Ensayo · Prehispánico · antes de 1499
Intensificación material y poder político en los cacicazgos colombianos
Los camellones zenúes del bajo San Jorge y el monopolio salino muisca de Zipaquirá desafían los modelos clásicos que vinculan obras hidráulicas y control de recursos escasos con despotismo centralizado. El caso colombiano sugiere que la complejidad política se jugaba en registros militares y rituales no reducibles a la economía.
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La respuesta en breve
La evidencia arqueológica e histórica de los cacicazgos zenú y muisca desmiente la ecuación wittfogeliana entre obra hidráulica masiva y despotismo estatal: los camellones del bajo San Jorge carecen de evidencia de un centro coordinador coercitivo y pudieron construirse por agregación familiar descentralizada a lo largo de generaciones. El monopolio salino del Zipa sobre Zipaquirá no se tradujo en dominación política sobre las regiones consumidoras ni en ventaja material acumulada para las élites, como muestra la ausencia de diferenciación nutricional u ósea en sitios como Tibanica. El poder de los jefes muiscas descansaba principalmente en la guerra y el rito —sacrificios humanos vinculados al ciclo agrícola, autoridad calendárica del jeque— más que en la apropiación del excedente económico, lo que sitúa a estos cacicazgos en una familia estructural distinta a la que predicen Wittfogel, Service, Steward y Carneiro.
El núcleo del debate enfrenta dos posiciones irreconciliables sobre la causalidad entre economía y política en las sociedades prehispánicas colombianas. La posición clásica —Wittfogel para la hidráulica, Service y Sahlins para la redistribución, Carneiro para la circunscripción ambiental— sostiene que la intensificación material genera necesariamente centralización coercitiva: cien mil hectáreas de camellones exigirían un Estado capaz de conscribir trabajo forzoso, y el monopolio de la sal de Zipaquirá debería traducirse en dominación política sobre las redes de consumo. La posición revisionista, apoyada en Plazas, Falchetti, Langebaek y Cardale de Schrimpff, argumenta que los camellones zenúes estaban ya abandonados cuando existían los cacicazgos protohistóricos, que sus constructores no dejaron evidencia de aparato coercitivo ni de densidad poblacional suficiente para el modelo clásico, y que la contradicción interna de las hipótesis climáticas sobre su abandono señala variables sociales no resueltas. Para el caso muisca, el debate se bifurca: Eduardo Londoño interpreta el tributo como intercambio asimétrico de regalos basado en prestigio y generosidad, mientras una lectura alternativa sostiene que la sociedad muisca era jerárquica y extractiva en sentido feudal; la ausencia de correlación entre rango y ventaja material en Tibanica pesa a favor de Londoño, pero la tensión no está cerrada. Un tercer eje enfrenta al determinismo ambiental de Steward —que leyó el altiplano cundiboyacense como zona marginal de complejidad menor— con la evidencia de microverticalidad agrícola, alta productividad de la papa de altura y ausencia de hambrunas periódicas, que desmonta la imagen de vulnerabilidad proyectada sobre los muiscas.
Ensayo completo
La lectura
Pregunta: ¿Engendra la intensificación material jefaturas despóticas, o abre el caso colombiano otras vías?
Contexto. Entre los ríos San Jorge y Sinú, en la depresión momposina, una comarca de aproximadamente ciento diez kilómetros de largo por treinta de ancho fue transformada, siglos antes de la conquista española, en un sistema de camellones y canales que sumó unas cien mil hectáreas de tierra laborable modelada por manos humanas. A dos regiones de distancia, en el altiplano cundiboyacense, los muiscas ejercían un monopolio efectivo sobre las salinas de Zipaquirá cuya producción alcanzaba, por el sur, la región de Neiva, y por el norte, los alrededores de Barrancabermeja. Dos casos monumentales de intensificación material que los modelos antropológicos clásicos —de Wittfogel a Service, de Steward a Carneiro— habrían leído como signo inequívoco de despotismo estatal, o al menos de jefaturas fuertemente centralizadas. La evidencia colombiana los desmiente en ambos frentes. Y lo hace sin sustituir el despotismo por una arcadia igualitaria: muestra que la complejidad política de estas sociedades se jugaba en registros —militar, ritual, redistributivo asimétrico— que la ecuación entre economía e imperio no anticipa.
