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Idea · Prehispánico

Microverticalidad

La microverticalidad designa el patrón adaptativo por el cual las sociedades prehispánicas de los Andes colombianos accedieron a recursos de pisos térmicos diferentes explotando la compresión altitudinal característica de las cordilleras ecuatoriales, sin necesidad de colonias lejanas ni de un aparato estatal redistributivo. El concepto se acuñó por contraste con el modelo de 'archipiélago vertical' de John Victor Murra y nombra una realidad distinta: un mosaico de ecologías tan próximas que el acceso a la diversidad de pisos se resolvía mediante movilidad estacional, vínculos cacicales y redes de trueque interétnico de corta y media distancia.

3.918 palabras24 documentos44 fragmentos citados
Microverticalidad

Trayectoria de una idea

  1. -1320

    Primeros indicios agrícolas en el altiplano cundiboyacense

  2. 1500

    Plena operación del sistema muisca de pisos térmicos

  3. 1581

    Registro colonial del acceso cacical a tierras bajas

  4. 1592

    Documentación de mercados interpisos en el altiplano

  5. 1972

    Contraste fundacional con Murra

  6. 1976

    Descubrimiento de Buritaca 200 (Ciudad Perdida)

  7. 1978

    Interpretación de la federación tairona como articulación microvertical

03

La lectura

La microverticalidad no es simplemente una versión reducida del archipiélago andino: es una solución ecológica y política radicalmente distinta, posible solo donde la geografía comprime en pocas horas de marcha la diversidad que otros continentes distribuyen en miles de kilómetros. En los Andes colombianos, esa compresión convirtió la cordillera en una despensa estratificada que los cacicazgos muiscas, taironas y sus vecinos chibchas explotaron sin necesidad de colonias permanentes ni de un Estado redistributivo. La autosuficiencia que el patrón generaba era relativa y compuesta: cultivo directo en los pisos propios, acceso estacional a vertientes vecinas y una densa red de trueque que traía al altiplano la coca, el algodón, el oro y el yopo que la ecología local no producía. Algunos investigadores han sugerido que fue precisamente la eficacia de este patrón a pequeña escala lo que hizo innecesaria —y por tanto inexistente— una integración estatal comparable a la inca o la azteca en el actual territorio colombiano. Hoy, los kogi, u'wa, arhuacos y barí que habitan las mismas sierras y cordilleras mantienen viva, en su movilidad estacional entre pisos, una práctica que es a la vez archivo etnográfico y argumento vivo sobre la inteligencia adaptativa de las sociedades prehispánicas colombianas.

La microverticalidad designa el patrón adaptativo por el cual las sociedades prehispánicas de los Andes colombianos accedieron a recursos de pisos térmicos diferentes explotando la compresión altitudinal característica de las cordilleras ecuatoriales: en pocas horas de marcha, sin necesidad de establecer colonias lejanas ni de coordinar un aparato estatal redistributivo, un habitante de la Sierra Nevada de Santa Marta o del altiplano cundiboyacense podía pasar del calor tropical a las nieblas del páramo. El concepto se acuñó por contraste con el modelo de verticalidad formulado por John Victor Murra en 1972 para el mundo andino peruano-boliviano —el célebre "archipiélago vertical" de islas ecológicas discontinuas controladas desde un núcleo étnico—, y nombra hoy una realidad distinta: un mosaico de ecologías tan próximas entre sí que el acceso a la diversidad de pisos podía resolverse mediante movilidad estacional, vínculos cacicales con tierras bajas y redes de trueque interétnico de corta y media distancia. Muiscas, taironas y sus vecinos chibchas del Cocuy y la Sierra Nevada organizaron sobre esta escala reducida buena parte de su economía, su política y su vida ritual, y en ella se juega una de las claves para entender por qué en el actual territorio colombiano no emergieron imperios comparables al inca o al azteca.

La forma del terreno

Colombia es un país escalonado. Desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas, el gradiente altitudinal se ordena en pisos térmicos sucesivos: la tierra caliente por debajo de los 1.000 a 1.100 metros; la tierra templada entre esa franja y los 2.300 aproximadamente; la tierra fría más arriba; y, ya en las cumbres, el páramo a partir de los 3.200 a 3.650 metros, con temperaturas medias que oscilan entre 6 °C y 0 °C, sin árboles, permanentemente húmedo, coronado por zonas gélidas de nieve. Los límites varían, pero el principio es el mismo: en los Andes ecuatoriales la altitud reemplaza a la latitud como principio ordenador del clima. Lo que en Europa exige recorrer miles de kilómetros —del olivo mediterráneo al abeto boreal— aquí ocurre en una ladera. En territorios contiguos coexisten el frío permanente del páramo, la temperatura templada de las vertientes medias, donde los árboles frutales florecen y cargan todo el año, y el calor intenso de las tierras bajas.

