Elecciones de 1946 y retorno conservador
En mayo de 1946, la división del voto liberal entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán permitió la victoria del conservador Mariano Ospina Pérez con el 41% de los votos, poniendo fin a dieciséis años de hegemonía liberal. El episodio cerró el ciclo reformista de la República Liberal y abrió la dinámica que conduciría a La Violencia.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 5 de mayo de 1946
- Dónde
- Colombia, Bogotá, Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Tolima, Valle del Cauca, Santander, Barranquilla, Pasto
- Protagonistas
- Mariano Ospina Pérez, Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel Turbay, Laureano Gómez, Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo, Eduardo Santos, Darío Echandía, Partido Liberal de Colombia, Partido Conservador de Colombia, Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La fractura interna del liberalismo en tres corrientes irreconciliables —santista, lopista y gaitanista— impidió acordar una candidatura única pese a las reuniones de abril de 1946 entre Turbay y Gaitán.
- El agotamiento del reformismo lopista, acelerado por la Ley 100 de 1944 que restituía poderes a los terratenientes y por el debilitamiento del movimiento sindical tras la destrucción de la FEDENAL en 1945, dejó al liberalismo sin agenda cohesionadora.
- La neutralidad declarada de Alfonso López Pumarejo ante los dos candidatos liberales privó al partido de un árbitro con autoridad para imponer una fórmula única.
- La maniobra conservadora de lanzar tardíamente —el 24 de marzo de 1946— la candidatura moderada de Ospina Pérez en lugar de la polarizante de Laureano Gómez evitó que el liberalismo se unificara por reacción ante un adversario temido.
- El fracaso personal de las negociaciones entre Turbay y Gaitán, marcado por la arrogancia de Turbay y por el cálculo de Gaitán de que ceder su candidatura desmovilizaría a su movimiento de base.
Consecuencias
- Ospina Pérez ganó la presidencia con el 41% de los votos el 5 de mayo de 1946, poniendo fin a dieciséis años de hegemonía liberal, pese a que los dos candidatos liberales sumaban mayoría absoluta del electorado.
- El gaitanismo, aunque derrotado en el agregado nacional, arrasó en las grandes ciudades obreras —58% en Bogotá, 71% en Barranquilla— y demostró ser la primera fuerza del liberalismo popular, lo que condujo a que Gaitán fuera reconocido como jefe único del Partido Liberal tras las elecciones parlamentarias de 1947.
- El retorno conservador al poder activó desde el aparato del Estado una reconquista territorial —policías conservatizadas, alcaldías militarizadas, estados de sitio— que prefiguró el ciclo de violencia bipartidista conocido como La Violencia.
- Quedó expuesto el abismo entre la dirigencia sindical de la CTC, que apoyó a Turbay siguiendo la línea comunista, y las bases obreras que votaron masivamente por Gaitán, debilitando la cohesión del movimiento laboral organizado.
- La promesa de Unión Nacional y gabinete paritario de Ospina Pérez, aunque inicialmente cumplida en parte, no impidió la escalada de violencia política que marcaría su gobierno y el de Laureano Gómez a partir de 1950.
La clave interpretativa
Por qué importa
Las elecciones de 1946 son la bisagra entre la República Liberal y el inicio de La Violencia: no fue una derrota impuesta desde afuera, sino el resultado de la incapacidad del liberalismo para procesar sus propias contradicciones sociales y políticas. La victoria de Ospina Pérez demostró que una minoría organizada puede ganar cuando la mayoría se fragmenta, lección que el conservatismo —con Laureano Gómez como estratega en la sombra— ejecutó con precisión quirúrgica. Al mismo tiempo, el desempeño electoral de Gaitán reveló que Colombia tenía una mayoría popular urbana sin representación efectiva en las estructuras partidarias, tensión que estallaría el 9 de abril de 1948.
Desarrollo histórico
La historia completa
Elecciones de 1946 y retorno conservador
En mayo de 1946, después de dieciséis años de hegemonía liberal, un empresario antioqueño llamado Mariano Ospina Pérez ganó la presidencia de Colombia con el 41% de los votos. No lo hizo derrotando al Partido Liberal: lo hizo entrando por la grieta que el liberalismo se había abierto a sí mismo. Gabriel Turbay, candidato oficial, y Jorge Eliécer Gaitán, candidato disidente, sumaron entre los dos una holgada mayoría del electorado, pero ninguno cedió. La aritmética de esa terquedad devolvió el poder al conservatismo y, con él, activó desde el aparato del Estado una reconquista territorial —policías conservatizadas, alcaldías militarizadas, estados de sitio— que prefiguraría el ciclo de La Violencia. El episodio que va de la renuncia de Alfonso López Pumarejo en julio de 1945 a la posesión de Ospina Pérez en agosto de 1946 es una bisagra: el momento en que la República Liberal se despide sin quererse ir, el gaitanismo desborda al partido que lo contiene y el conservatismo, con Laureano Gómez agazapado detrás de una candidatura moderada, ejecuta la maniobra más eficaz de la política colombiana del siglo XX.
