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Idea · Colonia

Trata atlántica

Sistema comercial, jurídico y militar que entre 1518 y mediados del siglo XIX trasladó forzosamente a cientos de miles de africanos hacia el Nuevo Reino de Granada, convirtiéndose en la infraestructura fundacional de su economía, su geografía humana y sus desigualdades territoriales de larga duración.

3.902 palabras37 documentos60 fragmentos citados
Trata atlántica

Trayectoria de una idea

  1. 1518

    Primera licencia de Carlos V

  2. 1580

    Cartagena, mayor puerto negrero del continente

  3. 1587

    Inauguración del sistema de asientos

  4. 1603

    Ciclo de asientos portugueses: Baez Cutinho

  5. 1618

    Asiento de Rodríguez Deivas: rentabilidad del 700%

  6. 1627

    Alonso de Sandoval publica 'De instauranda Aethiopum salute'

  7. 1711

    Expansión esclavista en el Chocó

  8. 1851

    Abolición de la esclavitud en Colombia

03

La lectura

La trata atlántica no fue un ramo marginal del comercio colonial sino la operación de Estado que hizo posible la economía neogranadina: sin el flujo de cautivos africanos no hubo minería en el Pacífico ni haciendas en la Costa, y sin esa minería el Nuevo Reino no habría sido el principal productor de oro de América entre 1570 y 1620. Su arquitectura jurídica —licencias negociables, asientos de exclusividad, palmeo y carimba en los puertos— convirtió a Cartagena de Indias en la capital atlántica de la trata española durante sesenta años decisivos, nodo desde el cual los esclavizados eran redistribuidos por los ríos Magdalena y Cauca hacia Santa Fe, Antioquia, Popayán, el Chocó y más allá, hasta el Perú y el Río de la Plata. La rentabilidad extraordinaria del negocio —hasta un 700 por ciento en el asiento de Rodríguez Deivas— alimentó en paralelo un contrabando negrero que pudo representar hasta la mitad de las introducciones legales, con la complicidad de autoridades portuarias y mercaderes locales. Frente a ese sistema, los esclavizados respondieron con resistencias que iban del suicidio y el infanticidio al cimarronaje organizado, fundando palenques como el de San Basilio que negociaron su autonomía con las autoridades coloniales. Cuando la República abolió la esclavitud en 1851, no borró el pasado: heredó la geografía racial y territorial —Chocó, Pacífico, valles interandinos— que tres siglos de trata habían inscrito de manera indeleble en el mapa de Colombia.

La trata atlántica en el Nuevo Reino de Granada

La trata atlántica de africanos hacia el actual territorio colombiano fue el sistema comercial, jurídico y militar que, entre 1518 y mediados del siglo XIX, arrancó de África occidental y central a cientos de miles de personas para convertirlas en fuerza de trabajo forzada en las minas, las haciendas y las ciudades del Nuevo Reino de Granada. Más que un ramo del comercio colonial, fue la infraestructura fundacional de la economía y de la geografía humana neogranadinas: hizo de Cartagena de Indias, entre 1580 y 1640, el mayor puerto negrero del continente americano; financió la expansión aurífera del Pacífico, el Cauca y Antioquia; sembró los poblados de la costa y del arrabal; y trazó la línea racial y regional —Chocó, Barbacoas, palenques del Caribe, valles interandinos— que todavía se lee en el mapa contemporáneo de Colombia. Cuando la República decretó por fin la libertad en 1851, no clausuró un episodio: cristalizó las desigualdades territoriales que tres siglos de trata habían depositado en el suelo.

Qué fue y por qué pesa

La trata no fue un accidente comercial ni un apéndice del descubrimiento: fue una operación de Estado. Desde la primera licencia otorgada por Carlos V en 1518 hasta el último asiento del siglo XVIII, la Corona castellana reguló, gravó, adjudicó y protegió el traslado forzoso de africanos hacia sus dominios americanos. Al Nuevo Reino de Granada le correspondió cerca del 22 por ciento de la porción española de la trata —alrededor de 350.000 personas en todo el periodo, o no menos de un cuarto de millón según los cálculos más conservadores, a un promedio de 823 esclavizados por año entre 1550 y 1792—. Solo por Cartagena entraron, a lo largo de la Colonia, unos 196.000 cautivos: el mayor volumen entre los puertos americanos considerados en los registros.

Ese volumen no fue neutro. Financió una parte sustancial de la producción aurífera que, entre 1570 y 1620, convirtió al Nuevo Reino en el principal productor de oro de América, con años en que el metal amonedable alcanzó los dos millones de pesos. Sostuvo las haciendas cañeras, cacaoteras y ganaderas de la Costa Norte y del Cauca. Levantó las murallas de Cartagena, pobló el arrabal de Getsemaní, fundó a San Basilio, alimentó los expedientes de la Inquisición y ocupó, siglo tras siglo, el trabajo pastoral de un jesuita catalán —Pedro Claver— cuya figura terminaría convertida en símbolo católico nacional.

Con todo, el esclavismo nunca dominó el conjunto del trabajo social neogranadino. Fue hegemónico en el Pacífico minero y en las haciendas costeras; se combinó con la servidumbre en el suroccidente; y quedó marginal en extensas regiones andinas donde predominaron el trabajo indígena, la aparcería y, con el tiempo, el jornaleo mestizo. La trata fue condición necesaria, no suficiente, para explicar la economía colonial: necesaria porque sin ella no hubo minería en Zaragoza, en Remedios ni en el Chocó; insuficiente porque la propia rigidez de su oferta —esclavos caros, escasos, difíciles de reponer— impidió que Nueva Granada replicara el modelo de plantación al estilo del Caribe azucarero o de las Trece Colonias.