Esa compresión es el hecho geográfico que hace posible la microverticalidad. Un cacicazgo asentado en la Sabana de Bogotá, a poco más de 2.600 metros, tiene a menos de un día de camino las vertientes cálidas del río Magdalena; los poblados de la Sierra Nevada de Santa Marta —el macizo litoral más alto del mundo, con picos que se elevan bruscamente desde el Caribe hasta los 5.775 metros del pico Bolívar y los 5.770 del Colón— están dispuestos de modo que sus habitantes pueden pasar en pocas horas del piso cálido al templado y al frío. La cordillera no es aquí una barrera, sino una despensa estratificada.

Sobre esa estructura vertical se posó, además, una densidad demográfica desigual. Al menos desde la conquista española, y probablemente ya en tiempos precolombinos, la mayor parte de la población del actual territorio colombiano se concentró en las altiplanicies y vertientes andinas, no en las tierras bajas. Las alturas ofrecían dos ventajas simultáneas: escape del calor y de las enfermedades tropicales, y suelos aptos para una agricultura estable. La cordillera fue, más que un obstáculo, la condición misma de habitabilidad.

Del archipiélago vertical al mosaico comprimido

El concepto de verticalidad andina lo formuló Murra en 1972 a partir de fuentes coloniales tempranas sobre los reinos aymaras. Su modelo describía cómo un grupo étnico asentado en el altiplano peruano-boliviano enviaba colonos —los famosos "archipiélagos"— a pisos ecológicos distantes: la costa para el maíz y el ají, la ceja de selva para la coca, las alturas para los camélidos. Esas islas de población, separadas por decenas o cientos de kilómetros de territorios ajenos, permanecían leales al núcleo étnico y le remitían sus productos. El modelo suponía distancias considerables, discontinuidad territorial y una coordinación política capaz de sostener asentamientos permanentes lejos del centro.

Cuando la arqueología y la etnohistoria colombianas —con nombres como los de Gerardo Reichel-Dolmatoff, Ana María Boada, Carl Henrik Langebaek y Robert Drennan— comenzaron a examinar los patrones de acceso a recursos entre muiscas, taironas y sus vecinos, la forma que encontraron no encajaba en el archipiélago. No había colonias distantes ni control étnico de enclaves a semanas de marcha. Había, en cambio, una explotación escalonada de pisos próximos, articulada por movilidad estacional, por vínculos entre caciques y regiones vecinas y por un comercio interétnico intenso pero de radios reducidos. La microverticalidad nombra ese patrón: la misma lógica de diversificación ecológica, resuelta a otra escala, con otros mecanismos y sin la necesidad de una estructura imperial que la sostuviera.

La diferencia no es menor teóricamente. En el modelo peruano, la verticalidad es inseparable del Estado: solo una autoridad centralizada puede mantener colonias lejanas y organizar la circulación de bienes entre pisos discontinuos. En el modelo colombiano, la microverticalidad opera precisamente en ausencia de esa centralización, y algunos investigadores han sugerido que fue justamente su eficacia a pequeña escala lo que hizo innecesaria —y por tanto inexistente— una integración estatal comparable.

Los muiscas y la despensa escalonada

El núcleo muisca ocupaba los altiplanos de Bogotá, Tunja y Sogamoso, en la cordillera Oriental: una región de excepcional diversidad agroclimática, con una base de recursos permanentes y de fácil aprovechamiento de la que carecían los taironas o los cacicazgos de las vertientes. En sus tierras frías cultivaban papa, diversos tubérculos andinos, quinoa, maíz de altura y frijol; en las vertientes más bajas y templadas obtenían arracacha, guayaba, piña. Otros productos no crecían en el altiplano o solo lo hacían de forma marginal: la coca y el algodón, dos bienes centrales para la vida ritual y material muisca, provenían del valle del Magdalena y llegaban por comercio.

La economía muisca era fundamentalmente autosuficiente en subsistencia básica —las alusiones tempranas a un medio geográfico "inhibidor" de la agricultura han sido desmentidas por la evidencia—, pero esa autosuficiencia no se lograba mediante un control uniforme de todos los pisos térmicos por parte de cada cacicazgo. Se lograba mediante una combinación heterogénea: cultivo directo en las alturas propias, acceso a vertientes cercanas y una densa red de intercambios que traía a los mercados del altiplano lo que no podía sembrarse allí.