El mundo que se derrumba: la renuncia de López y el interinato de Lleras
El segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo (1942–1946) llegó a 1945 exhausto. La agenda reformista que en los años treinta había levantado la Revolución en Marcha —con la Ley 200 de 1936 como emblema— ya había sido erosionada por la propia Ley 100 de 1944, sancionada en pleno periodo de crisis, que restituyó poderes a los propietarios de tierras y limitó el alcance del reformismo agrario. El liberalismo estaba fracturado en tres corrientes que no se hablaban entre sí: el ala santista, encabezada por Eduardo Santos, que representaba al liberalismo moderado y patricio; el lopismo, ya sin oxígeno; y el gaitanismo, movimiento de masas que operaba dentro del partido pero le disputaba las bases. Ninguna de las tres respaldaba con firmeza al Ejecutivo.
A esa erosión política se sumó el sobresalto militar. En julio de 1944, durante una visita presidencial a Pasto, un movimiento dirigido por el coronel Diógenes Gil apresó al presidente en lo que la historia recuerda como el golpe de Pasto. La asonada duró apenas lo suficiente para dejar cicatriz: el designado Darío Echandía asumió la presidencia y, con el apoyo de los altos mandos y del ministro de Gobierno Alberto Lleras Camargo, conjuró el cuartelazo en pocos días. Pero el mandatario nunca se repuso del susto. El gobierno decretó el estado de sitio, cerró el Congreso y adoptó restricciones al debate público. La oposición conservadora, virulenta y bien organizada por Laureano Gómez desde El Siglo, tomó a López por el cuello y no lo soltó.
En un último intento por salvar la legislatura, López buscó un acuerdo con los conservadores: el 30 de marzo de 1945 les ofreció tres carteras ministeriales, de las cuales solo una fue aceptada. La coalición no cuajó. En julio de 1945, agotado por el asedio, sin partido detrás y sin fuerza para gobernar con lo poco que le quedaba, López Pumarejo renunció. Le entregó la presidencia al primer designado, Alberto Lleras Camargo, quien la ejerció hasta agosto de 1946.
El gobierno de Lleras Camargo no fue un paréntesis: fue una declaración. Con él, el reformismo lopista se cerró. Lleras, pieza clave en la configuración de la Ley 200 y en el gabinete de coalición de 1944, entendía que la tarea del interinato era serenar las aguas, no removerlas. Durante su administración, además, se selló el desmantelamiento del sindicato más combativo del país: la Federación Nacional del Transporte Marítimo y Fluvial, FEDENAL, fue destruida a finales de 1945 tras su huelga, marcando un punto de inflexión en el poder obrero. La República Liberal terminaba con el aparato reformista desarmado y el movimiento sindical debilitado justo cuando debía enfrentar su prueba electoral más difícil.
Dos liberales que no cabían en un partido
Cuando el liberalismo se preparó para escoger candidato en 1946, ya no era el partido monolítico que había ganado tres veces seguidas. Era dos partidos que compartían nombre.
Gabriel Turbay encarnaba el liberalismo de dirección: culto, cosmopolita, con respaldo del ala santista, del aparato del partido, de la dirección de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y del Partido Comunista, entonces PSD. Su candidatura era la de la maquinaria, la de los notables, la de los directorios departamentales. Tenía todo lo que un candidato oficial necesita, salvo el pueblo.
Jorge Eliécer Gaitán encarnaba el liberalismo de base. Abogado penalista de origen popular, socialista reformista desde su tesis de grado hacia 1924, había ingresado años antes al Partido Liberal con la conocida imagen del Caballo de Troya: entrar para tomarlo desde adentro y orientarlo hacia los intereses populares. En 1945, en el Programa del Colón, había propuesto una reforma agraria moderada pero clara: limitar la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y revertir al Estado las tierras tituladas pero no explotadas, para liberar la colonización campesina bajo el principio de que era el trabajo, y no el título, el origen legítimo de la propiedad. Su consigna era «la restauración moral de la república», una fórmula que no llamaba a la destitución de los privilegiados sino a la decencia, la legitimidad y el respeto por la comunidad. Con ella tocaba una fibra que trascendía las lealtades de partido.
Su diagnóstico cabía en una frase: «el pueblo no tiene dos partidos, sino que ha sido partido en dos». Los enemigos de los sectores populares, decía, no estaban en el partido de enfrente, sino en las dirigencias de ambos. La fórmula era peligrosa para las cúpulas y magnética para las bases. Tenderos, artesanos, obreros industriales, empleados de servicios, campesinos: el gaitanismo articulaba un bloque que reconocía en su líder algo que ningún otro dirigente le daba —el respeto elemental de mirarlo de frente.
En abril de 1946, con las elecciones a un mes de distancia, Turbay y Gaitán se reunieron para intentar acordar una candidatura única. Las conversaciones fracasaron. La versión que sobrevive de aquel desencuentro tiene el sabor amargo de las cosas irreparables: Turbay le habría espetado a Gaitán la frase «soy más calificado que tú para ser presidente». Ese cálculo de superioridad —de escuela, de linaje político, de trato con las embajadas— chocó con el cálculo inverso de Gaitán: ceder su candidatura, aun con la promesa de la nominación liberal para 1950, habría significado desmovilizar a un movimiento popular que había hecho de él, no del partido, su punto de referencia. Rendirse ante la maquinaria era desaparecer.
