limitadas por esa circunstancia. La consecuencia desastrosa de la guerra del 76 abrió un…

p. 467
[33]

a que se le adjudiquen, sin necesidad de constituirse otro título; pero la ley citada sólo autorizaba al Poder Ejecutivo «para que pueda declarar pertenecientes hasta diez fane- gadas de tierras baldías al granadino que las haya cultivado». Sólo en 1874 (Ley 61) se llega al reconocimiento, confirmado por la Ley 48 de…

p. 372
05Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1481 cita
[5]

de viajeros extranjeros como de ciertos intelectuales capitalinos, hablaban de un campesino rudo, de un comerciante con ciertos rasgos árabes o ju- díos despreocupado del refinamiento cultural. Los mismos antioqueños se 51 Citado por Santa, op. cit., p. 456. 52 El pensamiento social de Uribe Uribe, op. cit., p. 127.…

p. 148
06De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 691 cita
[6]

se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el arzobispo definió la política…

p. 69
07De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 691 cita
[7]

buenas costumbres. no sólo se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el…

p. 69
08Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 5231 cita
[8]

i m e C o r r e a, a s í c o m o a l o s c o m p a ñ e r o s d e l g r u p o d e H i s t o r i a S o c i a l p o r s u s c o m e n t a r i o s y s u g e r e n c i a s, e n e s p e c i a l a B e a t r i z P a t i ñ o M i l l á n, A m p a r o M u r i l l o P o s a d a, L u z E. P i m i e n t a, A n d r é s L ó p e z B e…

p. 523
09Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 951 cita
[9]

la Union y constituirse en republi- cas independientes o anexarse a otro pais, como lo intentaron Antioquia y Panama. Pero por algo la Constitucién de 1858 les prohibié usar bandera o escudo de otra nacién. Aquella conducta no era nueva, pues recordemos cémo en 1831 algunas provincias proclamaron su anexi6n a…

p. 95
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1571 cita
[10]

magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…

p. 157
11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 171 cita
[11]

del Beebe ¢ Ae tee batndoe Ue mstrs Critvrtrrmoe gus tfervetla, Ka rensde en dectetuas 4 ta “goin ai fillicd c @. Bfilitle a4 eZ a Wtieele te.S oe Go elarter Lobes aped dé Poliagata Blaine, Lb nen! See Fon dintaciesen, Mag datiun, Pannva: Doerlar dor ¢ Blhiorra, ried doe peyperlen a sereele fers tor aelee Ae ape…

p. 17
12Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1971 cita
[12]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
13La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1391 cita
[13]

auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…

p. 139
14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1071 cita
[14]

texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…

p. 107
15Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1131 cita
[15]

de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
16¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Páginas 65, 682 citas
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garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
[37]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
17Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Páginas 62, 642 citas
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sus padres, re- ciban dicha instrucción de los párrocos o ministros», aunque no resultó esto en garantía suficiente para los sectores más tradicionalistas. Esta enérgica política instruccionis- ta que planteaba la reforma se reflejó no sólo en un amplio debate educativo sino, también, en un rápido y soste- nido…

p. 64
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se correspondió en ma- yor medida con el plano de las reali- zaciones prácticas. Frente a una po- blación que de manera reducida pero estable no dejó de crecer a lo largo del siglo, el sistema escolar se mostró siempre incapaz para ofrecer a los re- cién estrenados ciudadanos la dosis mínima de escolaridad que supone…

p. 62
18Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 1511 cita
[18]

period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

p. 151
19Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 257, 2642 citas
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P é rez (1372), Venancio Manrique (1873), Juan F é lix de Le ó n (1874), Enrique Cort é s (1876). En los Estados Federales se crearon los direc- wes de instrucci ó n p ú blica, nombrados por los presidentes de los respectivos Estados de candidatos propuestos por el ejecutivo na cional. Estas eran las cimas de una…

p. 257
[23]

quejaba de no poder iniciar labores por falta de libras y de estudiantes. Pero Hotschic ’ í tuvo gran é xito en Cundinamarca; se residenci ó definitivamente en Colombia, edit ó libros y lleg ó a ser director de Educaci ó n pfl. blica en Santander. Para fines de 1872 la misi ó n hab í a organizado escuelas normales en…

p. 264
20Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 2131 cita
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la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
21Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Páginas 54, 2222 citas
[24]

along, he held all the unruly elements in check.’ 96 After Berrío’s death, in , and the civil war of , the univer- sity was closed down again on a number of occasions by the Radical gov- ernments, and forced towards a more secular approach. The disagreements between Liberals and Conservatives were echoed in…

p. 222
[26]

