Resistencia laboral de los bogas del Magdalena: sabotaje al vapor Unión (1839) y huelga de 1857
Entre el sabotaje al vapor Unión en Mompox hacia 1839 y la huelga general de 1857, los bogas afrocaribeños del Magdalena protagonizaron la primera secuencia sostenida de agencia laboral organizada en Colombia, forzando a comerciantes, empresarios extranjeros y gobiernos liberales a negociar el control del transporte fluvial más importante del país.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1839–1857
- Dónde
- Mompox, Barranquilla, Cartagena, Honda, Costa Caribe, Nueva Granada, Río Magdalena, Santa Marta
- Protagonistas
- Francisco de Paula Santander, José Hilario López, José Manuel Restrepo, Bogas afrocaribeños del Magdalena, Juan Bernardo Elbers, Compañía Anglo-Granadina de Navegación, Élite comercial momposina
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La mecanización fluvial impulsada desde 1823 con el privilegio a Elbers y consolidada después de 1850 amenazaba con desplazar económicamente a los bogas, cuyo monopolio sobre la propulsión de champanes era su único sustento y fuente de autonomía laboral
- Los bogas soportaban jornadas de hasta doce o trece horas diarias en condiciones extenuantes —carga de leña bajo el sol, trabajo semidesnudos en clima húmedo y caluroso— mientras las empresas de vapor y los comerciantes imponían condiciones de contratación cada vez más desfavorables
- La abolición de la esclavitud en 1851 liberó fuerza laboral que competía con los bogas desde abajo, mientras el auge exportador del tabaco de Ambalema multiplicaba las flotas de vapor que los presionaban desde arriba
- El liberalismo colombiano de mediados del siglo XIX, representante de una burguesía comercial no productiva, no transformó las relaciones de trabajo tras la manumisión y reprodujo formas de subordinación laboral bajo nuevas formas contractuales, traicionando la promesa de igualdad ciudadana
- Los bogas habían construido durante generaciones un repertorio codificado de resistencia cotidiana —desaparición con el pago adelantado, paradas impuestas, abandono del trayecto— que constituía una cultura de autonomía laboral incompatible con la disciplina fabril del vapor
Consecuencias
- El sabotaje al vapor Unión hacia 1839, articulado con la destrucción de la embarcación en la revolución de 1841, cerró la primera fase de la mecanización del Magdalena y devolvió el río al champán durante casi una década
- La huelga general de 1857 paralizó el transporte fluvial en el momento de mayor dependencia de la economía exportadora colombiana respecto del río, demostrando el poder de interrupción colectiva de los bogas sobre la arteria comercial más importante del país
- Las acciones de los bogas forzaron a empresarios y al Estado liberal a reconocer en la práctica las condiciones de contratación del gremio, incluidos el salario adelantado y la ración de comida y licor, como requisitos estructurales del transporte fluvial
- La resistencia de los bogas retrasó y condicionó la consolidación de la navegación a vapor, que no se estabilizó sino hasta 1850 cuando confluyeron la eliminación de monopolios, la carga de retorno del tabaco y la apertura de caminos regionales
- Estas acciones colectivas anticiparon en más de medio siglo la huelga ferroviaria de 1918, que la historiografía canónica señala como origen del movimiento obrero colombiano, evidenciando una genealogía laboral afrocaribeña sistemáticamente invisibilizada
La clave interpretativa
Por qué importa
La resistencia de los bogas del Magdalena demuestra que la agencia laboral organizada en Colombia no nació con el sindicalismo industrial del siglo XX sino con las cuadrillas afrocaribeñas que controlaban la única arteria comercial del país, desafiando la mecanización capitalista temprana desde una posición de monopolio estructural. Estos episodios obligan a reescribir la cronología del movimiento obrero colombiano y a reconocer la centralidad de la población afrodescendiente libre —no como víctima pasiva de la esclavitud sino como sujeto activo de negociación laboral— en la formación del capitalismo fluvial neogranadino. La coincidencia entre la resistencia popular y los intereses de las élites momposinas revela además cómo la agencia laboral afrocaribeña operó entretejida con disputas regionales por el control del comercio, complejizando cualquier lectura puramente clasista o puramente racial del conflicto.
