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Hecho histórico · República Liberal · 1930–1946

Sindicalismo confesional católico: UTRAN, FANAL y génesis de la UTC (1933–1946)

Entre 1933 y 1946, la Acción Católica Colombiana articuló, a través de redes parroquiales y la doctrina social pontificia, un sindicalismo confesional —UTRAN, FANAL y los núcleos que desembocarían en la UTC— como contraofensiva organizada frente a la CTC liberal-comunista, disputando la representación obrera y campesina en plena República Liberal.

Sindicalismo confesional católico: UTRAN, FANAL y génesis de la UTC (1933–1946)
1933–1946
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1933–1946
Protagonistas
Miguel Ángel Builes, Mariano Ospina Pérez, Acción Católica Colombiana, Compañía de Jesús (jesuitas), Vicente Andrade Valderrama S.J., Ismael Perdomo (arzobispo de Bogotá), Luis Concha Córdoba, Unión de Trabajadores Colombianos (UTC), Federación Agraria Nacional (FANAL), UTRAN, Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), Partido Conservador Colombiano
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La tardía recepción práctica de la Rerum Novarum (1891) en Colombia —desplazada por la polémica política de la Regeneración— dejó sin infraestructura obrera al catolicismo social hasta las primeras décadas del siglo XX, creando una deuda organizativa que se intentó saldar en los años treinta.
  2. La Ley 83 de 1931 y la protección activa del gobierno liberal al sindicalismo permitieron el crecimiento acelerado de la CTC, con presencia comunista y liberal de izquierda, lo que la Iglesia percibió como amenaza directa a su influencia sobre obreros y campesinos.
  3. La condena eclesiástica a los movimientos populares vinculados a la izquierda fue el motor principal para la creación de sindicatos, cooperativas y entidades confesionales que defendían la moral cristiana como vía para resolver los conflictos sociales.
  4. La fundación oficial de la Acción Católica en Colombia en 1933, impulsada por el mandato de Pío XI y su encíclica Quadragesimo Anno (1931), proporcionó el armazón institucional —centros parroquiales, círculos de estudio, espacios deportivos— desde el cual incubar el sindicalismo confesional.
  5. La convergencia de intereses entre la Iglesia, los industriales antioqueños y el Partido Conservador generó una comunidad de apoyo material y político al sindicalismo confesional, que ofrecía conciliación de clases frente al sindicalismo de lucha de la CTC.
  6. La alianza orgánica entre la Iglesia y el Partido Conservador, aunque ventajosa en el terreno electoral, constituía una desventaja para organizar a obreros y campesinos identificados con el liberalismo, lo que obligó a construir un discurso sindical propio, separado retóricamente de la maquinaria política conservadora.
1933–1946Sindicalismo confesional católico: UTRAN, FANAL y génesis de la UTC (1933–1946)

Consecuencias

  1. En agosto de 1946, coincidiendo con el inicio del gobierno de Mariano Ospina Pérez, se fundó la Unión de Trabajadores Colombianos (UTC), central obrera que en 1956 contaba con 547 sindicatos afiliados, superando los 471 de la CTC en 1947, y se convirtió en la mayor central obrera del país desde los años cincuenta.
  2. FANAL, la federación campesina confesional, fracasó en su objetivo de transformación agraria debido a su estructura patriarcal y paternalista y a su incapacidad para redistribuir la tierra radicalmente, según el diagnóstico del V Congreso de la UTC.
  3. La infraestructura sindical parroquial construida entre 1933 y 1946 fue clave en la movilización conservadora previa a las elecciones de 1946 y explica la capacidad organizativa católica durante el período de la Violencia.
  4. La UTC obtuvo rápidamente el apoyo de funcionarios del gobierno de Estados Unidos y de las principales federaciones obreras norteamericanas de orientación conservadora, insertándose en las redes del sindicalismo anticomunista internacional de la Guerra Fría.
  5. La Ley 6.ª de 1945, al crear condiciones para un sindicalismo orientado a la negociación colectiva e independiente de los partidos políticos, favoreció el crecimiento posterior de la UTC frente a la CTC, más ligada al Partido Liberal.
  6. La disputa entre el sindicalismo confesional y el sindicalismo comunista se expresó con especial intensidad en los ingenios azucareros del Valle del Cauca, donde la Iglesia apoyó la formación de sindicatos y cooperativas para contrarrestar la organización de orientación comunista.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El sindicalismo confesional católico no fue un fenómeno marginal ni meramente reactivo: fue la construcción deliberada de una infraestructura de representación laboral alternativa que, apoyada en la territorialidad parroquial y en la doctrina social pontificia, logró disputarle a la CTC la hegemonía sobre el movimiento obrero colombiano y producir, en 1946, la central sindical que dominaría el país durante la segunda mitad del siglo XX. Entender su génesis entre 1933 y 1946 es indispensable para comprender tanto la movilización conservadora que llevó a Ospina Pérez al poder como la peculiar forma que tomó el anticomunismo colombiano durante la Violencia: no solo represión estatal, sino organización social paralela con raíces en cada parroquia.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Sindicalismo confesional católico: UTRAN, FANAL y génesis de la UTC (1933–1946)

En agosto de 1946, mientras Mariano Ospina Pérez estrenaba banda presidencial y clausuraba dieciséis años de gobierno liberal, un grupo de sindicalistas, sacerdotes jesuitas y delegados campesinos se reunió para fundar una central obrera nueva. La bautizaron Unión de Trabajadores Colombianos. No venían de la nada: detrás cargaban trece años de trabajo parroquial paciente, círculos de estudio de encíclicas en los patios de las iglesias, cooperativas de consumo montadas al calor de los barrios obreros y una federación campesina que ya se había medido con los comunistas en los cañaduzales del Valle. La UTC nacía con genealogía.

