Fraude masivo en los quintos reales del oro neogranadino (1540-1560)
Entre 1540 y 1560, la minería aurífera se expandió mientras la Corona organizaba fundiciones, cajas y oficiales para cobrar sus derechos. Las tarifas del llamado quinto variaron por región y los registros conservados no abarcan toda la extracción. En ese contexto hubo evasión fiscal y disputas por el control del oro, sin que las fuentes permitan fijar una tasa efectiva única para estas décadas.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1540-1560
- Dónde
- Nueva Granada, Tunja, Popayán, Cali, Riohacha, Santafé, Cordillera Oriental, Quito, Cauca, Magdalena, Ibagué, Santa Fe, Cartago, Anserma, Cartagena de Indias, Santa Marta
- Protagonistas
- Gonzalo Jiménez de Quesada, Sebastián de Belalcázar, Nicolás de Federmán, Hernán Pérez de Quesada, Jorge Robledo, Carlos V, Felipe II, Pedro Briceño (tesorero real), Audiencia de Santa Fe, encomenderos-conquistadores del Nuevo Reino, cabildos municipales coloniales
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Las huestes financiaron la conquista y recibieron encomiendas y poder local; la recaudación real se organizó gradualmente desde el primer reparto del botín hasta la Audiencia y las fundiciones de mediados del siglo XVI.
- La quinta parte fue la tasa inicial del derecho sobre el oro, pero la Corona concedió rebajas regionales durante el siglo XVI. La distancia entre minas y fundiciones y la variación de tarifas complicaban la recaudación.
- La geografía del Nuevo Reino —cordilleras intransitables, reales de minas provisorios y móviles, y la enorme extensión de la gobernación de Popayán con jurisdicción casi independiente— hacía materialmente imposible una fiscalización continua con los recursos administrativos disponibles.
- Los propios funcionarios reales llegaban con séquitos de familiares a quienes favorecían con encomiendas, participaban en el comercio aprovechando exenciones fiscales y compartían intereses con las élites locales, borrando la frontera entre administración y empresa privada.
- Los magistrados coloniales gozaban de amplio poder discrecional para fallar conforme a la costumbre o la equidad, lo que permitía aplicar las normas fiscales con criterios variables y creaba condiciones estructurales para la tolerancia del fraude.
- El botín de la conquista, incluidas las grandes cantidades de oro reunidas por la hueste de Quesada, proporcionó ingresos al rey mediante el quinto, pero dependía de campañas que no podían sostener una recaudación regular.
Consecuencias
- Las cifras de quintos percibidos por la Corona quedaron sistemáticamente por debajo de la producción real, convirtiéndose en un termómetro defectuoso que distorsionó durante siglos el conocimiento de la riqueza aurífera neogranadina y obligó a los historiadores a trabajar con estimaciones indirectas.
- Se consolidó un patrón estructural de evasión fiscal que persistió durante toda la Colonia: según estimaciones de Sharp (1976), la producción real fue entre un tercio y la mitad mayor que la acuñada en los siglos coloniales, con una fracción estimable entre un cuarto y un tercio del total escapando al registro oficial.
- La circulación del oro entre minas, ciudades y puertos dificultó el control fiscal. Los circuitos caribeños descritos para los siglos XVIII y XIX no permiten determinar las rutas exactas del metal no declarado entre 1540 y 1560.
- La debilidad fiscal forzó a la Corona a negociar permanentemente con los encomenderos en lugar de imponerles su voluntad, lo que consolidó la 'feudalización de América' que el propio Consejo de Indias reconocería como problema estructural hacia la segunda mitad del siglo XVI.
- Durante el siglo XVI la Corona rebajó el llamado quinto en varios distritos: Santafé obtuvo el décimo y Popayán pasó de la octava parte al décimo y al duodécimo en 1559. En 1777 la tasa llegó al 3%.
- Las fundiciones de Anserma y Cartago y la Casa de Moneda de Santafé, que empezó a acuñar en 1622, ampliaron de forma gradual los medios de registro y transformación del oro.