Enunciado. Discuta si la intensificación agrohidráulica a gran escala y el control monopólico de recursos escasos, documentados para los cacicazgos zenú del bajo San Jorge y los muiscas del altiplano cundiboyacense, sustentan o refutan la tesis clásica que vincula intensificación material con despotismo centralizado. La respuesta debe abordar tres frentes —hidráulico, económico y ambiental— y pronunciarse sobre el alcance explicativo de los modelos de Wittfogel, Service, Steward y Carneiro para el caso colombiano.
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Lo que se juega en la pregunta
La cuestión no es de arqueología pintoresca. Desde que Wittfogel formuló, a mediados del siglo XX, su tesis sobre las "sociedades hidráulicas" —según la cual las grandes obras de riego exigen y producen un poder despótico centralizado capaz de coordinar la fuerza de trabajo masiva—, la antropología política de las civilizaciones tempranas quedó organizada por un supuesto: donde hay ingeniería agrohidráulica a gran escala, hay coerción estatal. Service y Sahlins añadieron, hacia 1958 y 1962, un correlato económico: los cacicazgos consolidarían su autoridad mediante la redistribución de bienes provenientes de ecologías diversas, siendo el jefe el nudo obligado de esa circulación. Carneiro, en 1970, coronaría el modelo con su teoría de la circunscripción ambiental: allí donde la tierra fértil es escasa y limitada, la guerra por el territorio genera Estados.
Los cacicazgos colombianos son un laboratorio incómodo para todas esas tesis. Construyeron obras hidráulicas comparables en escala a muchas del Viejo Mundo. Controlaron recursos escasos —sal, esmeraldas, coca— que circulaban en radios de cientos de kilómetros. Y sin embargo, ni los zenúes del San Jorge ni los muiscas del altiplano habían alcanzado, al momento de la conquista, la integración estatal plena que los modelos predicen. Lo que se pone a prueba es la teoría, no los muertos.
Los términos del debate
El debate tiene tres frentes que conviene separar.
El primero es el hidráulico. La ecuación wittfogeliana —obra masiva igual a poder despótico— presupone que la coordinación de miles de jornales solo puede lograrse por coerción centralizada. Contra esto, una lectura alternativa sostiene que en el trópico americano la intensificación pudo emerger por agregación gradual de unidades familiares o comunitarias, sin un centro directivo previo. Los camellones no serían resultado de un plan estatal sino la sedimentación de generaciones de decisiones descentralizadas sobre un mismo paisaje inundable.
El segundo frente es económico. ¿El control de un recurso escaso confiere automáticamente poder político? El monopolio del Zipa sobre las salinas de Zipaquirá parece caso de manual. Pero un examen atento del intercambio muisca —mercados cada cuatro días, mantas como cuasi-patrón de valor, redes que llevaban sal muisca a ochocientos kilómetros de distancia— sugiere que la sal circulaba en circuitos comerciales relativamente abiertos, con intermediarios de Tunja y Gachetá que se abastecían y revendían, sin que ese flujo se tradujera en dominación política sobre las regiones consumidoras. Controlar la salina no era gobernar a quienes consumían la sal.
El tercer frente es el más incómodo. Concierne al determinismo ambiental que atravesó a Steward y a buena parte de la antropología cultural de los años cincuenta y sesenta: la idea de que las sociedades andinas del norte, al carecer del ecosistema costero peruano o del altiplano boliviano, estaban ambientalmente condenadas a una complejidad menor. Esta lectura proyectó sobre los muiscas una imagen de vulnerabilidad y dependencia que las evidencias posteriores desmontan: el altiplano cundiboyacense era una zona excepcionalmente productiva, con papa de altura de rendimiento superior al maíz y ausencia de las hambrunas periódicas que asolaron la Europa medieval.