Los orígenes: licencia castellana, sustitución del trabajo indígena y primeros asientos

La puerta jurídica se abrió temprano. En 1518, Carlos V comenzó a repartir licencias particulares para introducir esclavos africanos en las Indias, y en las décadas siguientes esas licencias se volvieron un instrumento negociable, casi una moneda de segundo orden. El caso de Pedro Fernández de Lugo es elocuente: adelantado del Nuevo Reino, trocó en Santo Domingo sus cien licencias por caballos, un intercambio que ilustra hasta qué punto el permiso para trasladar seres humanos circulaba como cualquier título mercantil. Esa negociabilidad haría imposible, desde el comienzo, un control estricto sobre destinos, cantidades y procedencias.

La demanda que hizo despegar el sistema fue demográfica y brutal. El derrumbe de las poblaciones indígenas de la costa atlántica —por epidemia, guerra, encomienda y desarraigo— dejó a los conquistadores sin la mano de obra masiva que exigían la minería temprana y las incipientes haciendas. Nicolás de Federmán y sus contemporáneos habían fantaseado con imperios interiores sostenidos por vasallos indios; hacia finales del siglo XVI esa fantasía era ya insostenible en tierras bajas. La sustitución de los indígenas por africanos se aceleró entre 1580 y 1620, y no fue una decisión gradual sino un giro deliberado, respaldado por la Corona, que encontró en la trata la solución al vacío productivo.

El paso decisivo llegó con el sistema de asientos: contratos de exclusividad entre la Corona y grandes compañías —usualmente portuguesas en el primer ciclo— que se comprometían a entregar cantidades fijas de esclavizados a cambio del monopolio del transporte. El primero, firmado en 1587 con Pedro de Sevilla y Antonio Méndez Lamego, obligaba a pasar tres mil esclavos a las Indias en seis años; algunos prefieren fijar en 1595, con el contrato de Pedro Gómez Reynel, el inicio del ciclo de asientos generales. Vinieron después los grandes asientos portugueses: el de Baez Cutinho (1603-1611), que introdujo unos 12.000 esclavos por Cartagena; el de Antonio Fernández D'Elvas (1615-1621), con otros 5.000; y el de Antonio Rodríguez Deivas (1618-1624), que sería el más rentable del que se tiene registro.

Junto a las licencias y los asientos, un tercer canal creció desde el principio: los navíos "sueltos" que arribaban directamente de África sin licencia, o con permisos que solo cubrían parte de su cargamento, con la complicidad activa de autoridades portuarias y de intermediarios locales. Ese contrabando negrero se combinó, desde 1640 en adelante, con el contrabando de mercancías europeas que holandeses, franceses e ingleses instalaron en el Caribe, ofreciendo precios más competitivos que el propio comercio español. Los cálculos conservadores sugieren que el contrabando pudo representar hasta un 50 por ciento adicional sobre las introducciones legales, lo que llevaría el total de esclavizados desembarcados en el actual territorio colombiano por debajo de los 120.000 —cifra conjetural que marca al menos el orden de magnitud.

Un detalle jurídico revelador: durante los siglos XVI y XVII los asientos exigían que los esclavos se extrajeran únicamente de las islas de Cabo Verde y los Ríos de Guinea, considerados de mejor "calidad". En la práctica, llegaron a Cartagena africanos de una franja mucho más amplia —desde Senegambia hasta Angola y el Congo— porque la geografía real de la captura excedía siempre a la geografía autorizada por la ley.

La trayectoria: Cartagena como nodo, el circuito interior y la rentabilidad del cautiverio

Entre 1580 y 1640, Cartagena de Indias no fue simplemente un puerto: fue la capital atlántica de la trata española. En esos sesenta años entraron por su bahía, bajo registro, no menos de 110.000 esclavos —cifra que excluye el contrabando y que la sitúa por encima de cualquier otro puerto del Caribe y de Brasil en el mismo periodo—. La ciudad se organizó en torno a esa función: sus muelles, sus almacenes, sus corrales de venta, sus hospitales para "aclimatar" a los recién llegados, su Inquisición atenta a las prácticas religiosas africanas, sus mercaderes portugueses, sus factores holandeses e ingleses, sus escribanos especializados en tasaciones humanas.

El procedimiento tenía una liturgia propia. Tras el desembarco, los cautivos eran sometidos al palmeo —medición del cuerpo para tasar su valor— y a la carimba, que consistía en aplicarles con hierro candente la coronilla real, marca oficial que certificaba el pago de derechos a la Corona. Luego venían las subastas por lotes o por "piezas de indias", unidad de cuenta que no equivalía a un individuo sino a una medida abstracta de fuerza de trabajo: un adulto varón, sano y en edad productiva. Las clasificaciones se multiplicaban: "muleques" y "mulecas" para los adolescentes, con equivalencias de "tres por dos" o "dos por uno" según la edad; "toneladas de negros", "cabezas" y "piezas" a secas. En una operación característica, a un tal Salvador Mora se le vendieron veinte muleques y mulecas de tres por dos, cinco muleques de tres por dos, tres muleques de dos por uno, cuarenta y dos negros "piezas de india" y treinta y cinco negros "piezas": el álgebra de la mercancía humana en su expresión más cruda.

Los precios seguían una lógica de duplicación geográfica. En Cartagena, el promedio de esclavos adultos vendidos por la Compañía de Portugal fue de 270 pesos; el rango en los puertos de arribada oscilaba entre 200 y 400 pesos. En los centros de consumo del interior, esos valores se doblaban: transportar una partida por selvas y ríos, durante más de un mes de travesía, justificaba el margen. En Remedios, en el corazón minero de Antioquia, a fines del siglo XVI y comienzos del XVII un negro bozal —recién llegado, sin castellano ni oficio— valía 350 pesos oro; si había sido adiestrado en labores de minería, entre 400 y 450. Los contemporáneos consideraron esos precios excesivos incluso para los estándares americanos.

