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Hecho histórico · Prehispánico · antes de 1499

Cerámica temprana de Puerto Hormiga (3000 a.C.)

En un montículo de conchas a orillas del Canal del Dique, cazadores-recolectores costeros modelaron hacia el 3000 a.C. los fragmentos de cerámica que figuran entre los más antiguos de América. El hallazgo, excavado por Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel, demostró que la alfarería podía surgir sin agricultura previa y reposicionó el Caribe colombiano como foco formativo del continente.

Cerámica temprana de Puerto Hormiga (3000 a.C.)
Hacia el 3000 a.C. (excavación arqueológica: comienzos de la década de 1960)
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Hacia el 3000 a.C. (excavación arqueológica: comienzos de la década de 1960)
Dónde
Caribe colombiano, Montes de María, Sinú, Puerto Hormiga, Canal del Dique, Bolívar, Bahía de Cartagena, Monsú, Canapote, Barlovento, Ciénaga de Tesca, San Jacinto 1
Protagonistas
Gerardo Reichel-Dolmatoff, Alicia Dussán de Reichel, Betty Meggers, Clifford Evans, Augusto Oyuela-Caycedo, Julio César Cubillos
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La extraordinaria productividad ecológica del ecosistema anfibio del Caribe colombiano —moluscos de aguas salobres, peces, tortugas, iguanas, mamíferos terrestres y recursos vegetales— permitió cierta fijación territorial y el sostenimiento de grupos semisedentarios sin necesidad de agricultura plena.
  2. La acumulación de montículos de conchas y detritus a lo largo de siglos generó las condiciones materiales y sociales para el desarrollo de tecnologías de procesamiento de alimentos, entre ellas la alfarería con desgrasante vegetal y luego arenoso.
  3. La existencia de un mosaico ecológico heterogéneo en el noroeste de Suramérica favoreció trayectorias adaptativas divergentes y simultáneas, algunas orientadas al marisqueo litoral y otras a la horticultura incipiente, lo que aceleró la experimentación tecnológica.
  4. El privilegio historiográfico de Mesoamérica y los Andes Centrales como únicos focos formativos del continente impidió durante décadas que la arqueología profesional explorara sistemáticamente las tierras bajas tropicales colombianas, retrasando el reconocimiento de la antigüedad de sus tradiciones alfareras.
Hacia el 3000 a.C. (excavación arqueológica: comienzos de la década de 1960)Cerámica temprana de Puerto Hormiga (3000 a.C.)

Consecuencias

  1. El hallazgo fracturó el modelo unilineal que encadenaba en secuencia obligada agricultura, sedentarismo y cerámica, demostrando que la alfarería podía surgir en contextos de cazadores-recolectores costeros sin dependencia plena de cultivos.
  2. Reichel-Dolmatoff reorganizó la arqueología colombiana al proponer una clasificación cronológica por etapas formativas en lugar de un catálogo de estilos regionales, situando los orígenes del proceso prehispánico nacional en el manglar del Canal del Dique, mucho antes de los cacicazgos del siglo XVI.
  3. Puerto Hormiga impulsó la tesis de que el noroeste de Suramérica —Colombia, Ecuador y el Alto Amazonas— pudo haber sido un foco cultural originario de las grandes civilizaciones americanas, ganando creciente aceptación en la literatura arqueológica y desafiando el privilegio interpretativo de Mesoamérica y los Andes.
  4. Investigaciones posteriores de Augusto Oyuela-Caycedo y otros arqueólogos, junto con la evidencia de cerámica temprana en Taperinha (Amazonía brasileña) y los estratos previos a Valdivia (Ecuador), relativizaron la posición de Puerto Hormiga como 'la cerámica más antigua de América' y consolidaron una visión policéntrica del Formativo americano.
  5. La secuencia Puerto Hormiga–Canapote–Barlovento–Monsú estableció para el Caribe colombiano una profundidad temporal y una centralidad historiográfica que la narrativa arqueológica nacional no le había reconocido, vinculando la posterior ingeniería hidráulica zenú con esa misma inteligencia anfibia inaugural.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

