Idea · Seguridad Democrática
Body count
Dispositivo administrativo-militar que convierte cadáveres en indicadores de desempeño institucional; en Colombia, su aplicación como eje excluyente de evaluación castrense entre 2002 y 2008 impulsó los llamados 'falsos positivos', el asesinato sistemático de civiles presentados como guerrilleros abatidos, calificado por la Fiscalía de la CPI como crimen de lesa humanidad.
Trayectoria de una idea
- 1962
Plan Lazo y la lógica del enemigo interno
- 1968
Base legal para civiles armados en contrainsurgencia
- 1994
Ejecuciones extrajudiciales documentadas antes de la Seguridad Democrática
- 2002
Seguridad Democrática y escalada del sistema de incentivos por bajas
- 2006
Pico de ejecuciones extrajudiciales bajo el mando de Montoya
- 2008
Caso Soacha: el escándalo que rompe el silencio público
- 2018
La JEP asume el macrocaso de ejecuciones extrajudiciales
La lectura
El body count llegó a Colombia como exportación doctrinal de la Guerra Fría y se instaló en la cultura institucional de las Fuerzas Militares mucho antes de que tuviera nombre propio en la jerga castrense nacional. Su poder corrosivo no residía en la contabilidad en sí —los ejércitos siempre han contado bajas— sino en el momento en que esa contabilidad dejó de ser un dato entre otros y se convirtió en el único dato que importaba: el que determinaba carreras, honores y recursos. Cuando una métrica se vuelve el fin y no el medio, los actores aprenden a producir la métrica, no el resultado que debería representar. En Colombia eso significó asesinar civiles, vestirlos de guerrilleros y reportarlos como éxitos operacionales, con un procedimiento —el llamado kit de legalización— enseñado desde la propia Escuela Militar. El caso Soacha demostró algo más perturbador aún que la escala del crimen: que la práctica podía detenerse casi de inmediato cuando la voluntad política lo exigió, lo que convierte cada año de permisividad previa en una decisión, no en una fatalidad. Ese es el núcleo del debate que la JEP todavía no ha cerrado.
En la jerga militar colombiana, body count nombra una cosa muy precisa: el cómputo administrativo de bajas enemigas como métrica de éxito operacional. No es sinónimo de guerra ni de combate; es una manera de leerlos. Convertida en pilar de la evaluación castrense entre 2002 y 2008, esa contabilidad —tableros por compañía, días sin muertos, bonificaciones, condecoraciones, permisos— dejó de ser un indicador entre otros para volverse el indicador, y con ello reconfiguró la conducta de miles de oficiales, suboficiales y soldados. Su expresión extrema, los llamados "falsos positivos" —el asesinato de civiles presentados como guerrilleros abatidos—, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional los calificó, por su magnitud y método, como un ataque generalizado y sistemático contra la población civil: un crimen de lesa humanidad. La ficha que sigue reconstruye el body count como categoría burocrática: de dónde vino, cómo se instaló, qué produjo y por qué su procesamiento en la Jurisdicción Especial para la Paz sigue siendo uno de los capítulos abiertos del conflicto armado colombiano.
Qué nombra el body count
El body count no es simplemente contar muertos. Es un dispositivo administrativo que convierte cadáveres en indicadores de desempeño, y esos indicadores en decisiones institucionales: ascensos, licencias, bonos, cambios de mando, asignación de recursos. Su premisa operativa es que, en una guerra irregular sin frentes ni territorios claramente disputados, el número de enemigos abatidos sirve como aproximación al avance militar. Su premisa cultural es que la honorabilidad del oficial se mide por producción de bajas.
Aplicado al Ejército colombiano en el conflicto interno, el sistema tomó formas visibles y cotidianas. En los centros de operaciones tácticos había tableros que sumaban muertos por compañía y contabilizaban los días transcurridos sin combates ni bajas. Un testimonio atribuido a un oficial de alto rango sostiene que el general Mario Montoya Uribe, siendo comandante del Ejército, instruyó a subordinados a recompensar con quince días de licencia y un millón de pesos en efectivo a cada soldado de una patrulla que reportara una baja, financiados con gastos reservados de inteligencia. Lo que en la superficie parecía administración normal de una fuerza militar era, en el fondo, la aplicación de una economía moral inversa: cuanto más bajas, más ascendía la carrera; cuantos menos días sin muertos, más funcionaba la unidad.
El punto crítico no es que existiera esa contabilidad —los ejércitos las llevan—, sino que se volviera el eje excluyente de la evaluación. Cuando la métrica sustituye a la misión, produce lo que mide.
Genealogía: del Plan Lazo al enemigo interno
El body count colombiano no nació en 2002. Es el sedimento de más de cuatro décadas de reelaboración doctrinaria en las Fuerzas Militares, en diálogo estrecho con la política militar estadounidense y con la Doctrina de Seguridad Nacional que circuló por Suramérica a lo largo de la Guerra Fría.
El primer antecedente sustantivo es el Plan Lazo de los años sesenta, la estrategia contrainsurgente con la que el Estado buscó desmontar las llamadas "repúblicas independientes" asociadas al Partido Comunista. El plan preveía tres fases: guerra psicológica y acción cívico-militar —censos, redes de espionaje, programas de ayuda campesina apoyados por el Cuerpo de Paz, CARE y Cáritas—; bloqueo económico y militar; y, finalmente, agresión punitiva con tropas y armamento moderno. La metáfora rectora era "quitarle el agua al pez": separar al guerrillero de la población que lo sostiene. Ya en esa lógica estaba el núcleo del problema posterior: el campesinado como terreno disputado y ambiguo, susceptible de ser leído como aliado o como enemigo según el criterio del oficial en el terreno.