Los camellones del San Jorge: ingeniería sin evidencia de despotismo
El sistema panzenú del bajo San Jorge es el mejor argumento arqueológico contra Wittfogel en América. Cien mil hectáreas de camellones identificados por fotografía aérea: campos elevados entre canales que drenaban las aguas en época de crecida y conducían humedad en época seca, permitiendo agricultura permanente en una llanura estacionalmente inundable. Los constructores fueron los panzenúes, uno de los tres cacicazgos —junto con Fincenú, en el valle del Sinú con centro en la Laguna de Betancí, y Cenúfana, en el bajo Cauca y el Nechí— que los españoles encontraron a comienzos del siglo XVI.
Aquí empieza la primera anomalía. Cuando los conquistadores describieron la región, el sistema ya estaba abandonado. Las excavaciones confirman que zanjas y camellones pertenecían a una fase anterior, protohistórica temprana o incluso previa, y que las sociedades zenú-malibúes del siglo XVI —matrifocales, con familias centradas en el papel conductor de la madre y sin discriminación entre sexos— habitaban un paisaje hidráulico heredado que ya no operaban. Los españoles, sin embargo, describieron ese mismo territorio como el granero de la región: la mayor productora agrícola del entorno, en flagrante contraste con la imagen de una población tardía dispersa y de subsistencia que la arqueología sugiere.
La segunda anomalía es más profunda. La hipótesis clásica exigiría, para una obra de esta escala, evidencia de un liderazgo capaz de movilizar mano de obra masiva. Esa evidencia no aparece. No hay datos precisos de densidad poblacional suficiente. No hay estructuras que delaten un aparato coercitivo. Los restos materiales están superficialmente dispersos. La diferenciación social se expresa —esto sí— en los ajuares funerarios, con entierros en urnas cerámicas dentro de túmulos que codifican rango, y la propia técnica de acarreo y apilamiento de tierra para los túmulos coincide con la empleada en los camellones. Pero rango visible en la muerte no equivale a Estado en la vida: es diferenciación de prestigio, no maquinaria administrativa.
La tercera anomalía la aportan las explicaciones climáticas al abandono. Se ha propuesto que un período seco motivó la construcción del sistema —para conducir agua— y que otro período seco causó su abandono —por pérdida de utilidad como drenaje. El argumento se muerde la cola: si el sistema servía en épocas secas para conducir agua, un nuevo período seco lo haría más útil, no menos. La contradicción sugiere que la explicación causal no está en el clima sino en variables sociales aún no reconstruidas.
De aquí surge la lectura alternativa: los camellones pudieron construirse sin élite coordinadora central, mediante agregación de esfuerzo familiar y comunitario a lo largo de siglos, cada unidad ampliando un tramo, cada generación consolidando lo heredado, sin que en ningún momento existiera un plan director ni un cacique con capacidad de conscribir trabajo forzoso. La cosmovisión zenú refuerza esta lectura: el oro no era moneda ni instrumento de acumulación económica sino fuente numinosa de poder, conducto de la energía solar, símbolo de eternidad —una economía simbólica que no se organiza según la lógica del excedente extraíble.
Que la evidencia de un centro coordinador no aparezca no equivale a demostrar que no existió; equivale a que la carga probatoria recae sobre quien afirme el despotismo, no sobre quien lo niegue. Y en ese terreno, Wittfogel pierde.
El altiplano muisca: monopolio salino y poder no económico
El caso muisca invierte la operación. Aquí sí hay indicios claros de centralización política —dos grandes unidades en formación, el zipazgo con sede en Bacatá y el zacazgo con sede en Hunza, con jefes supremos, jerarquías de caciques locales y capitanías, campañas de expansión territorial documentadas— pero la relación entre esa centralización y el control económico resulta más resbaladiza de lo que el modelo clásico permitiría suponer.
El Zipa de Bacatá tenía, en efecto, un cuasi-monopolio sobre la sal de Zipaquirá. Los mercados periódicos cada cuatro días articulaban una red comercial que llevaba las mantas —el bien más cercano a un patrón de medida de valor en la economía muisca— junto con la sal, la coca y las esmeraldas hacia regiones distantes. La sal muisca aparece hasta Neiva por el sur, Barrancabermeja por el norte y hasta ochocientos kilómetros hacia el oriente. Es un flujo de mercancía a larga distancia sostenido durante siglos.