La clave interpretativa
Por qué importa
Los registros de oro de 1540 a 1560 permiten observar cómo la Corona estableció fundiciones, oficiales y cajas mientras negociaba tarifas con los productores. Sus series muestran la expansión minera y también sus límites: faltan datos de algunos distritos y el metal no declarado queda fuera de las cuentas. Estas décadas ayudan a explicar tanto la formación de la fiscalidad colonial como las reformas con las que se intentó ampliar su alcance en los siglos siguientes.
Desarrollo histórico
La historia completa
Fraude masivo en los quintos reales del oro neogranadino (1540-1560)
Entre 1538 y 1560, la Corona organizó en el Nuevo Reino de Granada la recaudación sobre el oro mediante oficiales reales, fundiciones y cajas. Ese sistema registraba el metal declarado, mientras la extracción se extendía por distritos mineros dispersos y las tasas del llamado quinto variaban por región y fecha. Las cuentas de la Real Hacienda muestran la expansión de la minería, pero no permiten calcular por sí solas cuánto oro escapó al impuesto. El conflicto entre la recaudación real y los intereses de conquistadores, encomenderos y mineros acompañó la formación del gobierno colonial.
Del botín muisca a la caja real
La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada reunió, en apenas tres meses de 1537, más de doscientos mil pesos de oro tomados casi en su totalidad a los señores muiscas. La cifra, considerable para los estándares de la Conquista americana antes del Perú, marcó el techo de un modelo: el del oro obtenido por saqueo, sobre el cual la Corona podía reclamar su quinto solo después de que el metal hubiera pasado por las manos —y los cofres particulares— de quienes lo habían capturado.
El reparto siguió el protocolo previsto. Antes de distribuir el botín entre los expedicionarios se apartó el quinto real; luego se dedujeron 2.500 pesos por los caballos perdidos en la campaña, 7.315 por bienes y servicios y 3.885 en pagos por méritos. En junio de 1538, el resto se distribuyó entre los supervivientes de la hueste de Jiménez de Quesada, con participaciones mayores para el jefe y sus capitanes. La Corona recibió su parte del botín, pero esa fuente de ingresos dependía de nuevas conquistas y no podía sostener por sí sola una recaudación regular.
Ese reconocimiento empujó las primeras medidas de institucionalización. En 1543, el tesorero Pedro Briceño se trasladó desde Santa Marta al Nuevo Reino, gesto administrativo que reconocía dónde estaba realmente el oro y dónde debía instalarse el aparato de su recaudación. La creación de la Audiencia de Santa Fe en 1549 y la consolidación gradual de casas de fundición en Cartago, Anserma, Cali y otras localidades del occidente completaron el diseño formal: fundir el oro y cobrar el quinto en un mismo acto, para prevenir la fuga del metal sin pago de derechos. En el papel el sistema era simple; en el terreno se derrumbaba antes de empezar.
La anatomía del quinto
El quinto real era, en su formulación original, un impuesto del 20% sobre el producto bruto de la minería, cobrado en el momento en que el oro en polvo o en pepita se fundía en las casas reales y se convertía en barras marcadas con el cuño oficial. Solo el oro quintado podía circular legalmente como moneda o mercancía; el oro en polvo, en teoría, era ilegal fuera de las manos del minero que lo había extraído y camino directo a la fundición. Este monopolio fiscal cumplía dos funciones simultáneas: alimentaba las arcas reales y obligaba a que toda la producción pasara por un punto de registro donde la Corona pudiera medir la riqueza de sus dominios.
La quinta parte dio nombre al impuesto, pero no fue una tarifa invariable. Los mineros del distrito de Santafé obtuvieron la rebaja al décimo, mientras los de Popayán pagaron en un momento la octava parte. En enero de 1559, Popayán obtuvo también el décimo y meses después una reducción al duodécimo. Las cuentas fiscales registran el oro declarado bajo esas tarifas distintas; no permiten calcular una proporción única de recaudo efectivo sobre todo el metal extraído entre 1540 y 1560.
