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Hecho histórico · República Liberal · 1930–1946

El golpe de Pasto de 1944

El 10 de julio de 1944, el coronel Diógenes Gil apresó al presidente Alfonso López Pumarejo en Pasto durante menos de dos días; el cuartelazo fracasó, pero el estado de sitio decretado para conjurarlo abrió la ventana legislativa por la que salió el Decreto 2350 de 1944, pieza fundacional del derecho laboral colombiano.

El golpe de Pasto de 1944
10 de julio de 1944
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
10 de julio de 1944
Dónde
Nariño, Bogotá, Cauca, Popayán, Pasto, Hacienda Consacá
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Crisis de gobernabilidad del segundo gobierno de López: el Congreso, pese a tener mayoría liberal, bloqueó sistemáticamente sus programas, reduciendo al Ejecutivo a una posición defensiva desde 1942.
  2. Campaña de asedio político-moral liderada por Laureano Gómez desde El Siglo, que buscaba desacreditar al presidente, dividir al liberalismo y erosionar la legitimidad del régimen mediante la explotación de escándalos familiares como el caso Mamatoco y el tráfico de influencias de Alfonso López Michelsen.
  3. Descontento corporativo del Ejército frente al gobierno liberal, alimentado por la percepción —infundada pero extendida— de que la Policía Nacional era favorecida sobre las Fuerzas Militares y de que los sindicatos vinculados a la CTC representaban un contrapoder tolerado desde arriba.
  4. Debilidad de la agencia presidencial: López se había ausentado seis meses (noviembre 1943–mayo 1944), había presentado una renuncia formal al Congreso en mayo de 1944 y venía manifestando su deseo de retirarse desde octubre de 1943, ofreciendo la señal de una vacante que podía tomarse.
  5. Contexto regional propicio: Nariño era un departamento de fuertes tradiciones conservadoras y gravitación clerical, con economía dislocada por la guerra, que ofrecía un caldo de cultivo para el descontento castrense local.
10 de julio de 1944El golpe de Pasto de 1944

Consecuencias

  1. Fracaso inmediato del cuartelazo en menos de 48 horas: los altos mandos militares, el designado Echandía, el ministro Lleras y las movilizaciones obreras y comunistas en las principales ciudades sostuvieron el orden constitucional; López retornó a Bogotá el 12 de julio y reasumió el cargo.
  2. Declaración del estado de sitio, que devolvió al Ejecutivo facultades legislativas por decreto, abriendo la única ventana por la que el gobierno reformista —bloqueado en el Congreso— pudo legislar en materia social.
  3. Expedición del Decreto 2350 de 1944, que consagró el fuero sindical, prohibió el paralelismo sindical y el uso de esquiroles, estableció el salario mínimo y reguló la cesantía, sentando las bases del derecho laboral moderno en Colombia.
  4. Conversión parcial del decreto en la Ley 6 de 1945, que amplió el régimen laboral con vacaciones, cesantías, accidentes de trabajo y trabajo nocturno, aunque con restricciones a la autonomía sindical introducidas en la reglamentación.
  5. Golpe al ánimo ya indeciso de López, que profundizó su crisis de liderazgo y contribuyó al deterioro político que desembocó en su renuncia definitiva en 1945 y en la victoria conservadora de Mariano Ospina Pérez en 1946.
  6. López acusó públicamente a un sector del conservatismo de responsabilidad política en el atentado, agudizando la polarización bipartidista en el tramo final de la República Liberal.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

Es el único intento militar contra un presidente civil en las dos décadas de la República Liberal y condensa en un solo episodio la crisis estructural del segundo gobierno de López: la asfixia parlamentaria, el asedio laureanista y el descontento castrense. Su paradoja central —que una reacción golpista frustrada fue el único cauce por el que un gobierno reformista bloqueado pudo legislar— interroga la narrativa del reformismo deliberado y revela que la legislación laboral fundacional de Colombia no fue producto de una mayoría parlamentaria sino de la excepcionalidad constitucional forzada por sus propios adversarios.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El golpe de Pasto de 1944

