José Solís Folch de Cardona
Colonia
La biografía
Entre agosto de 1753 y febrero de 1761 gobernó la Nueva Granada un virrey al que la memoria oficial recordaría menos por sus decretos que por su desenlace: José Solís Folch de Cardona, cuarto virrey del Nuevo Reino, dejó el palacio de Santafé para tomar el hábito franciscano y murió como fraile en 1770. El gesto, pronto envuelto en piedad y leyenda, ha tendido a ocupar el lugar del gobierno. Pero fue durante esos siete años y medio cuando el programa borbónico de racionalización fiscal, ordenamiento territorial y avance sobre territorios indígenas se tradujo, en el Nuevo Reino, en decisiones administrativas concretas. Su virreinato es la bisagra entre el restablecimiento del Virreinato bajo Sebastián de Eslava y la etapa de las grandes visitas y reformas que desembocarían en el movimiento de los comuneros. Por eso importa: no por lo que Solís inventó —hizo pocas cosas nuevas— sino por lo que consolidó dentro de una maquinaria colonial que ejecutó con eficacia y sin sobresaltos.
Línea de vida
- 1753
Llegada a Cartagena de Indias
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El 23 de agosto de 1753 Solís desembarcó en Cartagena de Indias e inició su gobierno como cuarto virrey del Nuevo Reino de Granada, heredando un virreinato restablecido apenas en 1739 mediante la Real Cédula de San Ildefonso.
- 1753
Demarcación de límites con Portugal
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Desde los primeros años de su gobierno atendió la demarcación de límites con Portugal en la Amazonía y el Orinoco, tarea técnica y diplomática inscrita en la agenda imperial borbónica de fijación de soberanías territoriales.
- 1753
Creación de cajas reales y aduana de Guayaquil
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Impulsó el establecimiento de cajas reales en Ocaña, Cartago y Barbacoas para acercar el fisco a las regiones productoras de oro, y creó la aduana de Guayaquil para ordenar el tráfico del Pacífico, multiplicando los puntos de recaudación y reduciendo el margen del contrabando.
- 1753
Nombramiento de teniente real en Medellín
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Designó teniente real en Medellín, señal del creciente peso administrativo y minero de la villa antioqueña dentro del Virreinato.
- 1753
Política de caminos
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Impulsó la apertura y mejora de caminos hacia el Chocó, Antioquia, los Llanos Orientales y el Opón, y fomentó el camino de Carare para sacar harinas del altiplano hacia el río Magdalena; cada trazado abría franjas de colonización y presionaba los territorios indígenas.
- 1756
Reparto de la legua de los indios en el resguardo chimila de Ciénaga
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El 9 de diciembre de 1756 el agrimensor barranquillero Antonio Galindo ejecutó la orden de Solís de repartir la legua de los indios —cinco caballerías y cuarenta y cuatro fanegas, equivalentes a 2.326 hectáreas— sobre el resguardo chimila de Ciénaga, medida que en la práctica delimitaba cuánta tierra quedaba disponible para mercedes y nuevas fundaciones criollas.
- 1760
Relación de mando
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En 1760 Solís redactó su relación de mando, considerada por la historiografía uno de los documentos más valiosos que dejó el gobierno colonial para el estudio de la situación social, económica y política del Virreinato de Nueva Granada en la última centuria de la dominación española.
- 1761
Entrega del mando y toma del hábito franciscano
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El 28 de febrero de 1761 entregó el gobierno, repartió sus bienes entre los pobres y tomó el hábito franciscano, retiro que la memoria oficial convirtió en el rasgo definitorio de su figura por encima de sus decisiones administrativas.
- 1770
Muerte en el convento de San Francisco
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Murió en 1770 en el convento de San Francisco, donde había vivido como fraile desde su renuncia al virreinato nueve años antes.
La figura y su lugar
Solís llegó a Cartagena de Indias el 23 de agosto de 1753 y entregó el mando el 28 de febrero de 1761. Gobernó un virreinato joven: la institución había sido creada en 1717, suprimida en 1724 y restablecida apenas en 1739 mediante la Real Cédula de San Ildefonso del 20 de agosto, que anexó además la Audiencia de Quito a la jurisdicción de Santafé de Bogotá. Antes de los Borbones, la Nueva Granada no había tenido virreyes, a diferencia de México y Perú; Solís pertenece, por tanto, a la primera generación de virreyes que consolidaron el andamiaje administrativo del Nuevo Reino. Su antecesor inmediato, José Alfonso Pizarro, y antes de él Sebastián de Eslava —virrey entre 1739 y 1749, defensor de Cartagena frente al ataque inglés de 1741— habían fijado las líneas maestras que Solís heredó y prolongó.