El circuito de distribución tenía dos ejes fluviales: el Magdalena y el Cauca. Desde Cartagena, en pequeños grupos —para reducir pérdidas y evitar fugas—, los esclavizados subían por Mompox hacia Santa Fe; se desviaban hacia Zaragoza, Remedios y las minas antioqueñas; alcanzaban Cali y Popayán, y desde allí bajaban al Chocó y a Barbacoas, o continuaban hacia el sur, a la Audiencia de Quito. Un porcentaje significativo era reembarcado hacia el Perú, el Río de la Plata o las Antillas —República Dominicana, Jamaica, Cuba—: Cartagena redistribuía a media América.

La rentabilidad justificaba el aparato. El asiento de Antonio Rodríguez Deivas, entre 1618 y 1624, introdujo por Cartagena 20.574 esclavos con una inversión total de 1.005.514 pesos; las ventas produjeron 7.393.500 pesos y la ganancia líquida ascendió a 4.810.786 pesos, una rentabilidad cercana al 700 por ciento. Cifras de esa magnitud explican, mejor que cualquier consideración moral, por qué el contrabando prosperó en paralelo al monopolio: cuando una operación legal multiplica por siete la inversión, la ilegal se vuelve irresistible para todos los eslabones de la cadena, desde el capitán negrero hasta el oficial de aduanas.

El destino final de los cautivos determinaba su experiencia. En el Pacífico —Chocó, Barbacoas, Iscuandé— los reales de minas concentraban cuadrillas donde los amos brillaban por su ausencia y los capataces peleaban por sostener la disciplina. La población esclava del Chocó pasó de aproximadamente mil personas en 1711 a cerca de cuatro mil hacia 1738: cuadruplicación en una generación, impulsada por el auge del lavado aurífero. En Antioquia, la minería se bifurcó entre la empresa esclavista de los grandes reales y la minería libre o mazamorrera, practicada por pequeños mineros independientes —muchos de ellos libertos o mestizos empobrecidos— que se contaban por miles. En las haciendas de la Costa Norte —caña, cacao, ganado— el trabajo esclavo se combinaba con formas de arriendo y aparcería; en el Cauca, con la servidumbre indígena residual.

La composición demográfica de las cuadrillas revela la lógica del sistema. En nueve haciendas de la provincia de Cartagena, entre 1633 y 1724, se registraban cinco varones por cada mujer esclavizada, y los niños menores de quince años no alcanzaban el 5 por ciento de la población cautiva. Esa desproporción impedía la autorreproducción biológica del grupo: los amos preferían importar adultos ya productivos antes que criar niños durante quince años sin retorno. La consecuencia fue una dependencia estructural de la trata: mientras el flujo atlántico se mantuviera, el sistema funcionaba; cuando ese flujo se estrangulara —por guerras europeas, por bloqueos, por la abolición inglesa de 1807— la esclavitud neogranadina entraría en agonía.

Su red: procedencias africanas, castas americanas y una sociedad estratificada

Los africanos que desembarcaban en Cartagena no eran una masa indiferenciada: llegaban con lenguas, religiones, oficios y memorias de sociedades específicas. Los mandingas eran originalmente pueblos de habla malinké del valle del Gambia, aunque en el uso colonial el término se generalizó hasta cubrir a cualquier habitante entre Gambia, el norte de Ghana y el Alto Volta. Los bambaras procedían del interior de Senegambia. Los cetres de Liberia. Los cotocolís del hinterland del golfo de Benín. A ellos se sumaron congos y angolas del África central atlántica, ararás de la costa de los Esclavos, biáfaras del delta del Níger. Esa diversidad no se disolvía en el desembarco: reaparecía en los cabildos, en las hermandades religiosas, en los saberes que circulaban entre cuadrillas —incluidos los saberes sobre venenos— y en la composición étnica de los palenques.

Alonso de Sandoval, jesuita andaluz asentado en Cartagena, dejó en De instauranda Aethiopum salute (1627) el testimonio más detallado de esa cartografía africana vista desde el puerto americano. Su obra, escrita para orientar el trabajo evangelizador, es a la vez el primer tratado etnográfico sobre los pueblos africanos redactado en América y un documento involuntario sobre la operación del mercado: Sandoval clasifica procedencias porque los propios negreros necesitaban clasificarlas para tasar. Su discípulo Pedro Claver —el catalán que se declaraba "esclavo de los negros para siempre"— extendió durante cuarenta años el bautismo, la asistencia médica y el consuelo a los recién desembarcados, hasta su muerte en 1654.

Sobre esta población africana se levantó, generación tras generación, la sociedad de castas americana: mulatos, zambos, cuarterones, pardos. Hacia el siglo XVIII, esa población libre de color se había vuelto una fuerza demográfica y económica en sí misma. En Cartagena, los pardos artesanos —zapateros, sastres, albañiles, plateros— tenían un peso poblacional decisivo; algunos alcanzaban una prosperidad relativa, vivían en casas de dos pisos y llegaban a poseer esclavos propios, replicando desde abajo la estructura que los había producido. El arrabal de Getsemaní, extramuros, fue el espacio tolerado donde los descendientes libres de esclavos se asentaron como trabajadores urbanos con un estatus superior al de los cimarrones de los palenques y los "rocheleros" del monte.