Esa genealogía empieza en 1933 y su escenario es una república en obras. La Ley 83 de 1931 había reconocido el derecho de sindicalización; López Pumarejo se preparaba para reformar la Constitución; la CTC —Confederación de Trabajadores de Colombia— crecía al amparo del liberalismo, con comunistas y liberales de izquierda compartiendo mesa directiva. Frente a ese cuadro, la Iglesia católica colombiana montó su propia infraestructura de representación laboral. No fue reflejo defensivo ni conspiración clerical: fue modernización reactiva, una jerarquía que al ver a los obreros organizándose bajo banderas rivales decidió construir la suya, con la parroquia como célula territorial y la doctrina social pontificia como marco.

De ahí saldrían UTRAN, FANAL y, en el año bisagra de 1946, la UTC. Diez años después, esa central sería la mayor del país.

El fondo doctrinario: de la Rerum Novarum a su tardía recepción colombiana

Cuando León XIII promulgó en 1891 la Rerum Novarum, la encíclica inaugural de la doctrina social católica, Colombia atravesaba la Regeneración de Núñez y Caro. La intransigencia católica del régimen concentró las energías eclesiásticas en la polémica política contra el liberalismo radical y desplazó a segundo plano la dimensión propiamente social del documento pontificio. La encíclica llegó, se difundió en círculos ilustrados, pero su traducción práctica —sindicatos católicos, cajas de ahorro obreras, cooperativas de producción— quedó pospuesta.

Esa demora tuvo un costo. Mientras en Bélgica, Alemania o Italia el catolicismo social edificaba entre 1890 y 1914 densas redes obreras confesionales, en Colombia los primeros esfuerzos sistemáticos por llevar a los trabajadores los postulados de la Rerum Novarum se produjeron apenas en la primera y segunda décadas del siglo XX. En 1913 la Conferencia Episcopal decidió por fin impulsar la Acción Social Católica, difundir la encíclica entre los trabajadores y respaldar la creación de sociedades mutuarias en todo el país. Antes, en Medellín, los jesuitas habían fundado la Congregación de Obreros de San José —conocida también como Congregación de Artesanos de San José y de la Asunción o Cofradía de Hijos de San José—, registrada en la iglesia de San Francisco, embrión del asociacionismo obrero católico que anticipaba el modelo posterior.

La Iglesia veía con simpatía las sociedades de ayuda mutua y les prestó apoyo para su difusión; a ellas se afiliaban también, en muchos casos, sectores empresariales, lo que anunciaba el estilo interclasista del sindicalismo confesional maduro. En la Costa Atlántica, donde la presencia clerical en la cotidianeidad laboral era menor, la Iglesia impulsó de todos modos algunas mutuarias como la de Cristo Rey en Barranquilla a fines del siglo XIX. Pero la mayor densidad de esta red temprana se tejió en Antioquia y en las zonas cafeteras del centro-occidente, donde la parroquia todavía organizaba la vida social del artesano y del jornalero. Allí el cura conocía por su nombre al tejedor y al arriero, sabía en qué taller trabajaba cada hijo de su feligresía y podía convertir el atrio en una asamblea sin necesidad de convocatoria formal. La territorialidad parroquial fue, mucho antes que un recurso organizativo consciente, un hecho social.

Cuarenta años después de la Rerum Novarum, Pío XI publicó en 1931 la Quadragesimo Anno, actualizando la doctrina social frente al capitalismo maduro y al comunismo. Fue ese segundo empujón pontificio, en el umbral de la República Liberal colombiana, el que forzó a la Iglesia local a dotarse por fin de un instrumento orgánico.

1933: la Acción Católica como armazón institucional

La Acción Católica fue creada oficialmente en Colombia en 1933. Su justificación pública fue el proceso de industrialización, el crecimiento demográfico y la concentración urbana, fenómenos que, según el discurso eclesiástico, amenazaban con secularizar a obreros y campesinos. Bajo el arzobispado de Ismael Perdomo y con el respaldo del episcopado, se organizó como brazo laico de la Iglesia para intervenir en el mundo del trabajo, la juventud, la familia y la cultura.

La fundación de 1933 no fue un plan de organización obrera anticomunista minuciosamente diseñado. Fue, en gran medida, cumplimiento formal del mandato de Pío XI, más orientado a la moralización de costumbres que al enfrentamiento estructural con el capitalismo o la modernidad. Su horizonte inmediato era defender el poder institucional de la Iglesia, competir en el campo político —sobre todo frente al Partido Liberal, en el gobierno desde 1930— y mantener el control social sobre la población católica. La organización obrera confesional fue, en ese diseño inicial, una tarea entre otras.

Pero el aparato existía. Y en cada diócesis, en cada parroquia, la Acción Católica desplegó centros de caridad, asociaciones de estudio, espacios deportivos y catequesis obreras. Ese entramado —al principio disperso, moralizante, casi tutelar— fue el que permitiría, en la segunda mitad de los años treinta y sobre todo en los cuarenta, incubar sindicatos, cooperativas y federaciones campesinas alineados con el principio fundamental de la defensa de la moral cristiana como vía para resolver los conflictos sociales.