El 10 de julio de 1944, al filo del amanecer y a más de ochocientos kilómetros de Bogotá, un grupo de oficiales del Ejército al mando del coronel Diógenes Gil apresó al presidente Alfonso López Pumarejo durante una gira de inspección militar en Pasto, capital del departamento de Nariño. El cautiverio duró menos de dos días, la sublevación no prosperó fuera de la guarnición sureña y el mandatario regresó a la capital el 12 de julio para reasumir el cargo que el designado Darío Echandía había custodiado sin sobresaltos. Fue, en la superficie, un cuartelazo fallido: el único intento militar contra un presidente civil en las dos décadas de la República Liberal. Bajo esa superficie, sin embargo, se condensaba la crisis entera del segundo gobierno de López —la asfixia parlamentaria, la campaña de El Siglo, los escándalos familiares, la fatiga del reformismo— y se abría, por la vía inesperada del estado de sitio decretado para conjurarlo, la ventana legislativa por la que salió el Decreto 2350 de 1944, pieza fundacional del derecho laboral colombiano. Ahí reside lo que hace del episodio algo más que un incidente de guarnición: una reacción golpista frustrada terminó siendo el único cauce por el que un gobierno reformista bloqueado en el Congreso pudo legislar.

El régimen agotado: de la Revolución en Marcha al segundo López

López Pumarejo había vuelto al poder en 1942 con la aureola de la Revolución en Marcha de su primer cuatrienio (1934-1938), pero regresó a un país distinto y a un partido dividido. El liberalismo, hegemónico en el Congreso, ya no era la máquina disciplinada que había respaldado la reforma constitucional de 1936 ni la Ley 200 de ese mismo año sobre régimen de tierras. Se había fracturado entre el ala gaitanista —el movimiento que Jorge Eliécer Gaitán promovía con agenda propia—, los sectores progresistas que reclamaban profundizar las reformas y una franja moderada, cercana a Eduardo Santos, que consideraba cerrado el ciclo transformador. A la izquierda de esa geometría, los trabajadores organizados en la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y los militantes comunistas veían en López al presidente al que convenía sostener; a la derecha, la oposición conservadora había encontrado en Laureano Gómez un jefe capaz de convertir el disenso en asedio cotidiano.

El resultado fue un Ejecutivo con mayoría nominal en el Congreso y sin capacidad efectiva de legislar. Los programas domésticos del segundo López fueron bloqueados sistemáticamente por parlamentarios de su propio partido en connivencia táctica con los conservadores, y las realizaciones de este segundo gobierno palidecieron frente a las del primero. La Revolución en Marcha había alcanzado su cumbre con la reforma tributaria, la reforma agraria y la reforma constitucional; lo que vino después fue un ejercicio del poder cada vez más defensivo, en el que el presidente pareció más ocupado en sobrevivir a la campaña de sus adversarios que en imprimir un programa propio.

Ese desgaste tenía nombre y periódico. Laureano Gómez, desde El Siglo, había construido una arquitectura de la denuncia moral que convertía cada acto del gobierno en materia de escándalo. En 1943 estalló uno de los más ruidosos: el asesinato del ex boxeador Francisco Pérez, apodado Mamatoco, editor de un pasquín antigobiernista que habría difundido un lío amoroso de Alfonso López Michelsen, hijo del presidente, con una dama del cuerpo diplomático. La responsabilidad directa nunca se estableció, pero El Siglo preguntó todos los días, en primera plana, ¿Por qué mataron a Mamatoco?, y la interrogación quedó adherida al régimen como una mancha. Casi simultáneamente, López Michelsen apareció envuelto en un caso de tráfico de influencias relacionado con la Handel y la Trilladora del Tolima. Los escándalos, ciertos o inflados, dieron a Gómez la munición para una operación política de mayor alcance: separar al presidente del país, dividir al liberalismo, unificar a la oposición y erosionar la legitimidad del Ejecutivo hasta hacerlo insostenible.

La ausencia del propio López terminó de configurar el vacío. Entre el 16 de noviembre de 1943 y el 16 de mayo de 1944 —seis meses justos— el mandatario se ausentó de la presidencia para acompañar a su esposa, María Michelsen, a un tratamiento médico en Estados Unidos. Darío Echandía, primer designado, asumió el mando con eficacia pero sin poder decisorio propio, y a la vuelta López encontró una crisis mayor que la que había dejado. El 15 de mayo de 1944, un día antes de reasumir formalmente, presentó al Congreso una renuncia motivada, según sus propias palabras, en razones personales, políticas y de familia. El Congreso no la aceptó, pero la sola presentación era la confesión de un liderazgo replegado: desde octubre de 1943, López buscaba la puerta de salida.