Su gobierno se inscribe en el proyecto borbónico de fortalecimiento del Estado y ampliación de sus funciones sobre los dominios de ultramar. Ese programa —motivado en buena parte por la guerra y el temor a la guerra contra Inglaterra— implicó mayor control sobre los recursos naturales, racionalización de la administración con funcionarios especializados, censos de población y modernización productiva. En el Nuevo Reino, ese impulso encontró un territorio marcado por el crecimiento demográfico del siglo XVII, el mestizaje como fenómeno mayoritario, la apertura de espacios de colonización interior y una élite criolla con aspiraciones políticas. Sobre ese escenario Solís actuó como ejecutor: no como arquitecto de una doctrina reformista, sino como el funcionario que dio forma administrativa a lo que ya estaba en marcha.
La imagen que quedó de él —el virrey devoto, culto, benefactor de misiones— es en buena medida una construcción posterior, alimentada por su retiro franciscano y luego por la costumbre republicana de canonizar a los administradores coloniales que dejaban obra. El retrato que le pintó Joaquín Gutiérrez en el siglo XVIII, dentro de una serie donde el mismo pintor fijó los rostros de los virreyes del Nuevo Reino, cumple exactamente esa función: fijar la jerarquía virreinal en un lenguaje visual reconocible, con sus insignias, sus telas, su compostura, para que la autoridad quedara instalada en la mirada del súbdito. Esa iconografía no es un accesorio: es parte del dispositivo por el cual el poder colonial se hacía ver y se hacía obedecer.
Los orígenes de un virrey borbónico
Su lugar institucional se puede afirmar con precisión: fue nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada dentro del sistema de designaciones borbónicas que buscaba colocar hombres de confianza de la Corona en los puestos clave de ultramar. Ese sistema tenía como contrapeso el juicio de residencia y las visitas —el segundo instrumento de control e información con que la Corona supervisaba a sus funcionarios—, aunque uno y otro dispositivo funcionaban con notorias fallas: muchos juicios no concluían con sentencia, podían prolongarse indefinidamente y era posible eludir sus consecuencias mediante influencias. Alejandro de Humboldt observaría más tarde, ya a fines del siglo, que un virrey rico, astuto y con apoyos podía sortear los mecanismos de control institucional.
Solís entró en ese engranaje con la ventaja de una época relativamente estable en el interior del Virreinato. No enfrentó, como Eslava, un ataque de escuadra inglesa; no le tocó, como a los virreyes posteriores, la insurrección comunera. Su gestión transcurrió en un tiempo de paz administrativa que le permitió dedicar recursos a obras internas: caminos, cajas reales, misiones, límites, ordenamiento comercial.
La trayectoria del gobierno
Fronteras y jurisdicciones. Uno de los primeros asuntos que lo ocuparon fue la demarcación de límites con Portugal, tarea heredada del Tratado de Madrid y de las tensiones fronterizas en la Amazonía y el Orinoco. Esa gestión, técnica y diplomática, formaba parte de la agenda imperial de fijación de soberanías territoriales que los Borbones consideraban prioritaria, en un contexto donde las fronteras internas de América habían sido durante siglos zonas de indefinición.
Cajas reales y aduanas. Solís impulsó el establecimiento de cajas reales en Ocaña, Cartago y Barbacoas, y creó la aduana de Guayaquil —jurisdicción que dependía entonces del Virreinato de Santafé—. Estas medidas eran capilares del programa borbónico: multiplicar los puntos de recaudación, acercar el fisco a las regiones productoras, reducir el margen del contrabando y de la evasión. La caja de Cartago vigilaba la circulación del oro del Chocó; la de Barbacoas hacía lo propio con la minería del suroccidente; la de Ocaña se anclaba en el corredor entre el Magdalena y el nororiente. La aduana de Guayaquil ordenaba el tráfico del Pacífico. También nombró teniente real en Medellín, señal del creciente peso administrativo y minero de la villa antioqueña, todavía lejos de la centralidad económica que alcanzaría un siglo después.