Y sin embargo, hay que mirar más de cerca. La sal era esencial para la vida y geográficamente restringida —esa combinación la hacía objeto de comercio obligado— pero circulaba a través de intermediarios: gentes de Tunja iban a las salinas cercanas a Bacatá para revender el producto; a Gachetá acudían indígenas de muchos lugares para abastecerse. El Zipa controlaba la fuente pero no gobernaba la red. Las esmeraldas de Somondoco, por su parte, estaban bajo control del Zaque, no del Zipa, quien debía obtenerlas por intercambio. El oro que los orfebres muiscas trabajaban provenía de zonas muy lejanas —la región de Neiva y otros puntos del Magdalena— mediante comercio, no por extracción local. La geografía del poder muisca y la geografía del monopolio no coinciden.
Más decisivo aún: los indicadores materiales de dominación económica escasean donde deberían abundar. En el sitio arqueológico de Tibanica, la diferenciación social marcada por objetos de metal o huesos de animales especiales no se correlaciona con mayor riqueza en ajuares funerarios, ni con longevidad diferencial, ni con mejor nutrición. Los objetos de estatus están allí, pero no hay evidencia de que quienes los portaban vivieran materialmente mejor, comieran mejor o duraran más. Si el cacique muisca fuera un explotador económico al estilo de las jefaturas de Service, el registro óseo lo diría. No lo dice.
Esto obliga a releer el "tributo" muisca. Los cronistas españoles, formados en un mundo feudal, describieron la relación cacique-comunidad en clave extractiva: el cacique concentraba excedente en especie y trabajo, cultivaba sus tierras, sostenía al sacerdocio, financiaba obras comunes. Lo que operaba, más bien, era un intercambio asimétrico de regalos, no una extracción secular fija. El cacique acumulaba para consumir con sus sujetos en ocasiones solemnes, la generosidad y la exhibición de prestigio eran el nervio del vínculo, y la distinción entre propiedad y usufructo de la tierra no coincidía con las categorías europeas. Cruzada con Tibanica, la lectura feudal pierde peso empírico: si el rango no se traduce en ventaja nutricional ni en riqueza material acumulada, el cacique existe, la jerarquía existe, la sal circula bajo su control, pero la asimetría no toma la forma de explotación económica al modo europeo.
¿De dónde venía entonces el poder del Zipa y el Zaque? De dos fuentes que los modelos economicistas subestiman: la guerra y el rito. Las campañas de expansión territorial muestran a Nemequene, y luego a Tisquesusa, incorporando comunidades por conquista. Los sacrificios humanos vinculados al ciclo agrícola —guerreros panches flechados en postes a la entrada del cercado del cacique entre enero y marzo, niñas de familias importantes depositadas en los hoyos de los postes de las viviendas caciques, moxas jóvenes traídos del piedemonte llanero desde un lugar llamado Casa del Sol— eran actos de violencia ritualizada que exhibían y producían jerarquía sin traducirse en apropiación de mano de obra. El jeque, tras años de reclusión en su seminario, ayuno y estudio esotérico, formulaba el calendario agrícola y ceremonial vinculado a solsticios y equinoccios, y esa autoridad ritual sostenía la del cacique tanto como los tributos.
La comparación con sociedades chibchas contemporáneas —kogi y u'wa— refuerza esta lectura: en ellas el poder reside en especialistas religiosos que controlan casas ceremoniales y reciben tributos, sin que ello se organice como dominación económica. El caso muisca pertenece a esa misma familia estructural, ampliada por una dimensión militar que en kogi y u'wa está atenuada.
Manejo ecológico frente al determinismo
La segunda tesis en tensión —que el determinismo ambiental proyectó sobre los muiscas una vulnerabilidad ficticia— se sostiene desde el ángulo agronómico. Steward y sus discípulos leyeron el altiplano cundiboyacense como zona de tierra fría marginal, apta apenas para cultivos limitados, en contraste con el altiplano peruano-boliviano o la costa desértica del Perú. Esa lectura subestimó tres cosas.