El acceso a tierras más bajas no era, sin embargo, un asunto puramente mercantil. Fray Pedro Simón, escribiendo hacia 1625, registró que el Cacique de Bogotá tenía una "casa de recreo" en Tena, región que él mismo describió como "tierra más caliente que fría", a unas cinco leguas del altiplano. Fray Pedro de Aguado, hacia 1581, había consignado que poco después de la llegada de los españoles al altiplano el mismo cacique se refugió allí. Un documento de visita de 1639 sugiere además que en Tena había parcelas vinculadas a indígenas del cacicazgo de Bogotá. Puesto que la tendencia durante la colonia fue que los indígenas perdieran tierras, la posesión de esas parcelas en un piso térmico distinto debe leerse como supervivencia de una tradición prehispánica, no como novedad del régimen español. El cacique disponía, así, de acceso directo a un piso cálido próximo, y ese acceso tenía tanto una dimensión económica —recursos, refugio— como una simbólica, propia del rango.

Los movimientos ordinarios no se limitaban a las élites. Una visita colonial de 1592 documenta que los indígenas de Ubaté acudían "a sus contrataciones con turmas y maíz" a Zipaquirá y Tausa en busca de sal: circuitos de trueque de corta distancia entre comunidades vecinas de recursos complementarios. Los mercados muiscas, en poblaciones como Ubaté, Ramiriquí o Tausa, funcionaban como puntos periódicos donde afluían maíz, turmas, fríjoles, sal, mantas de algodón y otros bienes. Las mantas actuaban como cuasi-patrón de medida de valor —aunque no eran uniformes, pues las chingas eran menos elaboradas—, y en ese mercado periódico se resolvía buena parte de la circulación interpisos.

La sal era el gran producto muisca de exportación. Las salinas de Zipaquirá, Nemocón y Tausa producían un bien estratégico cuya distribución alcanzaba distancias considerables: al sur llegaba hasta la región de Neiva, al norte hasta los alrededores de Barrancabermeja, y hacia el oriente podía penetrar hasta unos 800 kilómetros. A ese circuito de gran alcance se sumaban las esmeraldas de Somondoco, controladas por el Zaque, que circulaban hacia el Zipa —quien carecía de ellas en sus dominios— como bien de intercambio interno del propio mundo muisca. En sentido inverso, entraban al altiplano el oro de la región de Neiva y del Magdalena, la coca y el algodón de las tierras bajas, plumas y aves de la Amazonía y los Llanos, y las semillas de yopo —un potente alucinógeno ceremonial— que cazadores-recolectores nómadas de la sabana llanera, antecesores de los cuivas, hacían llegar por cadenas de comercio hasta los cacicazgos laches y muiscas.

La autosuficiencia muisca era, entonces, relativa y compuesta. Los cacicazgos producían en su núcleo lo esencial para la subsistencia, pero no eran islas: dependían del intercambio para bienes clave —coca, algodón, oro, yopo, plumas— que solo llegaban por comercio o por vínculos con tierras más bajas. La microverticalidad muisca fue una arquitectura mixta, en la que el cultivo directo en pisos próximos convivía con una red mercantil que suplía lo que la ecología local no daba. Ni Murra en versión reducida, ni pura autarquía altiplánica: un patrón propio, hecho de proximidades aprovechadas y distancias suplidas por el trueque.

Los taironas y la sierra estratificada

Si en el altiplano cundiboyacense la microverticalidad se articulaba entre una meseta agrícola y las vertientes que la rodeaban, en la Sierra Nevada de Santa Marta el patrón alcanzó su expresión más comprimida. El macizo se levanta desde el Caribe hasta las nieves perpetuas en apenas unas decenas de kilómetros lineales. La verticalidad, aquí, es literalmente vertical. Los poblados taironas estaban emplazados de tal forma que sus habitantes podían recorrer, en cuestión de horas, los tres pisos principales.

La federación tairona surgió, según la interpretación de Jaime Arocha en 1978, articulando la interacción entre ecosistemas radicalmente diferentes: etnias de pescadores en las tierras bajas costeras —como los chimila y los guanebucán— y grupos serranos posiblemente especializados en el cultivo de la yuca, unidos por vínculos comerciales. La imagen habitual del tairona como productor de maíz en terrazas montañosas es una tendencia interpretativa cuya exactitud no está plenamente confirmada; el retrato más matizado incluye la yuca serrana, el pescado costero y una red densa de intercambios entre ambos entornos.

En 1976, arqueólogos que exploraban las cuchillas de la sierra encontraron Buritaca 200, la que hoy se conoce como Ciudad Perdida: una de las mayores aglomeraciones prehispánicas del continente, con caminos enlosados, canales de riego, terrazas de cultivo y plazoletas circulares sostenidas por muros de piedra sobre las lomas. La red de caminos taironas conectaba decenas de poblados de la sierra y articulaba un mercado dinámico donde circulaban productos agrícolas, sal, pescado, oro trabajado, mantas de algodón, adornos de plumas y objetos tallados en piedra. Ese mercado interpisos se prolongaba, por intermediarios, hasta el territorio muisca del altiplano: los artículos que más viajaban eran los objetos de oro, los collares de cuentas de concha o piedra y los caracoles marinos.