La condena eclesiástica a los movimientos populares vinculados a la izquierda no fue accesoria: fue el motor mismo de la creación de entidades católicas alternativas. La Iglesia colombiana, desde el primer tercio del siglo XX, había condenado enfáticamente esos movimientos, y de esa condena brotó la necesidad de ofrecer al obrero y al campesino un lugar de organización que no cuestionara la moral católica ni el orden social heredado.

La matriz política: Iglesia, Partido Conservador y la desventaja obrera

Para entender la ofensiva sindical católica de los años treinta conviene primero mirar la posición desde la que arrancaba. La alianza entre la Iglesia y el Partido Conservador era pública y orgánica. En las elecciones de octubre de 1921 en Bogotá, el voto del clero fue de 165 sufragios para los conservadores y cero para los liberales. Menos de una década después, la campaña presidencial conservadora de 1930 dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá para definir su candidatura.

Esa fusión ideológica se expresaba en corrientes como Los Leopardos, jóvenes conservadores que en los años veinte integraron en su programa el catolicismo militante, la acogida integral de las encíclicas —singularmente la Quanta Cura de 1864 y su Syllabus— y el rechazo simultáneo al liberalismo y al socialismo. En doctrina, Iglesia y Partido Conservador compartían una sola gramática.

Pero esa alianza, tan eficaz en el terreno electoral y cultural, constituía una seria desventaja para los eclesiásticos que intentaban trabajar entre obreros y campesinos. La derrota conservadora de 1930, el ascenso de Enrique Olaya Herrera, la reforma constitucional de 1936 impulsada por López Pumarejo y la política obrera del liberalismo hicieron que buena parte del proletariado urbano se identificara con el nuevo régimen. El sacerdote que llegaba a una fábrica textil o a un puerto fluvial cargaba, quisiera o no, la etiqueta del bando derrotado. En los sindicatos liberales el cura era, antes que interlocutor pastoral, adversario político; y en los sindicatos comunistas, directamente enemigo de clase.

De ahí que el catolicismo social colombiano tuviera que construir, en los años treinta, un discurso que separara —al menos retóricamente— la organización obrera confesional de la maquinaria política conservadora. Fue una separación imperfecta, siempre porosa, pero necesaria para disputarle terreno a la CTC. Los organizadores más lúcidos entendieron que la fidelidad partidaria del clero no bastaba para convocar a un obrero: hacía falta un lenguaje propio, una liturgia laboral, un repertorio de reivindicaciones concretas que le permitiera al trabajador católico sentirse representado como trabajador y no solo como feligrés.

La Ley 83 de 1931 y la CTC: el rival

En abril de 1931, apenas seis meses después de asumir la presidencia, Olaya Herrera sancionó la Ley 83, que reconoció el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos y estableció multas —relativamente bajas— contra los patrones que violaran ese derecho. La ley mantuvo, eso sí, la facultad de las empresas de contratar nuevos trabajadores durante las huelgas, lo que limitaba de hecho la capacidad de negociación sindical. Aun así, marcó un cambio de época: por primera vez el Estado colombiano protegía activamente la sindicalización.

El crecimiento sindical que siguió no se explica solo por la ley. Hubo también una decisión política deliberada del Partido Liberal, que desde 1930 fomentó la creación de un movimiento sindical vigoroso para consolidar su base electoral y crear un contrapeso popular frente a posibles intentos de desestabilización conservadora. En 1935 nació la CTC como articulación nacional de ese esfuerzo. En su interior convivieron liberales de izquierda y comunistas, estos últimos organizados en un Partido Comunista que respaldó abiertamente los gobiernos de López Pumarejo y adoptó la política de frentes populares, colaborando con sectores liberales en movilizaciones como la del 1 de mayo de 1936.

Para la Iglesia, la CTC condensaba todos los peligros: sindicalismo político, presencia comunista, alianza con un gobierno anticlerical en cuestiones educativas y jurídicas. La Quadragesimo Anno proporcionaba el marco teórico; la Acción Católica, la estructura institucional; el escenario político ofrecía el adversario concreto. La reacción vendría por dos vías paralelas: los obreros industriales y los trabajadores agrarios.

UTRAN y la organización obrera parroquial

La versión colombiana del sindicalismo católico obrero tomó forma en los años treinta y comienzos de los cuarenta bajo el impulso de la Compañía de Jesús y de sacerdotes cercanos a la Acción Católica. La figura central fue el padre Vicente Andrade Valderrama, S.J., a quien se debe buena parte de la doctrina y la práctica del sindicalismo confesional colombiano de esas décadas.

El modelo se apoyó en dos anclajes. La parroquia como célula organizativa: el sacerdote local, con su conocimiento de las familias trabajadoras, con la autoridad moral del confesionario y con los espacios físicos del templo y del centro parroquial, podía convocar reuniones, formar círculos de estudio de las encíclicas, patrocinar cooperativas de consumo y estimular la creación de sindicatos de empresa. Y la doctrina de la conciliación de clases: frente al sindicalismo de lucha que proponía la CTC, los organizadores católicos ofrecían un sindicalismo que buscaba la armonía entre capital y trabajo bajo el arbitraje de la moral cristiana, sin cuestionar la estructura de la propiedad ni el proceso productivo.

