Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Hecho histórico · Conquista · 1499–1599

Implantación de la encomienda en el Nuevo Reino de Granada (1538–1560)

Entre la fundación de Santafé en 1538 y la visita de Tomás López Medel hacia 1560, la encomienda se consolidó como la institución central de la colonia neogranadina: distribuyó a los muiscas y sus vecinos entre los conquistadores, canalizó los excedentes agrícolas hacia las nuevas ciudades y produjo la primera oligarquía criolla, montándose sobre las estructuras tributarias y cacicales prehispánicas.

Implantación de la encomienda en el Nuevo Reino de Granada (1538–1560)
6 de agosto de 1538 – circa 1560
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
6 de agosto de 1538 – circa 1560
Dónde
Tunja, Sabana de Bogotá, Sogamoso, Popayán, Nueva Granada, Santafé de Bogotá, Vélez, Santa Marta, Río Magdalena
Protagonistas
Gonzalo Jiménez de Quesada, Hernán Pérez de Quesada, Sebastián de Belalcázar, Nicolás de Federmán, Pedro Fernández de Lugo, Jorge Robledo, Quemuenchatocha (zaque de Tunja), Gonzalo Suárez Rendón, Juan de San Martín, Jerónimo Lebrón, Alonso Luis de Lugo, Miguel Díaz de Armendáriz
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. El agotamiento del rescate como fuente de riqueza: el botín metálico acumulado por los muiscas —136.000 pesos de oro fino y 280 esmeraldas obtenidos en el saqueo de Tunja en agosto de 1537— no bastaba para sostener a la hueste, lo que obligó a buscar una fuente de renta duradera sobre la población indígena.
  2. La existencia previa de estructuras tributarias y cacicales muiscas: la sociedad chibcha contaba con capitanías territoriales, caciques hereditarios y tributación regular, lo que permitió a los españoles montar el sistema de encomienda sobre un andamio institucional ya funcionante sin necesidad de crearlo desde cero.
  3. La necesidad política de recompensar a los soldados de la conquista: Tunja y Vélez fueron fundadas explícitamente para poder repartir indios en encomienda entre los numerosos participantes de las expediciones de 1537–1543 que aún no habían recibido compensación.
  4. La convergencia de tres huestes rivales —Quesada, Belalcázar y Federmán— sobre el mismo territorio muisca, que obligó a un acuerdo provisional y a dejar una infraestructura colonial mínima antes de que los capitanes viajaran a España a dirimir sus derechos.
  5. La política de la Corona de ceder temporalmente sus derechos fiscales sobre los indígenas a conquistadores meritorios como mecanismo de financiación de la conquista sin gasto directo de la hacienda real.
6 de agosto de 1538 – circa 1560Implantación de la encomienda en el Nuevo Reino de Granada (1538–1560)

Consecuencias

  1. Transformación de las estructuras productivas indígenas: el tributo forzó el desplazamiento del maíz por trigo y cebada, la introducción de cerdos y gallinas, y la producción masiva de mantas de algodón vendidas en subasta pública, reorientando la economía muisca hacia el abastecimiento de las ciudades españolas.
  2. Incorporación instrumental de los caciques y capitanes muiscas como agentes coloniales: los jefes indígenas fueron convertidos en cobradores de tributo y representantes tributarios de sus comunidades ante los encomenderos, recibiendo a cambio privilegios, tierras y títulos, aunque con resultados desiguales según el linaje.
  3. Ruptura de los vínculos de cohesión de la sociedad chibcha: las confederaciones y agrupaciones intercacicales fueron desarticuladas en provecho de la unidad menor —la comunidad tributaria adscrita a un encomendero—, fragmentando la organización política prehispánica.
  4. Inestabilidad crónica en la titularidad de las encomiendas: de los 265 conquistadores de las expediciones de 1537–1543, solo 90 conservaban encomienda hacia 1560, y entre 1550 y esa fecha se perdieron 61 de las 108 encomiendas existentes en Tunja y Santafé, como resultado de sucesivas redistribuciones ligadas a cambios de gobernador.
  5. Formación de la primera oligarquía criolla neogranadina: la encomienda fijó a un grupo reducido de familias como élite terrateniente y tributaria, sentando las bases de la estratificación social colonial que perduró mucho más allá del periodo estudiado.
  6. Resistencia exitosa a las Leyes Nuevas de 1542: la presión de los encomenderos y el temor de la Corona a repetir la guerra civil peruana llevaron a suspender la aplicación estricta de las reformas, consolidando el poder encomendero durante al menos dos décadas adicionales.
  7. Imposición de una carga fiscal múltiple sobre el tributario indígena: el indio debía pagar simultáneamente la pensión del encomendero, el quinto real, el estipendio del cura doctrinero y el sueldo del corregidor, configurando una extracción que superaba con creces cualquier carga prehispánica documentada.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La encomienda neogranadina de 1538–1560 no fue una mera institución laboral sino el mecanismo fundacional que articuló la economía, la jerarquía social y el poder político de la colonia: al montar el sistema extractivo sobre las estructuras cacicales muiscas preexistentes, los conquistadores lograron una dominación de bajo costo que la Corona tardó décadas en regular efectivamente. Su legado —la concentración de la renta en pocas manos, la subordinación del trabajo indígena y la fragmentación de las comunidades chibchas— trazó las líneas maestras de la desigualdad colombiana de larga duración.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La encomienda en el Nuevo Reino de Granada (1538–1560)