Caminos. El gobierno de Solís se identifica de manera especial con la política de caminos: hacia el Chocó, hacia Antioquia, hacia los Llanos, hacia el Opón. Cada una de estas rutas obedecía a una lógica precisa. El del Chocó atendía a la circulación del oro y a la conexión de las cuadrillas mineras con los centros de fundición y tributación. El de Antioquia respondía a la misma lógica minera. Los Llanos —vastísimos y débilmente incorporados— demandaban vías de salida para el ganado y los productos misionales, en un territorio donde el brazo administrativo del virrey pesaba menos que el de las órdenes religiosas. El del Opón conectaba el interior santafereño con el río Magdalena, arteria vertebral de la colonia. A ese conjunto se suma el impulso al camino de Carare, pensado específicamente para sacar harinas del altiplano hacia el Magdalena: obra que revela con claridad la orientación productiva del proyecto, no la simple facilitación del tránsito, sino la construcción de una infraestructura orientada a la exportación interna de excedentes agrícolas hacia los circuitos fluviales.
Estos caminos, sin embargo, no eran obras neutrales de ingeniería. Cada trazado abría una franja de colonización, autorizaba fundaciones de pueblos, permitía la entrada de vecinos libres a territorios donde antes solo circulaban misioneros y comerciantes, y desplazaba —o presionaba— a las poblaciones indígenas de sus áreas de asentamiento y refugio.
Comercio, minería y misiones. Solís dictó medidas comerciales de detalle y atendió el fomento de la minería, en un virreinato cuya economía descansaba todavía en la extracción aurífera y en el tráfico atlántico por Cartagena. Al mismo tiempo, fomentó las misiones jesuitas y franciscanas, dos brazos religiosos con presencia notable en las periferias del Virreinato. Las órdenes religiosas —junto con los obispados— constituían el eje de la Iglesia neogranadina, con un grado de poder e influencia social, política y cultural que hace imposible entender la sociedad colonial sin considerarlas. En 1761, la localidad de Salazar contaba con un curato doctrinero administrado por la religión de San Francisco: signo de una red parroquial franciscana activa en los territorios de frontera. Los jesuitas, por su parte, sostenían el eje misional de los Llanos hasta su expulsión en 1767, ya bajo un virrey posterior.
Política indígena: el otro rostro del gobierno
Aquí está la zona más incómoda —y más reveladora— del virreinato de Solís. Sobre motilones (en la Serranía del Perijá y las montañas nororientales), chimilas (en la banda oriental del bajo Magdalena y las estribaciones de la Sierra Nevada) y guajiros (en la península de La Guajira), la administración virreinal aplicó una combinación de misiones y escoltas militares que no cabe llamar pacificación —término que la historiografía crítica ha aprendido a desconfiar— sino campaña de reducción, entendida a la vez como sometimiento territorial, concentración forzada en pueblos y liberación de tierras para el avance de colonos y hacendados.
La campaña sobre el territorio chimila es anterior al mandato de Solís: la impulsaron Sebastián de Eslava en 1743 y José Alfonso Pizarro en 1752, encomendándola al maestre de campo José Fernando de Mier y Guerra, nombrado en octubre de 1743 con mando en toda la provincia de Santa Marta y confirmado por Pizarro el 13 de octubre de 1752. Entre 1744 y 1751, Mier y Guerra fundó una serie de pueblos que redibujaron el mapa de la banda oriental del río: Nuestra Señora de la Candelaria del Banco el 2 de febrero de 1744 —donde congregó a 134 vecinos que sumaban 623 almas—, San Sebastián de Buenavista el 20 de enero de 1745, San Vicente Ferrer de Cascajal el 5 de abril de 1749, Chimichagua el 15 de agosto de 1749, San Sebastián de Menchiquejo el 20 de enero de 1750, San Zenón el 12 de abril de 1750, San Fernando de Oriente el 30 de mayo de 1750 y Santa Ana el 26 de julio de 1750, entre otras. Estos pueblos no se fundaban en el vacío: reunían vecinos libres dispersos, familias que habitaban montes y ciénagas, y trazaban una línea de avance sobre el hábitat chimila.