Antioquia fue el escenario natural del experimento. La modernización del trabajo asalariado y la industrialización se instalaron de forma especialmente notoria en Antioquia, Caldas, Tolima y Valle desde los años veinte y treinta, y fue en el Valle de Aburrá donde el catolicismo social encontró su terreno más fértil. Las grandes textileras —Coltejer, Fabricato, Rosellón, Tejicóndor— experimentaron a partir de 1930-1931 una notable expansión de inversiones y maquinaria, con duplicaciones de stock en algunos casos y la creación de nuevas empresas. Miles de campesinos de los pueblos antioqueños llegaron a los barrios obreros de Medellín —Aranjuez, Manrique, y otros del norte y el occidente de la ciudad— buscando empleo en las fábricas.

La Iglesia jugó allí un papel disciplinador explícito: buscaba transformar a esos trabajadores rurales en obreros diligentes, comprometidos con la empresa y con una vida personal ordenada. Dentro de la fábrica, la disciplina se obtenía con los métodos habituales de la primera industrialización: campanas que marcaban las jornadas, multas por retraso o falta, vigilancia de capataces, estímulos en metálico, suspensiones, expulsiones. Nada demasiado distinto de lo que ocurría en Lyon o en Manchester. La diferencia antioqueña estaba fuera del portón. Al salir de Coltejer o de Fabricato, el obrero encontraba a la parroquia esperándolo con su propia disciplina: la Congregación mariana, la sociedad de temperancia, el retiro espiritual, la visita domiciliaria del sacerdote, el confesionario. Entre esas dos disciplinas —la fabril y la moral— se produjo el trabajador ideal del capitalismo católico regional: puntual, sobrio, casado por la Iglesia, ahorrador, refractario a la huelga política.

Los industriales antioqueños entendieron rápidamente la utilidad del arreglo. Un sindicalismo confesional que privilegiaba la conciliación, condenaba la huelga política y predicaba la fidelidad a la empresa era, para las juntas directivas de Coltejer o Fabricato, un aliado infinitamente preferible a la CTC. La convergencia de intereses entre Iglesia, industriales antioqueños y sectores del conservatismo se consolidó en esos años como el eje material del sindicalismo confesional. No era una alianza declarada en actas ni un pacto firmado; era una comunidad de intereses cotidianos que se expresaba en donaciones para el templo, en la contratación preferente de obreros recomendados por el párroco, en la cesión de terrenos para centros parroquiales cerca de las fábricas.

FANAL y la ofensiva sobre el campo

En el campo, la disputa era por la tierra. La Ley 200 de 1936, sancionada por López Pumarejo, reconoció los derechos de los poseedores y ocupantes de tierras de buena fe. No supuso un cambio radical en la estructura de la propiedad territorial, pero abrió una brecha suficiente para activar las expectativas del campesinado y las alarmas de los propietarios. Simultáneamente, la CTC y el Partido Comunista extendían su trabajo a zonas rurales, especialmente en Cundinamarca, Tolima y el Valle del Cauca.

La respuesta católica fue la Federación Agraria Nacional, FANAL, brazo campesino del sindicalismo confesional, animada por los jesuitas y por sacerdotes formados en la doctrina social. Su presupuesto ideológico era claro: la causa del conflicto rural no era la desigualdad estructural de la propiedad, sino la ausencia de moral cristiana en las relaciones entre patronos y trabajadores. Sindicatos confesionales, cooperativas de consumo y ligas campesinas debían restaurar esa moral. Con ella —era la promesa— regresaría la armonía social.

En el Valle del Cauca, donde los ingenios azucareros conocían una organización sindical de orientación comunista notoria, la Iglesia apoyó la formación de sindicatos, cooperativas y —más tarde— Juntas de Acción Comunal para contrarrestarla. El padre Francisco Mejía fue promotor y fundador del Instituto Mayor Campesino de Buga, la versión rural de la Universidad Obrera, con un discurso explícitamente anticomunista orientado a la organización campesina. La disputa por la hegemonía sindical en los ingenios y en los cañaduzales del Cauca fue larga y no se resolvió a favor de un solo bando.

FANAL no logró, en el largo plazo, transformar la estructura agraria colombiana. Su estructura patriarcal y paternalista y su incapacidad para plantear una redistribución radical de la tierra la volvieron, como reconocería el propio V Congreso de la UTC años después, un instrumento limitado. Pero en la coyuntura de los años treinta y cuarenta cumplió una función precisa: llevar la infraestructura parroquial católica al campo, disputarle al Partido Comunista y a la CTC la representación campesina, y preparar el terreno para la movilización conservadora rural que sería decisiva en los años posteriores.

La coyuntura decisiva: 1944-1946

Hasta comienzos de los años cuarenta, el sindicalismo confesional era una red significativa pero minoritaria frente a la CTC. Lo que lo convirtió en fuerza hegemónica fue la conjunción de factores coyunturales que se apretaron entre 1944 y 1946.