La estrategia española para someter a los taironas, a fines del siglo XVI, apuntó precisamente a desvertebrar esa arquitectura escalonada. Se arrasaron las aldeas costeras proveedoras de pescado, se destruyeron los campos de maíz de la sierra, se capturó, torturó y mutiló a los jefes indígenas. Las tribus se dispersaron y se aislaron en las vertientes más alejadas. Reichel-Dolmatoff sostuvo, desde los años cincuenta, que los kogi, ijka (arhuacos) y wiwa que hoy habitan la Sierra Nevada son descendientes directos de aquellos taironas refugiados, y que a pesar de la catástrofe han mantenido viva buena parte de la tradición de sus antepasados, organizada en torno a los templos y a un cuerpo de especialistas religiosos cuyos linajes se trazan por siglos.

Esa continuidad convierte a los indígenas actuales de la Sierra en un archivo etnográfico vivo del pasado prehispánico. Y lo que la etnografía muestra es, precisamente, un patrón de microverticalidad todavía operante: los kogi no son completamente sedentarios; ocupan estacionalmente distintos pisos de la sierra, aprovechando el gradiente altitudinal para producir alimentos diversos y minimizar el riesgo climático.

Los vecinos chibchas y la analogía viva

El caso kogi no es único. Los u'wa, de la Sierra Nevada del Cocuy en la cordillera Oriental, también de origen chibcha como muiscas y taironas, practican una ocupación estacional de múltiples altitudes. Los barí de la serranía del Perijá viven en grandes casas comunales de unas cincuenta personas y disponen de varias de esas casas en distintos pisos, que ocupan alternadamente a lo largo del año. Los arhuacos, en la misma Sierra Nevada de Santa Marta, comparten con los kogi ese modo escalonado de habitar.

Ninguno de los grupos indígenas de los Andes orientales y la Sierra Nevada era —ni es hoy— completamente sedentario. Todos organizan su vida aprovechando diferentes alturas, aunque no de forma idéntica: cada grupo modula el patrón según su geografía, su calendario ritual y su estructura social. Las primeras explicaciones académicas de esta movilidad, formuladas entre los años sesenta y ochenta, enfatizaron razones económicas y ambientales: aprovechamiento de la diversidad de suelos y temperaturas para obtener una gran variedad de productos y minimizar el riesgo de que una helada, una sequía o una plaga arrasaran con todo lo que se cultivaba en un solo piso. Investigaciones posteriores han añadido otras dimensiones —rituales, políticas, de organización del parentesco— que enriquecen el cuadro sin desmentir el fondo económico.

La analogía con los muiscas prehispánicos no es directa —cinco siglos median entre ambos mundos—, pero es más que una conjetura. Muiscas, u'wa, kogi y arhuacos comparten una raíz cultural chibcha; los cronistas coloniales describieron entre los muiscas especialistas religiosos con santuarios en cuevas y lagunas, linajes hereditarios de autoridad y una compleja articulación entre templos y territorio, elementos que los estudios etnográficos de Gustaf Bolinder, Elizabeth Knowlton y Reichel-Dolmatoff volvieron a encontrar, con transformaciones, entre sus parientes contemporáneos. La microverticalidad como concepto se apoya, en parte, en esa continuidad: lo que hoy hacen los kogi y los u'wa ilumina lo que probablemente hacían los muiscas del siglo XV.

Poblamiento profundo y rutas naturales

La ocupación humana de la Sabana de Bogotá se remonta a milenios antes de nuestra era. Los desarrollos agrícolas allí son anteriores al año 1320 a.C., y la agricultura llegó posiblemente con migraciones desde otras áreas. La presencia de caracoles marinos en yacimientos del altiplano prueba contactos amplios y tempranos con regiones costeras muy distantes. Y las vías naturales —la vertiente del río Apulo, el río Seco— facilitaron desde hace mucho movimientos entre las tierras cálidas del Magdalena y las alturas del altiplano.

Ese poblamiento profundo ayuda a entender por qué la microverticalidad, cuando aparece plenamente configurada en el momento del contacto europeo, no es un fenómeno reciente sino la consolidación de una relación milenaria con el gradiente altitudinal. Los grupos que se asentaron primero en las tierras frías mantuvieron desde el comienzo algún tipo de vínculo con las tierras más bajas y cálidas, aprovechando las vías fluviales como corredores naturales. Con el tiempo, ese vínculo pudo tomar formas distintas —movilidad directa, intercambio interétnico, control cacical de parcelas periféricas—, y probablemente convivieron durante largos períodos.