En los veintidós años que corren entre la fundación de Santafé y la visita de Tomás López Medel, la encomienda dejó de ser una promesa hecha a soldados hambrientos en el altiplano y se convirtió en la institución que ordenó la vida colonial neogranadina: distribuyó a los muiscas y sus vecinos entre un puñado de conquistadores, canalizó los excedentes agrícolas hacia las nuevas ciudades, capturó los cabildos, resistió con éxito las Leyes Nuevas y produjo, casi por inercia, la primera oligarquía criolla. No fue un diseño coherente sino una acomodación: los españoles descubrieron en el altiplano cundiboyacense sociedades con caciques hereditarios, tributación regular y capitanías territoriales, y montaron sobre esas estructuras un dispositivo extractivo que apenas necesitó rehacerlas. Sobre la organización muisca preexistente, una hueste convertida en élite terrateniente echó raíces tan hondas que la Corona tardó más de dos décadas en imponerle los primeros límites efectivos.

Del saqueo al reparto: la hueste de Quesada en el altiplano

La expedición que llevó a los españoles al corazón muisca partió de Santa Marta en los primeros días de abril de 1536, autorizada por el gobernador Pedro Fernández de Lugo y comandada por Gonzalo Jiménez de Quesada. De los 705 hombres que se embarcaron por el Magdalena, solo 166 alcanzaron la Sabana tras el suplicio de las serranías del Opón. En agosto de 1537 esa hueste diezmada asaltó a Quemuenchatocha, el zaque de Tunja, y se llevó 136.000 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas; semanas después, el 4 de septiembre, otra entrada del libro de registro consigna un nuevo botín obtenido en el saqueo de Sogamoso, cuyas cifras exactas no quedaron asentadas en los fragmentos conservados.

Ese fue el rescate: la fase de captura violenta del metal acumulado por los muiscas durante generaciones. Pero el rescate se agotaba en sí mismo. Cuando en junio de 1538 los conquistadores se repartieron el botín, quedó claro que el oro visible no alcanzaba para pagar dos años de campaña, y que la única manera de convertir la conquista en riqueza duradera era hacerse con la población que producía ese oro, esos textiles y esos alimentos. La fundación de Santafé el 6 de agosto de 1538, en el sitio de Teusaquillo —lugar de recreo del zipa que Quesada bautizó por su parecido con la villa granadina de Santa Fe—, no fue solo un gesto simbólico: fue la cabeza urbana desde la cual repartir el altiplano.

Poco después llegaron los otros dos pretendientes al territorio muisca. Sebastián de Belalcázar subía desde Popayán y Nicolás de Federmán bajaba de los llanos venezolanos, cada uno con sus propios títulos y sus propios hombres. El acuerdo al que llegaron los tres capitanes en 1539 —viajar juntos a España a que la Corte decidiera— dejó en Bogotá a Hernán Pérez de Quesada al mando de unos 400 hombres, 150 caballos y 300 marranas preñadas: la infraestructura mínima de una colonia. Antes de embarcarse, Jiménez de Quesada ordenó fundar dos ciudades más en el corazón de la región muisca, Tunja y Vélez, con un propósito explícito: repartir indios en encomienda entre los soldados que aún no la tenían. El 13 de agosto de 1538 el cabildo de Vélez ya funcionaba lo bastante como para otorgarle a Jiménez, junto con el capitán Juan de San Martín, poder para representarla en la Corte; Tunja quedó formalmente asentada el 6 de agosto de 1539, sobre la antigua Hunza, por Gonzalo Suárez Rendón.

La estructura muisca como andamio de la extracción

La rapidez con que la encomienda se implantó en el altiplano no se explica por la eficiencia de los conquistadores, sino por lo que encontraron. La sociedad muisca estaba organizada en capitanías —unidades territoriales y sociales básicas encabezadas por un capitán indígena— agrupadas bajo caciques principales que ejercían autoridad sobre conjuntos amplios de población. Existía tributación regular hacia esos caciques, existían jerarquías estables, existían mecanismos de recolección. Los españoles no tuvieron que inventar un aparato tributario: heredaron uno.

El repartimiento no distribuía individuos sueltos, sino grupos preexistentes. A un conquistador se le entregaba un cacique con su comunidad, un capitán con su gente, una capitanía entera. La tasación recaía sobre el colectivo, y el cacique quedaba como su representante ante el encomendero, encargado de reunir el tributo y responder por él. En la práctica, los caciques y capitanes muiscas fueron incorporados como agentes de la Corona: recibieron privilegios, tierras, en algunos casos encomiendas propias, títulos y responsabilidades organizativas. El proceso no fue uniforme —algunos linajes se derrumbaron, otros negociaron una posición intermedia—, pero el patrón general fue de continuidad instrumental.