El primero fue legal. El Decreto 2350 de 1944, expedido durante el segundo gobierno de López Pumarejo, y sobre todo la Ley 6 de 1945, sancionada bajo el interinato de Alberto Lleras Camargo, otorgaron amplia protección al sindicalismo. Prohibieron el paralelismo sindical en una misma empresa, protegieron a los huelguistas del esquirolaje —sustituyendo la vieja protección oficial a los rompehuelgas por la de los trabajadores en paro— y consagraron el fuero sindical para fundadores y directivos. Al mismo tiempo, la ley limitó el poder sindical en determinados sectores y creó condiciones para un sindicalismo independiente de los partidos políticos, orientado a la negociación colectiva. Paradójicamente, esa legislación laboral impulsada por el liberalismo fue el factor que más favorecería el crecimiento posterior del sindicalismo confesional: al dificultar la ruptura de sindicatos mediante el despido de sus miembros y proteger a las organizaciones económicamente orientadas, la Ley 6.ª de 1945 hizo posible la supervivencia y expansión de sindicatos católicos que antes habrían sido barridos por la represión patronal.

El segundo factor fue la crisis del liberalismo. La renuncia de López Pumarejo en 1945 llevó a la presidencia a Alberto Lleras Camargo, elegido por el Congreso para completar el período. En diciembre de ese año, los trabajadores portuarios y fluviales del Magdalena, organizados en FEDENAL —afiliada a la CTC—, declararon una huelga. Lleras Camargo la declaró ilegal a través de su ministro de trabajo y respaldó la posición intransigente de la patronal, argumentando la necesidad de eliminar la creencia en la existencia de dos gobiernos, uno en Bogotá y otro en el río Magdalena. El liberalismo, que había fomentado a la CTC, empezaba a temerla. La ofensiva estatal contra el sindicalismo liberal-comunista comenzó, así, bajo un presidente liberal.

El tercero fue la división del propio liberalismo entre las candidaturas de Gabriel Turbay, oficialista, y Jorge Eliécer Gaitán, independiente. Esa fractura facilitó el triunfo del conservador Mariano Ospina Pérez en las elecciones presidenciales de mayo de 1946, apenas quince años después de la caída del régimen conservador. Los sectores católicos aprovecharon la coyuntura para avanzar organizativamente: la unificación de las corrientes sindicales confesionales existentes —UTRAN, redes parroquiales antioqueñas, núcleos jesuitas, FANAL en su ala campesina— dio origen ese mismo año a la Unión de Trabajadores Colombianos, presentada como central sindical alternativa a la CTC.

La UTC nació, entonces, en la encrucijada exacta: con una infraestructura acumulada durante trece años de trabajo eclesiástico, con una legislación laboral favorable heredada del liberalismo, con un gobierno conservador entrante dispuesto a apoyarla, y con una CTC dividida entre liberales y comunistas cuya hegemonía comenzaba a resquebrajarse.

El modelo sindical: apolítico, economicista, conciliador

La UTC formalizó los principios que el sindicalismo confesional había venido incubando. Fue definida por su carácter apolítico, economicista y conciliador. Renunciaba a aspiraciones de control del proceso productivo a cambio de participación en los beneficios de la productividad. Rechazaba la huelga política y la solidaridad interindustrial. Buscaba la negociación colectiva por empresa, no la transformación de las relaciones capital-trabajo. Ubicaba la moral cristiana —y no la lucha de clases ni la reforma estructural— como marco de resolución de los conflictos laborales.

Ese modelo lo promovieron simultáneamente tres actores cuya alineación había hecho posible la fundación misma: la Iglesia católica, que aportaba doctrina y red parroquial; el gobierno conservador de Ospina Pérez, que aportaría desde 1947 la fuerza del Estado; y los industriales, sobre todo antioqueños, que veían en la UTC el interlocutor deseado. A esos tres se sumaría un cuarto, exterior: la UTC obtuvo rápidamente la aprobación y el apoyo de funcionarios del gobierno de Estados Unidos y de la dirección conservadora de las principales federaciones obreras norteamericanas, en plena Guerra Fría incipiente.

La renuncia a lo político, en un país donde la cuestión política atravesaba todo, era en sí misma una posición política: aceptar el orden existente y renunciar a modificarlo desde el trabajo organizado. Y la conciliación de clases, en una sociedad de desigualdades tan marcadas como la colombiana, equivalía a preservar esas desigualdades reformadas apenas en los márgenes.

Consecuencias inmediatas: la destrucción de la CTC

La hegemonía de la UTC en el sindicalismo colombiano no se produjo por evolución pacífica sino por la combinación de crecimiento propio y destrucción del rival. Desde 1947, el gobierno de Ospina Pérez desplegó una ofensiva antisindical concentrada en la CTC. Tras el fracaso de la huelga general de mayo de 1947, retiró el reconocimiento legal a la confederación —un golpe decisivo que siguió el precedente sentado por Lleras Camargo con FEDENAL—, conservatizó los organismos de orden público e impulsó paralelamente a la UTC con el apoyo del gobierno y del periódico El Siglo, controlado por Laureano Gómez.

La división interna de la CTC entre liberales y comunistas se agudizó tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 y el estallido del Bogotazo. En los primeros años de la década de 1950, líderes sindicales liberales y comunistas fueron objeto de hostigamiento, tortura y asesinato en medio de la Violencia. Tras el golpe militar del 13 de junio de 1953, el Partido Comunista fue declarado ilegal, y el sindicalismo economicista terminó de imponerse sobre el sindicalismo político y contestatario.

Las cifras finales del período confirman el desenlace. En 1956 la UTC contaba con 547 sindicatos afiliados, frente a los 471 que había tenido la CTC en 1947. Ese crecimiento no se explica exclusivamente por la absorción de bases de la CTC; hubo también una expansión propia. Pero la caída de la CTC como fuerza equilibrante fue tan importante como el crecimiento de la UTC para consolidar la hegemonía del sindicalismo confesional.