Desarrollo histórico
La historia completa
Resistencia laboral de los bogas del Magdalena (1839–1857)
Entre el sabotaje al vapor Unión a la altura de Mompox, hacia 1839, y la huelga general que paralizó el río en 1857, los bogas afrocaribeños del Magdalena protagonizaron una secuencia de acciones colectivas que, ancladas en el monopolio que ejercían sobre la arteria comercial más importante de la Nueva Granada, forzaron a comerciantes, gobiernos y empresarios extranjeros a negociar el ritmo, el precio y las condiciones del transporte fluvial. La mecanización del río —anunciada desde 1823 con el privilegio a Juan Bernardo Elbers y consumada después de 1850— chocó con un mundo laboral construido durante siglos sobre la pértiga, el champán y la cadencia rítmica de doce hombres semidesnudos empujando río arriba. Ese choque produjo formas de presión que la historiografía canónica, empeñada en fechar el movimiento obrero colombiano a partir de la huelga ferroviaria de 1918, tiende a leer como estallidos preindustriales dispersos, cuando constituyen la primera manifestación sostenida de agencia laboral organizada en el país.
El mundo del champán antes del vapor
La boga del Magdalena nació con el trabajo forzoso indígena. Ya en 1541, tras el reparto de veintidós encomiendas hecho por Pedro de Heredia en la región de Mompox —encomiendas que rendían ocho mil pesos de tributo y suponían tres o cuatro mil indios tributarios disponibles como remeros—, los encomenderos abusaron de las disposiciones sobre servicio personal para obligar a los indios a bogar los champanes cargados hacia el interior. Una Cédula Real de 1552 prohibió expresamente el empleo de indios en la boga del río. La prohibición se repitió, siempre en vano, en 1570, 1576 y 1598. El trabajo obligatorio en canoas y champanes fue uno de los factores decisivos del colapso demográfico de la depresión momposina y de los pueblos de Loba: la boga mató a los indios que la ley pretendía proteger, y para el siglo XVIII la fuerza laboral del río era ya, abrumadoramente, afrodescendiente.
Para entonces los bogas del Magdalena eran hombres negros libres. La condición jurídica es crucial: no esclavos alquilados por sus amos, sino trabajadores contratados que controlaban directamente el movimiento de embarcaciones. Como empleados del servicio postal, disfrutaban además de privilegios contenciosos que los sustraían parcialmente a la jurisdicción política de los asentamientos ribereños por los que pasaban. La población de sangre africana predominó en los pueblos costeros del río. Los bogas se organizaron en cuadrillas jerárquicas encabezadas por un patrón que dirigía la embarcación, reclutaba tripulantes y negociaba los contratos con los comerciantes. El patrón gozaba de prestigio y estatus superiores al boga común; era, en la práctica, un intermediario laboral que gestionaba la relación con los cargadores del interior y con las casas comerciales de Cartagena y Santa Marta.
La técnica de propulsión del champán era brutal. La embarcación —entre cuarenta y ciento cincuenta pies de eslora, tripulada por diez a veinticinco hombres— avanzaba río arriba empujada por bogas que apoyaban largas pértigas contra el hombro o el pecho y caminaban con cadencia rítmica por el puente, alineándose seis a cada lado de la proa. La jornada podía llegar a doce o trece horas diarias, en un clima caluroso y húmedo, y exigía, como observó Humboldt, una fuerza muscular extraordinaria. Los bogas trabajaban semidesnudos: un calzoncillo corto o un trapo a la cintura, un gran sombrero de paja, el pecho expuesto al sol y a la madera de la pértiga. Acompañaban el esfuerzo con gritos ensordecedores que servían para sincronizar el ritmo colectivo.
Sobre esa base material los bogas construyeron una autonomía laboral que los contemporáneos registraron con irritación. Para asegurar la tripulación, los dueños de embarcaciones debían pagar salarios parcial o totalmente por adelantado y proveer licor y comida abundantes durante el viaje. Los bogas negociaban desde una posición de fuerza. Podían desaparecer con el pago adelantado. Podían presentarse tarde e intoxicados al zarpe, abandonar el trayecto antes de completarlo, o imponer paradas frecuentes para pescar, recoger huevos de iguana, beber o relacionarse con las mujeres de los pueblos ribereños, ante el disgusto explícito de pasajeros y comerciantes. Esta conducta, que los viajeros europeos describieron como indolencia racial, era un repertorio codificado de resistencia cotidiana: cada parada, cada retraso, cada trago intempestivo imponía un modo de vida independiente a empleadores que dependían enteramente del brazo negro para mover mercancías entre el Caribe y Bogotá.
Del vapor prometido al vapor incendiado
El 3 de julio de 1823 el vicepresidente Francisco de Paula Santander expidió el Decreto 1. Concedió al empresario alemán nacionalizado colombiano Juan Bernardo Elbers un privilegio exclusivo para establecer buques de vapor en el río Magdalena. El objetivo explícito era acortar la comunicación entre las provincias del interior —Cundinamarca y Boyacá— y las provincias marítimas del bajo Magdalena, reduciendo los costos del transporte.