Esa continuidad tenía una lógica precisa. Cuanto más avanzada era la organización social aborigen, más fácil resultaba someterla y extraerle tributo. En las tierras bajas, donde los cacicazgos eran menos consolidados y no existía tributación previa, los españoles chocaron con resistencias que la encomienda no supo domesticar. En el altiplano cundiboyacense, en cambio, la norma general de la política española —ajustar los tributos coloniales a lo que los indios pagaban antes a sus caciques— pudo aplicarse con cierto sentido, porque efectivamente había algo que ajustar. Que la comparación fuera rigurosa es otra cosa: la información sobre las cargas prehispánicas era escasa y fragmentaria, y toda afirmación posterior sobre si los indios pagaban más o menos que antes carecía de base documental sólida. Los encomenderos aprovecharon esa penumbra para presentarse como sucesores razonables de los caciques.

Hay una lectura que cuestiona la traducción misma. Lo que los cronistas españoles llamaron tributo muisca podría haber sido, en su lógica interna, un intercambio de regalos asimétrico, un mecanismo de reciprocidad y exhibición de prestigio antes que una extracción sistemática de excedentes. Si esa lectura es correcta, la encomienda no continuó una tradición tributaria: la fabricó, transformando una economía de dones en una economía de renta forzada, y usando a los caciques como cobradores de una carga que sus antepasados no habrían reconocido. El resultado, en cualquier caso, fue que los vínculos externos de cohesión de la sociedad chibcha —los que ligaban capitanías, cacicazgos y confederaciones— quedaron rotos en provecho de la unidad menor: la comunidad tributaria adscrita a un encomendero español.

El contenido de la encomienda: tributo, trabajo, apropiación

Jurídicamente, la encomienda era una cesión: el rey, titular de la carga fiscal sobre sus vasallos indígenas, transfería a un español meritorio el derecho a percibir los tributos de un grupo determinado. No era una adjudicación de tierras, aunque derechos secundarios sobre el suelo podían aparecer por vía indirecta. El núcleo era la población tributaria, no el territorio; en los pleitos sobre tierras que surgieron en el Nuevo Reino, el título de encomienda nunca se alegó con éxito como prueba de propiedad.

El tributo se pagaba en trabajo, en bienes agrícolas o en manufacturas indígenas, y el encomendero solía preferir una modalidad u otra según sus intereses. En el altiplano, la manta de algodón se convirtió en la moneda corriente del sistema: los muiscas la tejían por millares y los encomenderos las vendían en subasta pública en las plazas de Santafé y Tunja. A esa producción textil se sumaban las obligaciones agrícolas: el tributo forzó una transformación radical de las siembras, desplazando el maíz tradicional en favor del trigo y la cebada, y en algunas regiones introduciendo cerdos y gallinas. La composición de las cargas revela la función urbana del sistema: por vía del tributo se canalizaban los excedentes agrícolas hacia el consumo de los pobladores españoles, y las ciudades del altiplano funcionaban como receptáculos de esa renta.

A la carga en especie se añadía el servicio personal. Los encomenderos exigían un 3 o 4% de los varones adultos como sirvientes en sus aposentos, una proporción que aparecía como marginal en el papel pero resultaba pesada sobre comunidades cuya población empezaba a menguar. En muchas regiones el tributo debía pagarse, además, parcialmente en oro. Donde no había minas, los indios se veían obligados a vender su producción agrícola o textil para adquirir el metal, quedando expuestos a las oscilaciones del mercado urbano. Ese mercado, además, lo controlaban los propios encomenderos. Y sobre esa base se apilaba una fiscalidad múltiple: la pensión particular del encomendero, el quinto real, el estipendio del cura doctrinero, el sueldo del corregidor. El indio tributario sostenía, en cada acto de entrega, cuatro instituciones simultáneas.

La encomienda fue la piedra de toque del neofeudalismo americano: el encomendero prácticamente no tenía deberes y sí todos los derechos, mientras el indio carecía de derechos y estaba abrumado con todos los deberes. No había mutua prestación de servicios, y la institución se deslizaba con facilidad hacia la servidumbre y, en muchos casos, hacia la esclavitud. La propia legislación colonial reconoció esa asimetría al intentar limitar los contactos directos entre encomenderos e indígenas. La ley trazaba las líneas; la práctica cotidiana las borraba.

Había, sin embargo, un límite interno. La encomienda dependía de que las estructuras productivas indígenas siguieran funcionando: la república de los indios debía sostener a la república de los españoles. Al gobierno le resultaba más conveniente preservar las organizaciones indígenas y ponerlas a producir que exterminarlas, y esa lógica se tradujo en medidas de protección. Los encomenderos, en cambio, buscaban apropiarse de la mayor porción posible de trabajo y riqueza indígena en el corto plazo, y esa tensión —entre la Corona interesada en la reproducción del tributario y el encomendero interesado en su explotación inmediata— recorrió todo el siglo XVI.

Redistribuciones y guerras internas: la inestabilidad del reparto

Si la encomienda muisca fue rápidamente estable en su forma, fue tremendamente inestable en sus titulares. El primer reparto de Jiménez de Quesada no sobrevivió a su ausencia. Cuando llegó la noticia de la muerte de Pedro Fernández de Lugo, la Real Audiencia de Santo Domingo envió a Jerónimo Lebrón como juez de residencia; Lebrón fue aceptado por una parte de la población y rechazado por otra, y Hernán Pérez de Quesada terminó obligándolo a regresar a Santa Marta, donde el enviado instauró un juicio contra los hermanos Quesada. Poco después llegó Alonso Luis de Lugo con su propio séquito, y con él una nueva redistribución de encomiendas que despojó a antiguos conquistadores para colocar a sus clientes; el mismo patrón se repitió con la llegada del licenciado Miguel Díaz de Armendáriz en 1546.