Cuando Solís llegó al gobierno en 1753, la campaña ya tenía su lógica montada. Su administración la consolidó y le dio continuidad. El caso más nítido es el reparto de la legua de los indios —cinco caballerías y cuarenta y cuatro fanegas, equivalentes a 2.326 hectáreas—, orden ejecutada el 9 de diciembre de 1756 por el agrimensor barranquillero Antonio Galindo sobre el resguardo chimila de Ciénaga. La medida, formalmente proteccionista en el lenguaje jurídico de los resguardos, tenía en la práctica el efecto inverso: fijar los límites de la tierra indígena servía también, y sobre todo, para delimitar cuánto quedaba disponible para mercedes, para hacendados criollos y para nuevas fundaciones. Orlando Fals Borda ha leído este proceso como parte de una expansión señorial que combinó licencia de caminos, colonización de vecinos libres y reducción de resguardos, y ha mostrado cómo la presión criolla sobre las tierras indígenas encontraba en las instituciones virreinales, más que un freno, un mecanismo de reglamentación de su propio avance. Los agrimensores, los encomenderos, los fundadores de pueblos actuaban desde abajo modelando la aplicación de las órdenes que venían de Santafé: la política indígena era, en la práctica, un campo de negociación entre la Corona y los intereses locales, y Solís gobernó reconociendo esa negociación más que dirigiéndola.
En los frentes motilón y guajiro, los patrones fueron análogos aunque con resultados distintos. Los motilones opusieron una resistencia armada tenaz que hizo de la Serranía del Perijá una frontera abierta durante todo el siglo. Los guajiros —bien armados, con acceso al contrabando por el Caribe y una organización política descentralizada— jamás fueron reducidos: sostuvieron rebeliones intermitentes que culminarían en el gran levantamiento de 1769, ya con Solís en el convento. La combinación de misión y escolta militar revela con claridad su estructura: el fraile abría el terreno con la persuasión y el bautismo; el soldado lo sostenía cuando la persuasión no bastaba; el agrimensor lo cerraba fijando los linderos. Los tres oficios formaban un solo dispositivo.
Hacienda, tabaco y los límites cronológicos
Al gobierno de Solís se atribuye a veces la política de administración directa del tabaco. La cronología es más precisa: la administración directa por las autoridades virreinales, que reemplazó el sistema de arrendamiento privado por remate —cuyo primer rematador había sido el comerciante de Honda José Mesa Armero, con un canon de 50.000 pesos anuales—, se estableció en 1774, más de una década después de que Solís dejara el mando. Fue el visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres quien reorganizó minuciosamente el sistema mediante ordenanzas, fijó cuatro zonas de cultivo —Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira—, seis administraciones y factorías de distribución, normas técnicas estrictas para la elaboración y el empaque de la hoja, y un sistema de resguardos policiales para controlar la comercialización.
Esa reorganización, junto con el estanco del aguardiente —cuya renta creció de manera continua entre 1760 y la década de 1790—, transformó la estructura fiscal del virreinato. Hacia la última década colonial, los dos estancos representaban en conjunto alrededor del 32 % de los ingresos de la Corona en la Nueva Granada, con un promedio de 770.000 pesos sobre 2,4 millones totales. La carga tributaria como porcentaje del producto pasó de aproximadamente 2,9 % en el primer quinquenio registrado a un pico cercano al 10,4 % durante las reformas. La administración directa excluyó a numerosos pueblos y regiones de la producción, redujo los precios de compra a los campesinos, elevó los precios de venta y reprimió las siembras consideradas ilegales; ese descontento alimentaría el movimiento comunero de 1781, que casi tomó Santafé de Bogotá.
Solís no vio ese desenlace ni impulsó las medidas de 1774. Su papel, en el terreno fiscal, fue el de reforzar las bases: cajas reales, aduanas, ordenamiento comercial. Sobre ese cimiento operarían los visitadores posteriores. Insistir en esta cronología no diluye su importancia; la sitúa. Solís gobernó en una etapa preparatoria, no en la del choque.