Sobre esa arquitectura se acumularon capas normativas. El Decreto Legislativo 3398 de 1965 y el Decreto 1667 de 1966, elevados a normas permanentes por la Ley 48 de 1968, autorizaron al Ministerio de Guerra a conformar grupos de civiles armados destinados a actividades de contrainsurgencia, vigilancia y protección rural y barrial: la base legal —luego repudiada— sobre la que crecerían las autodefensas. Entre 1969 y 1987 las Fuerzas Militares emitieron varios manuales contrainsurgentes; el Consejo de Estado ha señalado que el Ejército ha producido más de treinta de estos documentos. En ellos se fue codificando una identidad institucional cada vez más orientada hacia el "enemigo interno": no un ejército enemigo, no un poder rival, sino una porción de la propia población presuntamente permeada por la subversión.
Ese giro tuvo consecuencias epistemológicas más que tácticas. Si el enemigo es interno y clandestino, no lleva uniforme, no ocupa un frente y no puede identificarse por sus armas: la señal de que se le está derrotando deja de ser el territorio recuperado y pasa a ser el cuerpo abatido. La lógica del body count queda inscrita en la propia definición del enemigo.
Entre 1978 y 1990, Colombia se adhirió con firmeza a la Doctrina de Seguridad Nacional promovida por Estados Unidos, en cuyo marco se articuló también la guerra contra las drogas. Ya entonces la práctica de presentar civiles muertos como guerrilleros era conocida: entre 1994 y 1999 se documentaron 634 ejecuciones extrajudiciales atribuidas a las Fuerzas Armadas de Colombia, un problema tan grave que en 1997 el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos abrió oficina permanente en el país. Ese mismo año, con Colombia como referente, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Leahy, que prohíbe la asistencia militar a unidades extranjeras creíblemente acusadas de violaciones graves de derechos humanos.
El body count, entonces, ya estaba latente antes de la Seguridad Democrática. Faltaba el marco político que lo escalara.
La Seguridad Democrática y el marco de resultados
La Política de Defensa y Seguridad Democrática fue introducida por Álvaro Uribe Vélez poco después de su llegada a la Presidencia en agosto de 2002. Su documento guía fijó como objetivos estratégicos la consolidación del control estatal del territorio, la protección de la población y la eliminación del narcotráfico. La ambición era mensurable: derrotar militarmente a las guerrillas —FARC y ELN— tras décadas en las que ninguna administración había planteado la victoria como horizonte creíble.
El andamiaje legal se montó con velocidad. El Decreto 2002 del 9 de septiembre de 2002 creó las "zonas de rehabilitación y consolidación" en áreas afectadas por la violencia armada y autorizó a las Fuerzas Militares a realizar capturas, allanamientos, registros domiciliarios e interceptaciones de comunicaciones —facultades de las que la Corte Constitucional declararía inexequibles varias disposiciones en noviembre de ese año—. El Plan Meteoro, lanzado en agosto de 2002, buscó incorporar civiles como informantes voluntarios en tareas de seguridad e inteligencia, con una meta declarada cercana al millón de participantes.
Pero lo decisivo para la lógica del body count fue algo menos visible que los decretos: el desplazamiento del eje de evaluación castrense hacia los "resultados operacionales". La política de estímulos —recompensas económicas, condecoraciones, permisos, ascensos— empezó a girar en torno a las bajas enemigas. La práctica no fue inventada; la existente se amplificó. El Relator Especial de la ONU sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Philip Alston, tras su misión a Colombia lo diría con precisión: el incremento de los falsos positivos se debió a la continua demanda de resultados a los militares y a una política de estímulos según cifras operacionales.
La combinación era explosiva. Un enemigo definido como interno, clandestino, indistinguible del campesinado; una métrica que premiaba producir cuerpos identificados como enemigos; y un discurso presidencial que celebraba las bajas como termómetro del avance. El coronel Publio Hernán Mejía Gutiérrez, comandante del Batallón La Popa desde 2002, fue elogiado públicamente por el entonces comandante del Ejército, general Carlos Alberto Ospina, por operaciones que después se revelarían como falsos positivos, y era citado por el general Montoya como ejemplo de alta producción de bajas. La señal desde el mando era inequívoca.
Anatomía de un procedimiento
La modalidad estándar del falso positivo tenía una coreografía. Un captador civil —a veces un desmovilizado, a veces un miembro de redes informales de reclutamiento— ofrecía trabajo a un joven pobre en una ciudad o cabecera municipal. El joven aceptaba, viajaba con el captador a un lugar alejado de su residencia —a veces cientos de kilómetros— y allí era entregado a una unidad militar. Se lo asesinaba, se le cambiaba la ropa, se le colocaba un uniforme, se le ponía en la mano un arma —fusiles AK47 aparecen con frecuencia en los relatos, precisamente porque no eran de dotación oficial— y se reportaba una baja en combate.
El engranaje tenía un nombre en la propia jerga: kit de legalización. Uniformes, armas no convencionales, material adicional destinado a montar la escena. El procedimiento se enseñaba desde la Escuela Militar, antes de que los oficiales llegaran a unidades operativas: no era un desliz de campaña sino un saber institucional transmitido. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos documentó la mecánica: víctimas ejecutadas por miembros del Ejército, alteración de la escena del crimen, cambio de vestimentas, todo con el objetivo de reclamar incentivos económicos y profesionales.