En el propio altiplano, sitios como El Venado muestran aldeas que crecieron con el tiempo, sin que ello implique que la totalidad de sus habitantes se hubiera vuelto plenamente sedentaria: la organización espacial de las comunidades muiscas combinaba un principio de nucleización en torno a los cercados de los caciques con una fuerza centrífuga generada por la existencia de capitanías identificadas con la posesión de tierras de labranza. El patrón poblacional no era ni el pueblo compacto de tipo mediterráneo ni la dispersión total: era un mosaico donde el propio territorio del cacicazgo podía incluir asentamientos en pisos y microambientes distintos.

Cacicazgos, redistribución y política del acceso

La microverticalidad no fue solo un mecanismo económico: fue también un pilar de la organización política. En los años cincuenta y sesenta, autores como Marshall Sahlins y Elman Service propusieron que la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías era el mecanismo central para la consolidación de figuras de autoridad en los cacicazgos: el jefe, al centralizar la recepción y el reparto de productos ecológicamente complementarios, fundaba su poder en el control del acceso a la diversidad. Aquel modelo perdió peso a partir de los trabajos de Timothy Earle en 1977 y de Feinman y Neitzel en 1984, que mostraron que la redistribución era solo una posibilidad entre varias en la relación entre economía y autoridad política. Para algunos investigadores contemporáneos, como el propio Earle en 2002, la conexión entre liderazgo cacical y control económico —especialmente de recursos de subsistencia— sigue siendo obvia e inherente al cacicazgo; para otros, como Andrés Cuéllar en 2009 o Drennan en 1995, es una pregunta abierta que requiere verificación caso por caso.

En el mundo muisca, ese debate general adquiere una figura concreta. El cacique de Bogotá con su casa de recreo en Tena; el Zipa monopolizando las salinas de Zipaquirá; el Zaque controlando las esmeraldas de Somondoco y despachándolas hacia su rival de la Sabana: todos son ejemplos de cómo el acceso diferencial a recursos de ecologías distintas se concentraba en manos de las élites y se convertía en un fundamento de su autoridad. Las mantas, la sal, la coca, el oro y las esmeraldas circulaban por circuitos donde los caciques ocupaban nudos privilegiados, y esa posición nodal reforzaba su rango.

Pero la microverticalidad colombiana no derivó en un sistema tributario centralizado a la manera andina. Los malibúes de la depresión momposina ni siquiera habían desarrollado el modo de producción tributario que sí caracterizó a chibchas, taironas y zenúes. Y aun entre los cacicazgos más complejos —muisca, tairona— la jerarquización, con señoríos y linajes generalmente hereditarios, no alcanzó la escala del Estado. El cacicazgo colombiano combina rasgos que lo diferencian tanto del nivel tribal que le precede como del nivel estatal que le sigue: es una figura intermedia, con acentuada estratificación social pero sin el aparato coercitivo, burocrático y militar de los imperios.

El origen mismo de la jerarquía política no fue uniforme en el actual territorio colombiano. En sociedades como las de San Agustín, en el Alto Magdalena, comunidades autónomas y relativamente dispersas dependieron menos del intercambio y del expansionismo gracias a la abundancia de su producción agrícola y minera; en el sur andino, las sociedades de Nariño mostraron un patrón parecido de menor dependencia externa. Reichel-Dolmatoff propuso que en la región Caribe las limitaciones agrícolas de los suelos y la dificultad para generar excedentes habían jugado un papel en el desarrollo de las sociedades desiguales. En cada región, la microverticalidad se combinó con otras variables —fertilidad, densidad, redes de intercambio— para producir formas políticas distintas.

Por qué Colombia no tuvo un imperio

Uno de los enigmas clásicos de la historia prehispánica colombiana es la ausencia de una formación imperial comparable al Tawantinsuyu andino o al mundo mexica. En el actual territorio colombiano no hubo, salvo quizás en germen entre los muiscas tardíos, un jefe hereditario con autoridad sobre poblaciones tan amplias como para movilizar el trabajo de multitudes para construir pirámides, templos monumentales y redes de caminos de piedra a escala imperial. Hubo cacicazgos complejos, federaciones como la tairona, señoríos como los del Zipa y el Zaque, pero no un Estado.