Las cifras de quintos fueron, así, un termómetro defectuoso desde el inicio: registraban la porción del oro que había aceptado ser registrada, no el oro que existía. Toda la historia fiscal del período debe leerse desde esa distorsión, que no era un accidente contable sino el resultado de un pulso permanente entre una Corona lejana que legislaba tasas y una capa productora local que decidía, día a día, cuánto de lo extraído aceptaba pasar por la mesa del fundidor. Medir la fiscalidad aurífera de este período es medir, en realidad, el rendimiento de esa negociación silenciosa entre Sevilla y el real de minas.
Conquistadores hechos encomenderos
Para entender por qué el fraude fue estructural y no episódico, hay que reconstruir quiénes controlaban efectivamente el territorio donde el oro se extraía. La Conquista del Nuevo Reino no la hizo la Corona: la hicieron compañías privadas de armas, financiadas por capitulaciones que autorizaban a los capitanes a reclutar hueste, avanzar por su cuenta y riesgo, y recibir a cambio encomiendas de indios y participación en el botín. Jiménez de Quesada, Belalcázar, Federmán, Jorge Robledo y sus lugartenientes llegaron al oro antes que cualquier funcionario real. Para cuando los oficiales del tesoro comenzaron a instalarse, ya existía una capa de conquistadores devenidos encomenderos que poseía el conocimiento del terreno, la mano de obra indígena y las armas.
Estos encomenderos dominaron los cabildos de Santa Fe, Tunja, Popayán, Cartago y demás ciudades fundadas durante y después de la Conquista. Desde esa posición institucional articularon una resistencia sistemática a las restricciones legales que Sevilla iba dictando y reforzaron el monopolio del trabajo indígena frente a los españoles llegados después, sin encomienda propia. Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo XVI como centros de poder encomendero, y solo las visitas sucesivas de oidores lograron coartar, tardíamente, la autonomía muy acentuada de los vecinos.
La Corona no ignoraba la situación. Enfrentada a una oposición unánime en toda América —de México a Chile— cuando intentó, con las Leyes Nuevas de 1542, abolir la encomienda o al menos impedir su heredabilidad, terminó cediendo. Aceptó mantener la institución y prolongarla más allá de la vida del primer conquistador, aunque mantuvo firme el esfuerzo por regularla progresivamente. La lección política fue nítida: en las décadas de 1540 y 1550, la Corona no podía permitirse enfrentar frontalmente a la capa social que producía la riqueza y sostenía el orden colonial en la periferia. Esa lección se tradujo, en el terreno fiscal, en una tolerancia práctica hacia lo que jurídicamente era fraude.
A esta lógica se sumó otra, más sórdida y peor documentada: los propios funcionarios reales llegaban acompañados de séquitos de familiares y dependientes a quienes favorecían con encomiendas. Los parientes y amigos de los oidores acaparaban repartimientos indígenas, y los oficiales del tesoro, autorizados para importar artículos de uso personal libres del almojarifazgo, aprovechaban la exención para introducirse en el comercio, comprar directamente a los barcos llegados de España o formar sociedades con comerciantes. La frontera entre administración fiscal y empresa privada era, en muchos casos, inexistente. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, las denuncias contra oficiales reales y clérigos de la Audiencia de Santa Fe por participar en operaciones comerciales aprovechando sus privilegios fiscales serían frecuentes; el patrón, sin embargo, se había fijado en las décadas previas.
Los magistrados coloniales gozaban además de amplio poder discrecional: podían fallar conforme a la costumbre o la equidad sin ceñirse a la letra de la ley. Esa flexibilidad, que no equivalía a corrupción, creaba las condiciones para que las normas fiscales se aplicaran con criterios variables según quién estuviera involucrado. En el propio Consejo de Indias y en la mente del monarca, hacia la segunda mitad del siglo XVI —coincidiendo con la abdicación de Carlos V en favor de Felipe II en 1556—, cristalizó la conciencia de que América se estaba "feudalizando": un tejido de poderes locales estaba coartando el poder de la Corona. La respuesta llegaría después, con la ola de visitas y reformas administrativas; entre 1540 y 1560, la feudalización era la realidad operativa del territorio.