Detrás de esa pulseada personal se movía otro actor decisivo: López Pumarejo, que declaró su neutralidad. Dijo que no podía asumir el papel de capitán de una campaña contra ninguno de los dos aspirantes de su propio partido. En términos prácticos, la neutralidad del expresidente y jefe natural del liberalismo equivalía a dejar sin árbitro la disputa. Sin autoridad política interna que forzara a una fórmula única, Turbay y Gaitán se lanzaron por separado al abismo.
La maniobra de Laureano y la aparición de Ospina
Del lado conservador, el problema era en apariencia simple: llevaba dieciséis años perdiendo. Laureano Gómez, jefe indiscutido del partido y dueño de El Siglo, era el candidato natural. Pero Gómez era también el hombre público más polarizante del país. Sabía, con esa lucidez fría que lo caracterizaba, que su propia postulación produciría el efecto contrario al deseado: uniría al liberalismo dividido. La sola posibilidad de un presidente Laureano Gómez habría bastado para que Turbay y Gaitán se sentaran de nuevo, esta vez con voluntad de acuerdo.
La solución fue táctica y quirúrgica. El 24 de marzo de 1946 —a mes y medio de las elecciones del 5 de mayo, cuando la ruptura liberal ya era irreversible— el conservatismo lanzó la candidatura de Mariano Ospina Pérez. La sincronización no fue casual: se dejó cocinar la fractura del adversario y solo entonces se puso el nombre sobre la mesa.
Ospina era la figura ideal para la operación. Nieto del expresidente Mariano Ospina Rodríguez y sobrino de Pedro Nel Ospina, pertenecía a una dinastía política antioqueña que le daba pedigrí sin identificarlo con el sector más beligerante del partido. Empresario, dirigente cafetero, industrial y urbanizador, encarnaba la imagen de un conservatismo moderno, católico moderado, cercano —en el discurso de campaña— a campesinos y obreros. Prudente, tolerante, con maneras de gerente antes que de tribuno: exactamente el opuesto de Gómez.
La pieza central de su campaña fue la promesa de un gobierno de Unión Nacional, con gabinete paritario entre los dos partidos y supresión de los «gobiernos de partido». La propuesta tenía dos destinatarios. A los grupos empresariales, tanto conservadores como liberales, les hablaba en el lenguaje de la estabilidad posreformista: se acabó la agitación de los años treinta, gobernemos con las élites productivas de las dos colectividades. A los liberales moderados les ofrecía una razón para no oponerse activamente: si el conservador que viene no es Laureano, si además va a gobernar con nosotros, ¿para qué desgastarse en una batalla que hemos hecho impracticable por cuenta propia?
Gómez, hombre de estrategia antes que de vanidad, aceptó el juego. Ceder el primer plano de la candidatura para asegurar el retorno del partido al poder era un cálculo del que sabría cobrar dividendos después.
La votación del 5 de mayo
Los resultados del 5 de mayo de 1946 confirmaron dos cosas: que Ospina Pérez había ganado con el 41% de los votos, y que la aritmética de la derrota liberal era todavía más dramática de lo que la campaña anticipaba. Turbay quedó en segundo lugar; Gaitán, en el último, aunque no muy lejos de sus rivales. La diferencia entre Gaitán y Turbay fue de unos 60.000 votos; entre Gaitán y Ospina, unos 200.000. Los dos candidatos liberales, sumados, habrían derrotado con holgura al conservador. Fue el espejo exacto, con los papeles invertidos, de 1930: entonces, la división del conservatismo entre Alfredo Vásquez Cobo y Guillermo Valencia había entregado el poder a Enrique Olaya Herrera. Ahora, la división liberal lo devolvía.
Pero el mapa del voto contaba una historia más compleja que el conteo nacional. Gaitán, último en el agregado, había ganado en Bogotá con el 58% de los votos y en Barranquilla con el 71%. Superó a Turbay y a Ospina en todas las grandes ciudades de concentración obrera, con la única excepción de Medellín. Donde había fábricas, sindicatos, barrios populares consolidados, tranvías, mercados, el gaitanismo arrasó. En cambio, en los bastiones liberales rurales tradicionales —los municipios donde la maquinaria del partido controlaba directorios y padrones—, el voto oficial se mantuvo con Turbay. La CTC había apoyado a Turbay con precaria mayoría de su dirección, pero las bases sindicales se fueron con Gaitán al margen de la orden confederal. El abismo entre la dirigencia obrera y sus afiliados quedó expuesto en las urnas.
Los datos regionales lo ilustran. En la Intendencia de Arauca, de 560 votos registrados, 476 fueron para los candidatos liberales: Gaitán obtuvo 256, Turbay 220 y Ospina apenas 84. Incluso en la frontera de los llanos, donde la política llegaba con menos ruido, el gaitanismo era la primera opción entre los liberales. Ese patrón —Gaitán primero entre los liberales del pueblo raso, Turbay primero entre los liberales del partido— reveló que no había dos candidatos disputándose un electorado, sino dos electorados que ya no cabían en el mismo partido.