La microverticalidad ofrece una clave para pensar esa ausencia. En los Andes peruano-bolivianos, la distancia entre pisos ecológicos exigía una coordinación política de gran escala: solo un Estado podía mantener colonias a semanas de marcha, garantizar su lealtad y organizar la circulación de bienes en un territorio étnicamente discontinuo. La verticalidad, en ese contexto, empujaba hacia la centralización estatal. En Colombia, en cambio, la compresión altitudinal permitió resolver el mismo problema —acceso a la diversidad ecológica— en escalas mucho más pequeñas y con mecanismos descentralizados: movilidad estacional propia de cada comunidad, parcelas en tierras vecinas para caciques y capitanías, redes de mercados periódicos, comercio interétnico con grupos de tierras bajas.

Si cada cacicazgo podía satisfacer sus necesidades básicas combinando lo que producía en su propio territorio con lo que obtenía en vertientes cercanas y en mercados regionales, la presión hacia la coordinación política a gran escala se atenuaba. La abundancia y proximidad de los pisos volvió innecesaria —y por tanto inexistente— la integración estatal. El propio éxito de la microverticalidad como estrategia habría sido, paradójicamente, uno de los factores que impidieron la formación de un imperio.

Esta lectura no reduce la ausencia de imperio a una sola variable. La demografía, la fertilidad de los suelos, la geografía política de los cacicazgos vecinos, las dinámicas rituales y otros factores intervinieron. Pero permite entender por qué el modelo de Murra, tan poderoso para explicar el mundo andino sureño, no puede transferirse mecánicamente a Colombia: aquí la verticalidad tomó otra forma, y esa otra forma tuvo consecuencias políticas específicas.

Huella y disputa

La microverticalidad como concepto se consolidó en la arqueología y la etnohistoria colombianas entre los años setenta y los primeros dos mil, en el trabajo de Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel sobre los kogi y los taironas, en las investigaciones de Gonzalo Correal Urrego sobre el poblamiento temprano de la Sabana de Bogotá, en los estudios de Marianne Cardale de Schrimpff sobre orfebrería y sociedad, en los análisis de Boada sobre El Venado y el poblamiento muisca, en las síntesis de Langebaek sobre economía y política prehispánicas, en los enfoques comparativos de Drennan. Cada uno aportó una pieza distinta: los materiales de la sierra, la larga duración altiplánica, las mantas y el oro, la estructura interna de los cacicazgos, la relación con los mundos peruano y mesoamericano.

El resultado no es una teoría cerrada sino un campo abierto de tensiones productivas. Se discute si el mecanismo dominante del acceso muisca a pisos distintos fue el control directo —parcelas cacicales, movilidad estacional de las capitanías— o el comercio interétnico con grupos vecinos especializados. Se discute si la microverticalidad fue un patrón adaptativo autónomo y coherente o más bien una etiqueta que agrupa prácticas heterogéneas —movilidad, vínculos cacicales, mercados— cuya unidad debe demostrarse en cada caso. Se discute la continuidad entre taironas y kogi, y hasta qué punto la etnografía contemporánea puede iluminar el mundo prehispánico. Se discute el peso relativo de las motivaciones económicas frente a las rituales en la movilidad altitudinal de los u'wa.

En todas esas discusiones subyace, sin embargo, un consenso mínimo: en el actual territorio colombiano las sociedades prehispánicas andinas resolvieron el problema del acceso a la diversidad ecológica de una manera propia, distinta de la verticalidad murriana, y esa manera dejó huellas profundas —en la orfebrería, en las salinas, en los caminos de piedra de la Sierra Nevada, en los mercados coloniales que sobrevivieron a la Conquista, en la geografía humana de un país que sigue leyéndose de abajo hacia arriba, del río al páramo.

La microverticalidad no es un modelo importado ni una versión menor de la verticalidad andina. Es un concepto acuñado para nombrar lo que efectivamente ocurrió en los Andes colombianos: una manera de habitar la cordillera que aprovechó la compresión altitudinal para hacer del territorio, en pocos kilómetros, una despensa entera. Y es, también, una clave para entender por qué la historia prehispánica colombiana no cabe en los moldes construidos para el Cuzco o para Tenochtitlán, y necesita —merece— los suyos propios.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01John Victor Murra: formuló en 1972 el modelo del archipiélago vertical andino peruano-boliviano, cuyo contraste con la realidad colombiana dio origen conceptual a la microverticalidad
  2. 02Gerardo Reichel-Dolmatoff: investigador pionero de la arqueología y etnografía de la Sierra Nevada de Santa Marta; sus trabajos sobre taironas y kogi documentaron el patrón microvertical en su expresión más comprimida
  3. 03Verticalidad andina: modelo teórico del que la microverticalidad se diferencia por operar a escala reducida, sin colonias distantes ni Estado redistributivo, aprovechando la compresión altitudinal ecuatorial
  4. 04Cacicazgo: forma de organización política predominante en los Andes colombianos cuya viabilidad sin centralización estatal se explica en parte por la eficacia de la microverticalidad a pequeña escala
  5. 05Altiplano Cundiboyacense: región nuclear muisca donde la microverticalidad se articuló entre la meseta agrícola fría y las vertientes cálidas del Magdalena, con sal, esmeraldas, coca y algodón como bienes estructurantes
  6. 06Sierra Nevada de Santa Marta: macizo litoral donde la microverticalidad alcanzó su expresión más comprimida, con poblados taironas que permitían pasar en horas del piso cálido al frío
  7. 07Trueque interétnico: mecanismo central de la microverticalidad colombiana, que suplía mediante intercambio de corta y media distancia lo que el cultivo directo en pisos propios no podía proveer
  8. 08Pisos térmicos: estructura geográfica que hace posible la microverticalidad al comprimir en pocas horas de marcha la diversidad climática que en Europa exige miles de kilómetros de desplazamiento
06