La geografía como aliada del fraude
Ninguna descripción del fraude sería suficiente sin mapear el terreno. El Nuevo Reino, en los términos jurisdiccionales que se consolidaron con la Audiencia en 1549, comprendía dos mundos apenas conectados. Al oriente, sobre la cordillera Oriental, se extendía el núcleo de Santa Fe y Tunja, densamente poblado de indios muiscas y articulado por caminos que —aunque precarios— permitían cierta continuidad administrativa. Al occidente, más allá de la cordillera Central, se abría el vasto territorio de la gobernación de Popayán, que abarcaba casi la mitad del área ocupada del Nuevo Reino y cuyos confines llegaban hasta la Audiencia de Quito.
Entre ambos mundos se interponía la cordillera Central, intransitable en mula, y una franja de resistencia indígena —paeces y pijaos— que constituía una frontera interior. Los viajeros que se atrevían a cruzarla arriesgaban la vida; el correo administrativo entre Santa Fe y Popayán tardaba semanas cuando llegaba. Esta desconexión geográfica reforzó una desconexión jurisdiccional: Popayán, antes de 1549, había dependido de instancias distintas al Nuevo Reino —vinculada durante períodos a Lima y a Quito— y conservó, incluso después de la creación de la Audiencia de Santa Fe, una jurisdicción independiente sobre casi todo el occidente. Buga y Pasto marcaron, con delimitaciones sucesivamente ajustadas, la frontera administrativa entre dos regiones que la Corona necesitaba unificar y no podía.
La explotación del oro tampoco se estabilizaba en ningún punto. El hallazgo repetido de yacimientos —primero los aluviones del Cauca, luego los reales de Buriticá, más tarde los descubrimientos que llevarían a Cáceres, Zaragoza y Remedios en las décadas siguientes— desplazaba las fronteras mineras a lo largo y ancho de ambas gobernaciones. Los reales de minas eran asentamientos provisorios, de extrema precariedad constructiva, poblados por mineros, esclavos indígenas y africanos, y una constelación flotante de comerciantes, arrieros y mujeres. Imponer un patrón fiscal uniforme sobre esa movilidad estructural era imposible con los recursos administrativos disponibles.
Más allá del núcleo inicial, el control de la Audiencia se ejercía mediante jueces de comisión cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. La expresión jurídica es reveladora: no obedecidas, no acatadas, rechazadas. Un juez enviado desde Santa Fe a inspeccionar una zona minera del occidente encontraba un cabildo hostil, mineros que negaban su producción, funcionarios locales aliados con los encomenderos, y un camino de regreso que podía tomarle semanas. La fiscalización efectiva, en esas condiciones, era una ficción normativa.
Los circuitos del oro no declarado
En las décadas de 1540 y 1550, los distritos de Anserma y Cartago se convirtieron en centros de extracción de oro de la provincia de Popayán. La minería utilizó ampliamente trabajo indígena, mientras el empleo de grandes cuadrillas de esclavos africanos adquirió mayor peso en fases posteriores. La composición de la mano de obra y la escala de las explotaciones cambiaron con el tiempo y no responden a un único modelo para todo el período colonial.
Anserma y Cartago contaban con fundiciones donde se podía declarar y fundir el oro. Para gravar el metal, los oficiales necesitaban que llegara a esos establecimientos desde yacimientos separados por caminos difíciles. La existencia de oro que circulaba al margen de las cuentas plantea un límite a los registros fiscales, aunque estos no bastan para reconstruir con precisión sus rutas ni su volumen en estos primeros años.