El descontento castrense y el clima de Nariño

Sobre esa escena política se recortaba un malestar corporativo del Ejército que operaba en profundidad, aunque con escasa visibilidad pública. Entre la oficialidad se había extendido la percepción —ni verdadera ni falsa: eficaz— de que la Policía Nacional venía siendo dotada mejor que las Fuerzas Militares y que, de continuar así, terminaría por superarlas y convertirse en una fuerza autónoma. La lógica castrense, defensiva, exigía someter la policía al ejército; el gobierno liberal, sospechoso siempre de tentaciones civilistas y de complicidad con un obrerismo armado, era percibido como el jefe reticente. A ese resquemor estructural se sumaba una fatiga política: los oficiales tutelaban un orden en el que los sindicatos ganaban terreno, los comunistas apoyaban al presidente y la retórica de la oposición conservadora presentaba a López como un desorden constitucional que urgía enmendar.

Pasto y el departamento de Nariño eran, además, un terreno peculiarmente inflamable. Región de fuertes tradiciones conservadoras y de acendrada gravitación clerical, había sido, desde el siglo XIX, uno de los reductos donde el catolicismo político oponía resistencias más nítidas al liberalismo bogotano. La guerra en Europa y en el Pacífico había dislocado, además, la economía del sur andino: caían los precios de algunos productos, se rompían circuitos comerciales, y la austeridad de la retaguardia se sentía más en las provincias que en la capital. La embajada de los Estados Unidos, siguiendo con atención el clima colombiano desde comienzos de 1944, elaboraba informes sobre una situación política que se leía tensa. No cabe atribuir a la guarnición de Pasto una conspiración civil-militar orgánica —no hay línea directa entre Diógenes Gil y la dirección laureanista— pero sí inscribir la sublevación en un ecosistema donde el descontento castrense encontró en la geografía y en el ánimo local un caldo dispuesto.

Las horas del cuartelazo

La mañana del lunes 10 de julio de 1944 López Pumarejo se encontraba en Pasto en desarrollo de una gira de inspección militar. Fue apresado por una fracción de la oficialidad al mando del coronel Diógenes Gil, comandante de la Tercera Brigada, y trasladado a la hacienda Consacá, propiedad de los hermanos José Dolores y Medardo Buchelli, en las estribaciones del volcán Galeras. Allí, en algún momento de las horas siguientes, el coronel Agudelo se presentó ante el presidente detenido con una hoja de papel sellado, escrita a máquina, para que la firmara: una declaración de renuncia voluntaria en la que López habría de encomendar el mando al propio Diógenes Gil. López se negó. Calificó el documento de mentira innecesaria: si iban a tomarse el poder por la fuerza, no necesitaban su firma; y si necesitaban su firma, era porque no estaban tomándose nada.

La rebelión no rebasó el círculo local. En Bogotá, Echandía asumió inmediatamente el ejercicio del cargo en su condición de primer designado, con la colaboración estrecha del ministro de Gobierno Alberto Lleras Camargo. Los altos mandos militares del país cerraron filas con el gobierno legítimo con celeridad. Guarniciones de Popayán, del Cauca y del resto del territorio no siguieron a Gil; la Aviación, las escuelas de oficiales y los cuerpos técnicos permanecieron leales. La red radial y telegráfica del país, controlada desde el Palacio de San Carlos, sirvió para difundir un relato de normalidad institucional que se anticipó a cualquier proclama del bando sublevado. Trabajadores y comunistas, movilizados por las centrales sindicales, salieron a las calles y a las plazas de las principales ciudades a respaldar al presidente cautivo, y esa manifestación —urbana, obrera, con contundencia física— pesó tanto como el pronunciamiento de los mandos.

Sin apoyo dentro del propio Ejército, sin capacidad de trascender a la vida política nacional, sin la firma que buscaba y con el respaldo popular formándose fuera de su alcance, la sublevación se deshizo en menos de cuarenta y ocho horas. López fue liberado y el miércoles 12 de julio regresó a Bogotá, donde Echandía le entregó el cargo. En su primera intervención pública, el presidente atribuyó el atentado a un sector del conservatismo, apuntando a la responsabilidad política —no penal— de quienes desde la prensa habían venido cavando el terreno.