El resultado fue una guerra política de baja intensidad que se prolongó por décadas. La primera generación de encomenderos del Nuevo Reino no fue una hueste homogénea sino un mosaico de facciones: hombres de Quesada, de Belalcázar, de Lebrón, del séquito de Lugo, del séquito de Armendáriz. Cada gobernador o funcionario que arribaba traía clientelas a las que había que satisfacer, y la manera de satisfacerlas era rehacer el reparto. De los 265 conquistadores de las expediciones de 1537 a 1543 que enumeró el genealogista Juan Flórez de Ocáriz, solo 90 conservaban encomienda hacia 1560; entre 1550 y esa fecha, Tunja y Santafé perdieron 61 de las 108 encomiendas que existían al comienzo de la década. La institución era estable; los encomenderos individuales, no.

Esa inestabilidad tuvo dos consecuencias que marcarían el resto del siglo. La primera es que la encomienda funcionó, durante décadas, tanto como instrumento extractivo como moneda política: los indios eran a la vez la fuente del tributo y el premio con que se compraban lealtades entre facciones españolas. La segunda es que cada redistribución producía nuevos agraviados —los despojados del reparto anterior— dispuestos a apoyar al siguiente funcionario que llegara con la promesa de rehacer las listas. La Corona había pretendido, tras la Conquista, poner bajo su control a los conquistadores; durante décadas, la acción de sus emisarios pareció tan importante en esparcir el desorden como en imponer la autoridad real.

En Popayán y sus dependencias el mismo mecanismo actuó con nombres distintos. Belalcázar hizo los primeros repartimientos probablemente en 1536, al fundar Cali, y luego en Popayán en 1537; Pedro de Añasco recibió indios en Timaná en 1539, el mismo año en que Lorenzo de Aldana repartió de nuevo en Popayán. Jorge Robledo asignó los indios de Anserma y Cartago en 1540, y los de Antioquia fueron distribuidos por primera vez en 1542 y redistribuidos al menos dos veces en los tres años siguientes por cambios de jurisdicción. En cada frontera del Nuevo Reino la historia se repitió: reparto inicial, disputa jurisdiccional, nuevo reparto.

Las Leyes Nuevas y el arte de obedecer sin cumplir

En 1542 la Corona intentó, por primera vez con seriedad, cerrarle el paso al régimen encomendero. Las Leyes Nuevas prohibieron nuevas encomiendas a funcionarios y eclesiásticos, limitaron el goce de las existentes a solo dos generaciones sucesivas y buscaron restringir la explotación del trabajo indígena para evitar la desaparición de la población tributaria. En el Perú, su promulgación desencadenó una guerra civil que terminó con la ejecución del virrey Blasco Núñez Vela y estuvo a punto de perder aquella colonia. Con esa experiencia como advertencia, la Corona suspendió la aplicación estricta de varias de sus disposiciones, y en el Nuevo Reino de Granada la resistencia local hizo el resto.

Miguel Díaz de Armendáriz llegó a Santafé en noviembre de 1546 con el encargo, entre otros, de promulgar y aplicar las Leyes Nuevas. Advirtió de inmediato la contradicción: los colonos dependían del trabajo indígena para mantener la colonia en pie, y aplicar rigurosamente las disposiciones equivalía a desmontar la base económica del Nuevo Reino. El juicio de residencia contra Belalcázar, que Armendáriz debía llevar adelante, se suspendió ante los sucesos ocasionados por la implantación de las nuevas normas: la propia justicia ordinaria quedó paralizada por la resistencia encomendera.

Desde 1546 el Cabildo de Bogotá encontró la fórmula que definiría el ejercicio del poder colonial durante siglos: obedeció formalmente las Leyes Nuevas y decidió que no debían cumplirse. La vieja fórmula castellana se obedece pero no se cumple —reconocida en el propio derecho indiano como recurso legítimo cuando una norma resultaba inaplicable— se convirtió en el Nuevo Reino en una práctica sistemática. Los colonos argumentaban que las normas protectoras se basaban en información deficiente sobre las colonias, que quienes las redactaban en Sevilla o Valladolid no conocían las realidades americanas, y que por lo tanto no era obligatorio cumplirlas al pie de la letra. No era una exención jurídica reconocida, pero funcionó como si lo fuera.

Los funcionarios reales que intentaron aplicar la legislación protectora chocaron con una combinación tenaz de intereses locales. Los más prudentes o los menos concienzudos terminaban cediendo; los enérgicos se ganaban enemigos poderosos. Todavía hacia 1580, un juez decidido a proteger a los indios tuvo que enfrentar una coalición de intereses locales dispuestos a perjudicarlo —un episodio tardío que muestra cuán activa siguió siendo la resistencia encomendera después de las tasaciones. Durante el gobierno de Andrés Díaz Venero de Leiva, iniciado en 1564, seguían expidiéndose leyes protectoras que en la práctica se cumplían poco o nada. La distancia entre la letra y el hecho, ya muy grande en 1550, se había convertido en una brecha institucional.