El conflicto fiscal se extendía a otras rentas relacionadas con el oro. En el altiplano, algunos encomenderos aceptaban mantas en lugar del oro debido como tributo indígena y así evitaban pagar el requinto sobre ese metal. Una denuncia de 1558 calculó que esas conmutaciones privaban a la Corona de unos 11.000 pesos de oro al año. El episodio muestra una evasión documentada de un derecho distinto del impuesto minero.
Las minas del occidente se relacionaban con ciudades y rutas de transporte que conectaban el interior con el río Magdalena y los puertos caribeños. Esos enlaces hacían posible el comercio del metal y de los suministros mineros, tanto dentro como fuera de los canales de la Real Hacienda. Las fuentes del siglo XVI permiten reconocer el problema del oro no declarado, pero no describen para 1540-1560 la red de marineros extranjeros e intermediarios que aparece en testimonios de fines de la Colonia.
La distancia entre los lugares de extracción y los puntos de fundición daba a mineros y comerciantes margen para mover el oro antes de registrarlo. Los cabildos, la Audiencia y los oficiales reales disputaron competencias y recursos en una administración todavía en formación. La evasión existía, pero su escala y sus mecanismos concretos deben reconstruirse con documentos de cada distrito y fecha.
Las cifras y su sombra
Cada peso quintado en Cartago o en la caja de Santa Fe fue el peso que un minero, un encomendero o un intermediario decidió que valía la pena declarar. Los registros del período 1540-1560 son, sobre todo, el retrato de lo que aceptó ser registrado.
Las cifras disponibles muestran más de 200.000 pesos anuales para 1536-1540, cerca de 100.000 para 1541-1545 y menos de 40.000 para 1546-1550. Parte de esa disminución refleja el fin de los grandes botines de conquista; otra parte corresponde a vacíos en las fuentes, pues faltan datos de Popayán, Anserma y Cartago para 1541-1550. Desde 1551, los registros ya muestran el desarrollo de la minería regional: Popayán se acercó a 50.000 pesos anuales y Cartago-Anserma pasó de unos 40.000 a casi 75.000 entre los dos quinquenios de la década.
Estas cifras muestran el paso del oro obtenido en la conquista a una actividad minera más estable, que creció durante la década de 1550 y se expandió con fuerza desde 1570. Para 1570-1620, los registros sitúan al Nuevo Reino entre los principales productores auríferos de América, con años cercanos a los dos millones de pesos. Las series más bajas de 1541-1550 no permiten separar cuánto correspondió al fin de los botines, cuánto a la falta de datos regionales y cuánto metal quedó sin declarar. Su comparación con los niveles posteriores describe la evolución de los registros, no una medida directa de toda la producción.
Las cuentas de las cajas permiten seguir la expansión minera desde mediados del siglo XVI, pero no fijar cuánto oro quedó fuera de la recaudación en estas dos décadas. Para medir la producción y el fraude habría que contrastarlas con otras evidencias, escasas o incompletas para varios distritos de los años 1540.
Los primeros intentos de contención
El período 1540-1560 no fue un vacío absoluto de acción real. La Corona no era ciega, y sus representantes en el Nuevo Reino intentaron, con recursos limitados, imponer alguna forma de control. La llegada de Miguel Díaz de Armendáriz como juez de residencia y visitador en 1547, con instrucciones amplias sobre la aplicación de las Leyes Nuevas y la investigación de las conductas de los conquistadores, marcó un primer intento serio de intervención. La actuación de Juan de Montaño, oidor de la Audiencia de Santa Fe a partir de 1553, y las labores posteriores de Tomás López Medel —cuyas ordenanzas sobre tratamiento de indios y organización del trabajo minero se consolidarían en la década siguiente— apuntaron a corregir tanto los abusos sobre la población indígena como las irregularidades fiscales asociadas a la explotación aurífera.