Las causas: una coalición sin conjura

Explicar el cuartelazo de Pasto exige distinguir lo que fue de lo que no fue. No fue una conspiración cívico-militar centralmente dirigida por Laureano Gómez ni por la jerarquía eclesiástica; no hay evidencia orgánica de que Diógenes Gil actuara siguiendo instrucciones de un mando político conservador. Tampoco fue una expresión espontánea del malestar castrense, un motín sin cabeza que estallara por combustión propia. Fue algo intermedio y más interesante: la coincidencia coyuntural de tres procesos que venían discurriendo por vías paralelas y que en aquel julio de 1944 encontraron un punto de intersección.

El primero es la coalición reaccionaria como marco de época. La oposición conservadora liderada por Gómez, los intereses económicos organizados en la Asociación Patronal Económica Nacional (APEN), la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) y la Federación Nacional de Cafeteros (Fedecafé), y el clero de las regiones del centro y del sur configuraban un bloque social y político que llevaba dos años empujando al gobierno hacia la parálisis. Ese bloque no necesitaba un golpe: le bastaba con capturar el Congreso, dominar la agenda pública y desmoralizar al presidente. El golpe, cuando llegó, fue un desbordamiento de ese asedio, no su culminación.

El segundo es la crisis de agencia política de López. Un presidente con mayoría partidista en el Congreso que no consigue legislar, un jefe de gobierno que se ausenta seis meses y que a la vuelta renuncia formalmente, un liderazgo que ha manifestado su deseo de retirarse desde octubre de 1943, ofrece a cualquier facción golpista la señal de una vacante que puede tomarse. Diógenes Gil no encabezó una insurrección contra un régimen fuerte: intentó recoger un cargo cuyo propio titular parecía dispuesto a soltarlo.

El tercero es el descontento corporativo del Ejército y su fricción con la Policía. La percepción de que el gobierno liberal favorecía a la Policía sobre las Fuerzas Militares y de que los sindicatos vinculados a la CTC representaban un contrapoder tolerado desde arriba se traducía en una desconfianza gremial que buscaba correctivos. El coronel Gil fue, en ese sentido, el operador coyuntural de un malestar estructural.

Los tres procesos se encontraron en Pasto porque allí coincidieron la gira presidencial, el mando de una brigada permeable al descontento y la geografía política de un departamento donde el bloque conservador-clerical era más denso. Sin ninguno de esos tres procesos el cuartelazo no habría ocurrido; sin ninguno de los otros dos, tampoco habría sido más que un incidente aislado.

La paradoja del estado de sitio

Lo que hace del episodio de Pasto un momento decisivo no es su desarrollo militar —modesto, contenido, previsible— sino su cauce jurídico y político posterior. Al conjurarse el cuartelazo, el gobierno declaró el estado de sitio, mecanismo constitucional que le devolvía facultades legislativas por vía de decreto. Y con esas facultades, el Ejecutivo hizo algo que su propio Congreso, con mayoría liberal, le había impedido hacer durante dos años: legislar en materia social.

En agosto y septiembre de 1944, en el Ministerio de Trabajo, se celebraron las reuniones que prepararon el paquete. De ellas salió, en septiembre, el Decreto 2350 de 1944, columna vertebral de un derecho laboral moderno en Colombia. El decreto consagró el fuero sindical para los dirigentes, prohibió el paralelismo sindical dentro de una misma empresa —esto es, la existencia de más de un sindicato en un mismo centro de trabajo, mecanismo clásico de fragmentación patronal—, prohibió la celebración de nuevos contratos de trabajo durante los períodos de huelga —bloqueando el uso de esquiroles—, estableció el salario mínimo, reguló el auxilio de cesantía y sentó las bases de una intervención estatal profunda en las relaciones laborales. Buena parte de este contenido se convirtió, ya con el Congreso funcionando en régimen ordinario, en la Ley 6 de 1945, que amplió y precisó el régimen: vacaciones, cesantías, accidentes de trabajo, salario mínimo, trabajo nocturno, prohibición del uso de esquiroles en huelgas legales.

La conversión del decreto en ley tuvo, con todo, un doble filo. El Decreto 2350, expedido en el ápice de la alianza táctica entre el gobierno y el movimiento obrero, fue considerado por observadores contemporáneos como fuertemente interventor en favor de los sindicatos; la Ley 6 de 1945 fue calificada, en su versión original, como casi ejemplar en el respeto a la autonomía sindical, aunque esa concepción duró apenas los meses que tardó el decreto reglamentario en recortarla. La Ley 6 mantuvo, además, restricciones sensibles: limitó la capacidad de negociación de las federaciones sindicales y los sindicatos de industria —debilitando a las agrupaciones más fuertes—, permitió la declaratoria de ilegalidad de la huelga con consecuencias severas (despido de dirigentes, pérdida de la cesantía para los activistas destituidos, suspensión de la personería jurídica del sindicato), y la propuesta de extender las prestaciones sociales al mundo rural no prosperó en su trámite congresual.