Consecuencias de largo plazo

La red sindical parroquial que se tejió entre 1933 y 1946 tuvo efectos que rebasaron con mucho el campo laboral. Sirvió, primero, como infraestructura de movilización conservadora en la coyuntura electoral y política de 1946. La parroquia, la mutuaria, el sindicato católico y la liga campesina de FANAL fueron instrumentos que permitieron al conservatismo, minoritario en votos hasta poco antes, volver al poder aprovechando la división liberal. Sin esa infraestructura organizativa previa, es difícil imaginar la cohesión electoral y social que exhibió el conservatismo en la posguerra.

Sostuvo también la capacidad organizativa católica durante la Violencia. En los pueblos donde el párroco había pasado años organizando sindicatos y cooperativas confesionales, la Iglesia disponía de una red de fidelidades que se activaría en los años de la guerra bipartidista. La densidad de la afiliación conservadora en Antioquia, Boyacá, el viejo Caldas y ciertas zonas de Cundinamarca no puede desligarse de esa trama organizativa previa.

El sindicalismo economicista y apolítico se convirtió, además, en el patrón dominante del sindicalismo colombiano durante décadas. Su vocabulario —conciliación, productividad, negociación colectiva por empresa, distancia de los partidos— definió el lenguaje laboral del país mucho después de que la Iglesia dejara de ser su patrocinadora principal. Cuando en 1957 cayó la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla y se inauguró el Frente Nacional, la UTC llegó como la mayor central obrera del país, y el sindicalismo confesional entró en una fase de progresiva secularización sin perder su núcleo doctrinario.

La experiencia de la Acción Católica en el trabajo obrero y campesino sentó, por último, las bases para posteriores formas de intervención social de la Iglesia en Colombia, incluidos los proyectos de sociología y desarrollo rural que florecerían desde finales de los cincuenta. La institucionalización católica del estudio de la sociedad colombiana —desde los primeros centros universitarios hasta la sociología rural de los años sesenta— tuvo entre sus antecedentes la red parroquial de intervención social forjada en las décadas previas.