Documentos y fragmentos citados

24 documentos · 44 fragmentos

01La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 241 cita
[1]

han perfeccionado las observaciones sin contradecir los re~sultados originales. Una reciente aplicación del sistema Holridge de las zonas de vida a Colombia y en especial a Antioquia, ha sido ampliamente aceptada, pero se trata más bien de una clasificación de los climas que de la vegetación existente. Los límites y…

p. 24
02Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 771 cita
[2]

por la altitud, pueden ser desde muy humedos a secos o muy secos. En efecto, la cantidad de precipitacion puede variar bastante en funcion de la orientacion del relieve con respecto a la circulacion general de los vientos. Sus diferentes variaciones son: - Climas célidos del piso subecuatorial, entre los 500 msnm y…

p. 77
03El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 891 cita
[3]

la cualidad fría por la violencia de los rayos del sol, estas se llaman y son siempre tierras calientes. De modo que en cada uno de todos los días del año se hallan las cuatro estaciones de él en los dos climas inmediatos al ecuador, pero no en uno, sino en diferentes terrenos, con este orden: al pie de los páramos…

p. 89
04Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 921 cita
[4]

es entendido como un ecotopo, y como tal tiene un paisa- je, una morfología y un clima típicos y casi exclusivos de Colombia, es decir, de los Andes ecuatoriales húmedos. Es la culminación de la integración vertical y horizontal de la geosfera de las montañas ecuatoriales. El muy típico y exclusivo paisaje del páramo,…

p. 92
05Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 25, 38, 1873 citas
[5]

los barí, de la serranía de Perija. Ellos viven en grandes casas comunales, habitadas por cerca de 50 personas. Pero no tienen una, sino varias de esas grandes casas, las cuales ocupan de manera estacional. Ni los kogi, ni los u'wa, ni los barí son casos únicos: de hecho, ninguno de los grupos indigenas que habitaban…

p. 187
[16]

tonces, ¢l poblamiento se caracterizó por conformar grupos pequeños, que posiblemente se movían a menudo, obteniendo la ayor parte de sus proteínas de venados, sin descuidar la recolección | 41 las muiscas de plantas o la cacería de animales más pequeños, El sitio de Tibitó, excavado por Gonzalo Correal, demuestra,…

p. 38
[40]

de la gente no entiende. Lejos de allí, en otra sociedad, un etnógrafo describió hace años que el poder residía en especialistas religiosos cuyos linajes se trazan por siglos y que son quienes controlan las casas ceremoniales. En cl ámbito regional se sabe que hay lugares ceremoniales muy importan- tes, sitios enlos…

p. 25
06Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 cita
[6]

La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…

p. 252
07Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 122 citas
[7]

© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

p. 4
[24]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

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08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 14, 372 citas
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vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

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casi todo el territorio. T em pe ra tu ra constante y lluvia ab u n d a n te producen una vigorosa vegetación. Esto es cierto en las tierras bajas y en las m ontañas que, por lo general, ofrecen u n tono v erd e esm eralda que contrasta con la desolada aridez de la vertiente occidental de los A ndes peruanos. H…

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09Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 61, 91, 943 citas
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perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

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caracter í sticas espec í ficas de esta etapa culturar constituyen un aspecto te ó rico sumamente interesante en la prehistoria colombiana. El modelo del cacicazgo muestra una combinaci ó n de ciertos rasgos que hacen de las sociedades de esta etapa un conjunto f á cil mente diferenciable, tanto del nivel tribal que…

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n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…

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10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 22, 252 citas
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pi ñ a, guayaba, aguacate, tomate, guan á bana, granadilla, curaba, uchuva), verduras y tub é rculos (ahuyama, achira, cubios, arracachas, hibias y ullucos o chuguas), legumbres y semillas (frijol y quinoa) y anima les dom é sticos, ofrec í an una alimentaci ó n adecuada, sin las ham brunas peri ó dicas comunes en…