Desde 1825 dos embarcaciones a vapor, la Bolívar y la Santander, navegaron el tramo bajo del río. Una referencia adicional sitúa la llegada del vapor Fidelidad ya en 1824. A comienzos de septiembre de 1826 un vapor de ruedas prestaba servicio desde hacía aproximadamente un año, aunque una avería obligaba a los viajeros a esperar en Cartagena.
El experimento de Elbers fracasó. Sus causas fueron políticas —el privilegio monopólico irritaba a los comerciantes rivales—, técnicas —el río exigía innovaciones de calado y potencia que las máquinas de la época difícilmente resolvían— y sobre todo económicas: el volumen de carga y pasajeros no alcanzaba a sostener más de un barco en servicio simultáneo. Elbers, además, había suministrado grandes auxilios de dinero al almirante Padilla y al general Mariano Montilla para equipar una flotilla militar, comprometiendo capital que nunca recuperó en la operación fluvial.
Durante los años treinta la navegación a vapor sobrevivió como esfuerzo intermitente. En 1834 se otorgó una nueva concesión, y hacia finales de la década operaba en el río la Compañía Anglo-Granadina de Navegación, con un único barco: el vapor Unión.
El Unión no duró en servicio más de dos años. La revolución de 1841 —la Guerra de los Supremos— lo destruyó, y la coincidencia entre el sabotaje que la tradición sitúa hacia 1839 en Mompox y la desaparición efectiva de la embarcación en el conflicto de 1841 permite reconstruir una secuencia coherente. Los bogas del río se opusieron activamente a la introducción del buque de vapor porque este empezaba a desplazarlos económicamente: cada viaje que hacía el Unión era carga que no subía en champán, y cada champán inactivo era una cuadrilla sin salario adelantado ni pasaje de licor.
El sabotaje al Unión no fue obra exclusiva de los bogas. Las clases populares momposinas habían desarrollado instituciones de ayuda mutua y colaboración cívica que, para los observadores locales, aumentaron la riqueza colectiva y estimularon la vida en comunidad; sobre ese tejido se articuló la resistencia al vapor. Los hijos de una figura notable de la ciudad se plegaron a las necesidades de los bogas y respaldaron su lucha contra la intrusión de la máquina. La élite comercial momposina tenía razones propias para resentir el vapor: el brazo de Mompox del Magdalena comenzaba a perder caudal por causas naturales y humanas, y la prosperidad del puerto —que descargaba las mercancías del Caribe destinadas a Bogotá— dependía del champán que sabía sortear los caños bajos donde el vapor no podía entrar.
Los pronunciamientos federalistas de Mompox y Barlovento articularon en esos años un programa económico que incluyó la limitación a la venta de sal del interior, la apertura del puerto de Sabanilla al comercio internacional y la supervisión directa de las aduanas por las autoridades locales. En esa plataforma, la defensa del champán y de los bogas se entretejió con la disputa regional por el control del comercio fluvial. La agencia laboral afrocaribeña operó en la intersección de dos fuerzas: el monopolio estructural de los bogas sobre la propulsión del río, y los intereses de las élites momposinas que los movilizaron como fuerza de choque. Separarlas analíticamente traiciona la textura del episodio.
Lo que quedó claro es que el Unión ardió, que su destrucción cerró la primera fase de la mecanización del río, y que los bogas del Magdalena habían demostrado que el interior no llegaría a Bogotá sin su consentimiento.
La coyuntura postemancipación y la reforma liberal
Entre 1841 y 1850 el río volvió al champán. La consolidación de la navegación a vapor no llegaría sino hacia 1850, cuando se eliminaron los monopolios de concesión, cuando el auge exportador del tabaco proveyó carga de retorno suficiente para hacer económicamente viables las líneas, y cuando se abrieron caminos regionales que conectaban las tierras cálidas con los embarcaderos. La diferencia entre 1839 y 1850 no fue solo técnica: fue política y social. En medio, el país había abolido gradualmente la esclavitud, ensayado las reformas liberales de la administración de José Hilario López y sostenido una guerra civil —la de 1851— cuyo motivo principal fue precisamente la manumisión.
La ley de libertad de vientres de 1821 había establecido un proceso de extinción gradual de la esclavitud sostenido por fondos de manumisión alimentados por gravámenes sobre las herencias. Los legisladores más optimistas calcularon que treinta años bastarían; los fondos resultaron insuficientes. El secretario del Interior José Manuel Restrepo había argumentado ya en 1823 que los costos económicos de la manumisión eran un "menor mal" frente al riesgo de insurrección esclava, y comparó la conservación de la servidumbre con vivir sobre un volcán. Cuando la abolición definitiva llegó en 1851, no se acompañó de una transformación de las relaciones de trabajo y propiedad en el campo. El liberalismo colombiano de la época —vocero de una burguesía comercial no productiva— prefirió consolidar formas de trabajo forzoso basadas en deudas, poder terrateniente e influencia clerical, antes que abrir camino a relaciones laborales genuinamente capitalistas.