Estos intentos tropezaron con obstáculos que revelan la naturaleza del problema. Un visitador podía denunciar, incluso condenar, pero no podía reemplazar la trama de encomenderos que sostenía la producción. Podía enviar comisionados a los reales de minas, pero las comisiones eran rechazadas por los vecinos y los comisionados regresaban con las manos vacías o directamente no regresaban. La institucionalización de las casas de fundición en el occidente —Cartago, Anserma, Cali— fue un avance objetivo, pero cada casa era un punto en un territorio inmenso, y la obligación de llevar el oro a fundir dependía del cumplimiento voluntario en un contexto donde la desobediencia era barata y la vigilancia imposible.
Desde 1550, la Audiencia de Santafé y sus oficiales ampliaron la capacidad de supervisar tributos, fundiciones y cajas reales. Andrés López de Galarza fundó Ibagué ese mismo año, en una etapa de nuevas ciudades y rutas hacia las regiones mineras. La consolidación de las cajas en el occidente y las visitas posteriores prolongaron ese esfuerzo más allá de 1560.
Una fiscalidad negociada en la frontera minera
Las reducciones regionales del gravamen y las dificultades de registro permiten ver una fiscalidad negociada. La Corona había delegado buena parte de la conquista en particulares que, convertidos en encomenderos y mineros, controlaban trabajo y recursos locales. Para obtener ingresos de una minería dispersa, la Real Hacienda necesitó fundiciones, oficiales y acuerdos sobre las tarifas, además de normas dictadas desde la Península.
El acuerdo no estaba escrito en ninguna capitulación, pero era el que hacía funcionar el sistema. Cuando la Corona intentó, con las Leyes Nuevas de 1542, revisar sus términos y recortar la encomienda, la reacción americana fue una oposición unánime que llegó, en el Perú, hasta la rebelión abierta de Gonzalo Pizarro. Felipe II, tras 1556, entendió mejor que su padre los límites de la presión: consolidar la autoridad real requería tiempo, gradualidad y una infraestructura administrativa —oidores, visitadores, cajas reales, casas de fundición— que solo maduraría con las décadas siguientes.
Entre 1540 y 1560, las fundiciones y cajas reales comenzaron a registrar una minería en expansión, pero sus series tienen vacíos y no reflejan toda la circulación del oro. Las rebajas regionales del llamado quinto revelan la negociación fiscal de esos años. El trabajo indígena, la movilidad de los yacimientos y la distancia entre minas y oficinas reales hicieron difícil un control uniforme.
Las reducciones del gravamen continuaron en los siglos siguientes hasta llegar al 3% del valor de la producción en 1777. La Casa de Moneda de Santafé, que comenzó a acuñar en 1622, añadió un centro para transformar el metal en moneda. Estas instituciones ampliaron los medios de registro y recaudación de la Corona a medida que crecía la minería colonial.
La Corona cobró derechos sobre una parte del oro y ajustó sus tarifas para ampliar la recaudación. La dificultad estuvo en controlar una minería dispersa y en conocer cuánto metal quedaba fuera de las cuentas. Las fundiciones de Anserma y Cartago, los oficiales de Santafé y las visitas fiscales formaron parte de ese esfuerzo temprano de gobierno, cuyo alcance varió entre distritos y décadas.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 339, 352, 356, 3794 citas
[1]qüe los corsarios franceses que andaban al acecho asaltaran las naves2. Erruna sola «entrada», Heredia llevó a Cartagena más de cincuenta mil pe gos, de los cuales correspondieron al rey 11.280. En total, desde enero de 1533 hasta marzo de 1537 los quintos de sepulturas y «rescates» produje ron 71.206 pesos de oro…p. 379
[4]la época pre-estadística. Como aquéllas que interesan para los estudios de historia social se refieren a bienes fungibles, se recurre siempre —-para hacerse a una idea de la producción— al análisis de series de precios o al modelo de un consumo hipotético. El oro-mercancía fue objeto de una vigilancia especial por…p. 339
[13]las riquezas aluviales de la provincia, aunque ya se había comenzado su explotación. A comienzos del siglo XVin se encuen tran allí algunos personajes muy conocidos en Popayán. Entre ellos, los hermanos Mosquera, Francisco de Arboleda, Bernardo Alfonso de Saa, Miguel Gómez de la Asperilla y Agustín de Valencia,…p. 356