Gaitán, aun perdiendo, había ganado el liberalismo. Superó por casi 100.000 votos, a nivel nacional, al sector santista. En Cundinamarca derrotó a Carlos Lleras Restrepo por 32.780 votos contra 9.761. Aquella derrota presidencial era, en la lógica interna del partido, una demostración de fuerza. En las elecciones parlamentarias de comienzos de 1947 las listas gaitanistas barrerían en todo el país, y Gaitán sería reconocido como jefe único del liberalismo. La lección política era brutal para las dirigencias: la base había dictado su veredicto.
Las causas de la derrota liberal
Reducir el resultado de 1946 a una anécdota de egos —Turbay que no cede, Gaitán que no baja— es quedarse en la superficie. La división tuvo un detonante personal, sí, pero se apoyó en una fractura estructural.
Primero, el liberalismo había perdido la capacidad de representar a su propia base social. La República Liberal había construido, entre 1930 y 1945, un electorado urbano y popular en torno a las reformas de López y a la incorporación política del movimiento obrero. Pero al llegar a 1946, con el reformismo agotado por la Ley 100 y el sindicalismo golpeado por la destrucción de la FEDENAL, ese electorado ya no se reconocía en la dirigencia santista ni en los notables regionales. El gaitanismo no fue una escisión: fue la expresión electoral de una separación que ya se había consumado en la vida social.
Segundo, faltó árbitro. La neutralidad declarada de López Pumarejo —léase como convicción personal, resignación política o cálculo tardío— dejó al partido sin autoridad interna capaz de imponer una fórmula única. Sin arbitraje, la disputa se resolvió por el desgaste, y el desgaste favoreció al que tenía menos que perder: Gaitán, que sin la candidatura desmovilizaba su movimiento; Turbay, que sin la candidatura oficial dejaba de existir. Ambos prefirieron perder juntos a ceder por separado.
Tercero —y esto es lo que suele olvidarse cuando se habla de «suicidio liberal»— hubo una decisión conservadora activa que convirtió la apertura en victoria. Sustituir a Gómez por Ospina fue una jugada de manual. Sin ese cambio, la candidatura conservadora habría cohesionado al liberalismo por reacción y la fórmula única habría emergido, aunque fuera a regañadientes. La táctica de Gómez —aceptar el segundo plano para asegurar el retorno— fue el complemento indispensable de la fractura ajena.
Y hubo un actor emergente cuyo peso no se ha subrayado lo suficiente: los grupos empresariales bipartidistas. La afinidad con la propuesta de Unión Nacional atravesó las líneas partidarias. Para los industriales, banqueros y comerciantes que habían crecido a la sombra de la sustitución de importaciones durante la guerra, el proyecto de Ospina era la promesa de estabilidad institucional sin retornos reformistas. 1946 fue también la victoria de un bloque de élites económicas que se reordenaba por encima de la lealtad de partido.
El estreno de Ospina y la Unión Nacional
Al conocer su triunfo, Ospina Pérez ratificó, en declaraciones a personas cercanas, su programa: quería ser «el Presidente de Colombia para todos los colombianos». La retórica de reconciliación no era solo cortesía. Reflejaba una constatación práctica: los liberales controlaban la mayoría del Congreso, del poder judicial y de casi todas las policías departamentales y municipales del país. Gobernar contra ellos era gobernar contra el Estado.
La Unión Nacional se estrenó con un gabinete paritario y una política de continuidad administrativa. Un signo del talante inicial fue la proposición aprobada por el Senado el 24 de octubre de 1946 —treinta votos contra tres— reconociendo que el gobierno saliente de Lleras Camargo había respetado la Constitución y las leyes de la República. Ese gesto bipartidista de despedida tenía algo de tregua entre caballeros: el liberalismo salía con honores, el conservatismo entraba sin revanchas visibles.
Pero la tregua era frágil por razones simultáneas. Adentro del gobierno, el ala laureanista veía la Unión Nacional como un mal necesario, no como un fin. Afuera, en el liberalismo, la oposición se fragmentaba en dos actitudes: el sector oficial, dispuesto a colaborar en el gabinete y a moderar su discurso; y el sector gaitanista, cada vez más beligerante, que veía en Ospina no a un moderado con quien negociar sino a la punta visible de un aparato que ya estaba operando contra sus bases en las regiones.
Y sobre el terreno, las cosas se movían más rápido que en los ministerios.
La reconquista territorial
Desde 1946, y con claridad creciente a lo largo de 1947, el gobierno de Ospina —o, más precisamente, el conjunto de autoridades conservadoras departamentales y municipales que se instalaron con él— comenzó a ejecutar una política que sería central en la deriva hacia La Violencia: la conservatización sistemática del aparato coercitivo del Estado.
En Boyacá, en los Santanderes, en el norte del Tolima, en zonas de Cundinamarca y en municipios cafeteros de Antioquia, alcaldes y comandantes de policía fueron reemplazados por personal conservador dispuesto a ejecutar las órdenes de los directorios locales del partido. La memoria de la persecución liberal contra los conservadores en los años treinta —viva y dolorosa en departamentos como Boyacá y los Santanderes— proveyó la coartada emocional para lo que a veces fue revancha explícita: despidos de empleados públicos liberales, intimidación de portadores de cédulas liberales, despojos de tierras, apaleamientos, homicidios.