Puerto Hormiga importa porque quebró uno de los supuestos más arraigados de la arqueología americana: que la cerámica, el sedentarismo y la agricultura forman un paquete evolutivo indivisible. Al mostrar que recolectores costeros del Caribe colombiano modelaban vasijas decoradas hacia el 3000 a.C. sin depender de cultivos, el sitio obligó a leer el pasado del continente desde sus tierras bajas tropicales y no solo desde sus altiplanos. Para Colombia, el efecto fue estructural: desplazó el origen del proceso prehispánico nacional desde los cacicazgos tardíos hacia el manglar del Canal del Dique, otorgándole al Caribe una antigüedad y una centralidad que la historiografía le había negado sistemáticamente.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Cerámica temprana de Puerto Hormiga

En un montículo de conchas a orillas del Canal del Dique, en el actual departamento de Bolívar, un grupo de recolectores del manglar modeló hace unos cinco milenios los fragmentos de arcilla que hoy figuran entre los más antiguos de América. Puerto Hormiga —excavado por Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel a comienzos de la década de 1960— no es solo un yacimiento: es la pieza que obligó a la arqueología americana a mirar hacia el noroeste de Suramérica cuando aún se daba por sentado que la alfarería, la vida sedentaria y la agricultura habían nacido juntas en Mesoamérica o los Andes Centrales. Su cerámica, fechada hacia el cuarto milenio antes de Cristo, apareció asociada a cazadores-recolectores costeros que aún no dependían plenamente de cultivos: una anomalía que, medio siglo después, sigue reordenando el mapa formativo del continente.

El mundo del manglar antes de la vasija

La llanura del Caribe colombiana es un ecosistema anfibio. Los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y Atrato desembocan allí en un dédalo de caños, ciénagas y marjales que constituye el sistema acuático más complejo del país. Sobre esa geografía se depositan suelos aluviales de gran fertilidad —los del Sinú y el San Jorge bajan del nudo de Paramillo cargados de limos— y un clima húmedo que multiplica la biomasa disponible. Al hombre del Holoceno medio, ese entorno le impuso una forma semiacuática de vida: leer los esteros, cronometrar las mareas, distinguir la almeja de aguas salobres de la ostra de mangle y el caracol de estero.

En las cercanías de Cartagena, donde el Canal del Dique articula la Bahía con el sistema interior de ciénagas, la abundancia era tal que permitía cierta fijación territorial sin necesidad de sembrar. Los grupos que se instalaron allí hacia el cuarto milenio a.C. combinaban la recolección de moluscos con la caza de agutíes y mapaches, la pesca, la captura de tortugas e iguanas y el aprovechamiento de recursos vegetales. De esos ciclos de consumo fueron quedando montículos de basura y detritus, acumulados a lo largo de siglos, sobre los cuales, en ocasiones, se levantaron chozas y enramadas: verdaderas aldeas construidas sobre los propios desechos, junto a campamentos semipermanentes dedicados al marisqueo. Esa productividad ecológica —y no una revolución agrícola previa— es la condición material sin la cual Puerto Hormiga no se entiende.

El descubrimiento y la lectura de Reichel-Dolmatoff

Reichel-Dolmatoff excavó el sitio en un conchal cercano a Cartagena y encontró, entre restos alimenticios y artefactos líticos, fragmentos de una cerámica que fechó hacia el 3000 a.C. La cifra, inédita para América en ese momento, tenía una implicación de fondo: los primeros alfareros del continente no eran los aldeanos agricultores de Mesoamérica ni los pescadores-horticultores del litoral peruano, sino cazadores-recolectores costeros de una llanura tropical que la arqueología profesional apenas había empezado a explorar. La cerámica, además, no correspondía a una época cercana a la Conquista, como podría haberse supuesto por la superficialidad del hallazgo, sino al Holoceno medio.

La descripción material del horizonte fue meticulosa. Reichel-Dolmatoff distinguió dos tipos según el desgrasante: uno más antiguo y burdo, hecho con arcilla mezclada con fibras vegetales que se quemaban durante la cocción y dejaban huecos característicos; y otro más fino, con arena añadida, generalmente más decorado. Los motivos incisos incluían líneas paralelas rectas o curvas, elementos espirales y sigmoideos, hileras de puntos y anillos impresos con el extremo de un instrumento tubular; algunas incisiones estaban rellenas con un pigmento ocre rojizo. Entre los ejemplares ilustrados figuran una cara antropomorfa modelada en el borde de una vasija y un adorno zoomorfo: no era una alfarería tosca de ensayo, sino un repertorio ya provisto de gramática decorativa.