La ciudad encomendera

Ese poder no se sostenía solo en la resistencia informal: se sostenía en el control de los cabildos. Las ciudades del siglo XVI en el Nuevo Reino fueron, en un sentido literal, pueblos de encomenderos servidos por indios de los alrededores. Santafé, Tunja, Vélez, Pamplona funcionaron como receptáculos del tributo, y las corporaciones municipales que las gobernaban estaban dominadas por los mismos hombres que percibían ese tributo. Los alcaldes ordinarios, generalmente encomenderos, ejercieron hasta bien entrado el siglo XVII jurisdicción inicial sobre los casos relacionados con indios, la mayoría de los cuales eran quejas contra otros encomenderos: los jueces y los denunciados formaban un solo círculo.

El dominio del cabildo reforzó la ventaja de los encomenderos sobre otros españoles menos afortunados. Desde allí controlaban las concesiones de tierras en los alrededores de las ciudades, influían sobre las condiciones del mercado urbano —cuyo abastecimiento provenía en buena parte de sus propias encomiendas— y disponían de una voz institucional para resistir cada intento de la Corona de restringirlos. Frente a este poder concentrado, la Real Audiencia de Santafé se reservó las atribuciones clave —la tasación de tributos, la legislación sobre encomienda, el trabajo indígena, la repartición de tierras en la sabana—, sustrayéndolas de la jurisdicción ordinaria del cabildo. La lucha por el gobierno de los indios se libró, en buena medida, entre esas dos instituciones.

La ciudad encomendera fue un modelo urbano específico: una plaza rodeada de edificios institucionales, unos pocos centenares de vecinos españoles y mestizos, y a su alrededor un cinturón de pueblos indígenas que tributaban mantas, maíz, trigo, oro y mano de obra. Cuando, a finales del siglo XVI, la base tributaria empezó a colapsar por el desplome demográfico, ese modelo entró en crisis: los encomenderos perdieron influencia en los cabildos, los puestos capitulares fueron abandonados, y la ciudad tuvo que reinventarse sobre bases distintas. Pero entre 1538 y 1560, mientras la encomienda estaba en su apogeo, la ecuación fue nítida: quien controlaba a los indios controlaba la ciudad, y quien controlaba la ciudad controlaba el reparto de los indios.

Las tasaciones y la visita de Tomás López

El primer intento serio de la Corona por meter en cintura al régimen encomendero llegó por la vía de la tasación. La idea era fijar por escrito, comunidad por comunidad, la cantidad exacta de tributo que cada encomendero podía exigir, y así separar el uso legal del abuso. En el Nuevo Reino, ese trabajo recayó centralmente sobre el oidor y visitador Tomás López Medel, cuya visita al altiplano hacia 1559 y 1560 marcó el fin de la fase abierta de la encomienda.

Las tasaciones enfrentaron desde el principio un problema epistemológico. La norma general —ajustar el tributo colonial a lo que los indios pagaban antes a sus caciques— era casi inaplicable, porque en la mayoría de los casos no había registros ni certezas sobre las cargas prehispánicas. En el caso chibcha existía tributación regular previa, lo que ofrecía alguna base, pero la información seguía siendo tan fragmentaria que cualquier tasación era, en la práctica, una decisión política. Los tasadores fijaron cantidades en oro y en mantas, establecieron periodicidades, señalaron qué comunidades tributaban en qué especies. Y las tasas fueron apeladas casi de inmediato, tanto por el fiscal de la Audiencia en nombre de los indios como por los encomenderos.

La Audiencia accedió a modificarlas en los años siguientes. En 1575, 1576 y 1577 se llevaron a cabo revisiones que produjeron conmutaciones específicas: en Onzaga y Soatá se sustituyó el pago de oro por mantas, mientras que en Oicatá y Nemuza se aumentó la cantidad de oro y se redujeron las mantas de algodón. Las tasaciones, por primera vez, contemplaban que las condiciones podían cambiar: el número de indios podía disminuir, sus posibilidades económicas podían alterarse, y tanto el fiscal como los encomenderos tenían el derecho de solicitar ajustes. Ese principio de tributo revisable, apelable, contable, es el que empezó a domesticar a la encomienda como institución, aunque nunca la eliminó.

Décadas después, Diego de Torres, cacique de Turmequé —hijo mestizo de encomendero y de la hermana del cacique, educado en las letras españolas—, denunciaría ante la Corte que los pueblos de indios bajo la corona real, especialmente en la provincia de Tunja, sufrían con frecuencia mayor persecución, humillación y pobreza que los de encomienda privada, en parte por la multiplicidad de autoridades —gobernador, contador, tesorero, corregidor— que enviaban servidores y cobradores. La sustitución de la encomienda por la administración directa de la Corona no siempre se traducía en alivio para los tributarios: podía significar, simplemente, un cambio de dueño.

El vacío demográfico

Mientras las tasaciones fijaban cifras, la base humana del sistema se estaba evaporando. Según los cálculos de Juan Friede, la provincia de Tunja perdió aproximadamente el 25% de su población indígena en los primeros veinticinco años después de 1537. En dos siglos, esa población pasaría de cerca de 215.000 a apenas 25.000 personas: una reducción del 90%. En Popayán, la caída fue de un 90% en 68 años. En Cartago, se estima una reducción del 97% en cincuenta años. Los quimbayas, descritos por los cronistas como un grupo de alto desarrollo cultural y tecnológico, habrían pasado de unos 100.000 individuos a apenas 40 en cuarenta años —una cifra tan extrema que depende íntegramente de fuentes primarias difíciles de verificar, pero cuyo orden de magnitud es coherente con el patrón general.