En el Magdalena la situación era distinta y excepcional. Los bogas nunca habían sido esclavos: eran trabajadores libres desde el siglo XVIII, y su vínculo con el mercado laboral pasaba por el contrato adelantado, no por la manumisión. Pero la abolición de la esclavitud alteró el mercado de trabajo de toda la región Caribe. Liberó fuerza laboral que podía competir con los bogas, y coincidió con el momento en que los empresarios del vapor —ahora sin la protección del privilegio elberiano y estimulados por el tabaco de Ambalema— podían por fin sostener flotas de varios barcos. La presión sobre los bogas se hizo doble: por abajo, la competencia de libertos que buscaban colocarse en las cuadrillas; por arriba, una mecanización que amenazaba con volverlos redundantes.
Los vapores introducidos después de 1847 remontaban el Magdalena más rápidamente que los champanes, pero no lo cubrían todo. Los grandes barcos llegaban en general hasta Vuelta de Conejo, y desde allí el cargamento debía trasladarse en champán hasta las Bodegas de Bogotá; las temporadas de sequía obligaban a transbordos adicionales en Nare o Honda. El champán siguió operando como complemento indispensable del vapor, y las cuadrillas de bogas continuaron controlando los tramos donde la máquina no podía entrar. Esa coexistencia no era pacífica. Los bogas que trabajaban a bordo de los vapores lo hacían en condiciones más duras que las del champán tradicional. Debían cargar leña cada dos horas, incluso a mediodía, bajando a tierra por una plancha, echándose el bulto al hombro y subiéndolo al barco bajo un sol descrito por los testigos como incandescente. Los cronistas de la época hablaron, con propiedad, de un "martirio real".
La huelga general de 1857
Hacia mediados de la década de 1850 los bogas del valle del Magdalena rondaban las diez mil personas, cifra que probablemente subestimaba la magnitud real del gremio. Eran la mayor concentración de trabajadores especializados no agrícolas del país. Estaban organizados en cuadrillas con patrón, tenían códigos propios de contratación —el salario adelantado, la ración de licor, la comida abundante—, ejercían el monopolio efectivo sobre los tramos no mecanizados del río y comenzaban a resentir, en carne y espalda, la disciplina impuesta por la marina de vapor.
En 1857 estallaron. La huelga general de bogas de ese año fue la primera acción laboral colectiva de escala nacional en la historia colombiana. Los bogas paralizaron el movimiento en el Magdalena en un momento en que la economía exportadora dependía del río como nunca antes: el tabaco de Ambalema, las mercancías importadas por Barranquilla y Cartagena, la correspondencia oficial, todo pasaba por sus manos. Las demandas se centraron en las condiciones de trabajo impuestas por las empresas de vapor y por los comerciantes que contrataban champanes bajo condiciones cada vez más desfavorables. La huelga expresó, además, el resentimiento acumulado contra un liberalismo que había prometido igualdad ciudadana con la abolición y que en la ribera del Magdalena reproducía la vieja subordinación bajo formas nuevas: el salario impuesto, la jornada extenuante, la carga de leña bajo el sol.
No hay rastro de estructuras de organización formal —sindicatos, comités, pliegos escritos— detrás del paro de 1857. Lo que hubo fue una red densa de resistencia cotidiana codificada durante generaciones, una estructura gremial de cuadrillas y patrones, y una capacidad efectiva de interrumpir simultáneamente el trabajo en múltiples puntos del río. El resultado —una parálisis fluvial de escala— exigió coordinación, y esa coordinación tuvo por soporte la estructura preexistente de las cuadrillas.
La lógica que operó en 1857 es la misma que la historiografía obrera reconoce sin problema para episodios posteriores. Los trabajadores difícilmente sustituibles, con oficios técnicos que no se improvisan y ocupando cuellos de botella de la economía, pueden imponer alzas salariales y mejoras porque el costo de romper la huelga es prohibitivo. La huelga ferroviaria de 1919 y las huelgas portuarias del primer tercio del siglo XX operaron sobre ese principio; los bogas del Magdalena lo habían aplicado en 1857, en un país sin ferrocarriles largos ni sindicatos, apoyándose en el hecho brutal de que solo ellos sabían empujar un champán por los caños bajos y solo ellos aguantaban la carga de leña de un vapor bajo el sol de agosto.