La violencia contra los gaitanistas venía de antes. Los archivos personales de Gaitán conservan cientos de telegramas enviados desde municipios de todo el país denunciando atropellos: en febrero de 1946, en Anapoima, el personero municipal ordenó retirar de sus cargos a todo el personal gaitanista; el 20 de marzo de 1947, en Icononzo, el alcalde militar allanó el domicilio de un militante gaitanista —el líder agrario Juan de la Cruz Varela lo denunció por telegrama— y lo condujo enfermo a la cárcel sin delito ni motivo. Robos de cédulas, constreñimiento electoral, encarcelamientos sin causa, apaleamientos, homicidios, desplazamientos: el catálogo se repite en las denuncias con una monotonía que solo la impunidad explica.
La oposición gaitanista respondió trasladando la pelea al Congreso, donde el liberalismo aún era mayoritario. Allí montó el episodio conocido como «la conspiración de los gases», que involucró acusaciones contra ministros conservadores por presuntos favorecimientos en negocios petroleros y sospechas sobre importaciones de armas. La táctica —el uso del debate parlamentario como arma de desprestigio— tensionó el ambiente de la Unión Nacional sin llegar a romperla, pero dejó claro que Gaitán no aceptaría el papel de opositor cortés que el sector oficial liberal parecía dispuesto a asumir.
En mayo de 1947, la CTC convocó una huelga general con la bandera del alto costo de vida y la persecución sindical, pero con el propósito real de desestabilizar al gobierno. Fue un fracaso completo. La huelga desnudó la debilidad del sindicalismo tradicional —el mismo que un año antes había pedido votar por Turbay contra las simpatías de sus bases— y le dio a Ospina la excusa para declarar por primera vez el estado de sitio durante su administración, extendido a distintas regiones a raíz de huelgas de trabajadores liberales en Bogotá, Cali y otras zonas. Paralelamente, con impulso gubernamental y respaldo de El Siglo, se fue consolidando la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), central de orientación católica y conservadora que competiría con la debilitada CTC.
En octubre de 1947, las elecciones para concejales mostraron que el liberalismo, unificado en torno a Gaitán tras la debacle presidencial, seguía siendo mayoría: 738.233 votos contra 571.301 conservadores. Gómez respondió con la acusación de fraude por cédulas falsas —una tesis que sería la coartada permanente del conservatismo para no reconocer resultados adversos— y el ambiente político se agrió aún más. La lógica de suma cero se imponía sobre la Unión Nacional.
Lo que se abría
En agosto de 1946, cuando Ospina Pérez se posesionó, casi nadie en el país pensaba que el cambio de gobierno anunciaba una guerra. La transición había sido ordenada, el Senado le había reconocido al saliente el respeto por la Constitución, el gabinete era paritario, el nuevo presidente prometía tolerancia y gobernaba con ministros liberales al lado de conservadores. En la fotografía institucional, 1946 se parecía a una alternancia normal.
Pero debajo de la fotografía se movían corrientes distintas. La primera era la certeza, en amplios sectores conservadores regionales, de que dieciséis años en la oposición eran demasiados y que había llegado el momento de recuperar plazas, cargos, tierras y, si hacía falta, cuentas pendientes. La segunda era la fractura del liberalismo entre una dirigencia que aceptaba el juego de la Unión Nacional y un movimiento gaitanista que veía en ese juego una capitulación. La tercera era la descomposición del movimiento sindical, huérfano de estrategia tras la caída de la FEDENAL y la derrota del apoyo a Turbay. Y la cuarta, quizás la más silenciosa, era la conservatización creciente del aparato coercitivo del Estado en las regiones donde el conflicto por la tierra, el voto y el trabajo se resolvía a plomo.
Todo eso —la revancha regional, la fractura popular, la debilidad sindical, la policía partidizada— estaba en su lugar cuando Ospina firmó su primer decreto. La coyuntura que va de julio de 1945 a agosto de 1946 no causó por sí sola La Violencia; pero armó, pieza a pieza, el escenario en el que un magnicidio en una esquina del centro de Bogotá, veinte meses después, tendría las condiciones para incendiar el país.