Los mecanismos de ese colapso fueron múltiples y no exclusivamente atribuibles a la encomienda: epidemias frente a las que las poblaciones americanas carecían de defensa inmunológica, guerras de conquista, hambrunas asociadas al desplazamiento de cultivos tradicionales, ruptura de redes de reciprocidad. Pero la encomienda operó como amplificador: al forzar el cambio de maíz por trigo y cebada, al desviar trabajo agrícola hacia el tejido de mantas, al extraer un 3 o 4% de los varones adultos como servicio personal, minó la capacidad reproductiva de las comunidades. Los grupos sedentarios y cohesionados —muiscas, guanes, chitareros del altiplano, pastos y quillacingas del sur, poblaciones de Cartago, Pasto, Popayán— fueron los más fácilmente sometidos al régimen, y por lo mismo los que sufrieron las mayores caídas demográficas. Los grupos con rasgos de sociedades bandales que confinaban con ellos —panches, pijaos, indios de la cordillera— opusieron resistencia efectiva y raras veces pudieron ser sujetos a la encomienda. A comienzos del siglo XVII el tránsito entre Santafé y Popayán seguía siendo peligroso por las incursiones de indios indómitos que se refugiaban en la cordillera y se volcaban sobre los dos grandes valles.

La política de congregación o reducción, aplicada desde la década de 1590, intentó responder a ese vacío juntando las comunidades sobrevivientes en pueblos de traza española. En 1601 un oidor fusionó 83 comunidades en 23; en 1602, una visita a Tunja transformó 104 comunidades en 41. Muchos indios rehusaron colaborar y regresaron a sus lugares de origen: la lógica territorial muisca, atada a los sitios de labranza y de culto, resistió incluso cuando las capitanías habían dejado de existir como unidades demográficas viables.

Por qué sigue importando

Entre 1538 y 1560 se decidió, en el altiplano cundiboyacense, la forma que tomaría la sociedad colonial neogranadina durante los dos siglos siguientes. La coincidencia entre la organización tributaria muisca y los intereses de una hueste que necesitaba convertirse en élite terrateniente produjo un dispositivo extractivo cuya eficacia dependía de lo mismo que estaba destruyendo: la cohesión de las comunidades indígenas. La Corona intentó, con las Leyes Nuevas y con las tasaciones, imponerle límites, y consiguió resultados parciales: la encomienda perdió su carácter perpetuo, quedó sometida a control fiscal, se hizo apelable y revisable. Pero los encomenderos —capturando los cabildos, alegando ignorancia de las realidades americanas, obedeciendo sin cumplir— consolidaron durante esas dos décadas una posición oligárquica que sobreviviría al declive de la propia institución.

De ese momento salieron, más que enseñanzas, dispositivos duraderos. Uno fue la brecha entre la norma escrita en Sevilla y la práctica impuesta en Santafé, un espacio que las élites locales aprendieron a habitar y a administrar. Otro fue la primacía del cabildo como sede efectiva del poder económico y político sobre un país cuya riqueza se producía en el campo. Un tercero, más silencioso, fue el desfase entre la retórica de la protección y la operación del despojo: la Corona quería preservar al indio para poder tributarle; los encomenderos querían extraerle todo antes de que se acabara. Esa tensión, ya visible en el debate de 1542, no se resolvió en el siglo XVI ni en los que siguieron; se instaló como parte del mobiliario institucional. La misma lógica se reprodujo hacia dentro de la sociedad blanca: la endogamia de las primeras familias encomenderas, la transmisión hereditaria de los cargos capitulares, la fusión entre patrimonio privado y función pública que Flórez de Ocáriz consignaría con orgullo genealógico décadas después.

