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Biografía

José Ignacio de Pombo

Pre-independencia

17 min de lectura18 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesComerciante de Cartagena de Indias · Miembro de las directivas del Real Consulado de Comercio de Cartagena
Lugar principalColombia
Período históricoPre-independencia1780–1809
03

La biografía

En la Cartagena de las últimas décadas coloniales, cuando el imperio español crujía bajo el peso de sus guerras atlánticas y el contrabando desangraba las aduanas del Caribe, José Ignacio de Pombo escribió los documentos económicos más lúcidos que produjo el reformismo criollo neogranadino. Comerciante de oficio, miembro de las directivas del Real Consulado de Comercio de la ciudad, corresponsal de José Celestino Mutis y patrocinador de Francisco José de Caldas, Pombo articuló entre 1804 y 1810 un diagnóstico del colapso comercial del imperio y una propuesta de reforma económica, científica y educativa que constituye la bisagra intelectual entre la Ilustración tardía y el liberalismo económico decimonónico. No fue ideólogo de la independencia ni tratadista sistemático: fue el hombre que, desde el puerto principal del Caribe neogranadino, nombró con precisión las contradicciones del orden colonial en el momento exacto en que ese orden comenzaba a derrumbarse.

02

Línea de vida

  1. 1788

    Presencia documentada como comerciante cartagenero

    Leer contexto

    En 1788 Pombo ya figuraba como comerciante en Cartagena, en un contexto marcado por tensiones comerciales entre Cartagena y Mompós por el control del comercio fluvial y la fiscalidad regional. Sus vínculos con familias criollas distinguidas lo situaban en el núcleo de la élite mercantil de la ciudad.

  2. 1795

    Creación del Real Consulado de Comercio de Cartagena

    Leer contexto

    El Real Consulado de Comercio de Cartagena fue creado en junio de 1795, en pleno impulso reformista borbónico. Pombo se integró a sus directivas, corporación que otorgaba estatus y privilegios económicos y fiscales concretos a sus miembros, y desde la cual la élite mercantil cartagenera articulaba su relación con la Corona.

  3. 1804

    Documento sobre las distorsiones del sistema comercial español

    Leer contexto

    Pombo redactó un documento en el que denunciaba la desmoralización institucional y las distorsiones económicas causadas por la incapacidad del sistema de comercio español bajo las presiones de la guerra internacional. Denunció el crecimiento del contrabando bajo un gobierno corrupto y argumentó que las medidas para prevenirlo eran prácticamente inútiles dada la situación institucional del sistema colonial.

  4. 1804

    Nodo epistolar entre el Caribe atlántico y el interior neogranadino

    Leer contexto

    Pombo mantenía correspondencia con José Celestino Mutis en Santa Fe, informándole sobre los acontecimientos de la Europa napoleónica a partir de gacetas y periódicos llegados a Cartagena desde Jamaica, los Estados Unidos y Europa directamente. Las cartas tardaban en el mejor de los casos un mes en llegar a Santa Fe, mientras la información oceánica llegaba al puerto en tiempos relativamente cortos.

  5. 1810

    Informe proteccionista del 11 de octubre de 1810

    Leer contexto

    Fechado el 11 de octubre de 1810, cuando Cartagena se regía sin sujeción a España aunque sin declarar formalmente su independencia, el Informe propuso una tarifa aduanera proteccionista y pidió la supresión de la matrícula marítima como estímulo a la navegación nacional, argumentando que dicha institución estorbaba en la práctica la formación de la marina mercante.

La semblanza: un comerciante que piensa el sistema

Pombo encarna un tipo poco frecuente en la historia neogranadina: el comerciante que escribe. En 1788 ya figuraba como comerciante cartagenero, en un contexto marcado por las tensiones entre Cartagena y Mompós por el control del comercio fluvial y la fiscalidad regional. Sus vínculos con familias criollas distinguidas lo situaban en el núcleo de la élite mercantil de la ciudad, y desde esa posición —no desde una cátedra ni desde un despacho virreinal— produciría su obra. Este anclaje material importa: cuando Pombo diagnostica el sistema, lo hace desde adentro, desde los libros de cuentas de una casa comercial expuesta a los ciclos de guerra y paz atlánticos, a las flotas que llegaban o no llegaban, a las aduanas que recaudaban o no recaudaban.