Primero, la diversidad de pisos térmicos accesibles a los muiscas. Los cacicazgos con asentamientos principales en tierras altas y frías —Sogamoso, Duitama, Hunza, Bacatá— tenían simultáneamente acceso a tierras templadas bajo su control, donde cultivaban maíz. La microverticalidad muisca no dependía del intercambio con grupos ecológicamente distintos, como el archipiélago vertical de Murra en los Andes centrales presuponía: era intraterritorial. Los muiscas no necesitaban confederarse con vecinos de otro piso para asegurar su base alimentaria; la aseguraban dentro del propio dominio cacical.
Segundo, la productividad real de los cultivos altoandinos. La papa de altura tenía rendimiento por hectárea superior al maíz y funcionaba como alimento básico del pueblo raso, mientras el maíz —producto agrícola más importante según los registros de archivo del siglo XVI, a pesar de su lento crecimiento en tierra fría— tenía carácter de alimento especial y ritual. La combinación de yuca, maíz y papa producía más energía y nutrientes por hectárea que los cultivos del Viejo Mundo, y no generaba las hambrunas periódicas europeas. El altiplano no era un ambiente hostil superado a duras penas; era una zona excepcional para la producción agropecuaria.
Tercero, la tecnología productiva. Aunque la agricultura muisca era predominantemente extensiva —largos períodos de descanso, roza y quema, siembra con palos aguzados y palas de madera, deshierbe manual— la evidencia arqueológica de Zipacón data la agricultura del altiplano al menos en el año 1320 a.C., con vestigios de maíz, batata y aguacate que ya evidencian desplazamientos humanos entre pisos térmicos. Tres milenios de manejo ecológico continuo, con secuencia ininterrumpida desde alrededor del 900 d.C. hasta la conquista y aún varios siglos más en algunas regiones durante el período colonial.
Este dato tiene una consecuencia teórica que la lectura clásica pasó por alto: si la base ecológica muisca era próspera y su tecnología suficiente, entonces el hecho de que no alcanzaran integración estatal plena al momento de la conquista no puede explicarse por deficiencia ambiental. Debe explicarse por otras variables —quizás precisamente por la abundancia. Donde la circunscripción ambiental de Carneiro no aprieta, la presión hacia la coordinación política mayor tampoco aparece. La abundancia de tierras fértiles pudo permitir a las comunidades satisfacer sus necesidades sin aumentar aún más su coordinación política, dejando el proceso de consolidación estatal inconcluso a la llegada española.
La respuesta
Reunidos los tres frentes, la respuesta se puede formular sin escamotear su alcance ni sus límites.
La ecuación wittfogeliana entre obra hidráulica masiva y despotismo centralizado no se sostiene para el caso zenú. Las cien mil hectáreas de camellones del bajo San Jorge se construyeron en ausencia de evidencia arqueológica de un liderazgo capaz de movilizar mano de obra masiva, y la hipótesis más consistente con el registro disponible es la de una intensificación descentralizada, sedimentada por agregación familiar y comunitaria a lo largo de siglos. La ingeniería a gran escala no requirió, en el trópico colombiano, el aparato coercitivo que la teoría postulaba como necesario.
El control de un recurso escaso tampoco equivale mecánicamente a poder político. El Zipa monopolizaba las salinas de Zipaquirá, pero su hegemonía sobre las regiones consumidoras de sal era, en el mejor de los casos, indirecta y mediada por intermediarios comerciales. La sal circulaba en un mercado; el poder muisca se ejercía en otras dimensiones. La subordinación política al zipazgo respondía a lógicas militares —campañas de expansión de Nemequene y Tisquesusa— y rituales —el calendario de los jeques, los sacrificios, el consumo colectivo de chicha y yopo en ocasiones solemnes— no reducibles al monopolio salino ni a redistribución económica al estilo de Service.