La encomienda no fue un accidente de la Conquista ni una simple herramienta de dominación. Fue la matriz que definió quién producía y quién apropiaba, quién obedecía y quién decidía, quién habitaba la ciudad y quién sostenía a la ciudad. Los muiscas, los pastos, los quimbayas, los guanes que tributaron a los primeros encomenderos entre 1538 y 1560 no solo pagaron un precio inmediato en oro, mantas y trabajo: pagaron el precio de fundar, con sus cuerpos y sus estructuras políticas capturadas, la primera versión estable de la sociedad neogranadina. Sobre esa fundación se levantaría, en los siglos siguientes, todo lo demás: la hacienda que absorbió lentamente las tierras de las capitanías extinguidas, la mita minera que continuó por otras vías la extracción del trabajo indígena, el mestizaje que borró las líneas jurídicas sin borrar las jerarquías, la república criolla que heredaría de los encomenderos su desconfianza hacia la legislación remota y su instinto para gobernar a través de los cabildos. Cuando en 1718 se dictó la abolición formal de la encomienda en el Nuevo Reino, la institución llevaba ya décadas vaciándose por dentro, superada por otras formas de sujeción que ella misma había hecho posibles.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 60 fragmentos
01Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 cita
[1]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…p. 22
02Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 17, 392 citas
[2]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…p. 17
[58]acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…p. 39
03Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 105, 108, 122, 1424 citas
[3]1 Heredia, Pedro de founder of Cartagena, 39 n. 9 governor of Cartagena, 9 n. 19, 29, 29 n. 17 Hernández, Gonzalo, 46 n. 25, 57 Hernández Gallegos, Diego, 42 n. 17, 49, 52 injured in battle, 57 Hierro Maldonado, Hernando, 96 n. 26 Hispaniola, 3, 32, 39 n. 8 horses, 21, 28, 29 n. 16, 35 n. 1, 72, 84, 88, 96, 97, 105,…p. 142
[5]the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…p. 108
[6]aside the royal fifth, Jiménez and his captains agreed that before they divided the remaining spoils, they needed to award compensation for certain goods and services, as well as for lost horses. They also decided to grant merit pay to individuals whose acts of bravery helped ensure the expedition’s success. Only then…p. 105
[10]person. He left his brother, Hernán Pérez de Quesada, behind as his lieutenant. In preparation for his journey, Jiménez EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 1 0 | I n v A d I n G C o l o M b I A…p. 122
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 75, 76, 78, 91 y 2 más6 citas
[4]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…p. 75
[7]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…p. 76
[24]las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…p. 78
[37]veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…p. 125
[39]los esfuerzos de la casta de los encomenderos por mantener las prerrogativas que se derivaban de la conquista. Dentro de este marco tan amplio de interpretación se inscriben las particularidades de una historia social en la que los encomenderos se enfrentaban a menudo con funcionarios del Estado español, por un…p. 139
[47]chocar con la poderosa clase de encomenderos. No en vano pedían los vecinos al Consejo de Indias para que se amplia- 98 Nueva Historia de Colombia. Vol. I sen las facultades de ese presidente tan condes- cendiente a sus intereses. Al fiscal García de Valverde, incómodo por sus continuas denuncias acerca de los des-…p. 91
05El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2881 cita
[8]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…p. 288
06Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 45, 52, 553 citas
[9]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…p. 45
[16]autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…p. 52
[54]a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…p. 55
07Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 19, 234 citas
[11]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
[12]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
[14]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…p. 19
[15]múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…p. 19
08La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
[13]nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…p. 21
09Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 84, 1392 citas
[17]la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…p. 84
[19]en lo que los españoles llamaron “reconocimiento”, o deberes de los miembros de las comunidades supuestamente suje- tas al poder de un cacique de afuera, sino más importante aún, en obligaciones y relaciones jerárquicas entre caciques. Hay, por cierto, testimonios en los que parece que los indígenas trataron de hacer…p. 139
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 52, 54, 56 y 2 más6 citas
[18]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…p. 35
[28]la rap iñ a y las g u erras faccionales de la C onquista y la institucionalización m ás re p o sad a del resto del p eriodo colonial. En el orden político, en los sistem as de p roducción y en el trato a las poblaciones indígenas som etidas, los españoles m an tu v iero n algunos com portam ientos característicos del…p. 63
[38]conquistadores. En consecuencia, los procesos judiciales em p ren d id o s por los funcionarios de la C orona se q u ed a ron en el papel. Las exigencias estaban d eterm inadas m ucho m ás por las aspira ciones d e los nuevos señores españoles que por las costum bres indígenas. Para satisfacer las d em an d a s de los…p. 52
[46]la protección de los indígenas, fue lite ralm ente echado en 1550-1551. Y aquellos funcionarios q u e un poco m ás tarde quisieron av an zar en la reform a tuv iero n que ab a n d o n ar varias veces su em p e ño al ver la inm inencia de u n a rebelión encom endera. En una fecha tan tardía com o 1580, u n juez que se…p. 54
[55]ero creciente de m estizos y blancos pobres. De 1590 a 1620, la adm inistración española instituyó cam bios que, com binados, parecían form ar una solución integral a estos problem as. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. U n PGKIA OI- COL.OMBIA. I ’ a I s rR AG M Í…p. 74
[56]en realidad pueblos de encom enderos. Esto es, se fu n d a b an com o residencia de los encom enderos servidos p o r indios de los alre d ed o re s y funcionaban com o un receptáculo español del tributo indígena. En el siglo xvi, los encom enderos d o m in aro n los concejos m unicipales (cabildos o ayuntam ientos).…p. 56
11Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 58, 134, 141, 1704 citas
[20]los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…p. 58
[23]Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…p. 134