La responsabilidad, cuando se rastrea, se ramifica. Comandantes que fijaban metas y presionaban por resultados. Jueces penales militares que asumían competencia sobre casos que debían ir a la justicia ordinaria. Agentes de inteligencia que aportaban información sobre víctimas potenciales y coartadas. Al menos un caso —el del mayor (r) Mauricio Cujar— muestra la disputa jurídica: fue procesado por prevaricato activo por insistir en avocar competencia militar sobre el caso del coronel Plazas Vega, y en abril de 2013 una Sala de Decisión del Tribunal Superior de Bogotá se pronunció sobre esa insistencia.
Geografía y víctimas
Los falsos positivos no ocurrieron uniformemente. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, las ejecuciones extrajudiciales alcanzaron al menos el 56 % de los municipios del país en los últimos treinta años del conflicto armado. Departamentos como Antioquia, Meta, Casanare, Norte de Santander, Cesar, Sur de Bolívar y regiones como el Catatumbo y el Urabá aparecen recurrentemente en los expedientes.
El Meta era el departamento con la mayor cifra de ejecuciones bajo jurisdicción del Bloque Centauros de las autodefensas, cuyos mandos coordinaron con oficiales del Ejército la entrega de bajas. En el oriente antioqueño —Granada, San Luis, Cocorná— las ejecuciones fueron atribuidas principalmente a unidades militares específicas, con veintiún casos reportados solo para el Batallón de Caballería Mecanizada No. 4 "Juan del Corral".
El perfil de las víctimas es difícil de reducir a una sola categoría. Aparecen jóvenes reclutados con promesas de empleo, campesinos de zonas de operación, consumidores de droga y personas socialmente marginadas, y al menos un caso documentado de una persona con discapacidad cognitiva presentada como combatiente. El denominador común no era ideológico ni militar: era la indefensión. Se elegían cuerpos cuya desaparición no produjera —o produjera con lentitud— una reacción social capaz de romper la coartada.
Soacha: el nombre que rompió el silencio
En 2008, dieciséis jóvenes de Soacha —el enorme suburbio obrero al sur de Bogotá— desaparecieron tras ser reclutados con promesas de trabajo por captadores civiles que operaban para el Ejército. En septiembre de ese año, pruebas de ADN identificaron sus cuerpos: habían sido presentados por unidades militares como guerrilleros muertos en combate a aproximadamente 480 kilómetros de sus casas, pocos días después de su desaparición.
Lo que hizo estallar el caso no fue solo la magnitud numérica —el registro de CINEP contabilizó para 2008 unos 95 incidentes con 175 víctimas, cifra menor que los 149 casos de 2007 pero superior a los 68 de 2006—, sino su geografía y su método. La distancia entre Soacha y Ocaña, en Norte de Santander, hacía inverosímil cualquier reclutamiento voluntario en la guerrilla; el intervalo brevísimo entre desaparición y muerte volvía imposible el entrenamiento; los expedientes forenses mostraban patrones incompatibles con un combate.
Las madres de Soacha —figura que se volvería central en la memoria pública del conflicto— fueron construyendo su unión sin conocerse previamente, a partir de la búsqueda paralela de sus hijos, las coincidencias en los informes de Fiscalía y Medicina Legal, y la información que llegaba por vecinos, radio y noticias. Las unió, según ellas mismas, el absurdo de las explicaciones oficiales.
La respuesta institucional fue veloz y reveladora. En octubre de 2008, el presidente Uribe destituyó a veintisiete oficiales militares, incluidos tres generales. A comienzos de noviembre, el general Mario Montoya renunció como comandante del Ejército. En el primer semestre de 2009, las acusaciones de falsos positivos cayeron a entre dos y siete casos según CINEP, y a uno solo según el Ministerio de Defensa, frente a los 106 registrados por CINEP en todo 2008. La discrepancia entre cifras oficiales y no oficiales seguía siendo enorme, pero la magnitud de la caída era inequívoca.
Ese descenso brutal es uno de los datos más incómodos de todo el expediente. Muestra que la práctica podía frenarse. Que no era una fatalidad estructural inmodificable, sino una conducta sensible a la voluntad política de los mandos superiores. Lo que las destituciones de octubre y la renuncia de Montoya interrumpieron no fue el conflicto armado ni la doctrina contrainsurgente: fue la permisividad activa que había hecho posible el pico de 2006-2008. Ese es también el argumento de quienes sostienen que la lógica burocrática, por sí sola, no explica el fenómeno; requería una tolerancia consciente en la cúspide para operar a escala de crimen de lesa humanidad.
El general Montoya y la responsabilidad de mando
El período de mando del general Mario Montoya Uribe como comandante del Ejército —marzo de 2006 a noviembre de 2008— coincide con el mayor aumento porcentual en ejecuciones extrajudiciales bajo cualquier comandante en el período analizado: un 144 %. Montoya había sido ascendido con apoyo de Estados Unidos para comandar la Fuerza de Tarea del Sur en el arranque del Plan Colombia en 2000. Su carrera, hasta la crisis de Soacha, había sido la crónica del oficial exitoso del nuevo modelo: alta producción de bajas, prestigio operacional, respaldo político.
En octubre de 2018, Montoya se sometió a la Jurisdicción Especial para la Paz por su presunta responsabilidad en ejecuciones extrajudiciales. Ante la JEP negó haber cometido delitos y rechazó reconocer responsabilidad penal, con un argumento notable: hacerlo, dijo, equivaldría a admitir que comandó una organización criminal, y que el Ejército lo era. El abogado Germán Romero señaló que durante su comandancia se registran más de dos mil falsos positivos.