[14]—según el fiscal— se registraba en Popayán, en donde (hacia 1678) se extraía más oro que en el conjunto de los restantes distritos 181 mineros. Con todo, el establecimiento déla Casa de la Moneda en Santa Fe (1627) contribuyó a disminuir el impacto de los fraudes en los quintos reales. En adelante, toda persona podía…p. 352
02Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1051 cita
[2]aside the royal fifth, Jiménez and his captains agreed that before they divided the remaining spoils, they needed to award compensation for certain goods and services, as well as for lost horses. They also decided to grant merit pay to individuals whose acts of bravery helped ensure the expedition’s success. Only then…p. 105
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 48, 642 citas
[3]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…p. 48
[30]entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…p. 64
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 118, 120, 1233 citas
[5]Estos desplaza- La economía y la sociedad coloniales, 1550-1800 131 mientos estaban regidos por las posibilidades de rentabilidad de los esclavos y, en todo caso, permitían su reproducción en condiciones más favorables que en las minas. Ya se ha aludido en el curso de este trabajo a factores estructurales de la…p. 123
[10]accesible de los veneros, con- denaba de nuevo al aislamiento a regiones ente- ras y anulaba todos los esfuerzos anteriores. El hallazgo repetido de yacimientos impuso tam- bién un ritmo de desarrollo desigual que acen- tuaban la ausencia de comunicaciones y la im- posibilidad de imponer patrones políticos uni-…p. 120
[16]más allá del núcleo inicial del Nuevo Reino se ejercía mediante jueces de comisión, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y sólo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de…p. 118
05Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1991 cita
[6]casas de moneda de Santa Fe y Popayán. Funcionaron también casas de fundición en Cartago, Anserma, Cali, etc., con el único objeto de fundir el oro y recaudar el quinto real, previniendo así la fuga ilegal del metal hacia el exterior sin previo pago de derechos fiscales. 164 “A fines de la Colonia, se calculaba el oro…p. 199
06Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 561 cita
[7]Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…p. 56
07Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 131, 135, 166, 1694 citas
[8]hacia 1560. Entre tanto, en el occidente se logró cierta estabilidad: Popayán figura con una producción anual de casi 50.000 pesos para 1551-56, que crece ligeramente en el siguiente quinquenio; en Cartago y Anserma los ingresos anuales pasan de unos 40.000 pesos durante la primera mitad de la década a casi 75.000 en…p. 169
[18]que estaba en contacto con los peruanos. A la larga los resultados del conflicto entre la política real y los intereses de los colonos llevaron a un compromiso. La Corona, enfrentada a una unánime oposición en 15 América, aceptó mantener la encomienda, e incluso prolongar su posesión más allá de la vida del primer…p. 135
[21]3. El conflicto de las Leyes Nuevas No cabe duda alguna de que lo que interesaba al español al recibir la encomienda era la posibilidad de apropiarse de una buena porción de la riqueza del grupo indígena que se le entregaba, o de utilizar la mano de obra de los indios para la producción de nueva riqueza. En la primera…p. 131
[29]los que, como soldados que se apropiaban de un botín, como señores que cobraban un tributo o como empresarios mineros, recogían el oro americano. Una mirada al proceso de obtención del oro en el territorio actual de Colombia ayudará a comprender mejor el desarrollo de la conquista. Como ya se vio, los primeros…p. 166
08Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 621 cita
[9]y modernización, ¿cuál fue el más fuerte?; es de- cir, ¿fueron beneficiosos o perjudiciales los efectos netos de la política de transferencia de impuestos? La respuesta depende, en parte, de las verdaderas dimensiones cuantitativas de las remesas -y, sobre esto, solo se pueden hacer algunas inferencias de carácter…p. 62
09Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 891 cita