Los artefactos líticos completaban el cuadro: yunques de piedra para romper semillas duras, una placa de arenisca para triturar, piedras burdas con escotaduras y marcas de fuego directo interpretadas como piedras de cocción que se calentaban y luego se introducían en las vasijas. La ausencia de fragmentos basales con costra requemada apoya esa interpretación: los recipientes no se ponían sobre el fuego. Aun así, en el sitio se hallaron varios fogones en medio de acumulaciones de fragmentos cerámicos, lo que sugiere una vida cotidiana articulada alrededor del hogar, la ebullición indirecta y el procesamiento de alimentos en frío.

Puerto Hormiga en la secuencia costera

Puerto Hormiga no está solo. Forma parte de una serie de sitios de la costa Caribe que la arqueología colombiana ha ordenado en una secuencia formativa: al conchal siguen, en fases posteriores, Canapote, fechado en 1940 a.C. y ubicado al borde de la Ciénaga de Tesca, y Barlovento, entre el mar y la misma ciénaga, un anillo de seis grandes concheros unidos por sus bases cuya ocupación se extiende de 1560 a 1030 a.C. Los tres son variaciones de una misma gramática: adaptación al litoral, dependencia de los recursos marinos, formación de anillos y montículos de conchas como huella arquitectónica involuntaria de la vida cotidiana.

El sitio de Monsú, también en la región costera, presenta una estratigrafía de tres períodos —Monsú, Canapote y Barlovento— que empalma con la secuencia general, pero introduce una variación decisiva. En Monsú, a diferencia de los concheros del litoral, los restos indican dependencia predominante de recursos vegetales y no de moluscos; la presencia de grandes azadas señala que sus habitantes ya labraban la tierra. Su período final está emparentado con Barlovento en el complejo cerámico, pero con una adaptación ecológica que apenas incluye moluscos: la misma cultura, otro modo de comer.

Esa divergencia es analíticamente central. Grupos vecinos y contemporáneos, pertenecientes a una misma tradición material, podían recorrer bases económicas muy distintas: unos anclados al manglar, otros orientados hacia la horticultura incipiente. La cerámica no marca un umbral evolutivo único; es una tecnología plástica que se adopta en contextos ecológicos heterogéneos. En Barlovento, restos óseos de peces pelágicos y azuelas de filo cortante hechas de grandes conchas sugieren que sus habitantes eran buenos navegantes, capaces de adentrarse mar adentro; en Monsú aparecieron conchas de Strombus que hoy se recogen a bastante profundidad cerca de las Islas de San Bernardo, lo que apunta —por analogía con pescadores actuales— a pericia de buceo y conocimientos náuticos.

Cerámica sin agricultura: la fractura del modelo lineal

La lectura clásica del Formativo americano, moldeada sobre los casos mesoamericano y andino, encadenaba tres elementos en secuencia obligada: agricultura, sedentarismo, cerámica. Sembrar producía excedentes; los excedentes fijaban la aldea; la aldea necesitaba vasijas para almacenar y cocinar. Puerto Hormiga desarma la cadena por el eslabón inicial. Hay alfarería, hay fijación territorial —o al menos ocupación recurrente y prolongada—, pero no hay evidencia de agricultura plena. La subsistencia se apoya en moluscos de aguas salobres, ostra de mangle, caracol de estero, peces, tortugas, iguanas, agutíes, mapaches y recursos vegetales cuya condición cultivada no está establecida.

La asociación entre cerámica temprana y sedentarismo en la costa Caribe parece clara; la asociación con la agricultura, no. Estudios posteriores refuerzan la disociación: los datos más recientes indican que el maíz llegó a Colombia probablemente ya domesticado en un período anterior al que planteaba Reichel-Dolmatoff, adoptado por sociedades aún predominantemente cazadoras-recolectoras. En sentido inverso, las investigaciones de Gonzalo Correal en la sabana de Bogotá sugieren que la dependencia de cultígenos pudo comenzar tempranamente en el altiplano sin utilización de cerámica. Los dos extremos del país devuelven la misma lección: alfarería y agricultura no son sinónimos ni consecuencias necesarias una de otra.