La huelga no derivó en una organización obrera permanente ni en una legislación protectora. Terminó por agotamiento, por presión combinada de empresarios y autoridades, y por la propia consolidación técnica del vapor, que fue reduciendo, tramo a tramo, la posición estratégica de los bogas. Pero dejó una marca doble: entre los trabajadores del río, la memoria de que una acción coordinada podía forzar la mano del capital; entre las élites bogotanas y las casas comerciales, un sentimiento antilaboral hacia los bogas que ni la posterior alianza militar entre el gremio y el Partido Liberal alcanzaría a revertir.
Los bogas, la guerra civil y la retórica letrada
Entre 1860 y 1862 los bogas del Magdalena se ofrecieron voluntariamente, por cientos, al servicio del bando liberal en la guerra civil que Tomás Cipriano de Mosquera libró contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez. Su función fue vital: transportaron soldados, municiones e información entre los territorios liberales no contiguos del Cauca y la costa Caribe, sirviendo como red logística sobre un país sin caminos. En 1862 Mosquera, como Director Supremo de la Guerra, decretó premios e incentivos específicos para los bogas que sirvieran en rol militar, y Juan José Nieto extendió condecoraciones de Mérito Militar y Civil a las tropas y a los bogas por igual.
La alianza fue instrumental y no supuso reconocimiento social. La sociedad letrada bogotana —la misma que suscribía las reformas liberales, la misma que había pactado con las cuadrillas para mover sus ejércitos— mantenía sobre los bogas una mirada racializada que combinaba fascinación etnográfica y desprecio civilizatorio. Manuel Ancízar, en la Peregrinación de Alpha, había sostenido que el clima tropical y la fertilidad excesiva del Magdalena mantendrían "siempre en la infancia las artes de la civilización", y que por virtud del clima predominaba la "sangre africana" con sus "habitudes indolentes" e "indiferencia por los goces morales o intelectuales", en contraste con los "hijos del Cáucaso". Los viajeros europeos reproducían el mismo discurso: la "raza europea", escribió uno de ellos, necesitaba tiempo para aclimatarse a las orillas del Magdalena, admitiendo así una incompatibilidad racial y climática que naturalizaba el trabajo negro en el río.
Ese desprecio codificado en la letra y en la ley constituye el trasfondo permanente de la agencia laboral bogadora. Cada huelga, cada sabotaje, cada parada frecuente para pescar o beber era leída por las élites como confirmación de la indolencia racial que justificaba a la vez su explotación y su exclusión ciudadana. La condición del boga, en la mirada bogotana, era la de un cuerpo indispensable y despreciable a la vez: motor de la economía, obstáculo del progreso. La huelga de 1857 y la alianza con Mosquera en 1860 no alteraron esa doble percepción; si acaso la endurecieron, al mostrar que el cuerpo despreciado tenía voluntad política y sabía usarla. El río devolvía la mirada.
Por qué la mecanización terminó por imponerse
La era del vapor se consolidó definitivamente en el Magdalena después de 1850, y la posición estratégica de los bogas se erosionó en las décadas siguientes. Varios factores concurrieron. El tabaco de exportación proveyó carga de retorno que hizo económicamente viable sostener flotas de varios vapores simultáneamente, algo que en tiempos de Elbers había sido imposible. La eliminación de los monopolios de concesión abrió el mercado a nuevas empresas y capitales. La apertura de caminos regionales conectó las tierras cálidas del interior con los embarcaderos, ampliando el radio del transporte fluvial. Y la propia guerra civil de 1860-1862, al integrar el río en la logística militar del Estado liberal, aceleró inversiones que habrían tardado más en darse.
Los champanes no desaparecieron. Continuaron operando en los tramos donde los vapores no podían navegar —de Vuelta de Conejo hacia arriba, hacia Bogotá; en los caños de la depresión momposina; en las temporadas de sequía— y siguieron empleando cuadrillas de bogas. Pero la relación de fuerzas cambió. El champán pasó de ser la única forma de transporte a ser un complemento subordinado; el boga pasó de controlar la arteria del país a competir con máquinas cuya productividad aumentaba cada década. Con la llegada del ferrocarril a fines del siglo XIX, el río volvió a reafirmar su centralidad —los rieles corrían hacia los embarcaderos, no los sustituían—, pero para entonces la organización del trabajo fluvial ya estaba plenamente sometida a la lógica empresarial del vapor.