Trece años antes de la fundación de la UTC, la Acción Católica se había creado casi como cumplimiento burocrático de un mandato pontificio. Trece años después, ese aparato tenía la mayor central obrera del país. En el intervalo cambió el liberalismo, se reformó la Constitución, murió Gaitán y ardió Bogotá. Pero la red parroquial siguió allí, tejiendo despacio, y cuando la coyuntura política se abrió en 1946 encontró un aparato listo para ocuparla. En un país donde el liberalismo gobernó dieciséis años seguidos, la principal central obrera terminó siendo católica, conservadora y conciliadora. La doctrina explica una parte; el trabajo organizativo paciente explica otra; el momento exacto en que se cruzaron una ley, una división y un cambio de gobierno explica el resto.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 40 fragmentos
01Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 110, 112, 1193 citas
[1]y el Estado siguieron colaborando estrechamente. Esta relación fue ilustrada en forma inmejorable por la campaña presidencial de 1930, cuando la candidatura del Partido Conservador dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá. La unidad entre la Iglesia católica y el Partido Conservador siem- pre se hizo pública…p. 110
[18]la UTC. Otro factor que muestra que el crecimiento de la uTc no fue simplemente a expensas de la CTC es que en 1956 tenía ya 547 sindicatos contra 471 que tenía la CTC en 1947 1 h. El factor que más favoreció a la nueva confederación fue la Ley 6.a de 1945. Como se explicó en un capítulo anterior, antes de abando- nar…p. 119
[25]LA CREA.CJÓN DE LA UTC Número de sindicatos en Colombia según sector industrial y departamento en 1942 Comerdo D~partamento Servicios Servicios públicos y del gobierno Antioquia 3 348 3 62 33 7827 ',, ---'---¡------~---------4-08-;,---c-- 1 Atlántico 8 651 44 7 63 11 350 Bolívar 3 Boyacá i Cald¡¡s 7! 1 Cauca 2…p. 112
02Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 57, 652 citas
[2]“This Concordat allowed the establishment in Colombia of the Christian Regime, where the State facilitated the work of the ecclesiastical institution, and even bequeathed to it functions that directly belonged to it, such as the supervision of public education, the population control, the control of the civil status…p. 57
[3]in Colombia expanded. The chang - ing balance of power among various groups, in a country and a region with deep transformations in the 1960s, determined ruptures in the face of relative unanimity in the image built around the causes and conse - quences of the unequal development, characteristic of the prevailing eco…p. 65
03Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 45, 992 citas
[4]la necesidad de ocuparse de la clase obrera, puesto que aún era embrionaria. Por otra parte, la difusión de la encíclica coincidió con el establecimiento de la Regeneración y el reinado de la intransigencia católica, lo cual hizo que la polémica política ocupara las fuerzas de los católicos, dejando a un lado la…p. 99
[9]del enemigo. Era, entonces, una organización para crear una poderosa fuerza institucional entre el pueblo católico. La idea era formar un partido de masas que defendiera el poder institucional de la Iglesia y conquistara espacios para ella, lo cual implicaba competir con otros partidos en el campo político. Además,…p. 45
04Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 591 cita
[5]u otro punto programático y doctrinario, aunque siempre buscaban mantener a su colectividad al comando del Estado. Tal era el caso de aquella que se expresaba en el periódico El Nuevo Tiempo y en la revista El Gráfico y que se hizo conocer con el nombre de los Leopardos. Conformada por jóvenes que comenzaban a dar sus…p. 59
05Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 207, 351, 3603 citas
[6]el carácter de sociedades de ayuda mutua, los primeros sectores empresariales no sólo permitían su existencia, sino que muchas veces se afiliaban a ellas también. La Iglesia Católica, por su parte, las veía con buenos ojos, por lo que les había prestado todo su apoyo para difundirlas. En 1913 la Conferencia Episcopal…p. 207
[26]perdido una batalla, pero que la vida continuaba. A pesar de lo ocurrido, la CTC y el PSD llamaron a votar por el candidato oficialista, Turbay. Los conservadores aprovechando la división liberal, lanzaron a última hora al moderado Mariano Ospina Pérez, quien a la postre se impuso electoralmente. Gaitán, aunque ocupó…p. 360
[28]gaitanista dentro del sindicalismo. Aunque ya veíamos que la tasa de sindicalización había aumentado en los años de la segunda administración de López, llegando a ser del 25% en la industria manufacturera, todavía existían amplios sectores de trabajadores, especialmente los tradicionales como agricultura y minería, en…p. 351
06Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 1171 cita
[7]The next section describes the development and achievements of the main religious organizations, following a chronological sequence accord- ing to their date of foundation. These cases provide information to eval- uate the impact of these associations on the cohesion of Antioqueño society. PRINCIPAL ORGANIZATIONS…p. 117
07Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 1171 cita
[8]The next section describes the development and achievements of the main religious organizations, following a chronological sequence accord- ing to their date of foundation. These cases provide information to eval- uate the impact of these associations on the cohesion of Antioqueño society. PRINCIPAL ORGANIZATIONS…p. 117
08Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5291 cita
[10]declive del régimen laboral de las haciendas basado en el arrendamiento de servicios. Recuérdese asimismo el reconocimiento de los derechos de or- ganización y de huelga (Ley 83 de 1931) durante el gobierno de Olaya Herrena, y el consiguiente aumento de los sindicatos rurales y ligas campesinas que fueron reconocidos…p. 529
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 226, 2322 citas
[11]á tico, pero efectivo. Ese debate, en fOfembre de 1929, le dio publicidad a Gait á n, y lo convirti ó en el n ó rtf-voz m á s conocido del movimiento obrero. liberalismo fomenta la creaci ó n de un movimiento sindical \S? É 1 partido liberal lleg ó al gobierno en 1930 gracias a la divisi ó n |^ ¿ó nservatismo, y para…p. 226
[19]Hples, y por lo tanto los que pod í an tener é xito en la contrataci ó n 240 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL 133 colectiva. Mientras que en 1943 no exist í an sindicatos de base,' 1947 ya hab í a 342 sindicatos de base activos. Al contrario, los dicatos gremiales disminuyeron de 642 a 324 entre estas dos fech^|…p. 232
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4161 cita
[12]constitucional en 1936— y a celebrar contratos colectivos con las empresas. La Ley 83 estableció multas relativamente bajas a los patrones que violaran el derecho de sindicalización y mantuvo el derecho de las empresas a contratar nuevos trabajadores durante los períodos de huelga, recortando de hecho la capacidad de…p. 416
11Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 181 cita
[13]las dificultades que tuvieron para actuar en el ámbito político colombiano; aunque, participaron de la “crisis del sistema conservador”, como lo demostró la creciente actividad huelguística en los años veinte y treinta. 50 El incipiente peso de los movimientos políticos de izquierda permitió que estos se replegaran al…p. 18
12En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 281 cita
[14]una industrialización creciente condujeron a las reformas laborales y agrarias del año 1936. Ambas tuvieron un profundo impacto en el Magdalena Medio, especialmente en las zonas petroleras. La reforma laboral tuvo como una de sus consecuencias el reconocimiento y la reglamentación de la actividad sindical. Cuando la…p. 28
13Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 711 cita