[25]gastos de un pleito ya demasiado prolongado 2. El acomodamien to no era difícil puesto que Salguero gozaba de las encomiendas de Ura-Cheva y Ogamora, Gámeza y Mongua, a cuya renta (la de Mongua) renunció en 1575 a favor del convento de Santa Clara, fundado por su esposa Clara Matías33. Así, la primera generación de…p. 141
[50]indios, de introducir modifica ciones en la tasa. Se preveía, por primera vez, que las condiciones sobre las que se sustentaba el tributo podían cambiar radicalmente, es decir, que el 108 Ibid. t. 4 f. 435 r. f. 437 r. 109 Ibid. t. 7 f. 650 r. y 716 r. 110 Ibid. t.4f.435r. 1 5 2 H is t o r ia e c o n ó m ic a y…p. 170
12Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 121, 127, 131, 133 y 2 más6 citas
[21]otro lado la utilización continua de los indios, por medio de la encomienda, en el remo de canoas en el Magdalena y en el transporte de carga, está plenamente documentada. La norma ya señalada de ajustar los tributos a lo que pagaban antes los indios, para que la sujeción a los nuevos conquistadores no fuera a…p. 138
[26]conquistador, producía un tipo de selección entre los españoles cuyo efecto era sin duda igualitario. Oscuros soldados pudieron a veces, basados en sus propios actos, ocupar los sitios que más tradicionales consideraciones habrán reservado a los amigos del gobernador o a sus financistas. Así, la conquista, aunque…p. 156
[27]en la posesión de la tierra y abría así el camino no tanto a la apropiación de la tierra de los indios, para lo que no hacía falta ninguna autorización, como a su posterior legalización por las autoridades españolas. En el sur de Colombia los primeros repartimientos los hizo probablemente Belalcázar en 1536, al…p. 127
[30]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…p. 121
[33]3. El conflicto de las Leyes Nuevas No cabe duda alguna de que lo que interesaba al español al recibir la encomienda era la posibilidad de apropiarse de una buena porción de la riqueza del grupo indígena que se le entregaba, o de utilizar la mano de obra de los indios para la producción de nueva riqueza. En la primera…p. 131
[44]de Orsúa en 1545; apenas llegó a Santa Fe advirtió que el estado de ánimo de los españoles hacía bastante peligroso todo intento de hacer cumplir las leyes nuevas en la región, de modo que decidió aplazar su promulgación hasta la llegada del visitador mismo. Armendáriz, después de realizar las residencias de los…p. 133
13Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2131 cita
[22]a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…p. 213
14Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 141, 248, 2763 citas
[29]que produc í an una errancia inquieta de soldados y caudillos insatis fechos con "el bot í n inicial. El asentamiento definitivo de una hueste, tras el reparto del bot í n, hacia evidente una estratificaci ó n social. Que no siempre iba acompa ñ ada de la conformidad entre los miembros de la antigua hueste militar.…p. 276
[36]que su patr ó n de poblamiento disperso quedaba abolido, muchas tierras se desembarazaron y fueron objeto de mercedes nuevas. Por debajo del aspecto jur í dico-formal de la apropiaci ó n sub yace el problema m á s complejo de la evoluci ó n econ ó mica que llev ó a la efectiva ocupaci ó n de la tierra por parte de los…p. 248
[60]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…p. 141
15Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[31]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…p. 13
16Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 691 cita
[32]explotación de los indígenas, pero por causa de esta tendencia adoptó instituciones que garantizaran a los conquistadores el no interferir su prejuicio con respecto al trabajo material y que les permitieran vivir de sus rentas a costa de los sometidos.⁷⁸ Pero esta tendencia no se hubiera concretado si no hubieran…p. 69
17Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 3192 citas
[34]“seis y hasta ocho mantas chingas, cada una conforme su posible y a la honrra (sic) que quería le hiciese su cacique...”. El término chinga para una clase de mantas ha llevado a discusiones interesantes. Con el tiempo, los españoles se referían a ellas como chingamanales, un término de desprecio, pero parece que en un…p. 319
[35]“seis y hasta ocho mantas chingas, cada una conforme su posible y a la honrra (sic) que quería le hiciese su cacique...”. El término chinga para una clase de mantas ha llevado a discusiones interesantes. Con el tiempo, los españoles se referían a ellas como chingamanales, un término de desprecio, pero parece que en un…p. 319
18Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 cita
[40]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…p. 42
19Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 27, 40, 463 citas
[41]jerarquías indígenas (los reservados), por cuanto estas colaboraban en la recepción del tributo. La encomienda y el tributo debían dejar intactas las estructuras productivas indígenas, puesto que su misma existencia dependía de ellas. A la llamada república de los indios se le atribuía el papel de sustentar la…p. 40
[43]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…p. 46
[53]quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…p. 27
20Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 241 cita
[42]ordenar formas serviles de trabajo. Los debates sobre estos temas fueron interminables y de gran riqueza, y en ellos aparece el rechazo de los colonos a los alegatos de los curas y a las normas reales que los obligaban a moderar la explotación del indio. Los nuevos pobladores de las Indias argumentaban la necesidad de…p. 24
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 64, 672 citas
[45]Popayán, donde fue nuevamen- te requerido por el representante del rey en el Pe- rú, Pedro de La Gasca, quien le nombró jefe de ca- ballería. En esa condición participó en la batalla de Xaquixahuana, en la que los rebeldes fueron defi- nitivamente abatidos. Belalcázar regresó en 1548 a Popayán, y desde allí envió…p. 64
[59]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…p. 67
22Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 611 cita
[48]nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…p. 61
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2691 cita
[49]come to pass, and the little fruit provided by their conversion. Sacred Catholic, Royal Majesty: O N HO w I NDIANS w HO BELONG TO Y OUR M AJESTY ARE MORE ILL - TREATED THAN OTHERS w HO DO NOT. Your Majesty also commands through a new law and royal ordinance that the Indians and Indian towns that were passed or are…p. 269
24Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[51]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[52]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
25Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1551 cita
[57]de tomar posesión del territorio por parte de los españoles. Se fundaron ciudades-puerto, ciudades-centros adminis- trativos, ciudades mineras, ciudades de frontera y ciudades de abrigo y sustento en los largos valles. El tipo de ciudad que dominó el primer siglo colonial fue la ciudad enco- mendera, no sólo porque…p. 155