Las reformas militares borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII reconocieron ese peso al incorporar a los pardos en las milicias regulares y extenderles el fuero militar, otorgándoles privilegios corporativos que reforzaron su posición legal. En una plaza como Cartagena, donde la defensa del imperio dependía numéricamente de la población libre de color, esa concesión era menos generosidad que necesidad estratégica. El primer empadronamiento con pretensiones censales, realizado bajo el gobierno del arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora en la década de 1780, calculó la población total del actual territorio colombiano en unas 800.000 almas: cifra imprecisa pero indicativa de una demografía en la que los descendientes de africanos —esclavizados y libres, negros, mulatos y zambos— eran ya un componente estructural, no marginal.

La resistencia: cimarronaje, palenques y las armas del cautivo

Ningún sistema de esta violencia funcionó sin resistencia, y la neogranadina fue especialmente elocuente. El cimarronaje —la fuga hacia los montes, ciénagas y selvas— comenzó tan pronto como comenzó la trata, y produjo, en el siglo XVII, la más famosa comunidad libre del continente hispanoamericano: el palenque de San Basilio, en las estribaciones de los Montes de María. Su fundador legendario fue Domingo Bioho, o Benkos Bioho, proclamado "rey del arcabuco" y convertido en el símbolo mayor de la resistencia cimarrona colombiana. El palenque de Matuna, atribuido también a Bioho, habría desarrollado una organización política en la que la gente elegía en cabildo a sus autoridades según mérito y servicio —una forma de autogobierno que la tradición sostiene fue copiada por palenques posteriores en la región de Loba y Mompox.

Tras décadas de expediciones militares fracasadas, la Corona optó por la negociación. Los cimarrones de San Basilio capitularon en el siglo XVIII bajo condiciones pactadas por mediación del obispo Casiani, obteniendo permiso para asentar oficialmente su población en la falda de la montaña de María. Ese acuerdo produjo lo que hoy sobrevive: una comunidad con lengua propia —el palenquero, criollo de base ibérica con sustrato africano— y una cultura identificable, testimonio vivo de una libertad conquistada por la fuerza y ratificada por la negociación.

No todos los palenques corrieron esa suerte. El palenque de El Castigo, en la región del Patía, resistió múltiples intentos de negociación por parte de la Real Audiencia de Quito hasta ser derrotado militarmente en 1745 por una expedición al mando de Juan Álvarez y Tomás Hurtado. En el centro del valle del Cauca, los palenques de Amaime y El Bolo mantuvieron en algunos casos relaciones armónicas con las haciendas vecinas, aunque lo más frecuente fue que un manto de violencia cubriera la relación entre haciendas y palenques.

Junto al cimarronaje colectivo, las formas individuales de resistencia dejaron su propio rastro. El suicidio quedó registrado ya en África, durante la captura, y también en los barcos negreros —donde se colgaban redes a los costados para impedir que los cautivos se arrojaran al mar—; en la Nueva Granada, los expedientes judiciales documentan numerosos casos de esclavos que declararon haber matado o haberse matado para librarse a sí mismos, o a sus hijos, de la esclavitud. El envenenamiento fue otra vía. En 1742, en Cartagena, tres esclavos congos fueron procesados por envenenar a su amo; uno de los acusados declaró haber recibido las plantas y las instrucciones de un esclavo arará mientras se encontraba en Mompox. El caso revela una circulación de saberes sobre venenos entre africanos de distintas etnias y localidades, un conocimiento clandestino que se transmitía por los mismos caminos fluviales por los que se distribuían los cautivos.

Estos episodios no fueron marginales al sistema: lo modificaron. Los palenques obligaron a la Corona a negociar los límites de su soberanía; el cimarronaje obligó a los amos a ceder rozas de subsistencia y a admitir familias como forma de retención; los envenenamientos alimentaron una paranoia que se filtró en el derecho penal y en la vida cotidiana de las haciendas. La agencia de los esclavizados fue, junto al capital de los negreros y a la fiscalidad de la Corona, un factor coconstitutivo del orden colonial.

El desmontaje: de la libertad de vientres a la abolición republicana

La independencia introdujo la esclavitud en el debate político sin resolverla. En 1821, el Congreso republicano legisló sobre la materia adoptando el principio de libertad de vientres: los hijos de esclavas nacidos a partir de esa fecha serían libres, aunque quedarían bajo tutela de los amos de sus madres hasta cierta edad. El argumento decisivo fue el de José Félix de Restrepo: la libertad repentina sería peligrosa y arruinaría a los propietarios que habían invertido capital legalmente; la libertad de vientres, en cambio, no expropiaba nada existente, solo cancelaba una expectativa futura. La presión de los esclavistas y el compromiso con sectores del antiguo partido realista impidieron ir más allá.

Simón Bolívar había dado un ejemplo personal difícil de imitar. En 1814 liberó condicionalmente a sus propios esclavos —unos quince aceptaron enrolarse en el ejército republicano a cambio de la libertad—; en 1821 los liberó de manera incondicional, y más de un centenar se benefició. Pocos hacendados siguieron el gesto. Las regiones mineras del occidente —Antioquia, Barbacoas, Buenaventura, Cauca, Chocó— mantuvieron su población esclava como principal activo productivo durante tres décadas más.

La ley definitiva llegó el 21 de mayo de 1851, firmada por el presidente José Hilario López: desde el primero de enero de 1852 serían libres todos los esclavos del territorio de la República. La ley combinó la manumisión general con un mecanismo de indemnización a los propietarios mediante avalúos y vales de deuda pública, en una operación que apuntaba a conciliar el principio liberal de la libertad del trabajo con la protección de la propiedad. Salvador Camacho Roldán registró que los propietarios más afectados fueron los del occidente minero, donde el esclavismo seguía siendo la forma productiva dominante.