La disociación, con todo, no es tan limpia como sugería la primera lectura del sitio. El propio horizonte regional la complica: Monsú, contemporáneo y culturalmente emparentado, ya labraba la tierra con azadas. Puerto Hormiga no prueba, entonces, que la cerámica preceda absolutamente a la agricultura en toda la región; prueba algo más matizado y quizá más importante. Prueba que en el mosaico ecológico del Caribe colombiano coexistían trayectorias adaptativas divergentes, y que la alfarería surgió y se difundió a través de ese mosaico sin adherirse a un único paquete evolutivo. El modelo unilineal —el que había convertido a Mesoamérica y los Andes Centrales en la vara de medir de todo el continente— se fractura precisamente allí.

Valdivia, Jōmon y el viraje del noroeste suramericano

El hallazgo se inscribió, en los años sesenta, dentro de un debate mayor sobre el origen de la cerámica en el Nuevo Mundo. En Valdivia, en la costa de Ecuador, Betty Meggers y Clifford Evans habían identificado un complejo cerámico muy antiguo cuya sofisticación técnica y decorativa los llevó a postular un origen transpacífico: la alfarería americana derivaría de la cultura Jōmon del Japón, tras una improbable travesía neolítica. La hipótesis produjo enorme impresión y pareció, por un momento, resolver el problema del origen. Puerto Hormiga fue interpretado inicialmente en ese marco, como una derivación caribeña de la tradición Valdivia.

El escepticismo llegó pronto. Varios arqueólogos preguntaron cómo unos pescadores neolíticos japoneses habrían podido cruzar más de ocho mil millas náuticas e introducir en Ecuador un complejo cerámico tan variado y adelantado. La revisión de los materiales y nuevas excavaciones mostraron que bajo los estratos de Valdivia yacían complejos cerámicos aún más antiguos: la sofisticación no era la de una llegada abrupta, sino la de una tradición local con profundidad temporal propia. Además, hacia el 3500 a.C. los habitantes de la región de Valdivia ya cultivaban una raza evolucionada de maíz y vivían en grandes aldeas permanentes con rasgos de organización comunal.

Ese doble movimiento —Valdivia con estratos previos, Puerto Hormiga con cerámica del cuarto milenio en un contexto no agrícola— reorientó las hipótesis. Ganó terreno una tesis alternativa: que el foco cultural originario de las grandes civilizaciones americanas no habría estado en Mesoamérica ni en los Andes Centrales, sino en las tierras tropicales del noroeste de Suramérica —Colombia, Ecuador y el Alto Amazonas—, desde donde la agricultura intensiva y la vida aldeana se habrían difundido hacia el norte y el sur. Reichel-Dolmatoff acompañó y potenció esa tesis; Puerto Hormiga era, dentro de su arquitectura interpretativa, la evidencia bisagra.

Consecuencias historiográficas: el Caribe como foco

Reichel-Dolmatoff hizo con Puerto Hormiga algo más que fechar unos tiestos: reorganizó la arqueología colombiana. Frente a la organización previa por áreas culturales —que identificaba el pasado prehispánico con unas pocas culturas visibles: muisca, tairona, quimbaya, sinú, San Agustín, Tierradentro—, propuso una clasificación cronológica en grandes etapas: San Agustín en un período temprano; quimbaya, Tierradentro y sinú en uno medio; muisca y tairona en uno tardío. El pasado dejaba de ser un catálogo de estilos regionales y se convertía en un proceso histórico con secuencia interna.

En ese esquema, la costa Caribe pasó de periferia a origen. Los sitios de la llanura del Caribe —Puerto Hormiga, Canapote, Barlovento, Monsú, y más tarde otros de los Montes de María como San Jacinto 1— definieron una Etapa Formativa que arrancaba a comienzos del cuarto milenio a.C. y se extendía hasta cerca del año 1000 a.C. La imagen resultante era la de una región donde, mucho antes que muiscas o taironas, comunidades de recolectores costeros habían dado uno de los pasos técnicos más consecuentes de la prehistoria americana. El Zenú, siglos más tarde, con su ingeniería hidráulica de camellones sobre limos extraídos del fondo, sería el aprovechamiento sofisticado y tardío de esa misma inteligencia anfibia inaugurada en el manglar.