La postura de Montoya condensa el nudo jurídico y moral. Reconocer los hechos exige aceptar que las estructuras de mando eran conocedoras y responsables; negarlos exige sostener que miles de asesinatos ocurrieron en simultáneo, con procedimientos coincidentes, sin instrucciones ni tolerancia desde arriba. La primera lectura es incompatible con la autoimagen del oficial; la segunda, con la evidencia acumulada.
Complicidades: paramilitares, jueces, civiles
El body count no fue una empresa exclusivamente militar. Su funcionamiento a escala requirió una red que involucraba a paramilitares, funcionarios judiciales y civiles.
La colaboración paramilitar tomó formas concretas y documentadas. El coronel Cabuya presionaba y extorsionaba a grupos paramilitares pidiéndoles personas que pudiera presentar como guerrilleros para "demostrar que era el que más resultados daba en ese batallón"; en una ocasión exigió "tres muchachos y tres fusiles" bajo amenaza de captura. Alias Chatarro —Luis Alex Arango Cárdenas, del Bloque Centauros— declaró que la entrega de integrantes propios de las autodefensas al Ejército servía para que los militares mostraran resultados a sus superiores, apoyándose además en la cobertura noticiosa. La transacción era mutua: los militares producían bajas, los paramilitares reducían presión operativa sobre sus estructuras.
En el plano judicial, la Justicia Penal Militar fue identificada como una figura jurídica que profundizó la impunidad en casos de violaciones de derechos humanos, con efectos perversos de legitimación social. Cuando el propio aparato encargado de investigar y sancionar a militares operaba con criterios de fuero y corporativismo, el sistema de incentivos podía funcionar sin fricción externa. La ampliación posterior del fuero militar, aprobada por el Congreso, fue denunciada por víctimas y organizaciones de derechos humanos como una profundización de esa impunidad.
La red civil incluyó captadores que reclutaban jóvenes con ofertas de empleo, informantes remunerados o voluntarios de programas como el Plan Meteoro, y funcionarios locales que tuvieron distintos grados de conocimiento o colaboración. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y organizaciones nacionales han señalado que la práctica exigió complicidad de algunos agentes de la Fiscalía y la Justicia, sin cuya inacción la coartada del combate no habría podido sostenerse.
Contar los cuerpos: la disputa por las cifras
Uno de los rasgos más ilustrativos del body count es que hasta su propia cuantificación es objeto de disputa. Las fuentes divergen: CINEP —que trabaja con testimonios de familiares, relatos de unos sesenta grupos locales de derechos humanos y revisión de prensa— reportó para 2008 un total de 106 casos; el Ministerio de Defensa manejó cifras significativamente menores. Para el primer semestre de 2009, CINEP registró inicialmente dos acusaciones que luego revisó a siete; el Ministerio, solo una.
La brecha no es solo estadística. Refleja tensiones metodológicas serias. Las bases construidas exclusivamente sobre prensa tienden a subestimar víctimas en regiones con poca población y mucha violencia. Las bases oficiales, por su parte, dependen de denuncias formales que rara vez llegan cuando los perpetradores son agentes del Estado y las víctimas son personas empobrecidas y aisladas. Investigaciones como la de Ariel Ávila han buscado escapar del binomio cruzando más de catorce millones de datos estadísticos de partes de guerra guerrilleros y militares, bases de la Fiscalía, entrevistas y notas de prensa.
La Comisión de la Verdad elaboró su mapa de víctimas de falsos positivos por departamento con base en una base de datos específica sobre asesinatos presentados como bajas en combate por agentes del Estado. El resultado, aunque las cifras absolutas varíen entre fuentes, dibuja tendencias sólidas: concentración en el período 2002-2008, epicentros en departamentos con fuerte presencia militar en zonas de conflicto, y una caída abrupta tras las destituciones de Soacha.
Cuando el análisis se robustece con miradas de largo plazo e identificación de tendencias espaciales y temporales, la imprecisión cuantitativa se vuelve menos crucial. Los patrones aguantan; los totales absolutos se debaten. Y el debate sobre totales, si se adelanta en medio de la coyuntura, puede desviar la atención de las amenazas reales.
Dimensión internacional
El body count colombiano no fue un fenómeno hermético. Se desarrolló bajo la mirada —y en parte con recursos y entrenamiento— de la política exterior estadounidense.
El Plan Colombia, iniciado en 2000, y su continuación en el Plan Patriota —diseñado desde el Comando Sur de EE. UU. y con participación de decenas de militares experimentados y contratistas en planeación y soporte logístico— aportaron equipos, inteligencia y presión política por resultados. Algunos oficiales colombianos entrenados en instituciones militares estadounidenses figuran en registros de América Watch vinculados a casos específicos de detenciones ilegales, tortura y asesinatos.
Del otro lado, mecanismos como la Ley Leahy y las observaciones del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos —cuya oficina permanente en Colombia data de 1997— buscaron condicionar la ayuda y visibilizar las violaciones. El informe intermedio de la Corte Penal Internacional de 2012 fue el más contundente: en su párrafo 110, la Fiscal calificó la práctica de los falsos positivos, dada su magnitud y carácter metódico, como equivalente a un ataque generalizado y sistemático contra la población civil.
Esa calificación —crimen de lesa humanidad— tuvo consecuencias jurídicas y políticas. Colocó al Estado colombiano frente a la posibilidad de una intervención de la CPI si no procesaba domésticamente los casos, y volvió la judicialización de los responsables un asunto de credibilidad internacional del propio proyecto de paz.
La JEP y el Macrocaso 03
El Acuerdo Final de Paz firmado en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP creó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición (SIVJRNR), articulado en torno a tres mecanismos principales: la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).