Su papel público se estructura sobre tres apoyos entrelazados. Primero, la pertenencia al Real Consulado de Comercio de Cartagena, corporación mercantil creada en junio de 1795 que otorgaba a sus directivos estatus y privilegios económicos y fiscales concretos. Segundo, la actividad como autor de memorias e informes económicos que circularon en los círculos ilustrados del virreinato: el documento de 1804 sobre las distorsiones del sistema comercial y el Informe fechado el 11 de octubre de 1810, donde propuso una tarifa aduanera proteccionista. Tercero, su condición de nodo epistolar y financiero de las redes científicas ilustradas: correspondía con Mutis desde Cartagena y contrató a Caldas para exploraciones en el Cauca y Quito, ejerciendo como mecenas de la investigación botánica y astronómica en un momento en que el Estado colonial no lograba sostener por sí solo la Expedición Botánica.

De esa triple posición —mercantil, corporativa y científica— surge la coherencia de su pensamiento. Pombo no separaba comercio, producción, saber útil y educación técnica: los pensaba como un mismo problema, el de una colonia atrapada entre un sistema comercial disfuncional y una estructura productiva incapaz de aprovechar sus recursos.

Cartagena, escenario del reformismo mercantil

Para entender a Pombo hay que entender a Cartagena, porque su pensamiento es indisociable del puerto donde se formó. La costa atlántica neogranadina —Cartagena y Santa Marta— tenía ante todo una función comercial, con comunidades de españoles y criollos organizadas en torno al tráfico ultramarino. La economía costera operaba según la lógica de la demanda de los mercados externos, mientras la del interior, centrada en Bogotá, se movía por otros ritmos, con el río Magdalena como cordón umbilical dificultoso entre ambas. Esta bifurcación de racionalidades económicas —una costa vuelta al Atlántico, un interior vuelto sobre sí mismo— atraviesa todos los escritos de Pombo.

Cartagena era, además, plaza principal del poderío español en América. Su población combinaba una élite peninsular y criolla con un peso demográfico mayoritario de castas: mestizos de origen africano, negros libres, artesanos pardos que en algunos casos alcanzaban cierta riqueza —zapateros, sastres, albañiles, plateros que llegaban a habitar casas de dos pisos y a poseer esclavos—. Las reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII habían reorganizado la milicia incorporando a los pardos, extendiéndoles el fuero militar y fomentando un orgullo corporativo que alteró silenciosamente la jerarquía social de la ciudad. Cartagena y Portobelo funcionaban como centros del tráfico de esclavos africanos, que se intercambiaban por plata americana y otros productos, insertando a la ciudad en los circuitos más lucrativos y más brutales del comercio atlántico.

El puerto mismo era problemático. La entrada de Bocagrande, suficientemente profunda para grandes navíos, había sido obstruida con piedras y arena por el propio gobierno español durante la guerra con los ingleses antes de 1760, forzando a los buques a acceder por el canal estrecho de Bocachica, con el consiguiente rodeo y riesgos añadidos. Esta decisión defensiva, que privilegió la seguridad militar sobre la eficiencia comercial, es emblemática del dilema borbónico y ayuda a explicar por qué las provincias costeras vecinas —Santa Marta, Riohacha— apenas veían tocar sus puertos por barcos españoles y terminaban comerciando ilícitamente con británicos, holandeses y franceses.

Sobre este escenario operaba el Real Consulado. Creado en junio de 1795 en pleno impulso reformista borbónico, era el órgano corporativo desde el cual la élite mercantil cartagenera articulaba su relación con la Corona. La pertenencia a sus directivas confería estatus, pero también acceso a privilegios económicos y fiscales que hacían del Consulado un instrumento simultáneo de reforma y de captura de rentas. Comerciantes como Juan de Francisco y Martín rotaban desde 1795 por sus cargos principales —prior, juez del tribunal de justicia— y acumulaban cargos municipales complementarios: comisario de barrio, alcalde ordinario, regidor del ayuntamiento. Pombo se movió en ese mismo circuito de poder mercantil, y desde él produjo su obra.

El diagnóstico del contrabando (1804)

El primer gran texto conocido de Pombo, fechado en 1804, es un ejercicio de diagnóstico económico de una lucidez inusual para su tiempo. Denunciaba la desmoralización institucional y las distorsiones económicas causadas por la incapacidad del sistema de comercio español bajo las presiones de la guerra internacional. La coyuntura era brutal: las guerras recurrentes de España contra Gran Bretaña interrumpían el comercio legal, cerraban las rutas de la flota y hacían del contrabando la única vía efectiva de abastecimiento e ingreso para amplias zonas del Caribe hispánico.