[11]and the wooded areas near Santa Marta and Riohacha. In return, British sailors illegally brought in fabrics, tools, arms—and, occasionally, slaves. 127 Spain officially imposed a yearly fixed tax of four pesos on the mazamo- rreros (independent prospectors) panning for gold in the Sinú, San Jorge, and Cauca Rivers and…p. 89
10Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 891 cita
[12]and the wooded areas near Santa Marta and Riohacha. In return, British sailors illegally brought in fabrics, tools, arms—and, occasionally, slaves. 127 Spain officially imposed a yearly fixed tax of four pesos on the mazamo- rreros (independent prospectors) panning for gold in the Sinú, San Jorge, and Cauca Rivers and…p. 89
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 56, 61, 633 citas
[15]en realidad pueblos de encom enderos. Esto es, se fu n d a b an com o residencia de los encom enderos servidos p o r indios de los alre d ed o re s y funcionaban com o un receptáculo español del tributo indígena. En el siglo xvi, los encom enderos d o m in aro n los concejos m unicipales (cabildos o ayuntam ientos).…p. 56
[19]la rap iñ a y las g u erras faccionales de la C onquista y la institucionalización m ás re p o sad a del resto del p eriodo colonial. En el orden político, en los sistem as de p roducción y en el trato a las poblaciones indígenas som etidas, los españoles m an tu v iero n algunos com portam ientos característicos del…p. 63
[25]uy dilu id a hasta fines del p eriodo colonial. En el occidente, establecieron un dom inio in equívoco en las com arcas de Pasto y en los alrededores de Popayán, Cali y Buga. M ás al norte controlaron algunos p u n to s m ineros en los actuales A ntioquia y C aldas, pero m uy poco en sus alrededores. En el siglo xvi,…p. 61
12Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 168, 2312 citas
[17]jueces de comisi ó n, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y s ó lo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de la tierra) lograron coartar a la postre una actitud muy…p. 231
[24]enviar el mineral a Cali donde esta ya exis t í a. Aparece tambi é n la petici ó h de fundar una casa de moneda en Popay á n y acu ñ ar moneda de vell ó n o plata, facilitando el inter cambio comercial. Se ped í a insistentemente ’ que el oro que corr í a • MANUAL DE HISTORIA I 179 como medio circulante en el Nuevo…p. 168
13Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 611 cita
[20]nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…p. 61
14Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 4331 cita
[22]directamente desde Sevilla; la vinculación de Alavis con un funcionario gubernamental refleja el entusiasmo generalizado por el comercio entre quienes poseían un ca- pital que les permitiera formar parte del mismo. Los encomenderos y los oficiales reales con frecuencia se vinculaban al comercio ya fuera comprando…p. 433
15Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2831 cita
[23]para resistir. España administraba sus colonias a través de un sistema legal y magistrados equivalentes a los propios. Adicionalmente, se trataba de un gobierno de jueces, donde cada oficial delegado ejercía funciones jurisdiccionales de una u otra manera 7. La costumbre y la equidad jugaron un papel crucial en los…p. 283
16Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1431 cita
[26]permanente de hierro. Los REALES DE MINAS El real de minas era el poblamiento, muchas veces provisorio, de una cua- drilla en las inmediaciones de la explotación minera. La inestabilidad de estos asientos estaba forzada por la apertura de nuevos cortes y la búsque- da de depósitos de mayores rendimientos. La…p. 143
17Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 861 cita
[27]minas propiamente dichas, donde un empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos explotaba un territorio de su propiedad. Una o varias de ellas constituyeron los llamados reales de minas, unidades administrativas creadas por las autoridades espafiolas para ejercer el control de la…p. 86
18Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 841 cita
[28]el Rey se dé a los introductores un doblón de a 4 pesos cada cabeza, por vía de premio. Dedicándose a la agricultura, des- pués se derogó este premio y se ha renovado la libre introducción. 85 Píndiceínrsd tsaóremsd o cícspei dslpí ai tslaimebn gía Nuíys Ríens gí Gpinigi les indemnizaban del trabajo. Muchas porciones…p. 84