En ese entramado, la JEP abrió el Macrocaso 03, denominado "Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado". El nombre técnico es en sí una operación de precisión: no habla de "falsos positivos" —eufemismo militar que sugiere un error de puntería— sino de asesinatos disfrazados. La categoría acoge, hasta donde el proceso ha avanzado, miles de casos y compromete a decenas de oficiales, suboficiales y soldados, además de a mandos como el propio Mario Montoya.
El diseño de la JEP privilegia el reconocimiento de responsabilidad a cambio de sanciones alternativas. Quien reconoce puede acceder a penas restaurativas; quien niega, si es hallado responsable, enfrenta condenas ordinarias más severas. Esa arquitectura explica la postura de Montoya y la de otros altos oficiales: negar los hechos preserva la autoimagen y protege a las cadenas de mando, aunque a costa de sanciones potencialmente mayores; reconocer abre la puerta a la justicia restaurativa pero exige asumir una verdad institucional demoledora.
La mayoría de los casos, sin embargo, permanece en la impunidad. Datos parciales sistematizados por organizaciones como la Corporación Jurídica Libertad y la Comisión de Justicia y Vida de la Diócesis de Quibdó muestran que, en contextos como el de Bojayá entre 1997 y 2002, apenas cerca del 15 % de los casos de violencia contaban con investigaciones formales iniciadas. La cifra no es directamente extrapolable a los falsos positivos, pero indica el orden de magnitud del problema: la brecha entre denuncia y proceso judicial ha sido, y sigue siendo, la infraestructura silenciosa sobre la que se sostuvo el body count.
Las madres de Soacha y las organizaciones de víctimas se convirtieron, en el proceso transicional, en actores centrales. El propio diseño del SIVJRNR sitúa a las víctimas y sobrevivientes como eje, y su participación ha sido presentada internacionalmente como un rasgo innovador del modelo colombiano.
Herencia
El body count deja varias herencias entrelazadas, ninguna resuelta.
La primera es jurídica. Los procesos ante la JEP siguen abiertos, las sanciones alternativas aún se están definiendo caso por caso, y la ampliación del fuero militar aprobada posteriormente por el Congreso ha sido denunciada como una regresión que profundiza la impunidad. La calificación de la CPI como crimen de lesa humanidad mantiene al Estado colombiano bajo escrutinio internacional mientras el procesamiento doméstico avanza.
La segunda es doctrinaria. La lógica del enemigo interno —la que hace del campesinado un terreno sospechoso y del cuerpo abatido la métrica del éxito— no ha sido pública y explícitamente desmontada de los manuales y prácticas de las Fuerzas Militares. El descenso abrupto de casos tras 2008 muestra que la voluntad política del mando puede modular la práctica, pero no equivale a una reforma estructural de la doctrina.
La tercera es memorial. La categoría "falsos positivos" se ha instalado en el vocabulario público colombiano como uno de los emblemas del horror del conflicto, comparable en peso a "desplazamiento forzado" o "masacre". Las madres de Soacha se han vuelto figuras reconocibles de la lucha por la verdad, y el 6 de octubre —fecha vinculada a la conmemoración de las víctimas— es una jornada que atraviesa el calendario cívico. Al mismo tiempo, sectores políticos importantes siguen disputando la caracterización de los hechos, presentándolos como excesos individuales antes que como un fenómeno sistémico, en una batalla por el sentido que se libra en medios, tribunales y campañas electorales.
La cuarta es analítica, y quizás la más incómoda. El body count colombiano muestra cómo una racionalidad burocrática —tableros, incentivos, métricas de desempeño— puede, en contextos de conflicto armado interno, doctrina de enemigo interno y presión política por resultados, producir un crimen masivo sin necesidad de una ideología genocida explícita. No hubo una orden única de matar civiles; hubo un sistema que hacía racional, desde el punto de vista de la carrera individual y la evaluación institucional, producir cuerpos y presentarlos como enemigos. Esa lección —que la administración eficiente de una guerra irregular puede desembocar en el asesinato sistemático de la propia población que se dice proteger— es la que el archivo del body count aporta, más allá de Colombia, a la historia contemporánea de la violencia estatal.