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lenguas a su mando, como algunos panches. Algo similar tal vez empezaba a pasar entre los cat í os de Antioquia o entre los grupos ind í genas del Cauca de la zona quimbaya, pero los relatos de los espa ñ oles no permiten saberlo con certeza. En el territorio colombiano no hubo imperios fuertes como los de Per ú o M é…

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11Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 145, 1492 citas
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en la base de la estruc- tura social, estarían los especialistas de oficio, tales como agricultores, artesanos y mercaderes. Patrón de poblamiento La población indígena parece haber sido muy densa. En las fuentes históricas se mencionan cen- tenares de pueblos, localizados tanto en la «tierra» (como llamaban los…

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litoral Atlántico. Se considera la montaña de litoral más elevada del mundo, y sus picos son los más altos del país: el Bolívar, de 5.775 m, y el Colón, de 5.770. Estas 118 ZONA ARQUEOLOGICA TAIRONA Ia Xm cumbres se levantan bruscamente desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas, a pocos kilómetros del litoral,…

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12Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 42, 64, 1463 citas
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no debemos olvidar es que el documento citado es tardío. Sin embargo, la tendencia durante la colonia fue que los indígenas perdieran tierras así que si éstos mantenían parcelas en un lugar tan distante se debe a una supervivencia de las tradiciones prehispánicas y no a un hecho novedoso. De otro lado, existen fuentes…

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medida este grupo pudo actuar como intermediario en la circulación de artículos muiscas, pero resulta interesante anotar la información de Friede (/1953/ 1974: 166) en cuanto a que sus miembros hacían trueques con los indígenas del Alto Magdalena, productores de coca, pita y maní. 146 CAPITULO V Consideraciones…

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de origen agrícola fueron: Sisativa lugar en el cual "en los años abundantes y que no se les hiela tienen para su sustento y para vender" (/1594/, A.N.C. Vis. Boy. XVII f 477r), Ramiriquí donde en 1572 el Cacique refirió que los indios de su repartimiento trocaban parte de su producción de maíz y turmas (A.N.C. Vis.…

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13Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 69, 4372 citas
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vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…

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enco- miendas que se establecían en las estribaciones serranas del oriente y del norte. Para controlar a los rebeldes, el ejército español de Santa Marta recibió refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. Con la finalidad de desvertebrar la economía indígena, los europeos arrasaron las aldeas que suminis-…

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14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 211 cita
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valle del río Magdalena, a través de la cuenca del río Sogamoso. Otra vía fue la vertiente del río Apulo, tributario del Bogotá, que marca valles alargados y vías naturales de fá- cil acceso para los grupos que debieron despla- zarse desde los pisos térmicos cálidos hasta la sa- bana de Bogotá, y en sentido inverso,…

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15Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 235, 3382 citas
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triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…

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social en cierto momento, pero siempre es más útil saber algo sobre los antecedentes, o sobre los desarrollos posteriores. Lo anterior quiere decir que la mejor forma de conocer cómo se desarrolló la desigualdad implica estudios comparativos que abarquen largos periodos. No voy a extenderme más en estas…

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16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
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un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

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que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

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17Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 1322 citas
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en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

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activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…

p. 132
18Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 3322 citas
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true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

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adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…

p. 262
19Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 3034 citas
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productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

p. 303
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productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

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y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

p. 158
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y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

p. 158
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 44, 542 citas
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1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…

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de los animales, las piezas de cacería y determinaba en gran medida la disponibilidad de los recursos y sus usos. Su intervención era (y es) fundamental — mediante salmos y rezos, ritos y otras ceremonias— para la reproducción de los mismos animales: recogía el “alma” de la presa y la remitía a su lugar de origen, a…

p. 54
21Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 58, 622 citas
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los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…

p. 58
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Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…

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22¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 221 cita
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españoles, eso habría pasado en Antioquia con la llegada de los llamados quimbayas o también con los indígenas de las tierras cálidas de Cundinamarca y los Llanos, que aparentemente eran sacrificados por orden de los caciques muiscas. En contraste, hubo otras sociedades en las que la abundancia de su produc ción…

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23Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 351 cita
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rescate de las formas de ver el mundo, distintas a la dominante, pues, de otro modo, desaparecerían en el curso de pocas generaciones. Es sorprenden- te encontrar que incluso criollos de fines del siglo XVIII planteaban la urgencia de un trabajo de rescate para saber cómo eran las sociedades indígenas que pronto…

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24Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 621 cita
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modo de produc- ción comunitario primitivo que distinguió a la mayoría de las tribus americanas que estaban en la etapa de recolección y agri- cultura rudimentaria. Aunque combinaban eficazmente estas formas de producción, los malibúes no habían desarrollado el modo de producción tributario que caracterizó a naciones…

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