Y el determinismo ambiental subestimó la capacidad de manejo ecológico muisca. El altiplano cundiboyacense no era una zona marginal que impidiera la complejidad; era una región excepcionalmente productiva cuyo excedente relativo pudo haber reducido, más bien, la presión hacia una integración estatal mayor. La no-consolidación estatal muisca al momento de la conquista no se explica por pobreza del ambiente sino por abundancia relativa: donde no aprieta la escasez, la coerción centralizada no encuentra su condición de necesidad.
De las tres proposiciones se sigue una tesis general: las sociedades del altiplano cundiboyacense y del bajo San Jorge demuestran que la complejidad política y la intensificación material pueden disociarse del control económico centralizado que los modelos clásicos presuponen. Poder político real —militar, ritual, redistributivo en sentido asimétrico— coexistió con economías donde el excedente no era apropiado extractivamente por una élite gobernante. La ecuación intensificación-despotismo, tan productiva para pensar Mesopotamia o el Egipto faraónico, no describe la vía colombiana. Las sociedades del San Jorge y el altiplano exigen una teoría del poder político donde la intensificación material y la centralización política sean variables independientes, donde el control de recursos escasos coexista con formas de autoridad no económicas, y donde la abundancia ecológica no empuje siempre hacia el Estado.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
27 documentos · 72 fragmentos de referencia01Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 641 fragmento
[1]Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…
p. 64
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1971 fragmento
[2]una variada disposición sobre una comarca de unos 110 km de largo por 30 km de ancho en las llanuras aluviales del río San Jorge. Asegura Parsons haber localizado en fotografías aé- reas unas 43 Parsons, James J. 1966, «Los campos de cultivo prehispánicos del bajo San Jorge», Revista de la Academia Colombiana de…
p. 197
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 77, 91, 94, 98, 1065 fragmentos
[3]cu bierta de un sistema de peque ñ as lomas alargadas paralelas, cons truidas artificialmente. Probablemente se trata de campos de cul tivo y de un sistema de drenaje, aunque no se puede descartar la posibilidad de que sean nansas o estanques para la cr í a de ciertas especies de peces. Tales construcciones, restos de…
p. 77
[10]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…
p. 94
[20]Ser. 2, New York, 1952. --------------------- “ Age and Area o f Ameri c an Cultivated Plants ”, en Actas del XXXIII Congreso Internacional de Americanistas, San Jos é, 1958, vol. I, San Jos é de Costa Ri c a, 1959, p á gs. 215-229. Z evallos M., C arlos, W alton C. G alinat, D onald W. L athrap, E arl A. L e ñ o, J…
p. 106
[55]escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…
p. 98
[63]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…
p. 91
04Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 325, 332, 342, 3495 fragmentos
[4]tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…
p. 325
[25]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
[58]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…
p. 349
[59]adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…
p. 262
[65]los doctrineros constituía pues un lugar diabólico —El Infiernito— y la destrucción del sitio se inició ya en siglo xvi y ha continuado hasta hoy en día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio, se han incor- porado en la construcción de casas campesinas y aun de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este…
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05Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 214, 219, 235, 297 y 2 más6 fragmentos
[5]Sin duda, se supone, fue una sociedad más igualitaria que no desarrolló una centralización política comparable a la de sus predecesores, ni una orfebrería tan notable. Suena fascinante, pero hay algo paradójico en la argumentación. Por un lado, se supone que la región inundable del bajo San Jorge fue, según los…
p. 214
[6]estos túmulos eran tan grandes como abundante era la chicha que se daba a quienes los construían. Claramente, fueron construidos para ser vistos, y para que las diferencias entre ellos fueran evidentes. En estas sociedades, mostrar la jerarquía sin duda fue importante, pero muy seguramente no estamos hablando de una…
p. 219
[48]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…
p. 376
[49]triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…
p. 235
[54]igualdad les parecería una tontería, pero las relaciones entre individuos no se basan en apropiarse del trabajo ajeno. El mundo de muchas sociedades indígenas suele ser profundamente jerarquizado. A modo de ejemplo, en algunas sociedades indígenas se afirma que hombres y mujeres no comparten un origen común. Y no solo…
p. 398
[66]una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…
p. 297
06Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 36, 522 fragmentos