Si el 5 de mayo de 1946 se recuerda como una fecha bisagra no es por el 41% de Ospina Pérez ni por el 58% de Gaitán en Bogotá. Es porque en ese día quedó a la vista lo que ya llevaba años ocurriendo: que la República Liberal se había separado de sus bases, que las bases habían encontrado su voz en un líder que las cúpulas no controlaban, que el conservatismo había aprendido a esperar, y que el Estado colombiano —tan imperfecto siempre, tan dependiente de la lealtad partidista— estaba a punto de convertirse en el instrumento con el que unos colombianos harían la guerra a otros. La derrota liberal de 1946 fue, en ese sentido, más que una elección perdida: fue el momento en que la política dejó de ser el modo colombiano de resolver la política.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1371 cita
[1]administración, los trabajadores y los comunistas se la jugaron por apoyarlo y defenderlo políticamente, en especial después del intento de golpe de Estado del 10 de julio de 1944, cuando el presidente fue apresado por un movimiento militar en Pasto. Los militares demostraban así que no estaban al margen de los…p. 137
02Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 582 citas
[2]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…p. 58
[3]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…p. 58
03Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2151 cita
[4]el cargo ejecutivo Darío Echandía, quien con la estrecha colabora- ción del ministro de Gobierno, Alberto Lleras, el respaldo unánime de los diversos sectores de la sociedad y la adhesión pronta y decidida de los altos mandos militares del país, sorteó efi- cazmente la situación y entregó el cargo al pre- sidente…p. 215
04Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 268, 275, 3373 citas
[5]esfuerzos El 18 de julio de 1944 se produce la tentativa de golpe militar contra Ló- pez, conocido como el golpe de Pasto. El presidente recibió un respaldo po- pular considerable, que lo llevó a ope- rar con un giro a la izquierda en su go- bierno. No olvidemos, además de los hechos internos, el avance de los alia-…p. 337
[6]la clase obrera, en es- pecial la CTC, no haya sido consciente de las implicaciones de este paquete legal, no quiere decir que hubiera ba- jado sumisamente la cabeza. Las huel- gas del 45 (veintidós en total) serían prueba de ello. En especial se destaca la huelga de la FEDENAL de fines de ese año, que desarrollaremos…p. 268
[10]propicio para el triunfo electoral del partido conser- vador que se había fortalecido en la oposición a López y que concurrió unificado alrededor de Mariano Os- pina Pérez a las elecciones de 1946. La campaña electoral acentuó la cri- sis de la CTC. Su organismo directivo apoyó, con una precaria mayoría, la…p. 275
05Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 225, 2282 citas
[7]del grado de polarización política del país y del descontento creciente de un sector de las Fuerzas Armadas contra López (Archila, 1991). López dimitió finalmente a comienzos de 1945 y lo sucedió en el cargo Alberto Lleras Camargo. La llegada de Lleras, que hasta el momento se des empeñaba como Ministro de Hacienda de…p. 225
[50]el ambiente de la república” (Henderson, 2006: 392), Ospina reaccionó tratando de convertir a la policía en un cuerpo uniformemente conservador y declaran do el estado de sitio en varias regiones del país. i A partir de 1947 se conservatizaron no solo los organismos de control del orden público, sino también las…p. 228
06El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 981 cita
[8]partido dominante reconocido como tal) (Gutiérrez, en prensa). Estaban demasiado faccionalizados, sufrían de una cantidad muy grande de fracturas territoriales e ideológi cas, y carecían del acceso a recursos claves (como por ejemplo una alianza orgánica con la Iglesia católica) que habían constituido un aspecto…p. 98
07Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3151 cita
[9]success thanks to lengthy meetings held between the two candidates during early April. But Turbay’s arrogance—“I am more qualified than you to be president of the republic,” he told his rival at one point in their discussions—and Gaitán’s knowledge that by stepping aside, even with assur- ances of his party’s…p. 315
08Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 781 cita
[11]si lo desean. A juzgar por algunas declaraciones que he visto reiteradas en estos días, tanto el doctor Turbay como el doctor Gaitán preferirían suceder al presidente Lleras sin mi voto. Además, debo decir que no me separé de la Presidencia de la República para salir a guerrear contra ninguna candidatura. No puedo…p. 78
09Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 344, 360, 4143 citas
[12]diferentes apoyos a los candidatos enfrentados en 1942. A partir de 1944 Gaitán iniciaba su campaña, por encima de la oficialidad liberal, apelando directamente al pueblo. Tanto por su concepción del proceso de cambio --en el ESTRELLA ROJA khalil.rojo.col@gmail.com 344 que era el conjunto del pueblo, incluidas sus…p. 344
[13]perdido una batalla, pero que la vida continuaba. A pesar de lo ocurrido, la CTC y el PSD llamaron a votar por el candidato oficialista, Turbay. Los conservadores aprovechando la división liberal, lanzaron a última hora al moderado Mariano Ospina Pérez, quien a la postre se impuso electoralmente. Gaitán, aunque ocupó…p. 360
[14]no pocas circunstancias los llamados a paros generales de éstos. La respuesta de la CTC, y de los comunistas y lopistas que la apoyaban, aunque explicable no fue menos virulenta. A Gaitán lo acusaron de fascista y de títere de la reacción. Pero mientras los dirigentes rechazaban confiados el discurso gaitanista, las…p. 414
10El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 602 citas
[15]de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…p. 60
[16]de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…p. 60
11Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 87, 912 citas
[17]Unidos, construir una economía en diálogo con esta naturaleza y estos climas, convertir en una prioridad el bienestar del pueblo, afirmar unas tradiciones culturales, dejar que el país expresara su diversidad y su originalidad, y oponer con firmeza un criterio de dignidad al diálogo con los grandes poderes…p. 91