Pombo describió el fenómeno sin eufemismos. El contrabando en Cartagena era una práctica tan extendida que participaban en él incluso los comerciantes españoles recién llegados en la flota y los funcionarios nombrados precisamente para su control, que lo practicaban en las costas de los alrededores de la ciudad. Autoridades españolas y viajeros contemporáneos coincidían en reconocer su extensión e intensidad en Cartagena y su litoral. Pombo tomó ese conocimiento tácito y lo convirtió en argumento sistémico: bajo un gobierno corrupto, las medidas para prevenir el contrabando eran prácticamente inútiles, porque el propio aparato encargado de reprimirlo estaba integrado en él.

La fuerza analítica del documento está en el nexo que Pombo estableció entre coyuntura y estructura. La guerra internacional no era la causa del contrabando sino su acelerador: la causa estructural era la incapacidad del sistema comercial español para servir a las necesidades reales de sus colonias. Cuando los barcos españoles no llegaban —y no llegaban a Santa Marta, no llegaban a Riohacha, llegaban a Cartagena de modo intermitente—, las provincias costeras no tenían otra opción que comerciar ilícitamente con británicos, holandeses y franceses. El contrabando no era un vicio moral de comerciantes deshonestos: era la respuesta racional a un sistema disfuncional.

La interpretación se confirmaría en los hechos. Durante el gobierno de la reconquista, bajo el virrey Sámano, el contrabando siguió desangrando los ingresos de aduana de Cartagena, y la corrupción de los oficiales seguía haciendo posible el comercio ilegal. El diagnóstico de Pombo era estructural y por eso mantuvo vigencia incluso después de las convulsiones políticas: mientras el sistema institucional no cambiara, ninguna represalia alteraría los flujos reales del comercio caribeño.

Del diagnóstico a la protección: el Informe de 1810

Seis años después, el 11 de octubre de 1810, Pombo redactó su segundo gran documento económico. La circunstancia era radicalmente nueva: Cartagena, aunque sin haber declarado formalmente la independencia de España, ya se regía sin sujeción a esta. La invasión napoleónica de la península, la crisis de la monarquía y la formación de juntas en las capitales americanas habían abierto un vacío de poder que las élites locales llenaban con instituciones propias. En ese momento de indefinición institucional, Pombo escribió un texto que respondía a una pregunta nueva: si ya no somos colonia, ¿con qué política económica gobernamos?

Su respuesta fue proteccionista. En el Informe propuso una tarifa aduanera que protegiera la producción neogranadina y pidió, entre otras medidas específicas, la supresión de la matrícula marítima como estímulo a la navegación nacional, argumentando que dicha institución —introducida originalmente para fomentar la marina mercante— en la práctica estorbaba su formación. La lógica era coherente: si el problema del sistema colonial había sido su incapacidad para permitir el desarrollo productivo de las colonias, la política del nuevo orden debía crear las condiciones para que emergiera una producción local competitiva.

Este proteccionismo debe entenderse en su contexto. En el debate económico neogranadino del período independentista convivían voces favorables a la libertad económica —influidas por la lectura de los economistas británicos y por la experiencia norteamericana— y voces proteccionistas como la de Pombo y, al parecer, la de Eloy de Valenzuela, que defendía la diversificación productiva combinando agricultura, minería y manufacturas. No se trataba de una disputa entre modernos y arcaicos: era una discusión sofisticada sobre qué política servía mejor al desarrollo de un país recién emancipado, con producción incipiente y mercados externos maduros que podían aplastarla en condiciones de libre concurrencia.

El pensamiento económico colombiano de la independencia se caracterizó por un enfoque pragmático y ecléctico, moldeado por debates de política pública concretos, en el que los actores no eran meros importadores de doctrinas sino que las transformaban y aplicaban a condiciones locales. Pombo es el ejemplo mayor de esa operación intelectual: sus fuentes eran ilustradas —fisiócratas, mercantilistas tardíos, reformadores borbónicos— pero sus propuestas respondían al problema real de un puerto caribeño que había visto colapsar el orden imperial y necesitaba inventar un orden económico nuevo desde los recursos disponibles.