La relación de mando de 1760 y el archivo del gobierno
De su gestión quedó un documento decisivo: la Relación de Mando de 1760, redactada al filo del cambio de gobierno y destinada a orientar al sucesor. Las relaciones de mando del siglo XVIII —la de Eslava, escrita en 1751 por el oidor Berástegui; la de Solís de 1760; y luego las de Messía de la Zerda en 1772, Guirior en 1776, Caballero y Góngora en 1789, Ezpeleta en 1796, Mendinueta en 1803 y Montalvo en 1818— se cuentan entre los documentos más valiosos que dejó el gobierno colonial para el estudio de la situación social, económica y política del Virreinato en su última centuria. La de Solís es un balance administrativo detallado del estado de la hacienda, de los caminos, de las misiones, de los territorios indígenas y de las jurisdicciones, y constituye la fuente principal para reconstruir qué se hizo entre 1753 y 1761 y qué quedaba pendiente. Ese documento debía cruzarse, en el sistema colonial, con el juicio de residencia y con las eventuales visitas; en última instancia, el Consejo de Indias era el organismo supremo guardián y supervisor de la memoria colonial, con facultad para determinar quiénes podían leer la documentación estatal y bajo qué condiciones.
La red: personas, lugares, instituciones
El gobierno de Solís se articuló con figuras concretas. José Fernando de Mier y Guerra encarnó, desde Santa Marta, la política de fundaciones y avance sobre el territorio chimila que Solís continuó. Antonio Galindo, agrimensor barranquillero, ejecutó el reparto de la legua de indios en Ciénaga en 1756: representa esa capa intermedia de funcionarios técnicos —agrimensores, escribanos, jueces poblados— sin la cual la política virreinal no se convertía en realidad territorial. Joaquín Gutiérrez, pintor activo en Santafé, fijó su rostro en el retrato que hoy permite reconocerlo, dentro de una serie visual que ordenaba la memoria de los virreyes y reproducía, en la imagen, la jerarquía del gobierno.
Los lugares dibujan otro mapa: Cartagena como puerta de entrada; Santafé de Bogotá como capital; Guayaquil como avanzada del Pacífico bajo su aduana; Ocaña, Cartago y Barbacoas como puntos fiscales; Medellín como bisagra minera; el Chocó, Antioquia, los Llanos, el Opón y el Carare como redes de caminos; Ciénaga y la banda oriental del Magdalena como escenario de la política indígena; el territorio motilón, el chimila y La Guajira como frentes de reducción incompletos. Ese mapa administrativo es el legado más concreto de su virreinato.
Y las instituciones: el Virreinato mismo, todavía joven; las cajas reales; las aduanas; las órdenes jesuita y franciscana; la Audiencia de Santafé; el sistema de resguardos indígenas; el estanco del tabaco en su forma previa a 1774. Solís operó dentro de ese entramado sin fracturarlo.
El retiro franciscano y la muerte
El 28 de febrero de 1761 Solís entregó el mando. Dejó sus bienes a los pobres y tomó el hábito franciscano. Vivió como fraile en el convento de San Francisco de Santafé hasta su muerte en 1770. Nueve años de vida religiosa cerraron una biografía que la memoria devocional se apresuró a leer como conversión ejemplar: el virrey que renuncia al mundo y abraza la pobreza.
Conviene situar el gesto en su contexto institucional. El paso de un alto funcionario a una orden religiosa era una salida disponible y honorable en la sociedad colonial; no rompía con el orden establecido sino que lo confirmaba, mostrando la porosidad entre las dos grandes jerarquías —la virreinal y la eclesiástica— como espacios comunicantes de reproducción del poder. La orden franciscana mantenía en la Nueva Granada una red parroquial activa, y sus frailes cumplían funciones que iban de la doctrina a la mediación política: en 1745, el padre Barrutieta había logrado la rendición de un grupo de esclavos fugitivos mediante buenos oficios religiosos. Entrar a esa orden después de haber gobernado no era retirarse del poder colonial: era permanecer en él por otra puerta.
La memoria posterior amplificó el retiro hasta convertirlo casi en el rasgo distintivo de Solís. El cráneo del virrey llegó a formar parte, hacia fines del siglo XIX, de la colección de monumentos históricos y objetos notables del Museo Nacional de Colombia, catalogado entre piezas de conquistadores y próceres. Esa musealización del cráneo condensa con precisión el modo en que la República heredó su figura: como reliquia de una autoridad piadosa, no como funcionario de un sistema colonial complejo.
La huella
Al inventario administrativo —cajas reales, aduana, caminos, teniente real, límites, misiones, resguardos— hay que añadir lo que su gobierno consolidó en términos estructurales: el afianzamiento de la primera generación estable del Virreinato restablecido, la continuación de la política de fundaciones en la banda oriental del Magdalena, la preparación fiscal del terreno sobre el que operarían las reformas de la década de 1770 y la extensión de una red de caminos que reorganizó la circulación interior del Nuevo Reino.