[7]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…
p. 52
[44]desarrollo del cultivo del maíz permitió a los pobladores Colombia indígena, período prehispánico 43 -hasta entonces ribereños y dependientes de una combinación de recursos acuáticos y de su agri- cultura de raíces- retirarse de los ríos y exten- derse sobre las laderas del sistema andino. Al ocupar tierras tan…
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07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 372 fragmentos
[8]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…
p. 35
[26]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…
p. 37
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 10, 22, 25, 284 fragmentos
[9]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…
p. 28
[24]lenguas a su mando, como algunos panches. Algo similar tal vez empezaba a pasar entre los cat í os de Antioquia o entre los grupos ind í genas del Cauca de la zona quimbaya, pero los relatos de los espa ñ oles no permiten saberlo con certeza. En el territorio colombiano no hubo imperios fuertes como los de Per ú o M é…
p. 25
[40]pi ñ a, guayaba, aguacate, tomate, guan á bana, granadilla, curaba, uchuva), verduras y tub é rculos (ahuyama, achira, cubios, arracachas, hibias y ullucos o chuguas), legumbres y semillas (frijol y quinoa) y anima les dom é sticos, ofrec í an una alimentaci ó n adecuada, sin las ham brunas peri ó dicas comunes en…
p. 22
[43]1500-1570. INTRODUCCI Ó N 13 dad para producir lo esencial cerca y las dificultades de transporte se reforzaron entre s í. Durante los ú ltimos tres siglos los dirigentes vieron esta diversidad natural como promesa de riquezas infinitas, en contraste con la pobreza de la poblaci ó n. Los pueblos que ocuparon la regi ó…
p. 10
09Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 119, 125, 1313 fragmentos
[11]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…
p. 125
[17]por sus ‘príncipes’, fue a la batalla organizado en escuadras que: “tomaron sitios diferentes, aparte cada cual con sus insignias, diversas en colores, de manera que la parcialidad de cada uno podía conocerse por las tiendas y pabellones que tenían puestos”. Portados en andas, los ‘reyes’ animaban sus guerreros, pero…
p. 119
[23]los conquistadores hallaron en las proximidades de los cercados fueron señaladas como almacenes para los pertrechos de guerra. Además de los destacamentos militares en los territorios sometidos, otros guerreros se apostaban en las fronteras para defen- der el imperio. Se trataba de parientes del ‘rey’ y se insistía en…
p. 131
10Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 25, 78, 84, 169, 1815 fragmentos
[12]la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…
p. 84
[19]menos; en unas sociedades donde las élites pudieron ejercer cierto control económico, y en otras donde ese no era el caso. No fueron las nociones de “casa” o de “cercado” las que le dieron sentido a las relaciones políticas y sociales, sino lo contrario: fueron éstas las que les otorgaron un sentido específico a…
p. 169
[42]resto de regiones investigadas. De hecho, onjunto de estimativos de población mencionados sugiere que ción a la llegada de los españoles era más densa en ciertos tre s del sur y del occidente del país que en varias regiones de los S s orientales. La población del Bajo Magdalena parece haber nenor que la de la Sabana…
p. 78
[52]disminuir, en Sogamoso aparecen algunas que son más grandes que otras, al igual que en Fúquene. En el valle de Leiva ocurre algo particular: se conforman dos comunidades donde se concentra la mayor parte de la población, y una de ellas (El Infier- mito) es algo más grande que la otra (Suta). El Infiernito parece tener…
p. 181
[69]de la gente no entiende. Lejos de allí, en otra sociedad, un etnógrafo describió hace años que el poder residía en especialistas religiosos cuyos linajes se trazan por siglos y que son quienes controlan las casas ceremoniales. En cl ámbito regional se sabe que hay lugares ceremoniales muy importan- tes, sitios enlos…
p. 25
11Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 119, 130, 133, 1374 fragmentos
[13]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…
p. 130
[31]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…
p. 137
[46]que, durante el citado período, hicieron su aparición en la sabana de Bogotá las primeras ma- nifestaciones agro-alfareras. En los abrigos roco- sos de Zipacón (Cundinamarca), en una capa que data de 3.270 años antes del presente, aparecen los registros cerámicos más antiguos que se conocen en la altiplanicie…
p. 119
[53]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…
p. 133
12Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 51, 58, 623 fragmentos
[14]los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…
p. 58
[21]Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…
p. 62
[72]que en el occidente colombia no no sólo coexistían diferentes estados de evolución sino que muchos gru pos apuntaban hacia formas de cohesión suprafamiliar o intertribal. En la base de esta evolución,.Trimborn afirma una unidad original de todos los grupos que habitaban las márgenes del Cauca. Esta unidad étnica…