Por qué Puerto Hormiga sigue importando

Medio siglo después, el sitio se ha visto reinterpretado. La tesis fuerte del noroeste suramericano como foco cultural originario de Mesoamérica y los Andes ha perdido parte de su radicalidad difusionista: los estratos previos a Valdivia, la evidencia de maíz temprano en Colombia adoptado por cazadores-recolectores, la documentación de cerámica muy antigua en Taperinha, en la Amazonía brasileña, y las revisiones sistemáticas de Augusto Oyuela-Caycedo y otros arqueólogos han mostrado que el Formativo americano fue policéntrico, con nodos independientes en varias regiones tropicales y sin una única fuente irradiante. Puerto Hormiga ya no es "la cerámica más antigua de América" en un sentido absoluto; es una de las más antiguas, en un mosaico más amplio.

Esa relativización no lo empequeñece: lo completa. Lo que Puerto Hormiga demostró —y lo que sigue demostrando— es que la sedentarización pudo emerger de sociedades de recolectores costeros sin agricultura plena; que la cerámica no es marcador automático de aldea agrícola; y que el ecosistema anfibio del Caribe colombiano fue un laboratorio donde la abundancia ecológica sostuvo trayectorias culturales precoces y diversas. El sitio quebró el privilegio interpretativo de Mesoamérica y los Andes y obligó a leer el pasado americano desde sus tierras bajas tropicales, no solo desde sus altiplanos.

Para Colombia, el efecto ha sido más profundo aún. Puerto Hormiga situó los orígenes del proceso prehispánico nacional en el manglar del Canal del Dique, mucho antes de la aparición de los cacicazgos que la Conquista encontró en el siglo XVI. Le dio al Caribe una antigüedad y una centralidad que la narrativa andina —muisca, colonial, republicana— tendió durante mucho tiempo a subestimar. Que hoy podamos leer la historia colombiana desde un montículo de conchas del cuarto milenio a.C., y no solo desde la sabana de Bogotá o el altiplano cundiboyacense, es en buena medida un efecto de lo que Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel encontraron —y supieron leer— en aquellos tiestos de arcilla mezclada con fibras vegetales.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