También quedó lo que su gobierno no resolvió y que en muchos casos ni siquiera se propuso resolver: la resistencia motilona y guajira, la conflictividad latente de los pueblos indígenas reducidos, la dependencia extrema del oro, la debilidad urbana del interior, la fragilidad administrativa de vastas regiones apenas cartografiadas. Entre 1750 y 1800 —el arco largo dentro del cual se inscribe su virreinato— se fundó el 20 % de los municipios colombianos, gran parte de ellos en climas medios y poblados por mestizos, en un movimiento que las autoridades impulsaron por temor a que esa población viviera arrochelada, sin Dios ni ley, fuera de todo control. Solís gobernó en pleno interior de ese impulso, no lo inauguró ni lo cerró; lo aceleró donde pudo.
La historiografía crítica —con Fals Borda a la cabeza en lo referido a la Costa— ha desmontado la lectura hagiográfica y ha puesto en el centro lo que la piedad devocional ocultaba: que las obras de infraestructura y ordenamiento fiscal fueron inseparables de un dispositivo colonial que combinó misiones, escoltas militares y expansión señorial sobre territorios indígenas. Ese es el hilo que atraviesa el virreinato de Solís de punta a punta. Su retiro franciscano no lo cancela: lo enmarca. Un virrey que había ordenado repartir la legua de los chimilas en 1756 y había firmado licencias que abrieron caminos a colonos por tierras indígenas terminó vistiendo el hábito de una orden cuyos frailes acompañaban las mismas fronteras que su administración empujaba. La coherencia entre gobierno y retiro es mayor que la aparente ruptura entre uno y otro.
Queda, pues, una figura precisa: un virrey borbónico, ejecutor eficaz de un programa que no diseñó, autor de una relación de mando indispensable para entender el Nuevo Reino a mediados del siglo XVIII, protagonista de decisiones concretas —el reparto de 1756, la aduana de Guayaquil, las cajas de Ocaña, Cartago y Barbacoas, los caminos del Chocó, los Llanos, el Opón y Carare— cuyo retiro religioso, más que negar el gobierno, lo selló como imagen legítima de una autoridad que se pensaba a sí misma en clave católica. La República heredó de él la iconografía del virrey piadoso; la historia crítica ha recuperado, debajo, al administrador colonial en toda su ambivalencia.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 28 fragmentos01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1101 cita
[1]d a 1 1 3 conflictos intestinos. En el ám bito eclesiástico, los arzobispos y obispos chocaban frecuentem ente con las órdenes religiosas. Del lado civil, la A udiencia se desga rraba p o r la disensión interna; cada oidor veía a sus colegas com o rivales, y cada uno se ap o y ab a en su p ro p ia facción clientelar.…
p. 110
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2281 cita
[2]la Nueva Granada. José Prieto de Salazar adquiere el cargo de tesorero de la Casa de Moneda de Santafé. Supresión del carácter he- reditario de las encomiendas. 1719 Jorge de Villalonga, nombrado primer virrey de la Nueva Granada. Juan de Herrera: Lamenta- ciones de tinieblas. 1720 Se decreta que el impuesto de…
p. 228
03Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 541 cita
[3]Villalonga, recomendó suprimirlo, en vista de su escasa infraestructura. Era la colonia más pobre del Imperio español. De virreinato volvió a hablarse tiempo después, cuando la poderosa armada inglesa intentó tomarse Cartagena en 1741, hambrienta por colonizar Sur- américa. La Corona española reforzó las defensas de…
p. 54
04Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 781 cita
[4]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
05Gran Enciclopedia de Colombia - Historia 1: Desde la prehistoria hasta el alzamiento del comúnJorge Orlando Melo (Dirección Académica); varios autores · 2007 · Página 2081 cita
[5]5 de noviembre dispuso por Real Cédula eliminar la existencia dé esta unidad administrativa, devolviendo el territorio al régimen de presidentes ria la Real disposicion a Santafé. El Virrey se despi dio el 16 de mayo de ese ano y entrego el gobierno el 17 del mismo mes re Villalonga y De la Pedr sa, y su…
p. 208
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 73, 85, 883 citas
[6](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…
p. 88
[17]Les- mes de Espinosa, con los indígenas de Vélez, Mu- zo y La Palma, en 1617, y en Cartago y Anserma en 1627; Herrera Campuzano, en Antioquia, en 1614; y Rodríguez de San Isidro en 1637, en el Valle del Cauca. Sin embargo, la época en que se hicieron ma- yor número de fundaciones fue en el siglo si- guiente, el XVII;…
p. 73
[27]E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…
p. 85
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 3461 cita
[7]y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…
p. 346
08Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 1721 cita
[8]hasta 50 preguntas. El juicio termi- naba con una sentencia, absolutoria o condena- toria. Las condenas incluían desde multas mo- netarias hasta la pena de muerte. Las que se referían a los altos funcionarios como los oido- res de Audiencia, virreyes, presidentes o capita- nes generales, requerían confirmación del…