Y es también la razón por la que el sujeto sigue vivo, en el doble sentido de la palabra: como cicatriz que la sociedad colombiana no termina de suturar, y como advertencia sobre lo que puede volver a ocurrir si las métricas del combate vuelven a sustituir a la misión de proteger.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Mario Montoya — comandante del Ejército durante el pico de ejecuciones extrajudiciales (2006-2008); testimonios lo vinculan a instrucciones de recompensa por bajas
- 02Álvaro Uribe Vélez — presidente que impulsó la Seguridad Democrática y el sistema de incentivos operacionales; destituyó a 27 oficiales tras el escándalo de Soacha
- 03Philip Alston — Relator Especial de la ONU que documentó el vínculo entre la demanda de resultados, los incentivos por cifras y el incremento de falsos positivos
- 04Soacha — epicentro simbólico del escándalo de 2008; la desaparición y muerte de 16 jóvenes de este municipio catalizó la conversación pública y las destituciones militares
- 05JEP — instancia de justicia transicional que procesa el Caso 03 sobre ejecuciones extrajudiciales, con el body count como eje explicativo de la conducta criminal sistemática
- 06Falsos positivos — expresión extrema del body count: asesinato de civiles presentados como guerrilleros abatidos, calificado como crimen de lesa humanidad por la Fiscalía de la CPI
- 07Doctrina de Seguridad Nacional — marco ideológico heredado de la Guerra Fría que definió al enemigo como interno y clandestino, haciendo del cuerpo abatido el indicador sustituto del avance territorial
Personas
Lugares
Ideas
- Alianza para el Progreso1 pieza compartida
- Contrainsurgencia1 pieza compartida
- Desaparición forzada1 pieza compartida
- Doctrina contrainsurgente1 pieza compartida
- Doctrina de Seguridad Nacional1 pieza compartida
- Enemigo interno1 pieza compartida
- Falsos positivos1 pieza compartida
- Impunidad estructural1 pieza compartida
- JEP1 pieza compartida
Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 49 fragmentos
01El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 651 cita
[1]serie de normas que autorizaron al Ministerio de Guerra para la conformación de grupos de civiles armados para el desarrollo de actividades de con- trainsurgencia, vigilancia y protección, tanto rural como barrial. Así fue como se expidió el Decreto Legislativo No. 3398 de 1965, mediante el cual se reglamentó la…
p. 65
02Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 641 cita
[2]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
p. 64
03Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 2241 cita
[3]Chiquita, El Pato and Guayabero. As a governmental plan for controlling them, the Lazo Plan was put into action. The development of this plan includes several tactical steps. The first is the psychological war which embraces the “civic-military action” consisting of programs of aid to the peasants through army…
p. 224
04Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 394, 3982 citas
[4]instrucciones que el Ejército Nacional tienen más de 30 producidos, desde entonces y hasta ahora, son utilizados para ins- truir militarmente para combatir a los grupos guerrilleros” 715. 711 Ayudantía General del Comando del Ejército Nacional de Colombia. (1979). Manual de instrucciones generales para operaciones…
p. 398
[20]humanos en Colombia, A/HRC/ 22 / 17 /Add. 3, 07 de enero de 2013, párrafo 75. 705 Coordinación Colombia – Europa – Estados Unidos y Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario. (2008). Informe Final de la Misión Internacional de Observación sobre Ejecuciones Extrajudiciales e Impunidad en Colombia. Bogotá,…
p. 394
05Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 1951 cita
[5]militar alineada con la política militar nortea- mericana y iii) la reapropiación de la Doctrina de Seguridad Na- cional suramericana (Leal, 2006, páginas 55-61). De esta forma, se dio una reconfiguración de un modelo de fuerza para la Defensa Nacional a uno de Seguridad Nacional (Rueda, 1997), que derivó en la…
p. 195
06No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 791 cita
[6]del Estado durante el Estatuto de Seguridad (1978-1982)», parte del Informe Final. no es un mal menor 80 La Comisión de la Verdad ha identificado el periodo entre 1978 y 1990 como el de «la búsqueda de la paz y la guerra sucia». Fue una época marcada por la adhesión a la doctrina de seguridad de Estados Unidos y en la…
p. 79
07Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1551 cita
[7]e l o P m e n t i n C o l o m B i a 1 0 mines the success of those sincerely trying to reintegrate: “These gaps are particularly apparent in the fields of health, psychosocial support, and edu- cation, and many former combatants have no possibility of finding work or pursuing productive projects” (oa S 2006a, 4). As…
p. 155
08Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7751 cita
[8]alma cada madrugada para que las acciones de autoridad que emprenda tengan la más pura intención y el más noble desarrollo. Apoyaré con afecto a las Fuerzas Armadas de la Nación y estimularemos que millones de ciudadanos concurran a asistirlas” 857. Al día siguiente, desde Valledupar, lanzó el Plan Meteoro, que tenía…
p. 775
09Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 131, 4062 citas
[9]o declaradas inexe - quibles por la Corte Constitucional en noviembre del 2002 787. En consecuencia, por iniciativa del Gobierno, el Congreso aprobó una reforma constitucional que se expidió en diciembre del 2003 y que se conoció como el Estatuto 783 Ibíd. 784 Ministerio de Defensa. Política de defensa y seguridad…
p. 406
[18]que estaban en condiciones de indefensión. Según la información del CNMH, en el 56 % de los municipios del país se registró al menos una ejecución extrajudicial en los últimos treinta años como parte del conflicto armado. En algunos casos las ejecuciones se planearon con un alto grado de sofisticación, y existían…
p. 131
10No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5311 cita
[10]soldado o una brigada no solo era sinónimo de bonificaciones, sino de prestigio. La honorabilidad militar al interior de la institución eran determinados por los resultados operacionales. Las bajas enaltecían a los militares y fortalecían valores como el heroísmo, el sacrificio y la hombría, usualmente manejados en un…
p. 531
11"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 15, 682 citas
[11]marzo de 2006 a noviembre de 2008, coincide con el mayor aumento en las ejecuciones extrajudiciales –144%– bajo el mando de cualquier comandante del Ejército durante el periodo. Según un oficial de alto rango entrevistado para este estudio, el general Montoya le dijo: “Mire, es que usted frenó, ya no tiene bajas, en…