Hay una tensión que conviene nombrar: el mismo Pombo que en 1804 había denunciado las restricciones del sistema comercial español, en 1810 defendía un régimen aduanero protector. La contradicción es solo aparente. Lo que criticaba en 1804 no era la protección en abstracto, sino un sistema que combinaba restricciones al comercio útil con incapacidad para reprimir el contrabando dañino, y que en ese doble fracaso desmoralizaba las instituciones. Lo que proponía en 1810 era una protección racional, dirigida a fomentar la producción interna en un país que ya no dependía de la metrópoli. En ambos casos el eje era el mismo: subordinar la política comercial al objetivo de desarrollar la economía real de la Nueva Granada.

La red ilustrada: Mutis, Caldas y el Caribe informativo

Al mismo tiempo que escribía sobre aduanas y contrabando, Pombo sostenía una segunda actividad, indisociable de la primera: la circulación de saber. Mantenía correspondencia con José Celestino Mutis, establecido en Santa Fe de Bogotá, y le informaba sobre los acontecimientos de una Europa convulsionada por las tropas napoleónicas. Las cartas tardaban en el mejor de los casos un mes en llegar a Santa Fe, en un régimen de comunicaciones internas que los mismos criollos ilustrados denunciaban como una de las peores fallas del régimen español: a partir de la década de 1790 empezaron a culpar abiertamente a la Corona por no mejorar las comunicaciones internas y por obstaculizar el desarrollo del comercio exterior.

La fuente de la información que Pombo transmitía a Mutis eran las gacetas y periódicos que llegaban a Cartagena por vía marítima, principalmente desde Jamaica, los Estados Unidos y directamente desde Europa, en tiempos relativamente cortos. El Caribe funcionaba como una arteria informativa que compensaba en parte la lentitud del interior: mientras una carta cruzaba el Magdalena en semanas, un periódico londinense podía llegar a Cartagena en pocas jornadas de navegación. Pombo estaba en el nodo exacto donde esa información oceánica se convertía en materia epistolar para el interior. Era un ilustrado bien informado no por erudición libresca, sino por posición geográfica y por método.

Su vínculo con Mutis no era solo informativo. Mutis, llegado a Santa Fe en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Zerda y formado en el Jardín Botánico de Madrid antes de viajar al Nuevo Mundo, había sido el agente más importante de la Ilustración científica en la Nueva Granada. Alrededor de su figura se había formado un grupo de criollos —entre ellos Caldas y Nariño— que compartían con ilustrados españoles como Feijóo y Jovellanos la actitud crítica ante la escolástica y el entusiasmo por la ciencia moderna. Feijóo, en particular, tuvo una influencia decisiva en los comienzos del nuevo espíritu ilustrado neogranadino, reconocida por sus contemporáneos como impacto formativo directo.

En este ecosistema, Pombo ejerció como patrocinador. Contrató a Francisco José de Caldas para exploraciones científicas en el Cauca y en Quito, financiando desde Cartagena investigaciones geográficas, botánicas y astronómicas que el Estado colonial no lograba sostener por sí solo. El mecenazgo no era caridad ilustrada: era la extensión natural de su programa económico. Si la Nueva Granada tenía que desarrollar su producción, necesitaba primero conocer sus recursos; y si necesitaba conocerlos, necesitaba científicos en el terreno. Caldas midiendo alturas en los Andes ecuatoriales, catalogando quinas y observando temperaturas, era literalmente un instrumento del proyecto reformista que Pombo articulaba desde el puerto.

Esta articulación —ciencia útil al servicio de la reforma económica— fue la marca distintiva de la Ilustración neogranadina. La élite ilustrada, al igual que los administradores borbónicos españoles, buscaba orientar tanto a las clases altas como a los pobres hacia la tecnología y la empresa económica, promoviendo el conocimiento útil y práctico por encima de las carreras literarias o jurídicas tradicionales. Pombo llevó esa convicción a su terreno más concreto: no bastaba con predicar la utilidad del saber; había que financiar expediciones, contratar naturalistas, hacer circular gacetas.