Aun con esos límites, el conjunto Decreto 2350–Ley 6 configura la matriz fundacional del derecho laboral colombiano. Y esa matriz fue posible porque un golpe frustrado en Pasto entregó al gobierno la excepcionalidad jurídica que su propio partido le había negado en el Congreso. La reacción golpista abrió, contra su voluntad, la puerta por la que salió la legislación más progresista del segundo López.

La contracara agraria: la Ley 100 de 1944

Esa paradoja no debe leerse como si el reformismo lopista hubiera resurgido íntegro. El mismo año 1944, mientras el estado de sitio abría el paso al Decreto 2350, el Congreso —el mismo Congreso liberal— sancionaba sin problema la Ley 100 de 1944 sobre régimen de tierras. La Ley 100 marca el reverso exacto del Decreto 2350: donde este avanzaba en derechos laborales urbanos, aquella retrocedía en el campo.

La Ley 100 negó explícitamente a arrendatarios y aparceros el derecho a convertirse en propietarios de las tierras que trabajaban, extendió de diez a quince años el término de extinción del dominio sobre propiedades incultas —recortando el filo antilatifundista de la Ley 200 de 1936—, autorizó a los terratenientes a prohibir contractualmente el cultivo de productos de subsistencia en las parcelas de aparcería, limitó a los arrendatarios a sembrar únicamente cultivos de cosecha anual (con lo que se les vedaban los cultivos permanentes, sobre los cuales pudieran reclamar arraigo), estableció el pago rápido de mejoras y exigió que los trabajadores abandonaran la tierra apenas expiraran los contratos. Fue una ley regresiva, redactada bajo el impulso conjunto de la APEN, la SAC y Fedecafé: los grandes propietarios organizados y la élite agroindustrial cafetera actuando en alianza sobre un liberalismo dividido y una presidencia sin capacidad de veto político.

El contraste ilumina algo esencial. La coalición terrateniente-cafetera-laureanista no necesitaba el cuartelazo para imponer su agenda: la Ley 100 demuestra que la tenía ganada dentro del Congreso, incluso con mayoría liberal. Lo que el reformismo lopista solo pudo sacar por la vía excepcional del estado de sitio fue la legislación laboral urbana; en el campo, donde la coalición tenía sus intereses centrales, ganó sin necesidad de estados de sitio ni de golpes. El cuartelazo de Pasto y la Ley 100 son las dos caras del mismo momento: allí donde el reformismo pudo, fue empujado a legislar por decreto en medio de la excepción; allí donde no pudo, la reacción legisló sin sobresaltos por vía ordinaria.

El respaldo obrero y el desplazamiento a la izquierda

El otro efecto inmediato del cuartelazo fue el reposicionamiento del gobierno hacia el movimiento sindical y hacia el eje democrático internacional. La solidaridad obrera desplegada durante las horas de la sublevación —manifestaciones en Bogotá, en las ciudades industriales, movilización de la CTC, presencia comunista en la defensa política del presidente— consolidó una alianza que ya venía perfilándose desde 1943, cuando la crisis del liberalismo llevó a los sectores progresistas a valorar el apoyo obrero como contrapeso frente al asedio conservador.

Esa alianza tenía un carácter instrumental por ambos lados. Para los liberales progresistas, contar con un movimiento sindical militante era condición de supervivencia política frente a la oposición reaccionaria; para las cúpulas de la CTC —donde el liberalismo lopista tenía peso decisivo aunque no incontestado—, cabalgar la coyuntura permitía extraer del Estado concesiones legislativas de alcance histórico. El Decreto 2350 fue el precio pactado, y el estado de sitio, el momento de cobro. Que la CTC albergara internamente sindicatos con posiciones políticas diversas —algunos comunistas, otros liberales, otros lopistas— y que la federación tuviera fricciones internas de larga data no impidió que en julio y agosto de 1944 funcionara como un bloque cohesionado en defensa del gobierno.