p. 172
09Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Páginas 205, 211, 217, 2224 citas
[9]hizo el virrey José Solís Folch de Cardona, cuyas órdenes de repartir la legua de los indios (5 caballerías y 44 fanegas, o 2.326 hectáreas) se cumplió el 9 de diciembre de 1756 por ejecución del agrimensor barranquillero Antonio Galindo, en ese sitio. Mientras tanto, Mier y Guerra esperaba en su rincón occidental a…
p. 217
[12]de su nombramiento como maestre de campo en octubre de 1743, yendo de sur a norte y por el brazo de Mom- pox, que era lo más fácil y menos peligroso. En las bocas del Cesar, por el sitio de Nuestra Señora de la Candelaria del Banco, habían permanecido dispersos, desde los días de los Orriz Nieto, muchos vecinos libres…
p. 211
[13]16, 1747; ANC, Poblaciones varias 10, Memo- rial de Mier y Guerra, Mompox, octubre 30, 1750, fol. 893; Gnecco Rangel Pava, A i r e s g u a m a l e n s e s (Bogotá, 1948), 9- Cascajal, abril 5, 1749, Chimichagua, agosto 15, 1749, Chiriguaná, 1749,y Menchiquejo, enero 20, 1750: ANC, Poblaciones varias 10, fol. 893; NM,…
p. 222
[16]esclavos, y que fue bautizada como el hato de Calenturas. La otra recompensa fue polírico-militar: el nombramiento de maestre de campo con mando en toda la provincia de Santa Marta, suscrito en Cartagena el 26 de octubre de 1743 por el virrey del Nuevo Reino de Granada, Sebastián de Eslava (confirmado el 13 de octubre…
p. 205
10Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Página 2871 cita
[10]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
11Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Página 2871 cita
[11]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
12Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · Página 32 citas
[14]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…
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[15]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…
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13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 1451 cita
[18]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
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14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 651 cita
[19]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
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15Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 1481 cita
[20]cabeceras de las administraciones generales. El establecimien- to del monopolio directo se dio de forma gradual, y entre tanto se permitió la coexistencia de los métodos anteriores, el de arrendamiento y el de asiento por remate del estanco de aguardiente. Las diversas reformas de la renta del aguardiente fueron…
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16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1531 cita
[21]y objetos notables de los objetos indígenas que eran categori- zados como curiosidades y pensados al margen del tiempo. En la subdivisión de monumentos históricos y objetos notables se encon- traban piezas como la cota de malla de Gonzalo Jiménez de Quesada, la daga de Nicolás de Federmán, la espada del Virrey Amar y…
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17Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · Página 11 cita
[22]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…
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18Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 5571 cita
[23]salientes, y en sus casas un razonable desgreño y desaseo. No así la iglesia, que es bastante capaz, se hallaba bien barrida y adornada con sendas rosetas y láminas de brillante mica, de que hay abundante provisión en las cer - canías. Existen, según el último censo, 536 niños de ambos sexos en edad de ir a la…
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19Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 3901 cita
[24]de Quito intentó reducirlos pacíficamente en 1732, aprovechando los buenos oficios de don Andrés Fajardo, a quien autorizaron para ofrecerles paz, la libertad y el derecho de seguir viviendo tranquilos, con la condición de que no admitieran nuevos prófugos, condición que jamás cumplieron. El gobernador José Francisco…
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20Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
[25]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
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[26]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
21Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 1211 cita
[28]De una parte, la profusa producción, la cuidadosa colección y la exclusiva posesión de textos servía para proyectar una cautivante imagen de un Estado omnisciente y que todo lo conocía. De otra, los documentos manuscritos servían como fuentes para la escritura y publicación de la historia oficial y su colección servía…
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