La reforma educativa: contra los abogados, por los conocimientos útiles

Si el saber útil debía sostener el desarrollo económico, la escuela era el eslabón que preparaba a quienes lo producirían. De ese mismo tronco intelectual brotó una de las propuestas más audaces de Pombo: la reforma del currículo educativo neogranadino. Su argumento partía de un diagnóstico social: los colegios provinciales producían abogados en exceso, distraían fondos y talento de estudios más productivos y no lograban ofrecer, en cualquier caso, una enseñanza jurídica de alto nivel. La proliferación de cátedras de jurisprudencia era, en su análisis, un uso ineficiente de recursos educativos escasos.

Sus propuestas concretas eran las siguientes. En el curso de filosofía, las matemáticas debían impartirse durante los tres años completos —ocupando la mitad del tiempo lectivo— en lugar de un solo año como era costumbre. El curso debía incluir además física experimental y arquitectura. El curso de derecho, por su parte, debía extenderse de cinco a ocho años, para que el título de abogado tuviera mayor rigor y significación académica, lo que en la práctica funcionaría como filtro reduciendo el número de titulados. Y los colegios provinciales debían reorientar sus fondos hacia lo que Pombo llamaba "conocimientos útiles" o "de utilidad general": lenguas modernas, historia, geografía, física experimental, matemáticas.

La propuesta era, en el fondo, una crítica cultural completa. Contra el prestigio tradicional del letrado que dominaba las repúblicas hispánicas, Pombo levantaba la figura del ingeniero, del naturalista, del comerciante ilustrado, del arquitecto. Su reforma educativa no era técnica sino civilizacional: buscaba transformar el tipo de élite que la Nueva Granada producía. Esta agenda se inscribía en una corriente más amplia, heredera del proyecto ilustrado borbónico, que a lo largo del siglo XIX seguiría alimentando debates sobre la orientación de la educación colombiana, mucho después de que Pombo hubiera desaparecido de la escena.

Los límites del reformismo

Este es el punto donde la biografía intelectual debe volverse honesta. Pombo produjo el diagnóstico más lúcido del colapso del sistema comercial colonial caribeño, articuló un programa proteccionista coherente, patrocinó redes científicas y propuso una reforma educativa técnica; pero sus propuestas operaron siempre en los márgenes del orden que impugnaban, y su capacidad de transformación estructural fue limitada.

Tres tensiones lo evidencian. La primera: su Informe proteccionista de 1810 fue posible precisamente porque Cartagena ya se regía sin sujeción a España; sus propuestas más ambiciosas requirieron el vacío de poder generado por la invasión napoleónica para poder siquiera formularse como política. Bajo el régimen colonial pleno, Pombo diagnosticaba pero no legislaba. La segunda: el contrabando que denunció en 1804 siguió existiendo con la misma intensidad durante los años siguientes y aun bajo el gobierno de la reconquista de Sámano, lo que sugiere que el diagnóstico era correcto pero la palanca institucional para actuar sobre él no estaba al alcance de un funcionario consular, por brillante que fuera. La tercera, y quizás la más incómoda: el propio Consulado, desde el cual Pombo escribía, era una institución que combinaba reformismo con captura de rentas; sus directivas ofrecían privilegios económicos y fiscales a los comerciantes que las integraban, lo que hacía difícil separar dónde terminaba la agenda ilustrada y dónde empezaban los intereses corporativos de la élite mercantil cartagenera.

Un ejemplo concreto ilustra esa ambivalencia. Cuando Pombo proponía en 1810 la supresión de la matrícula marítima para estimular la navegación nacional, la medida beneficiaba, en abstracto, al desarrollo de una marina mercante propia; pero en concreto beneficiaba a los mismos comerciantes cartageneros que dirigían el Consulado y que se veían liberados de una carga administrativa que gravaba sus operaciones. Del mismo modo, la protección arancelaria a la producción neogranadina servía al proyecto ilustrado de desarrollo productivo, pero también resguardaba los márgenes de los importadores formales frente al contrabando de manufacturas extranjeras que erosionaba sus precios. Otro caso revelador es el propio mecenazgo científico: financiar a Caldas para catalogar quinas en el Cauca era un acto ilustrado de conocimiento del territorio, pero las quinas eran también una mercancía estratégica de exportación cuyo mapeo detallado interesaba directamente a las casas comerciales del puerto. La agenda ilustrada y el interés mercantil corrían por los mismos rieles, y ese es precisamente el rasgo que hace a Pombo representativo de su tiempo.