El contexto internacional ayudó. En julio de 1944, la ofensiva aliada en Europa avanzaba con fuerza tras el desembarco de Normandía del mes anterior; en el Pacífico, Estados Unidos progresaba sobre las posiciones japonesas. La atmósfera global era favorable a los gobiernos democráticos y hostil a las aventuras autoritarias, y un golpe militar contra un presidente civil elegido en un país aliado se leía, en Washington y en las capitales de la región, como un movimiento a contracorriente. Ese clima reforzó, por elevación, la posición de López.

El desgaste final y la renuncia de 1945

El golpe frustrado, sin embargo, no revirtió el desgaste de López: lo profundizó. El propio presidente reconoció que el cuartelazo había golpeado su ánimo ya indeciso, y su segunda administración entró, tras la excepcionalidad legislativa del verano, en una lenta agonía. La oposición conservadora no cedió; Laureano Gómez, arrestado y encarcelado en 1944 en el contexto de la campaña incendiaria de El Siglo, siguió operando políticamente. El liberalismo continuó fracturado entre gaitanistas, lopistas y santistas, y las divisiones internas del partido bloquearon cualquier proyecto de consolidación de la alianza obrero-progresista más allá de las conquistas puntuales del Decreto 2350.

En 1945 López consiguió, en un último respiro programático, el respaldo para una reforma constitucional que consagraba la elección directa de senadores y fortalecía los poderes presidenciales en materia de intervención económica del Estado. Pero fue el canto del cisne. En el curso de ese mismo año presentó una renuncia definitiva —esta vez sí aceptada— antes de completar su segundo período constitucional. Le sucedió, en calidad de designado, Alberto Lleras Camargo, quien había sido su ministro de Gobierno durante el cuartelazo y había desempeñado, además, un papel relevante en la configuración de la política agraria de los años treinta.

Lleras integró un gabinete de coalición, otorgando tres ministerios al conservatismo. La decisión selló el fin del reformismo lopista y anticipó la fórmula de gobiernos mixtos que buscaría contener la creciente conflictividad política. En 1946, con el liberalismo dividido entre las candidaturas de Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, la presidencia pasó al conservador Mariano Ospina Pérez, cerrando dieciséis años de hegemonía liberal.

La huella: por qué Pasto sigue importando

El cuartelazo de Pasto ocupa un lugar singular en la memoria política colombiana precisamente porque desmiente varias narrativas cómodas. No fue una anomalía militar en un país civil: fue la manifestación de un descontento castrense estructural que reaparecería, con otras dimensiones, en el golpe exitoso de Gustavo Rojas Pinilla de 1953. No fue tampoco la obra directa de una conspiración clerical-oligárquica orquestada desde Bogotá: fue la coincidencia de un asedio político sostenido, una crisis presidencial personal y un malestar corporativo local. Y no fue, sobre todo, la causa del colapso del reformismo lopista: fue su síntoma más visible, en un año en el que la Ley 100 mostraba que la coalición reaccionaria ya había capturado las instituciones antes del golpe.

La paradoja mayor sigue siendo la del Decreto 2350. Un intento golpista concebido para restaurar un orden conservador terminó proveyendo al gobierno el instrumento jurídico —el estado de sitio— con el que se legisló contra los intereses de esa misma coalición en el mundo del trabajo urbano. La legislación laboral colombiana nació, entonces, no de un consenso reformista ni de una deliberación parlamentaria, sino de una excepcionalidad abierta por la reacción y aprovechada por un Ejecutivo debilitado. Que este cauce excepcional haya producido normas de una densidad protectora que la Ley 6 de 1945 luego perfiló y matizó, y que esas normas hayan servido de piso a décadas posteriores de derecho laboral, interroga cualquier lectura lineal del reformismo lopista como un despliegue deliberado y sostenido.

El episodio revela, por último, algo sobre las condiciones institucionales del reformismo en Colombia. Cuando el Congreso opera como cámara de veto —incluso siendo dominado por el partido del presidente—, cuando los intereses económicos organizados capturan simultáneamente al Legislativo y a la opinión pública a través de la prensa partidista, y cuando el Ejecutivo carece de proyecto disciplinado y de disposición personal para sostenerlo, las transformaciones estructurales solo pueden abrirse paso por vías excepcionales: estados de sitio, decretos con fuerza de ley, ventanas breves de excepcionalidad. El cuartelazo de Pasto abrió una de esas ventanas por accidente. Que del accidente saliera el Decreto 2350 es la ironía histórica que define al episodio; que la Ley 100 saliera al mismo tiempo por vía ordinaria es su lección política de fondo.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