[22]ese pueblo al que le hablaba. Podríamos decir metafóricamente que aquel discurso hacía surgir al pueblo, porque le daba conciencia de sus propios anhelos, de sus necesidades y derechos. Por eso creció con tanta rapidez, por eso en pocos años Gaitán se convirtió en la voz de un país, en la voz de una época y también en…p. 87
12Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1701 cita
[18]a scale that made cities the decisive centers of power and capital, as well as of electoral results, and Gaitán was directing his appeal to the middle sectorsto shopkeepers, artisans, and industrial and service workersto that whole stratum that the Bogotá aristocracy called "the lower depths of society." These middle…p. 170
13Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 231 cita
[19]Gémez, un demagogo: pero de plaza y no de parlamento, y de izquierda, no de derecha. Su oratoria vindicativa e incendiaria, diri- gida contra «las oligarquias» (tanto conservadoras como liberales), reanudaba, en palabras, el refor- mismo liberal de la «Revolucién en Marcha», inte- rrumpido por la «pausa» del gobierno…p. 23
14More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 451 cita
[20]most doctores. Gaitan was the son of a poor Liberal fam- ily whose allegiance to the party had been the keystone of his upbring- ing. Yet he had also managed to leave Colombia as a young man for studies in Italy. While there, he traveled widely in Europe, immersing himself in the wider forces reshaping the postwar…p. 45
15The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 3661 cita
[21]laundresses, waiters, small proprietors, and renters. This was the fluid world that had produced his own class mobility and that fueled his politics. He knew that Co- lombia’s electoral system was ballooning and that winning meant moving to its outer edge. Beyond the cities, he explicitly pitched himself to radicals…p. 366
16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3872 citas
[23]y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…p. 387
[24]y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…p. 387
17War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 1111 cita
[25]and trembling knees on the ground before yankee gold! His position in the face of the U.S. government and its intervention in Colombian affairs was his constant and permanent political position. It is enough to read a few phrases: Neither now nor ever will our nationalist spirit waver. We will defend it today and…p. 111
18Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · p. 151 cita
[26]técnica riñe con el desarrollo orgánico de un plan de temas. Acercarse a Las ideas socialistas en Colombia es poder ir al texto mismo de lo escrito por Gaitán a los 21 años. Es poder descubrir la forma como estructuraba su pensamiento y el orden del sentido que a sus ideas le daba a través de una formación filosófica…p. 15
19Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 51, 1052 citas
[27]anhelos reformadores de los pueblos; pensamos que es mejor luchar porque las fuerzas progresistas de Colombia inscriban en sus rodelas de batalla la lucha integral por las ideas nuevas, por la salud del proletariado y por la reivindicación necesaria de los actuales siervos del capitaP 6 • Desde sus primeras épocas…p. 51
[44]liberales de Bogotá, Cali y otras áreas. Estas huelgas le dieron al presidente Ospina la excusa para declarar, por primera vez durante su administración, el estado de sitio. Entre el Congreso Obrero de Medellín, de agosto de 1946, y el1x Congreso de Cali, reunido en diciembre de 1947, el movimiento obrero continuó su…p. 105
20Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2191 cita
[28]presidente y los partidos lo tenían claro. “No había encuestas, pero la movilización popular era elocuente. El gaitanismo era un movimiento muy organizado, con estructura de base muy potente que estaba rompiendo el esquema liberal-conservador”, afirma. Jursich indica que el político se acercaba a la izquierda en…p. 219
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 562 citas
[29]a López Pumarejo en su segunda administración 103 Murad y Fondo de Población de las Naciones Unidas, Estudio sobre la distribución espacial de la población en Colombia. 104 Archivo Gaitán. Gloria Gaitán abrió las puertas del archivo a la Comisión para hacer una búsqueda de documentos relacionados con este asunto en…p. 56
[31]guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…p. 53
22Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1371 cita
[30]to the social resentment of the middle and working classes against the mostly well-born and lighter-skinned figures who staffed the higher levels of government and of all the nation's institutions. When he pre- sented himself as candidate for president in 1946, Gaitan carried Bogota and several other large cities,…p. 137
23Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2101 cita
[32]rez puede ser el candidato conserva LA REP Ú BLICA LIBERAL: 1930-1946 211 dor ”. En efecto, el 24 de marzo, mes y medio antes de las elecciones, los conservadores lanzaron su candidatura, con el apoyo de Laurea no G ó mez, que sab í a que la suya habr í a producido la uni ó n liberal. Su campa ñ a trat ó de presentar…p. 210
24Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1951 cita
[33]de la costa con el interi or andino er an precarias. En la década de 1930 el río Magdal ena e mpezó a decaer y en 1950 ya no era el medio de transporte básico e ntr e las regiones a ndina s y el mundo. Estos factores d eben ayudar a exp li car por qué en la costa n o pudo replicar se el fenómeno de propagación…p. 195
25Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 881 cita
[34]prometedores, pero todavía insuficientes: si en 1935, al frente de la unir, no había logrado superar los 5000 votos, ahora contaba con un poco más de 350.000 electores, unos 60.000 menos que Turbay y unos 200.000 menos que el triunfador. Como en 1930, la división del partido en el poder le abrió las puertas a la…p. 88
26La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 291 cita