p. 68
[21]a derechos humanos que incluían la comisión de detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y tortura 1. El problema llegó a ser tan grave que en 1997, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos estableció una oficina en Colombia, la cual sigue operando. Con Colombia en mente, el…
p. 15
12Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 2001 cita
[12]y luego lo viste, los rotos del uniforme no van a coincidir con el disparo que tiene». O el primer ejemplo que el instructor pone: si tienen un problema y un campesino resultó muerto, pues hagan esto como para no tener problemas. Entonces ellos hablaban de que muchas veces, si uno andaba con su tropa y... no sé... Es…
p. 200
13El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 802 citas
[13]I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 81 Para demostrar su voluntad de trabajar con el Ejército y los paramilitares se le exigían positivos, es decir, debían señalar o asesinar a esos supuestos guerrilleros y auxiliadores. También recurrían a conocidos que ya habían buscado apoyo en el Ejército y que sirvieron de…
p. 80
[14]I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 81 Para demostrar su voluntad de trabajar con el Ejército y los paramilitares se le exigían positivos, es decir, debían señalar o asesinar a esos supuestos guerrilleros y auxiliadores. También recurrían a conocidos que ya habían buscado apoyo en el Ejército y que sirvieron de…
p. 80
14Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 50, 602 citas
[15]delitos de homicidio agravado, privación ilegal de la libertad, concierto para delinquir, desaparición forzada, falsedad ideológica en documento público, homicidio en persona protegida, fabricación y tráfico de armas de las Fuerzas Milita- res, entre otros. Así lo expresó alias Don Mario, en el portal Verdad Abierta:…
p. 50
[16]era un tipo de los que yo había formado desde hace muchos años atrás, ¿me entiende? Entonces, ¿cómo le sacamos provecho al man? Pues, démoselo de baja al Ejército, y el Ejército saca pecho con una baja importante de la autodefensa, y uno le ayuda a realizarla por medios noticiosos y todo eso, y listo. Ese era el……
p. 60
15La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 2861 cita
[17]con el que estaba ahí, depende del contacto que uno tu- viera con el comandante… si uno veía que el man no quería, porque había unos manes que no querían nada con uno, ustedes por su lado y nosotros por mi lado… conmigo no. (CNMH, MNJCV, 2018, 16 de agosto) Este batallón estuvo al mando del coronel Publio Hernán Mejía…
p. 286
16Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 112, 1152 citas
[19]pertenecen a la Armada Nacional (Batallón de Fusileros de la Infantería de Marina n. o 4, Primera Brigada y Brigada de Infantería de Marina n. o 01, Fuerza Naval del Caribe). 247 United States Embassy Bogotá, «Document Number Bogotá 11877: Human Rights in Colombia - Widespread Allegations», 29 de julio de 1990,…
p. 115
[34]a 238 Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sentencia contra Saúl Rincón Camelo, 10 de abril de 2015. Referenciado en Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), El Bloque Central Bolívar-Sur de Bolívar, tomo 1, 54. 239 Dato registrado a partir del Centro Nacional de Memoria Histórica, Observatorio de…
p. 112
17Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 4381 cita
[22]Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 28 de septiembre de 2008, Comu- nicado de Prensa). Es importante resaltar, como ya se anotó, que en este tipo de desapariciones la justificación de la lucha contrainsurgente per- manece como en los períodos anteriores, pero de lo que en verdad 439 6…
p. 438
18Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4811 cita
[23]la Verdad constituye para las víctimas una esperanza de acercar los reclamos de verdad, memoria y justicia sobre una de las más atroces prácticas genocidas del terrorismo de Estado en Colombia 1228. Así mismo, el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que: 1226 Ibíd. 1227 Entrevista…
p. 481
19Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1921 cita
[24]de los casos reportados en el oriente antioqueño fueron atribuidos a esa unidad militar (41 víctimas). Le sigue el Batallón de Caballería Mecanizada n° 4 “Juan del Corral” (GMJCO) con 21 casos reportados. A la Unidad Bombarda 1 al mando del subteniente Andrés Mauricio Rosero Bravo se le imputan 4 de los 35 casos…
p. 192
20Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 65, 2252 citas
[25]esta población, y principalmente en contra de las mujeres, son otra señal de lo anterior. En el conflict o armado, de acuerdo con el RUV, se han cometido delitos contra la libertad y la integridad sexual de al menos 4.011 mujeres con discapacidad 139. Estos hechos han sido invisibilizados por la falta de…
p. 65
[37]asesinado en Gigante, Huila, después de ser detenido en el Batallón Cacique Pigoanza, en 2007, expresó su ind ignación por lo sucedido con su hijo: «Que digan la verdad porque mi hijo no era así […]. Es que no era así. No era como ellos lo anunciaron, como lo dijeron en los periódicos, en las emisoras: que era el…
p. 225
21Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 1681 cita
[26]pressures that accelerated the practice. One incident catalyzed the public conversation. In early 2008, sixteen young men in Soacha, a working- class suburb of Bogotá, dis appeared after telling their families that they had gotten work and were leaving town. Civilian recruiters— later revealed to be in the army’s pay—…
p. 168
22Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1621 cita
[27]Siendo la mayoría de nosotras habitantes de Soacha no nos conocíamos. La búsqueda de nuestros hijos y hermanos desaparecidos, las coincidencias en los informes que nos daban sobre su muerte en la Fiscalía y Medicina Legal, y la información que en nuestra desesperada búsqueda nos iba llegando a través de vecinos,…
p. 162
23Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 251 cita
[28]la verdad 25 dieron lugar a la investigación emprendida en el segundo semestre del 2008, que resul- taría en la expulsión de los militares. ¿Por qué no lo hicieron antes, cuando eran tantas las denuncias? De haberlo hecho, se habrían evitado cantidades de asesinatos. Más de mil familias de los asesinados a lo largo…
p. 25
24Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 2231 cita