21 documentos · 27 fragmentos
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2121 cita
[1]dad de su esposa, María Michelsen, por lo que tuvo que ausentarse de la presidencia, entre el 16 de no- viembre de 1943 al 16 de mayo de 1944, para llevarla a los Estados Unidos a un tratamiento médico, siendo reemplazado por el desig- nado Darío Echandía. Para com- pletar, en 1943 estalló un escánda- lo que…p. 212
02Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 582 citas
[2]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…p. 58
[3]el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…p. 58
03Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 2101 cita
[4]growth of passionate party politics, was a very different country than it had been in 1934, and for reasons that have yet to be properly explained, López himself abandoned his call for radical change and swung toward the center. A strong supporter of the Allies, he embraced Santos's foreign policies by declaring war…p. 210
04Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 119, 1252 citas
[5]«Toda ten- dencia al intervencionismo de Estado prepara el advenimiento integral del socialismo; toda tendencia a robuste- cerda individualidad favorece el afian- zamvento de la democración. Reunidos algunos opositores en la Acción Patrió- fica Económica Nacional ¡APEN), quisie- ron impedir el trienio de las doctrinas…p. 125
[27]en lo escuela del lica- nismo, contrael parecer de López Fu= mareo, declimo la idea de una cartdi- detura liberal, prefiriendo llegar al sobre los hombros de una Con- centración Patriótica Nacional; la ad- hesión del conservafismo republi- cano concretoel proposito Sobre esta base, la administración Cayo fue una…p. 119
05Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3011 cita
[6]not only opposed the government... but it tried to block the election of the Liberal candidate, to combat my name with a series of threats. The same Intrepid Action that had been ordered against the government of Santos, the same civil war that had been declared in the Santanders against Olaya, was augmented by a new…p. 301
06Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2151 cita
[7]el cargo ejecutivo Darío Echandía, quien con la estrecha colabora- ción del ministro de Gobierno, Alberto Lleras, el respaldo unánime de los diversos sectores de la sociedad y la adhesión pronta y decidida de los altos mandos militares del país, sorteó efi- cazmente la situación y entregó el cargo al pre- sidente…p. 215
07Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1371 cita
[8]administración, los trabajadores y los comunistas se la jugaron por apoyarlo y defenderlo políticamente, en especial después del intento de golpe de Estado del 10 de julio de 1944, cuando el presidente fue apresado por un movimiento militar en Pasto. Los militares demostraban así que no estaban al margen de los…p. 137
08Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 701 cita
[9]la noche. Hacia las nueve y media de la mañana, nuevamente el coronel Agudelo se reunió a solas con el presidente López y en cumplimiento de ese leguleyismo que caracteriza a los colombianos, aun para los actos de facto, le hizo entrega para su firma de una hoja de papel sellado, escrita a máquina, que decía: “Ante…p. 70
09La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4641 cita
[10]la manera de controlar la policía sin permitir que progresara independientemente, había que vincularla sometiéndola integralmente al ejército; hacer de ella una prolongación de las fuerzas armadas. Si tal no hacían, pensaban ellos, el ejército vendría con el correr del tiempo a ser superado por la policía; no había…p. 464
10Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 394, 4012 citas
[11]la Capítulo 13 379 justicia, al clero y al mismo pueblo. Antes, el 16 de febrero en la Plaza de Cisneros de Medellín hizo similar ma- nifestación «para dar solución a la gra- ve crisis política». Pero en marzo si- guiente la dirección liberal le solicitó que se reintegrara, y los congresistas liberales le ofrecieron…p. 394
[26]de 1944, que significó un cambio de orientación buscando obtener la asociación de propietarios y cultivadores mediante el establecimiento de los contratos de «aparcería», de celebración forzosa, que amparan al dueño de las tierras contra los tenedores que establezcan mejoras de carácter permanente. Me- diante esa ley,…p. 401
11Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 2501 cita
[12]821.00/1745, Box 4289, Department of State, Deci- mal Files, 1940–1944, RG 59, NARA. 168. Lane to Hull, 6 Mar. 1944, 821.00/1701; and “The Colombian Political Situation,” 12 Feb. 1944, 821.00/1706, Box 4289, Department of State, Decimal Files, 1940–1944, RG 59, NARA. 169. This fact is interesting in that later, during…p. 250
12Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 741 cita