[35]entre familias que se extinguen con precisión fatal. El cambio de gobierno en 1946 En el año de 1946 el país registra un nuevo cambio político al asumir la presidencia el doctor Mariano Ospina Pérez, candi- dato del partido conservador. Al conocer su triunfo dice a uno de sus amigos: "Quiero expresar esta misma noche…p. 29
27La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1381 cita
[36]fluencia política. Los conservadores también mantienen sus sociedades. A través de tales personeros, o por conducto de parientes en el ejército y en los partidos, los aristócratas del dinero en ambos partidos alcanzan a manipular a su arbitrio la maquinaria del Estado. Llegan a transmitirse los cargos directivos de la…p. 138
28Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 20, 452 citas
[37]out- come of the presidential elections of 1942 and 1946 revealed that most Arau- canos supported the Liberal Party. In 1942 they cast 1,008 votes for López and just 43 for his Conservative opponent, Carlos Arango Vélez. In 1946 of the 560 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:25 PM UTC via…p. 20
[51]Valderrama, who immediately set about a revancha of Boyacá for his party using techniques, in the words of historian Richard Sharpless, that were “direct, simple, and brutal”: In swing vote areas the national police ranks were filled with Conserva- tive sympathizers willing to carry out the orders of Conservative…p. 45
29Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 12, 142 citas
[38]de votos conservadores 651.223 y votos comunistas 11.577. Los liberales ob- tuvieron 150.000 votos de ventaja so- bre los conservadores. Pero el gran triunfador fue Gaitán, quien superó en casi 100.000 votos al sector santista de su partido. En Cundinamarca, don- de Gaitán encabezó la lista para el Se- nado, derrotó a…p. 12
[41]del conservatismo, sí hay que de- cir que el partido liberal y la CTC abri- garon durante el cuatrienio la esperan- Capítulo 1 17 za de que Ospina renunciara presio- nado por la oposición política a su ges- tión. Dentro de esta táctica de oposi- ción intransigente a Ospina se puede inscribir la famosa «conspiración de…p. 14
30Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1191 cita
[39]en lo escuela del lica- nismo, contrael parecer de López Fu= mareo, declimo la idea de una cartdi- detura liberal, prefiriendo llegar al sobre los hombros de una Con- centración Patriótica Nacional; la ad- hesión del conservafismo republi- cano concretoel proposito Sobre esta base, la administración Cayo fue una…p. 119
31Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 1121 cita
[40]mecanizada, las comunicaciones, el comercio y los servicios se desarrollaron principal- mente a costa de los sectores tradicio- nales. Las actividades económicas de la población se modificaron en con- secuencia: si en 1938 cerca del 75 % de la población activa trabajaba en la agricultura, en 1957, por contra, no había…p. 112
32Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 411 cita
[42]del movimiento sindical, lo que llevó a la destrucción del sindicato más combativo del país en ese momento: FEDENAL. Pero no era el fin de la lucha, ya que Bogotá, Cali y Medellín, que eran en ese momento los centros urbanos más grandes del país, fueron escenarios de resistencias que se prolongaron hasta 1949, lapso…p. 41
33Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4241 cita
[43]café pre sionaron leyes que revivieron y extendieron los sistemas laborales de dependencia en las grandes propiedades. La Ley 100 de 1944 protegía a los terratenientes de las pretensiones de los aparceros que se declaraban colonos. Los autorizaba en los contratos de aparceria a prohibir el cultivo de productos de…p. 424
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 501 cita
[45]1982. formaciones y conflictividades propias del mundo urbano en colombia 51 menesteres denigrantes» 78. Un año después, en febrero de 1946, en Anapoima el perso- nero municipal ordenó «retirar [de su] trabajo a todo el personal Gaitanista» 79. El 20 de marzo de 1947, en Icononzo, Juan de la Cruz Varela 80 dirigió a…p. 50
35Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 181 cita
[46]y el Partido Conservador. La última de esas guerras, conocida como la guerra de los Mil Días, transcurrió entre 1899 y 1902 causando 100.000 muertes —sobre una población de menos de tres millones—, y suponiendo, además, la pérdida de Panamá. Es por esto que algunas voces, tomando como base lo anterior, entienden que…p. 18
36When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 1163 citas
[47]had been the scene of much political violence during and after the change of government in 1930. 13 Places like Saboya) in Boyaca) and Guaca) Piedecuesta) and Capitanejo) in Santander) became so famous for their political violence in the early thirties that one Liberal was moved to suggest that U the only way…p. 116
[48]had been the scene of much political violence during and after the change of government in 1930. 13 Places like Saboya) in Boyaca) and Guaca) Piedecuesta) and Capitanejo) in Santander) became so famous for their political violence in the early thirties that one Liberal was moved to suggest that U the only way…p. 116
[49]had been the scene of much political violence during and after the change of government in 1930. 13 Places like Saboya) in Boyaca) and Guaca) Piedecuesta) and Capitanejo) in Santander) became so famous for their political violence in the early thirties that one Liberal was moved to suggest that U the only way…p. 116
37Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 229, 2352 citas
[52]Las autori- dades civiles y policiales se hallaban parcializadas, la Iglesia apoyaba la persecución contra los libera- les y veía con buenos ojos el accionar de Laurea- no Gómez. Actitudes intransigentes que sirvieron para que los miembros del partido liberal se alia- ran en torno a Gaitán para fortalecer a la…p. 235
[53]contradicciones y ca- rencia de coherencia política. Enfrentó las críticas del sector santista y de los conservadores, afrontó la generalización de la Violencia política, la cual no supo manejar, pues sus diálogos con el gobier- no habían resultado infructuosos. El país comen- zaba a desangrarse sin que se hiciera…p. 229