8 documentos · 20 fragmentos
01Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 135, 1612 citas
[1]a cazadores-recolectores en la costa Caribe, muy cerca de Cartagena, encontró abundantes fragmentos de cerámica. Vasija Puerto Chacho. Foto Sandra Vargas. Museo Nacional de Colombia (92-XII-83). Reichel-Dolmatoff era un gran conocedor de la arqueología caribeña, e inmediatamente propuso que esa cerámica no…p. 161
[5]aprovechamiento de una gran diversidad de animales terrestres, entre ellos agutíes, mapaches, y de diferentes clases de peces, así como tortugas marinas e iguanas. La misma investigadora demuestra que el bivalvo más consumido en Puerto Hormiga y Monsú fue una especie de almeja que habita en aguas salobres, aunque…p. 135
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 27, 41, 44, 474 citas
[2]que, por la gran complejidad de sus medio ambientes, resultaron ser m á s propicias y estimulantes que las cordilleras o las zonas semi á ridas. A. LA COSTA COMO FOCO CULTURAL Desde que, en los a ñ os cuarenta, se formul ó el concepto de una extensa Etapa Formativa, subyacente a todos los desarrollos en Am é rica…p. 41
[10]aunque contempor á neos — hab í an desarrollado muy variados modos de subsistencia. El sitio de Mons ú, por ejemplo, tambi é n situado en la regi ó n costanera,, consiste de una gran acumulaci ó n, en forma anular, de desperdi cios culturales; pero lo notable es que en este caso no se trata pre dominantemente de…p. 44
[13]cultural del Ecuador hacia Colombia y que la cer á mica de Puerto Hormiga era una derivaci ó n le aquella que se dec í a ser originaria del Jap ó n. Aunque algunos 54 COLOMBIA IND Í GENA arque ó logos se preguntaron c ó mo exactamente los japoneses del Neol í tico habr í an podido efectuar semejante traves í a de m á…p. 47
[19]trat ó de hacer de esta tierra un hogar. La gran mayor í a de las personas a ú n identifican el proceso prehist ó rico de Colombia con los Chibcha, los Quimbaya o con las estatuas de San 34 COLOMBIA IND Í GENA Agust í n, sin saber que la arqueolog í a ya nos permite trazar a grandes rasgoy los desarrollos culturales…p. 27
03Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 47, 103, 112, 121, 4115 citas
[3]td Ciciaófs Capítulo iv La etapa formativa Figura 19 Mapa de la costa Caribe de Colombia. Figura 20 Mapa de la costa Caribe, con la localización de los principales sitios de la Etapa Formativa. Figura 21 Monsú; fragmentos cerámicos del Periodo Turbana, tipo Turbana Excisa. 1, E-11, 2, A-13; 3, A-13; 4, A-13; 5, G-7;…p. 411
[4]geométricos sencillos, tales como líneas paralelas rectas o curvas, elementos espirales, elementos sigmoideos, hileras de puntos, anillos impresos con el extremo de un instrumento tubular, y otros más. Ocasionalmente las incisiones están rellenas con un pig- mento ocre rojizo. Entre los artefactos líticos hay piedras…p. 121
[6]centrado de recursos naturales; muy probablemente se practicaba ya una forma eficaz de agricultura. Quizás al mismo tiempo con estas malocas existía también una pauta de campamentos semipermanentes o de temporada, donde vivían grupos humanos más o menos numerosos en cober- tizos, y se dedicaban allí a la recolección…p. 103
[7]la prolon- gación de una gruesa vara verticalmente manejada, como para aflojar la tierra. De todos modos, estos instrumentos son testimonios de agricultura y demuestran además que grupos vecinos, contemporáneos y pertenecientes a una misma cultura, bien pueden haber tenido bases econó- micas muy diferentes. A…p. 112
[18]Agustín una posi- ción cronológica «temprana»; muisca y tairona y algunos materiales del alto Cauca se clasificaron como «tardíos», mientras que quimbaya, tierradentro y sinú se agruparon en un periodo «medio» 9. 9 Los principales autores que han postulado una división en «áreas arqueológicas» son, en orden…p. 47
04Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 6, 322 citas
[8]cruzaban el Istmo de Panamá y el Darién en dirección al sur; restos humanos de este periodo se han encontrado incluso en la sabana de Bogotá 1. Pero es probable que desde antes hubiera habitantes en Colombia; el hecho de que el Perú tuviera hombres hace al menos 22.000 años así lo sugiere 2. En las zonas de la costa…p. 32
[11]producción de cerámica en la costa caribe colombiana, pero no es un hecho comprobado que se tratara de sociedades que practicaran agricultura intensiva. La asociación entre uso de la cerámica y un mayor énfasis en el sedentarismo parece clara, pero no así con la agricultura. Por otra parte, las investigaciones de…p. 6
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 21, 29, 313 citas
[9]en la Llanura del Cari- be. Canapote, al borde de la Ciénaga de Tesca y fechado en 1.940 a. de C., es un gran conche- ro, originalmente también en forma anular, que contiene los restos alimenticios y culturales de grupos de recolectores de recursos marinos. Bar- lovento, en cambio, ubicado más hacia el no- roeste,…p. 29
[14]via, los hallazgos ecuatorianos no dejaron de producir una profunda impresión en los círculos de expertos. Con el descubrimiento de Valdivia, el problema del origen de la cerámica prehistó- rica del Nuevo Mundo y, lo que es más, de todo lo que este hecho significa para el desarrollo cultural del Continente, parecía…p. 31
[20]miante importancia para nuestra época. En este sentido, la arqueología recobra vida palpitante, pues, por donde estemos, nos vemos en presen- cia del ingenio humano que, a través de los milenios, trató de hacer de esta tierra un hogar. La gran mayoría de las personas aún iden- tifican el proceso prehistórico de…p. 21
06Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 221 cita
[12]Carib Speaking Indians. Culture, Society and Language (E. Basso Ed.), Ari- zona, 1977. Rudle, K. y W. J. Los yupka, en Los aborígenes de Ve- nezuela, vol. ll, Caracas, 1983. Whithead, N. — Carib canibalism. The historical evi- dence, en «Journal de la Société des Américanistes», t. LXX, p. 69-98, Pa- rís, 1984. 133…p. 22
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1392 citas
[15]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…p. 139
[16]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…p. 139
08Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1301 cita
[17]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…p. 130