[13]hube de explicar que creía estar interpretando el programa del Liberalismo en el Gobiernol7. Es pues claro que para sobrevivir, los liberales progresistas, y Alfonso López en particular, necesitaban enfrentar a la fronda reac- cionaria con un movimiento obrero militante dispuesto a defender al régimen. En cierto…p. 74
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 167, 1712 citas
[14]rta ciones, en función de las cuo tas fijadas en el Pac to. De este mod o se c reó un sist ema na cional de pre ci os de compra, de almacenes y tr ill a- doras, lo que permiti ó ra cionalizar y unific ar el mercadeo int erno. 167 168 Mar co Palacios Los aprietos del régimm liberal En 1940 y 1941 los principales…p. 167
[18]resentida por lo s santistas. Esta l eg islación, que luego aprobaría el Co ngr eso, hubo de consagrar los derechos laborales y sindicales. Es tableció los derechos a vacaciones, ces antía s, accidentes de trabajo, salario mínimo, trabajo n octurno; prohibió el uso de esquiroles para rom - per la s huelgas legal es y…p. 171
14Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 265, 3372 citas
[15]esfuerzos El 18 de julio de 1944 se produce la tentativa de golpe militar contra Ló- pez, conocido como el golpe de Pasto. El presidente recibió un respaldo po- pular considerable, que lo llevó a ope- rar con un giro a la izquierda en su go- bierno. No olvidemos, además de los hechos internos, el avance de los alia-…p. 337
[17]los con- flictos en las organizaciones sindicales controladas tanto por los comunistas (FEDENAL y Mineros de Segovia, Antioquia, en septiembre y octubre del 42), como por los liberales (Ferro- vías, diciembre del 42 y enero del 43). La patronal respondió exigiendo una reorganización de la situación social a través de…p. 265
15Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 3321 cita
[16]mediados de los años treinta. Las condiciones internacionales e internas eran nuevamente propicias para hablar de Frentes Populares, como efectivamente lo hicieron los comunistas secundados por la CTC. El Secretario del PC exigía, en enero de 1942, un gobierno de 'Unidad Nacional' en el que efectivamente estuvieran…p. 332
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4161 cita
[19]constitucional en 1936— y a celebrar contratos colectivos con las empresas. La Ley 83 estableció multas relativamente bajas a los patrones que violaran el derecho de sindicalización y mantuvo el derecho de las empresas a contratar nuevos trabajadores durante los períodos de huelga, recortando de hecho la capacidad de…p. 416
17Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3662 citas
[20]horas extras y establecía el preaviso en caso de rompimiento del contrato de trabajo por parte del patrono. Pero como no se trataba de un gobierno obrero, la misma norma limitaba los alcances de la huelga y permitía su declaratoria de ilegalidad, penalizada con el despido de los dirigentes, la pérdida de la 23…p. 366
[21]horas extras y establecía el preaviso en caso de rompimiento del contrato de trabajo por parte del patrono. Pero como no se trataba de un gobierno obrero, la misma norma limitaba los alcances de la huelga y permitía su declaratoria de ilegalidad, penalizada con el despido de los dirigentes, la pérdida de la 23…p. 366
18Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1981 cita
[22]estrechos marcos nor - mativos, b) desarrollo del sindicalismo político. El apoyo del y al presidente de la república es la principal herra - mienta para obtener reivindicaciones y sólo se recurre a las bases para sostener al ejecutivo, y c) la negociación por rama de industria impulsada por las federaciones ob -…p. 198
19Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4241 cita
[23]café pre sionaron leyes que revivieron y extendieron los sistemas laborales de dependencia en las grandes propiedades. La Ley 100 de 1944 protegía a los terratenientes de las pretensiones de los aparceros que se declaraban colonos. Los autorizaba en los contratos de aparceria a prohibir el cultivo de productos de…p. 424
20Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2251 cita
[24]del grado de polarización política del país y del descontento creciente de un sector de las Fuerzas Armadas contra López (Archila, 1991). López dimitió finalmente a comienzos de 1945 y lo sucedió en el cargo Alberto Lleras Camargo. La llegada de Lleras, que hasta el momento se des empeñaba como Ministro de Hacienda de…p. 225
21Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 261 cita
[25]los arrendatarios, de manera que quedara asegurado el control de los terratenientes sobre la tierra. ¿Qué condiciones y actores condt~eron a la pr01nulgación ~el~ Ley 100 y a sus resultados (es decir, proveer un rnarco legal inst1tuo~nal adecuado para n1ediar, arbitrar o decidir el conflicto rural aprop1aclo Fracaso…p. 26