Detrás de la abolición había también una lógica económica liberal: ampliar el mercado de trabajo libre, expandir la demanda de bienes de consumo, incorporar a la población libre de color como consumidora y productora ciudadana. Esa lógica contradecía frontalmente los intereses de los antiguos esclavistas, y explica por qué la ley se aprobó bajo un gobierno radical y no antes. Las ceremonias públicas de manumisión —con entrega de actas, imposición de gorros de la libertad, vivas a la República y al Libertador, música de las bandas militares— buscaron sellar simbólicamente el gesto: la República entregaba, por decreto, lo que la Colonia había arrancado por la fuerza durante tres siglos.

Su huella: geografía racial, memoria y disputas contemporáneas

La abolición no reparó. Los libertos del Chocó, de Barbacoas, del Cauca y de la Costa quedaron sobre los mismos territorios donde habían trabajado como esclavos, sin tierras propias, sin capital, sin acceso al sistema educativo colonial. La geografía racial que la trata había producido —Pacífico afrodescendiente y minero, Caribe negro y mulato, valles interandinos de mestizaje campesino, altiplanos indígenas y mestizos— sobrevivió intacta a la manumisión y se prolongó durante el siglo XIX y buena parte del XX como una geografía de la desigualdad.

Esa geografía es hoy el terreno donde se disputa la memoria. La Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993 reconocieron a las comunidades negras del Pacífico —y por extensión a otras del país— el derecho a la titulación colectiva de sus territorios ancestrales, en una operación que reactivó las lógicas de asentamiento y autonomía que los palenques y las poblaciones libres habían prefigurado desde el siglo XVII. La Agencia Nacional de Tierras reportó recientemente 319 solicitudes de titulación colectiva en trámite: 142 para territorios de la región Caribe y 112 para la del Pacífico. Los números indican tanto la persistencia del reclamo como la lentitud del Estado en resolverlo.

La memoria cultural ha seguido caminos propios. Pedro Claver fue consolidado como figura simbólica de identidad nacional católica tras la restauración de la Compañía de Jesús en 1883 y la reconstrucción de su santuario en Cartagena; su imagen —el jesuita que bautizaba africanos recién desembarcados— circuló durante el siglo XX como emblema de reconciliación, aunque su santidad no interrogaba las estructuras que hacían necesarios sus bautismos. La literatura afrocolombiana, con novelas como Las estrellas son negras de Arnoldo Palacios (1949), abrió una vía distinta: nombrar desde adentro el peso de una historia que la enseñanza oficial había preferido eludir.

Quedan, además, los datos duros. Se calcula que más de cincuenta millones de africanos fueron incorporados al sistema esclavista atlántico, y que otros tantos murieron en la captura, la travesía o el desembarco. De los cerca de 600.000 esclavizados que recibieron los puertos españoles de América en el gran ciclo colonial, unos 196.000 entraron por Cartagena. Cada una de esas cifras es una abstracción sobre cuerpos concretos: hombres y mujeres tomados en Senegambia, en Angola, en el Congo, en los Ríos de Guinea; cargados en barcos donde la mortalidad rutinaria era del orden del 15 al 20 por ciento; sometidos al palmeo y a la carimba; vendidos por lotes; enviados aguas arriba del Magdalena; muertos en las minas de Zaragoza, en las socavas del Chocó, en los cañaverales del Cauca; o sobrevivientes que hicieron un país.

La trata atlántica fue fundacional para el Nuevo Reino de Granada no porque produjera un esclavismo total —no lo produjo—, sino porque concentró en Cartagena el mayor flujo humano forzado del continente español, distribuyó cuadrillas hacia los frentes productivos del interior y depositó sobre el territorio una demografía y una geografía cuyas consecuencias siguen operando. La violencia del sistema y las resistencias que lo erosionaron —los palenques que negociaron su libertad, los pardos que ganaron fuero militar, los libertos que se convirtieron en jornaleros, los envenenadores anónimos que dejaron su nombre en un expediente— son, ambas, herencia colombiana. Reconocerlo es la condición mínima para entender por qué el mapa del país todavía se lee, en tantos aspectos, como el mapa que la trata dibujó.

04

En el archivo

6 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Conquista1499–15991
  1. 1580Esclavitud africanaFicha
02Colonia1600–17802
  1. 1605Benkos BiohóFicha
  2. 1627Alonso de SandovalFicha
03Independencia1810–18311
  1. 1821Libertad de vientresFicha
04Transversal1
  1. 1821ManumisiónFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Cartagena de Indias — principal puerto de desembarco, palmeo, carimba y redistribución de esclavos hacia el interior neogranadino y hacia el resto de América española
  2. 02Asiento de negros — instrumento jurídico-comercial mediante el cual la Corona castellana reguló y adjudicó el monopolio de la trata a grandes compañías portuguesas, españolas e inglesas
  3. 03Cimarronaje — respuesta organizada de los esclavizados a la trata, expresada en fugas, palenques y resistencia armada, cuyo símbolo más célebre fue Domingo Bioho y el Palenque de San Basilio
  4. 04Pedro Claver — jesuita catalán que durante cuarenta años asistió a los recién desembarcados en Cartagena, convirtiéndose en figura emblemática de la pastoral esclavista colonial
  5. 05Alonso de Sandoval — jesuita que documentó las procedencias africanas de los esclavizados en Cartagena, produciendo el primer tratado etnográfico sobre África redactado en América
  6. 06Extractivismo — la trata fue condición necesaria del extractivismo minero neogranadino: sin ella no hubo minería en Zaragoza, Remedios ni el Chocó, donde la producción aurífera alcanzó dos millones de pesos anuales entre 1570 y 1620
  7. 07José Hilario López — presidente que decretó la abolición de la esclavitud en 1851, poniendo fin formal al sistema que la trata atlántica había sostenido durante tres siglos
06