p. 51
13Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 451 fragmento
[15]casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…
p. 45
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 fragmento
[16]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…
p. 129
15Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 33, 56, 67, 74, 1355 fragmentos
[18]favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…
p. 33
[27]que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…
p. 135
[33]tierra (cf. Reichel- Dolmatoff /1978/, 1982: 100) así como la presencia de fuentes de aguasal tan ricas como las que se encontraban en ciertas partes de la Sabana. Subsisten, por cierto, muchos aspectos del control de pisos térmicos que no se conocen apropiadamente. Por ejemplo, requiere mayor investigación saber de…
p. 67
[36]cosecha por heladas, fueron las condiciones que debió soportar el agricultor de maiz en los altiplanos. Por el contrario la agricultura de la papa de altura tiene un rendimiento por hectáreas muchas veces superior al maiz y fue, con seguridad, el alimento básico del pueblo raso, teniendo el maiz carácter de alimento…
p. 56
[37]19 y Langebaek, 1985). Ahora bien, para el período muisca, las crónicas así como la información de archivo dejan ver algunos aspectos generales del intercambio de sal. De acuerdo a Simón (/1625/ 1981, III: 257) los indígenas de la región de Tunja iban a conseguirla a las salinas cercanas a Santa Fé "por no tenerla…
p. 74
16Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 241 fragmento
[22]su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…
p. 24
17Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 122 fragmentos
[28]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
[47]© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…
p. 4
18Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 182, 303, 3708 fragmentos
[29]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…
p. 303
[30]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…
p. 303
[34]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…
p. 158
[35]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…
p. 158
[50]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[51]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[56]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…
p. 370
[57]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…
p. 370
19Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 fragmentos
[32]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…
p. 43
[41]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…
p. 36
20Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 352 fragmentos
[38]de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…
p. 35
[39]de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…
p. 35
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 211 fragmento
[45]valle del río Magdalena, a través de la cuenca del río Sogamoso. Otra vía fue la vertiente del río Apulo, tributario del Bogotá, que marca valles alargados y vías naturales de fá- cil acceso para los grupos que debieron despla- zarse desde los pisos térmicos cálidos hasta la sa- bana de Bogotá, y en sentido inverso,…
p. 21
22Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 fragmento
[60]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
23Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 76, 992 fragmentos
[61]conocido de este tipo de obras es la balsa ilustrativa de la leyenda del cacique de Guatavita, en la cual se distinguen personajes de distintos tamaños, según su jerar- quía, lo mismo que en las representaciones de los cercados de los caciques, en los cuales sobresale la figura del jefe por su tamaño más grande. El…
p. 76
[71]las más bellas y sonoras flautas de pico. La historia que evoca nuestra imaginación los repre- senta tocando flautas ceremoniales en grupos, en liturgias mecidas por el vaivén del agua y por el arrullo de sus dulces cantos. Tenían los únicos ins- trumentos musicales con sonidos bellamente defi- nidos y cuya sonoridad…
p. 99
24La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 fragmento
[62]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…
p. 51
25El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3001 fragmento
[64]hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…
p. 300
26Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 61, 652 fragmentos
[67]el ambiente de todo el acontecimiento era alegre y positivo, casi como en los velorios de hoy después de que se van las lloronas. Pues para los zenú-malibúes la muerte no lle- gaba trágicamente como en un limbo frío o en una caldera satá- nica dónde expiar pecados, sino que aparecía como un simple paso en la vida…
p. 65
[70]tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…
p. 61
27Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 441 fragmento
[68]1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…
p. 44