Nacional de Delegatarios in . He was one of the founders of the Sociedad Católica of Medellín in the  s. The following detail reveals something of his character: in , while attending the École des Mines in Paris, despite their different ages, he had become a close friend of Gabriel García Moreno, the…

p. 54
22Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Páginas 54, 2222 citas
[25]

along, he held all the unruly elements in check.’ 96 After Berrío’s death, in , and the civil war of , the univer- sity was closed down again on a number of occasions by the Radical gov- ernments, and forced towards a more secular approach. The disagreements between Liberals and Conservatives were echoed in…

p. 222
[27]

Nacional de Delegatarios in . He was one of the founders of the Sociedad Católica of Medellín in the  s. The following detail reveals something of his character: in , while attending the École des Mines in Paris, despite their different ages, he had become a close friend of Gabriel García Moreno, the…

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23Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 1101 cita
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y el Estado siguieron colaborando estrechamente. Esta relación fue ilustrada en forma inmejorable por la campaña presidencial de 1930, cuando la candidatura del Partido Conservador dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá. La unidad entre la Iglesia católica y el Partido Conservador siem- pre se hizo pública…

p. 110
24Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 2391 cita
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en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…

p. 239
25Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 2141 cita
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religión Católica, Apostólica, Romano es lo res ligión de la República. Es un debor del gobierno, en ejercicio del patro- mato de la Iglesia colombiana, prote- gerda y no tolerar el culto público de ninguna otras, Adquirió asíel Estado un carácter confesional y de intole- rancia hacia cualquier culto que no fuera el…

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26Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 2621 cita
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la playa se conserva todavía una buena casa construida para hotel, con capacidad para cuarenta o cincuenta huéspedes; y en la orilla misma, con la mayor inmediación posible al fon- deadero de los vapores, las habitaciones de los vecinos, con el principal objeto de traficar con las tripulaciones de los buques. Este fue…

p. 262
27La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1311 cita
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la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…

p. 131
28El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1751 cita
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a los negociantes con- servadores de Antioquia de víctimas en beneficiarios del favor oficial. Por eso muchas actividades empresariales en minería, concesiones de ferroca- rriles y remates de licores, reclaman estudios específicos para comprender las relaciones entre los comerciantes y el gobierno, a escala nacional y…

p. 175
29Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1141 cita
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pleitos y riquezas, descuidando ente ram ente la felicidad de los pueblos. Para conseguir la de este país, se deben componer con la m ayor perfección los dos caminos que de sus principales ciudades siguen al Este y llegan hasta el N are... Su fragosidad presente es obra de la inacción y del descuido. Los jefes de la…

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30Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 531 cita
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ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

p. 53
31Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Página 1011 cita
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the sea for the first time." Waiting for boats to cross the Cauca River, Rafael recklessly threw himself into the water in an attempt to swim to the other side. Unable to continue after reaching mid-stream, he very nearly drowned before he was rescued by a boatman.f At the age of seventeen, Uribe Uribe began his…

p. 101
32Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
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so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

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33Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 221 cita
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zipizapes entre liberales y conser- vadores durante el siglo diecinueve. En 1873, cuando circulaban rumores de una guerra con Inglaterra, en el cabildo de Sonsón se declamó una proclama que llamaba a enfrentar hasta la muerte las amenazas del agresor británico. En guerras como la de 1876, los campesinos habían huido…

p. 22
34Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 161 cita
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ser un pueblo campesino, comerciante, próspero y moral, frente a un pueblo considerado mayoritariamente contrario a estas características. La fuerza de la descripción alabadora y positiva del tipo antioqueño obedeció, en gran medida, a la construcción de una imagen poderosa de la población y el paisaje antioqueño…

p. 16
35El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 821 cita
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Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

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36El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 1261 cita
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político de esa centuria. Sin embargo, es claro que también Núñez y José Eusebio 78 El romanticismo en Europa, especialmente en Alemania, condujo a una admiración muy grande por todos los rasgos característicos del alma española tales como el espíritu caballeresco, el intenso sen- timiento religioso, y en general por…

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