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 60 fragmentos

01Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 317, 321, 3283 citas
[1]

explora todas las peripecias jurídicas de la trata, existen dos trabajos regionales importantes: el de Rolando Mellafe, La introducción de la esclavitud negra en Chile. Tráfico y rutas. Santiago de Chile, 1959, y el de:Elena F. Studer, La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVIII. Buenos Aires,…

p. 317
[3]

propósito. Los «asientos» y el contrabando El caso de Zaragoza y Remedios parece haber sido excepcional. Estos ya cimientos se beneficiaron con la política de las grandes licencias otorgadas a partir de 1570 y con los «asientos» inaugurados en 1587 con Pedro de Sevilla y Antonio Méndez Lamego^guienes se comprometían a…

p. 321
[15]

mismo un lote de 31 esclavos, a razón de 260 pesos la pieza126, lo cual indica que el precio debía ser más bien de 3 0 0 pesos. Más al interior, en Mariquita, un comerciante de esclavos, Fran cisco García de la Jara, vendió en 1590 una partida de 28 esclavos a Juan Martín, vecino de Vitoria. Más tarde se alegó que los…

p. 328
02Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 150, 152, 1543 citas
[2]

de las diferentes castas, naciones o países a los distin- tos grupos de esclavos. Lamentablemente, no se han adelantado trabajos sistemáticos en este sentido y las refe- rencias al origen tribal del elemento negro im- portado a la Nueva Granada son muy generales y vagas, sin que hasta el momento se haya con- frontado,…

p. 154
[12]

imposición de la coronilla real o marca -opera- ciones conocidas como de Palmeo y Carimba- se procedía a la subasta pública por lotes o por "piezas de indias" (34) y posteriormente a su dis- tribución e internación a los distintos sitios de trabajo. En el caso de la Nueva Granada, los esclavos eran conducidos en…

p. 152
[14]

también se destacaron los funciona- nos, las comunidades religiosas y los artesanos. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de los 425 compradores 31 adquirieron 10 o más esclavos y solamente uno compró más de 100. Esto hace evidente cierta amplitud de la trata, si bien esos 31 compradores adquirieron el 55.5%…

p. 150
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 241, 297, 3013 citas
[4]

una alternativa de empleo y de perma nencia en explotaciones agr í colas. Dentro del sistema defensivo del Imperio y la ruta de la Carre ra de Indias, Cartagena goz ó de una situaci ó n estrat é gica que favo rec í a no s ó lo la introducci ó n l í cita de esclavos y mercanc í as, sino que invitaba a su comercio il í…

p. 241
[8]

de “ tres por dos ” 5 muleques de. “ tres por dos ”, 3 muleques ‘ ‘ dos por uno ”, 42 negros y negras “ piezas de india ” y. 35 negros “ piezas ” 2 a. ¡ ^ É lgraii c omer c io de es c lavos en Cartagena y otros puertos neogranadi- rSos - c omo Santa Marta y Rio h a ch a pone de mani f iesto la de c isiva parti c i pa…

p. 297
[11]

de los esclavos va riaba entre 200 y 400 pesos y en los centros de consumo dichos valores se duplicaban 30. En tales condiciones, las ganancias que generaba la trata eran considerables. Teniendo en cuenta datos de Ge ó rges Scelle 31 y en algunos que hemos podido establecer para Cartagena, durante el asiento de…

p. 301
04Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 97, 982 citas
[5]

ad a m e n te las necesidades de bienes im p o rtad o s ni com petía con los precios d e sus rivales europeos, que habían establecido sus bases en el C aribe en tre 1640 y 1660. Por consiguiente, el co n trab an d o fue d esp laz an d o cada vez m ás el com ercio legítim o, hecho q u e se reflejó en la dism inución de…

p. 97
[17]

En los siglos xvi y xvii, la m ayoría de esclavos traídos de África eran varones, co n sid erad o s m ás útiles que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I l i s r c 'K iA D ií C o l o m b i a. I’ a í s i r a g m l n t a i x v s c k t l d a u d i v i d i d a 1 0 1 las m…

p. 98
05Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 45, 54, 583 citas
[6]

no era cosa de poca monta, aun siendo legal. Transportar y alimentar partida,s de 50, 100 o 200 personas durante más de un mes _por regiones inhóspitas exigía una logística tan laboriosa, que explica que lós precios se duplicaran entre Cartagena y Popayán. Así, debe concluirse que las partidas introducidas de…

p. 45
[13]

pueblos del interior. Así, chamba (o thiamba) significaba cualquier esclavo traído de la región al norte de Ashanti. Los mandingas eran originalmente los pueblos de habla malinké del valle de Gamba, pero la designación se volvió después tan genérica que aludía a cualquier habitante entre Gambia, el norte de Ghana y el…

p. 54
[16]

a don Felipe de Usuriaga, comerciante que vino a ser más tarde oficial de las Cajas reales en Popayái:t, hasta 1738, fue sin duda el más importante de la trata en el siglo XVIII. En el curso de estos años la población esclava del Chocó pasó de unos mil (en 1711) a cerca de cuatro mil. Algo semejante debió ocurrir 1…

p. 58
06La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 271 cita
[7]

puertos americanos ingresaron en esos años alrededor de 600 000 esclavos, de los cuales el mayor número, 196 000, lo hizo por Cartagena. Según el historiador Germán Peralta, en el período de poco más de medio siglo que va de 1580 a 1640, en el que Cartagena tuvo su mayor esplendor y crecimiento, entraron por este…

p. 27
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1932 citas
[9]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
[10]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
08Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 99, 1032 citas
[18]

así: Bioho, el Rey del Arcabuco Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre.…

p. 99
[31]

cimarrón; otros se quedaron donde habita- ban, pero actuando como espías en apoyo de Bioho. El palenque de Matuna creció a tal punto que debió darse una organización social y política formal: Bioho fue proclamado " r e y del arcabuco" y la gente eligió en cabildo a sus propias autoridades según mérito y servicio.…

p. 103
09Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 16, 82, 1263 citas
[19]

left.” 46 People of African descent performed most of the labour in the city and its hinterlands. Cartagena was a major port and political and military centre and, like most of New Granada, agricul - tural production was for consumption within the colony. By contrast to other major sites of enslavement in the…

p. 82
[35]