Los salarios se pagaron cada vez más al zarpe y menos por adelantado. La ración de licor se recortó. La disciplina del reloj y del horario de leña sustituyó a la cadencia de la pértiga. Los patrones de cuadrilla perdieron su papel de intermediarios negociadores y pasaron a ser capataces subordinados a la administración del vapor. La huelga de 1857 había sido posible porque los bogas eran irremplazables; treinta años después, ya no lo eran de la misma manera, y las condiciones que ninguna ley les había concedido tampoco ninguna huelga podría restituirlas.
Ningún acto único cerró el ciclo. Fue una erosión larga que empezó con la destrucción del Unión —victoria pírrica— y culminó, tres cuartos de siglo después, con un río en el que los bogas seguían empujando la pértiga pero ya no dictaban las condiciones.
Coda
La cronología estándar del movimiento obrero colombiano comienza hacia 1918, con las huelgas portuarias del Caribe y la organización de los ferroviarios, y culmina simbólicamente en la matanza de las bananeras de 1928. Esa cronología es correcta si se buscan sindicatos formales, pliegos escritos, prensa obrera y partido de clase. Es insuficiente si se busca la acción colectiva organizada de trabajadores que enfrentan la disciplina del capital.
Los bogas del Magdalena hicieron, entre 1839 y 1857, algo que el vocabulario historiográfico posterior llamaría huelga, sabotaje, boicot y negociación colectiva. Lo hicieron sin las categorías modernas y sin la infraestructura institucional del sindicato, pero con la coordinación efectiva que su monopolio sobre el río les permitía. La agencia laboral organizada tiene, en Colombia, una prehistoria afrocaribeña de al menos medio siglo antes de la fecha canónica.
Los ferroviarios de 1919 aprenderían la lección del vapor; los portuarios de mediados del siglo XX la volverían a aprender; los bananeros de la Zona la aprendieron demasiado tarde. Empezó en el río, con hombres semidesnudos que apoyaban la pértiga contra el pecho y decidieron, en 1839 y en 1857, que la máquina no pasaría sin pagar.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 79, 852 citas
[1]de puertos sobre el Magdalena, como Guataquí y luego Honda, obligó a realizar largos viajes por el río que requerían de un poco de sombra y comodidad para los pasajeros. A las canoas más grandes se les añadió un techo cóncavo de palmas, y se dispuso de algún espacio adicional para equipajes y carga. Pronto el champán…p. 85
[3]quedaban sino 10 indios capaces de pagar tributo, esto es, aproximada- m e n t e 60 personas entre chicos y grandes. Las 41 encomiendas costeñas habían bajado a 35, todas disminuidas de tributos y tributarios. A los malibúes de Tamalameque tampoco les había ido bien: una Relación geográfica escrita en 1579 sostenía…p. 79
02Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4101 cita
[2]de Mompox. En 1541, Pedro de Heredia había distribuido allí 22 encomiendas que producían ocho mil pesos de tributos, lo que signifi caba que existían por lo menos tres o cuatro mil indios que podían ser em pleados como remeros36. En 1549, los indígenas se rebelaron mientras la región era disputada por las provincias…p. 410
03Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 791 cita
[4]around seventy days. 35 Travel from the Caribbean coast to the interior and the Pacific was lengthier. The Magdalena River was the main artery of movement between the Caribbean and the interior of the Viceroyalty. The river permitted mobility and relative freedom for people of colour in the eighteenth century. Bogas,…p. 79
04Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 379, 3842 citas
[5]negros, los mulatos y los indios de sangre mez- clada. Antes de empezar el trabajo penosísimo a que se iban a entregar, nuestros hombres, como suelen hacerlo en casos semejantes en cuanto no están a la vista de las ciudades, se despojaron de todas las prendas de vestir, no conservando más que un calzoncillo corto,…p. 379
[36]llamativo aspecto exterior son la enorme rueda de paletas en la popa y su quilla extremadamente panda y ancha, que provee, a manera de primera cubierta, un espacio amplio para la máquina y las provisiones, tanto de leña como las alimenticias, dando al mismo tiempo cabida para la estada de la tripulación y los…p. 384
05Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 5331 cita
[6]cuerpos semides - nudos los quemantes rayos del sol y los aguaceros repen - tinos, y duermen a cielo abierto a pesar de la oscilación de 10 º a 12 º que en el curso de la noche tiene la temperatura atmosférica. Esta casta será perpetuamente señora de la extensa hoya del Magdalena, cuya fertilidad, que debe - mos…p. 533
06Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 851 cita
[7]and large straw hats, propelled longboats upstream, with levers propped up against their chests, for up to thirteen hours a day in a hot and humid environ- ment—a task that required endurance, extraordinary muscular strength, precise rhythm, and coordination, as Alexander von Humboldt observed. 112 To secure the work…p. 85
07Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 851 cita
[8]and large straw hats, propelled longboats upstream, with levers propped up against their chests, for up to thirteen hours a day in a hot and humid environ- ment—a task that required endurance, extraordinary muscular strength, precise rhythm, and coordination, as Alexander von Humboldt observed. 112 To secure the work…p. 85
08The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 92, 1062 citas
[9]claimed there were 10,000 bogas in the Magdalena Val- ley, a figure that may have underestimated their ranks. 7 The bogas worked canoes, skiffs, and large dugout bongos, with the mainstay of human- powered transportation being the champán, a boat 40 to 150 feet long and 6 to 8 feet wide, with a thatched bamboo canopy…p. 92
[30]strike. 61 Liberals joined the assault on transportation workers’ independence even as bogas came to the party’s defense. During the civil war, hundreds of boatmen volunteered to serve the counterrepublic of Colombia, where they formed a vital link as conveyors of soldiers, munitions, and informa- tion between the…p. 106
09Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 213, 2202 citas
[10]asegura la navegación por vapor — Reseña acerca de esta medida Hasta 1825 el río era sólo navegado por canoas y champanes. Para casos de guerra se empleaban también bongos. Como hasta el nombre de estos dos últimos vehícu- los desaparecerá en breve, daré aquí una ligera descripción de ellos. Era el champán una gran…p. 213
[17]aguas del Magdalena. Esos eran días solemnes para Colombia. Pocos meses antes, la victoria de Ayacucho había asegu- rado la Independencia de las repúblicas hispanoamericanas, 12 En la interesante biografía del señor José María Pino afirma el señor J. T. Gaibrois que desde el año de 1824 había traído el señor Elbers el…p. 220
10Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 458, 4762 citas
[11]Proporciones del comercio de importación de los puertos de Santa Marta, Cartagena, y Sabanilla (1848 - 1859), según el valor de las importaciones. Santa Marta Cartagena Sabanilla 1848-1849 61, 0 % 20, 6 % 2, 0 % 1 8 5 0 - 1 8 5 1 54, 5 % 16, 8 % 10, 0 % 1851-1852 35, 9 % 22, 2 % 10, 0 % 1854-1855 68, 0 % 16, 2 % 10, 6…p. 458
[28]Bogotá casi nunca hubo un momento favora ble. En las temporadas de sequía era difícil para los vapores navegar algunas partes del río Magdalena y en los tiempos de lluvia era imposible subir la mercancía desde Honda hasta Bogotá por muía. En el Magdalena, aunque los vapores introducidos después de 1847 remontaban el…p. 476
11Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3411 cita
[12]razón respecto de la escasez de la renta asignada a los fondos de manumisión, con lo cual era imposible cumplir la tarea en los 30 años previstos por los legisladores más optimistas para la extinción gradual de la esclavitud. Es probable que, en el fondo, se jugó la suerte de los esclavos a otras estrategias…p. 341
12Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 251 cita
[13]to sanction its accidental, casual character and hence to place a shadow over the more permanent, subtle forms of violence. C I V I L I Z AT I O N A N D V I O L E N C E I N N I N E T E E N T H - C E N T U R Y C O L O M B I A The unfolding of events in nineteenth-century Colombia suggests that history is not always…p. 25
13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1102 citas
[14]de trabajo forzoso que se consolidan por medio de las deudas, el poder político local de los terratenientes y la influencia ideológica del clero. Como el liberalismo de esta época representa los intereses bá- sicos de una burguesía comercial, no productiva, que intermedia polos con distintas relaciones sociales, polos…p. 110
[15]de trabajo forzoso que se consolidan por medio de las deudas, el poder político local de los terratenientes y la influencia ideológica del clero. Como el liberalismo de esta época representa los intereses bá- sicos de una burguesía comercial, no productiva, que intermedia polos con distintas relaciones sociales, polos…p. 110
14Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2381 cita
[16]destaca el Decreto 1 del 03 de julio de 1823, ex - pedido por Francisco de Paula Santander, mediante el cual se concedió un privilegio exclusivo a Juan Bernardo Elbers para establecer buques de vapor en el río Magdalena con el fin de hacer “más cortas y fáciles las comunicaciones de las provin - cias de los…p. 238
15Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2001 cita
[18]la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…p. 200
16La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 1901 cita
[19]2 anpb /Colección Falck 75, De Stuers a Guillermo I, 25-9-1816. 3 anpb / sge, Verstolk a Guillermo I, 19-3-1826. De Stuers fue nombrado por Real Decreto del 29 de marzo 1826. 4 anpb / col 3793, solicitud de empleo en Curazao de R. F. van Lansberge y decisión favo - rable al respecto, 26-3-1823. 195 Sytze van der Veen…p. 190
17Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 324, 3782 citas
[20]a los gustos de ciertas clases que las manufacturas les podían hacer competencia. El mercado era además muy reducido por lo bajo de los ingresos de la población, y el aumento que de estos se logró con la exportación apareció cuando ya los experimentos industriales habían fracasado. La empresa de navegación a vapor de…p. 378
[27]y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…p. 324
18Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 96, 1282 citas
[21]del Cesar, en 1831 / 5 /. Sus hijos se plegaron luego a las necesidades de los bogas del rio Magdalena que resistían la intrusión del buque de vapor, porque empezaba a desplazarlos económicamente. Eran los días de la Compañía Anglo-Granadina de Navegación, cuyo úni- co barco, el Unión, no duraría en servicio sino dos…p. 96
[23]el asedio que los españoles hicieron a Cartagena en 1815. La especulación empezó con la venta de comida seca que había quedado en manos de comerciantes extranjeros (algunos italianos como los Bonolis, Capurros, Capellas y Bernines, y el norteamericano Glen), puesta a pre- cios exorbitantes. Estos agiotistas se sumaron…p. 128
19Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2991 cita
[22]Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…p. 299
20El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 951 cita
[24]muralla de las aguas a su paso por los Portales de la Marquesa, pero eran aguas ya tan turbias y hediondas de Aldrín que los mohanes y el hombre-caimán habían tenido que huir y refu- giarse en las frescas aguas de algunas ciénagas cercanas. Iba por allí un río sin sábalos, manatíes, tortugas ni caimanes. Pero ahí…p. 95
21Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1021 cita
[25]época. José María del Gordo, originario de Santa Marta, fue teniente a los 18 años, mientras que José Ignacio de Iriarte, de Cartagena, fue ascendido a alférez a los 16 años. Y el general en jefe no tenía sino 30 años... Otro punto se debe anotar: la Campaña Admirable fue para buena parte de aquellos futuros proceres…p. 102
22Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1021 cita
[26]época. José María del Gordo, originario de Santa Marta, fue teniente a los 18 años, mientras que José Ignacio de Iriarte, de Cartagena, fue ascendido a alférez a los 16 años. Y el general en jefe no tenía sino 30 años... Otro punto se debe anotar: la Campaña Admirable fue para buena parte de aquellos futuros proceres…p. 102
23Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 3491 cita
[29]Revolution, 1815-1860, Nueva York: Harper Torchbooks, 1968, p. 389. Los datos de población se extrajeron de Eighth Census ofthe United S tates: Mortality and Miscel/aneous Statistics, p. xvrn. "Estearina: es una sustancia blanca, ínsípida e ínsoluble en agua que se usa para la fabricación de velas": Real Academia…p. 349
24Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 55, 652 citas
[31]leña diarios; el Antioquia consume el doble, pero en cambio anda la mitad menos que los demás. Es, pues, muy dura la vida de los marineros a bordo del insaciable vapor, que cada dos horas se arrima a la orilla, se amarra fuertemente para poder resistir a la corriente que lo arrastra, y empieza a absorber leña con una…p. 65
[34]pesar de los inconvenientes del polvo impalpable que se levanta en nubes. Todo el mundo anda en coche cuando se ve obligado a salir y la gente del pueblo tiene por vehículo un burrito microscópico, sobre el cual el jinete va sentado, con los pies apoyados sobre el pescuezo y animándolo con un pequeño palo cuya punta,…p. 55
25Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2191 cita
[32]o sea, efectiva durante el poco t í emp que requer í an los empleadores para romperla, era alto para el éí ai presario. En ese caso, como por ejemplo en los puertos, el enpfo sario prefer í a pagar mayores sueldos en lugar de incurrir eri$(ij costos de la huelga, costos que, en el caso de mantener emb á rfo ciones…p. 219
26Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 931 cita
[33]Pérez Benavides Obeso parecía ser el mediador entre el mundo de los bogas del Magdalena y el de los letrados bogotanos; si bien su formación le permitía hacer parte del segundo, su origen lo ubicaba en el lado de la melancolía y de aquellos cantos popu- lares: era capaz de convertir en poesía el lenguaje de los bogas,…p. 93
27Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · p. 1951 cita
[35]momento, como se ha ido per - diendo poco a poco el brío que en la juventud me animaba para contrarrestar los golpes de la aciaga fortuna. M ANUEL M ARÍA M A di E d O 1815-1888 – 199 – § El boga del Magdalena ¡Dichoso el que no conoce más rio que el de su patria, y duerme anciano a la sombra do pequeñuelo jugaba! A.…p. 195
28Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 431 cita
[37]intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…p. 43