[29]nosotros estábamos en contra del estamento gubernamental, nuestro enemigo natural. Le puedo contar más detalles si me sigue preguntando. Y estoy colaborando con la justicia contando la verdad”. Cuando llamen al general Montoya, yo no puedo hacer eso. Yo voy a una sala de juzgamiento. Las etapas son verdad temprana,…
p. 223
25Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1712 citas
[30]data of the first half of the year, the total for the year was ninety-five incidents and 175 victims, a de- crease from the 149 cases in 2007 but an increase from the sixty-eight of 2006. 13 A year later, the new policies seemed to be working. An investiga- tion by the Jesuit think tank Center for Research and Popular…
p. 171
[31]data of the first half of the year, the total for the year was ninety-five incidents and 175 victims, a de- crease from the 149 cases in 2007 but an increase from the sixty-eight of 2006. 13 A year later, the new policies seemed to be working. An investiga- tion by the Jesuit think tank Center for Research and Popular…
p. 171
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1651 cita
[32]dijo a la Comisión: 451 Verdad Abierta, «Las Farc cosecharon odios en el Oriente antioqueño». 452 Las cifras muestran lo siguiente. En 2000 (177.437 personas desplazadas), 2001 (180.674), 2002 (140.126), 2007 (69.182) y 2008 (72.506). Fuente: Registro Único de Víctimas (RUV). 453 Corte Constitucional de Colombia,…
p. 165
27Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 2461 cita
[33]Mario Montoya Uribe, quien en octu- bre de 2018 firmó su sometimiento a la Justicia Especial para la Paz por su pre- sunta responsabilidad en las ejecuciones extrajudiciales: “El abogado Germán Romero consideró que lo que se está haciendo es darle prioridad al “perpetra- dor” de las ejecuciones extrajudiciales.…
p. 246
28¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1661 cita
[35]Fiscalía inició un proceso por prevaricato al juez mayor (r) Cujar, por su insistencia en avocar competencia sobre el caso. 90 en estos casos siempre resulta necesario que el funcionario en posición de garante tenga el deber concreto de evitar los resultados de vulneración a los derechos fundamentales. 90. “Acusan a…
p. 166
29La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 5231 cita
[36]víctimas que dieron su testimonio, y que aún sobreviven a la guerra, han tenido la fortaleza de transformar y procesar positivamente su dolor a través de la búsque- da de la verdad y de la justicia. A pesar del impacto que genera la constante impunidad, han logrado reconstruir parcialmente sus vidas y las de sus…
p. 523
30Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2421 cita
[38]se han sistematizado los casos sobre los cuales se conoce la existencia de investigaciones formales iniciadas (cerca del 15% de los casos). 360 La información a la cual se accedió, proviene principalmente de la informa- ción brindada por la Corporación Jurídica Libertad y de la Comisión de Justicia y Vida de la…
p. 242
31JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020.htmlp. 11 cita
[39]JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020 Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Destacan-logros-del-Sistema-Integral-de-Verdad%2C-Justicia%2C-Reparaci%C3%B3n-y-no-Repetici%C3%B3n-de-Colombia.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10.…
p. 1
32Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1491 cita
[40]Introducción y conocimientos previos: La docente presentará a los estudiantes el video ¿Qué dice el punto sobre Víctimas del Acuerdo de Paz? de la Oficina del alto Comisionado para la Paz (28:44 min). Actividades Los estudiantes se organizarán en grupos para responder las siguientes preguntas en sus bitácoras: ¿Qué es…
p. 149
33Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 1121 cita
[41]at stake, and to the mourning work and the necessary recreation of life that these require. n otes 1. The Revolutionary Armed Forces of Colombia—People’s Army (Spanish: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia—Ejército del Pueblo, FARC–EP or FARC) was a Marxist–Leninist guerrilla group involved in the Colombian…
p. 112
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 291 cita
[42]que hoy es el tiempo de cambiar, que es posible construir la paz y que todos y todas debemos asumir la tarea. De hecho, presenciamos acontecimientos que eran, en sí mismos, muestras del cambio posible. El siguiente relato es solo uno de ellos. El 27 de julio de 2021, en Sucre, once familias de un número igual de…
p. 29
35Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 2621 cita
[43]prensa. 3. Denuncias organizaciones de víctimas. 4. Procesamiento de boletines institucionales. CINEP 1. Testimonios familiares de víctimas. 2. Relatos de 60 grupos locales de derechos humanos. 3. Revisión de prensa escrita nacional y local. CCEEU 1. Ficha de recolección de información. 2. Recolección de información…
p. 262
36Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2751 cita
[44]el conteo que se presenta aquí. Aunque se trata de una información de bastante mejor calidad de la que se utiliza de manera estándar en el ámbito internacional para el análisis cuantitativo comparado de la violencia, 3 es indudable que se incurre en algún grado de subestimación (algo a lo que me referiré enseguida), y…
p. 275
37Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 21 cita
[45]El libro se basa en más de 14 millones de datos estadísticos que se derivan de los partes de guerra de las guerrillas colombianas, partes de batallas de las fuerzas militares y la Policía Nacional, al igual que de una base de datos de la Fiscalía General de la Nación de la sección de justicia y paz, donde se consignan…
p. 2
38Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 361 cita
[46]en el que la imprecisión cuantitativa puede llegar a ser un poco menos crucial cuando el análisis es robustecido con miradas a largo plazo, identificando tendencias y comportamientos espaciales y temporales de las acciones violentas, así como una adecuada caracterización de los grupos analizados. El debate…
p. 36
39El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2992 citas
[47]terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…
p. 299
[48]terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…
p. 299
40War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 2891 cita
[49]of the Fourth Brigade in Medellin; soldiers under his command were supposed to be guarding the prison from which Escobar literally walked away. ("State of War Political Violence and Counterinsurgency in Colombia," Americas Watch Report 1993) Jose Pereira, 1987, Cadet Arms Orientation Course C-3A, Illegal arrest, 1991.…
p. 289