While the documentary record is limited, wherever black people travelled, they took their knowledge with them. The following poisoning case from Cartagena de Indias in the same decade illustrates the multi-directional mobility of African-descended knowledge across significant distances within the Americas as well as…

p. 126
[60]

https://www.cambridge.org/core. University of Southampton Library, on 02 Oct 2025 at 23:53:04, subject to the Cambridge Core For Jacob and Josi, everything is for and because of you two. terms of use, available at https://www.cambridge.org/core/terms. https://doi.org/10.1017/9781009543576 Downloaded from…

p. 16
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 641 cita
[20]

entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…

p. 64
11Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 861 cita
[21]

minas propiamente dichas, donde un empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos explotaba un territorio de su propiedad. Una o varias de ellas constituyeron los llamados reales de minas, unidades administrativas creadas por las autoridades espafiolas para ejercer el control de la…

p. 86
12Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 54, 83, 986 citas
[22]

de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

p. 83
[23]

de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

p. 83
[26]

no lo habían he- cho ya, a dar rozas de subsistencia a los esclavos para descargar- se por lo menos de los gastos monetarios de su sostenimiento. Las variaciones de la demanda realzan la gran ineficacia del esclavismo en las condiciones hispanoamericanas, caracterizadas por una oferta rígida no solo cuando caía la…

p. 54
[27]

no lo habían he- cho ya, a dar rozas de subsistencia a los esclavos para descargar- se por lo menos de los gastos monetarios de su sostenimiento. Las variaciones de la demanda realzan la gran ineficacia del esclavismo en las condiciones hispanoamericanas, caracterizadas por una oferta rígida no solo cuando caía la…

p. 54
[48]

los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…

p. 98
[49]

los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…

p. 98
13Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 921 cita
[24]

minera, en correspondencia con las actividades productivas como la ganadería y el trapiche. La hacienda era una unidad productiva que favoreció, por una parte, el monopolio de la tierra y, por otra, la fuerza de trabajo. Su nivel tecnológico era bajo y costoso frente a sus factores de producción. La incorporación de…

p. 92
14Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[25]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[28]

mientras mujeres negras adornadas con corpiños y brazaletes de oro se paseaban desnudas para servir a sus amos. Cuenta la historia que Pedro Quiñones, Marqués de Miraflores y alférez real de Barbacoas, preparaba plátanos cubiertos de polvo de oro y para evitar que los esclavos recuperaran el preciado metal de sus…

p. 44
16Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1471 cita
[29]

De Zabaleta varias decenas de esclavos negros casi exclusivamente, que las arriaban ya gordas al mercado de Cartagena. Estos esclavos vivían en un caserío con capilla propia en el sitio llamado Santa Ana del Paraíso que más tarde encubrió el cementerio de Guayabal. Cuando De Zabaleta murió en 1706, ordenó que algunos…

p. 147
17Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 561 cita
[30]

while common places of origin and the hardships of the slave ship may have had initial bonding effects on some slaves in the Americas, the day- to- day experiences people lived and shared, the family and kinship bonds they developed over time, and the strategies they used to create meaning for their lives all…

p. 56
18The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2721 cita
[32]

descendants of cimarrones, people who won their freedom by escape. They express pride in that past, especially through the heroic symbol of Benkos Biohó, the most famous leader of the communi- ties that later coalesced to become known as Palenke, where there is now a statue in his honor. Colombia’s palenques have…

p. 272
19Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1081 cita
[33]

desde hace varios años, que tiene con ella varios hijos y que la “Losada manda las cuadrillas y maltrata a los esclavos”. Mosquera y Figueroa, por su lado, acusó en el proceso a los testigos, inclusive al cura de Nóvita, de vivir amancebados con las negras esclavas.¹ ⁰ ³ Ante formas tan extremas de explotación y…

p. 108
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 393, 3972 citas
[34]

constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…

p. 393
[57]

o directamente de Irlanda a España. Y una cuarta fuente de abastecimiento operaba en Grecia, de donde los transportaban a Cerdeña, Mallorca y Menorca. Este comercio se especializó en introducir a los países árabes, y posteriormente a la América, esclavas para dedicarlas a la prostitución, de donde viene la frase…

p. 397
21Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 651 cita
[36]

su perspectiva, fray Juan de Santa Gertrudis manifestó: Ha muchísimo tiempo que unos ladrones se dieron maña de hurtar un situado que bajaba con treinta mulas cargadas de plata del Rey, de Pasto a Popayán, y estos se fueron temerosos de la justicia a buscar donde poder estar sin riesgo. Unos indios de Taminango les…

p. 65
22Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1201 cita
[37]

vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…

p. 120
23Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 761 cita
[38]