[15]sus atribuciones; por otra, extender la ciudadanía a sectores hasta entonces excluidos por los prejuicios del clero. La política incluyente del Gobierno también estuvo determinada por criterios sociales. La Revolución en Marcha significó una nueva etapa en las relaciones Estado-sectores populares, lo que supuso un…p. 71
14Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3271 cita
[16]política de transición que llevó de la oposición cerrada al gobierno de López a la co- laboración y apoyo dentro de los li- ncamientos del Frente Popular. Puede decirse que el acta de naci- miento de lo que en Colombia se co- noció como el Frente Popular, fue la manifestación del primero de mayo de 1936. Esta…p. 327
15Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 424, 4272 citas
[17]café pre sionaron leyes que revivieron y extendieron los sistemas laborales de dependencia en las grandes propiedades. La Ley 100 de 1944 protegía a los terratenientes de las pretensiones de los aparceros que se declaraban colonos. Los autorizaba en los contratos de aparceria a prohibir el cultivo de productos de…p. 424
[24]preocupaciones políticas y cual. quiera as~iración a controlar el proceso de producción, a cambio de una participación en los beneficios de la productividad. Promovido en Colom bia por la Iglesia Católica, por el gobierno y por muchos industriales, el nuevo sindicalismo se desarrolló bajo la protección legal concedida…p. 427
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
[20]políticas y económicas que percibieron que la Iglesia les estaba disputando el poder local, la institución con- tinuó con la formación de líderes obreros y campesinos. Amparado en un discurso político y pastoral de promoción de valores cristianos asociados con la organización y pacificación del campo, el apoyo…p. 57
17"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1601 cita
[21]en el campo político. En el plano militar esta preocupación cobró forma bajo la perspectiva de seguridad nacio- nal y la doctrina del enemigo interno. Este planteamiento derivó en una serie de medidas tomadas por los gobiernos nacionales del continente americano. De estas preocupaciones no estuvo exenta la iglesia…p. 160
18De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 991 cita
[22]sencillamente se convirtió, según el documento del V Congreso, en otra forma de colonialismo en Colombia. Un año después de celebrado este Congreso, un informe del comité ejecuti- vo de la UTC registraba algunas de las acciones de FAI AL. Con motivo del aniversario 25 de las dos organizaciones". el documento trataba…p. 99
19De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 991 cita
[23]el documento del V Congreso, en otra forma de colonialismo en Colombia. Un año después de celebrado este Congreso, un informe del comité ejecuti- vo de la UTC registraba algunas de las acciones de FAI AL. Con motivo del aniversario 25 de las dos organizaciones". el documento trataba de darle una mirada positiva a las…p. 99
20Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2591 cita
[27]investigación históri- ca poco ha profundizado estos aspec- tos de resistencia cotidiana no insti- tucionalizada, y por ello es poco lo que podemos decir en este punto. De otra parte, ya se señalaba que el congreso de Medellín representó cerca del 38 % del sector organizado sindi- calmente. Es decir, que casi un 60 %…p. 259
21Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 112, 3442 citas
[29]oferta cargada en la cabeza: frutas para dulce, legumbres, frutas frescas, gallinas y aves de monte. Las cajoneras y pandequeseras venden parva y algunas pan de azúcar, que parten con un serrucho. La modernización del trabajo, es decir, la generalización del salario como forma de pago en detrimento del trabajo…p. 344
[32]mecanizada, las comunicaciones, el comercio y los servicios se desarrollaron principal- mente a costa de los sectores tradicio- nales. Las actividades económicas de la población se modificaron en con- secuencia: si en 1938 cerca del 75 % de la población activa trabajaba en la agricultura, en 1957, por contra, no había…p. 112
22Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 327, 3362 citas
[30]que re- sultó de la fusión de las cervecerías La Antioqueña y Libertad en 1930. El país asistió, pues, casi desde los mismos años de la crisis a una extraor- dinaria recuperación industrial sin an- tecedentes en su historia. En el caso de la industria textil, las inversiones y el cambio técnico fueron dos de los…p. 336
[31]el de Eduardo Echavarría, quien durante treinta y dos años fue administrador y técnico de Coltejer. De otra parte, iba siendo normal que las empresas fabriles operaran a base de trabajo libre, es decir, de obreros que libremente establecían un contra- to de trabajo con sus patrones, aunque la reglamentación de ciertos…p. 327
23Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3281 cita
[33]1945, and congress's choice of Alberto Lleras Camargo to succeed him cemented the change of direction of the state and of its policies. A few months later the new president had the opportunity to demonstrate the direction that the changes would take with respect to social movements. At the beginning of December 1945…p. 328
24Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1371 cita
[34]administración, los trabajadores y los comunistas se la jugaron por apoyarlo y defenderlo políticamente, en especial después del intento de golpe de Estado del 10 de julio de 1944, cuando el presidente fue apresado por un movimiento militar en Pasto. Los militares demostraban así que no estaban al margen de los…p. 137
25Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 411 cita
[35]del movimiento sindical, lo que llevó a la destrucción del sindicato más combativo del país en ese momento: FEDENAL. Pero no era el fin de la lucha, ya que Bogotá, Cali y Medellín, que eran en ese momento los centros urbanos más grandes del país, fueron escenarios de resistencias que se prolongaron hasta 1949, lapso…p. 41
26Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3551 cita
[36]the Colombian government were predictable. Following the failed general strike of May 1947, Ospina Pérez emulated his predecessor, Lleras Camargo, by removing legal recognition of the CTC, which had coordinated the strike, thereby dealing it a crippling blow. 41 Militant, political unionism declined precipitously…p. 355
27Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2281 cita
[37]el ambiente de la república” (Henderson, 2006: 392), Ospina reaccionó tratando de convertir a la policía en un cuerpo uniformemente conservador y declaran do el estado de sitio en varias regiones del país. i A partir de 1947 se conservatizaron no solo los organismos de control del orden público, sino también las…p. 228
28Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 2341 cita
[38]un sindicalismo conciliador, apo- lítico y economicista en sus reivindicaciones. La división interna en la ctc entre liberales y comunistas se agudiza tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Tras el golpe militar de 1953, se declara ilegal al Partido Comunista y la crisis de la ctc se extiende a la utc, de…p. 234
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1231 cita
[39]Confederación Sindical de Trabaja- dores de Colombia, que aún subsiste como una de las grandes federaciones sindicales del país, ahora bajo el nombre de Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). En 1946, fruto de un cisma en la misma, se creó la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), que junto con la Unión…p. 123
30Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1341 cita
[40]pidos sindicales, purga y encarcela- miento de dirigentes, escamoteo a la huelga como instrumento legítimo de reclamación, destrucción sistemática de la relativa unidad sindical (promo- ción de la UTC y sus filiales), son par- te de esta nueva avalancha que intro- duce un puente de continuidad con las tareas que desde…p. 134