En cierta manera, Popayán y su comarca, en la que predomina el elemento indígena, quedaban dentro de sus linderos. Pero la orientación política y económica de la ciu- dad, su función y su constitución social peculiares, llevan a darle cabida —a ella y a su umland indígena— en otra división, en el grupo caucano. La…

p. 76
24Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 501 cita
[39]

determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
25Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 291 cita
[40]

slaves r5.7 per' cent; whites, including clergy, 27.o percentl and Indians o. 5 percent. Pardo artisans included shoemakers, tailors, masons, and silversmiths. Some of them became relatively wealthy and could afford to live in two-story houses and own slaves.6 The pardos'demographic weight also made them crucial to…

p. 29
26Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 344, 3472 citas
[41]

de Cartagena, puerto de entrada de negros esclavos para el reino y ade - más escenario de zambajes y mulatajes, se toleró un sitio de poblamiento con un estatus superior al de los palenques y las rochelas. Se trataba del arrabal de Getsemaní, situado fuera de la muralla de la ciudad, en el que se toleraba el…

p. 347
[53]

miembro de un noble cuerpo al que perte - nece. Por esas relaciones estáis obligados a someteros y respetar las leyes que os protegen con tanta generosidad, a obedecer a los magistrados, en quienes deposita la República la autoridad de hacerlas observar y cumplir; y en fin, a llenar los deberes de los verdaderos…

p. 344
27Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 961 cita
[42]

ancho de los siglos las transformaciones de la sociedad colonial, según la presencia o la ausencia de quienes llegaron a trabajar tanto en las minas y el servicio doméstico como en las estancias y el mundo urbano 38. La superposición de estos instru- mentos públicos y las testamentarías, las cartas, los registros de…

p. 96
28Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 81, 842 citas
[43]

no conceder la libertad es una bar- barie; darla de repente es una precipitacion. La li- bertad social tiene ciertos grados y necesita cierta disposicién en los que la reciben para que no sea peligrosa. No se pasa repentinamente de un estado al opuesto sin exponerse a grandes inconvenientes. Por otra parte, los…

p. 81
[50]

resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…

p. 84
29Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 741 cita
[44]

propiedad privada. Esta disposicion, referente a la poblacién indige- na, lejos de realizarse en los términos dispuestos en 1821, se convirtid en Ultima instancia en una enajenacion de las tierras comunales que pasaron a manos de particulares y no propiamente a las de la comunidad indigena. Dada la persistencia de la…

p. 74
3030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 79, 842 citas
[45]

de la verdadera Libertad! CAPÍTULO 10 La piel no tiene color José Hilario López fue presidente en 1850, resultado de una elección disputada. En mayo de 1851, sancionó la ley sobre libertad de los esclavos con la cual puso fin a esta institución inicua. En sus memorias, Salvador Camacho Roldán estimaba que “Las…

p. 79
[51]

siendo admisibles en pago por su valor nominal. ARTÍCULO 19. Quedan derogadas todas las disposiciones contrarias a las de la presente ley, y el Poder Ejecutivo dictará todos los reglamentos y órdenes del caso a fin de que tenga su más puntual cumplimiento. Dada en Bogotá, a 21 de mayo de 1851 El Presidente del Senado,…

p. 84
31La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 401 cita
[46]

pero desplazó una gran masa de campesinos hacia las tierras de vertiente. En la segunda mitad del siglo XIX las fuerzas económicas en ascenso coincidían en la necesidad de ampliar el mercado nacional como la primera con dición de un mejor bienestar. Esta premisa llevó a obtener la libertad de los esclavos y la…

p. 40
32Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1701 cita
[47]

He liberated his own slaves, first on condition of military service in 1814, when about fifteen accepted, then unconditionally in 1821 when over a hundred profited. 17 Few hacendados followed his example. Bolívar continued to argue that the creole rulers and property-owners must accept the implications of the…

p. 170
33Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2791 cita
[52]

abolición, con indemnización. Pero solo desde cuando el Estado garantizara el pago de los esclavos que iban a ser liberados. Aprobaron la ley de manumisión, (liberación), que entró en vigencia el 1° de enero de 1852. Cerca de 17.000 esclavos ganaron el derecho a la libertad; ese día se celebró en todo el país. Los…

p. 279
34Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 cita
[54]

Agencia Nacional de Tierras (ANT) reportó que se encontraban en trámite 319 solicitudes de titulación colectiva: 142 para territorios de la región Caribe y 112 para la del Pacífico 20. 16 DANE, «Censo Nacional de Población y Vivienda, 2005». 17 DANE, «Censo Nacional de Población y Vivienda, 2018». 18 Ibíd. 19 DANE,…

p. 39
35¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 491 cita
[55]

por la cual se les dejó libres. Esa condición de esclavos libres, de cimarrones al azar buscando horizonte, les permitió establecerse en este territorio inmenso donde hallaron un entorno suficientemente parecido al de su África nativa, es decir, una zona tropical húmeda con gran pluviosidad, que aunque no era de mucha…

p. 49
36Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 301 cita
[56]

grasa empacadas por la naturaleza. Los cocos que sobran, porque los pasajeros murieron antes de consumirlos, se tiran al mar Caribe una vez se avizora el puerto, y crecen entonces palmas en las costas. Si el español llegó con el cerdo, la vaca lechera, la cabra, las semillas; los negros llegan con su miseria, su…

p. 30
37Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 450, 4662 citas
[58]

proceso cerámico, sorteando las dificultades que implicó el uso de materiales y técnicas de fabricación propias de una tradición europea implantada en territorio americano, entonces con una mano de obra africana. De esto resultó la consolidación de una tradición (aunque adoptada por la sociedad criolla) que logró…

p. 450
[59]

una identidad nacional volcada hacia la unidad católica. El santo representaba los valores de la evangelización, es decir, la misión universalista del catolicismo, como agente “unificador” del país. Bibliografía complementaria Aristizábal, Tulio. El templo de San Pedro Claver en Cartagena. Bogotá: Editorial Kimpes,…

p. 466