Estas tensiones no anulan la obra de Pombo; la sitúan. Su reformismo respondía en buena medida a los intereses materiales de la élite mercantil criolla —protección para la producción local, control corporativo del comercio, reducción del contrabando que erosionaba los márgenes del comerciante formal, educación técnica que formara cuadros útiles a la economía real— y ese anclaje material no invalida sus ideas: las explica. El pensamiento económico rara vez es desinteresado, y las propuestas más lúcidas suelen ser aquellas en que un interés particular coincide con un problema estructural real. Pombo articuló esa coincidencia con precisión.

La contingencia geopolítica juega también un papel que no debe minimizarse. Las guerras recurrentes de España contra Gran Bretaña —que interrumpían el comercio legal y multiplicaban el contrabando— configuraron el escenario donde el pensamiento de Pombo se volvió urgente. Su documento de 1804 surge directamente de esa presión de guerra internacional; su Informe de 1810 responde a la crisis dinástica peninsular. En este sentido, su obra es tanto respuesta coyuntural como proyecto ilustrado sostenido: las coyunturas le dieron ocasión, pero la coherencia interna de sus propuestas viene de una elaboración intelectual de años.

La huella: una bisagra entre siglos

Sobre la actuación pública de Pombo entre 1808 y 1811 —los años decisivos en que Cartagena caminó desde la Junta hasta la declaración formal de independencia en noviembre de 1811— la documentación fiable disponible no permite reconstruir un papel detallado, y sería un error de método rellenar ese vacío con conjeturas. Tampoco se documentan aquí las circunstancias exactas de sus últimos años. Lo que sí es claro es que su obra escrita —el documento de 1804, el Informe de 1810, sus propuestas educativas, su correspondencia con Mutis— circuló durante décadas como referencia intelectual para las generaciones siguientes.

La importancia histórica de Pombo se juega en varios planos. En el del pensamiento económico, es el articulador más completo del proteccionismo neogranadino tardocolonial, y su enfoque —pragmático, ecléctico, atento a las condiciones locales— anticipa la forma en que el pensamiento económico colombiano abordaría los debates del siglo XIX. En el de la sociología del saber, es el ejemplo mayor de cómo el mecenazgo criollo sostuvo la Ilustración científica en los momentos en que el Estado colonial fallaba: sin figuras como él, la obra de Caldas habría sido imposible. En el plano institucional, encarna las posibilidades y los límites del Consulado como órgano de reforma: capaz de producir ideas notables, incapaz de transformar las estructuras que criticaba.

En un plano más amplio, Pombo es la figura donde se hace visible la continuidad entre Ilustración tardía y liberalismo económico decimonónico. No porque haya sido liberal en el sentido posterior del término —era proteccionista, defendía la producción nacional, desconfiaba de la libre concurrencia con las metrópolis— sino porque el tipo de análisis que introdujo, la conexión sistemática entre comercio, producción, ciencia y educación, y la subordinación de la política económica a un proyecto de desarrollo nacional, serían el terreno sobre el cual los liberales colombianos del siglo XIX construirían sus propios debates. Cuando en los años 1830 y 1840 el país discutió aranceles, colegios técnicos, expediciones científicas y comunicaciones internas, discutía con las categorías que Pombo había puesto sobre la mesa una generación antes.

Su reformismo no transformó las estructuras que criticaba; pero nombró con precisión sus contradicciones en el momento exacto en que esas estructuras comenzaban a derrumbarse. En un país que suele confundir historia intelectual con hagiografía o con denuncia, la figura de Pombo se sostiene sin necesidad de ninguna de las dos: un comerciante que pensó su sistema, escribió con lucidez lo que veía desde el puerto y financió a quienes podían saber más sobre el territorio. Eso, en la Nueva Granada de 1800, era ya mucho más de lo habitual.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

18 documentos · 25 fragmentos
01Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 4561 cita
[1]

una de las hijas de la familia Amador. Como comerciante de Cartagena, con vínculos muy fuertes y lazos familiares con familias criollas distinguidas de la Nueva Granada, Pombo surgió a principios de la década de 1800 como crítico importante del sistema español de comercio y gobierno y, como Acevedo y Gómez, fue un…

p. 456
02Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1701 cita
[2]

colonia. Había mucho en juego: hacia finales del siglo XVIII (año de 1788), J o s é Ignacio de Pombo, comerciante cartagenero, 1. Sobre el origen e historia de la familia de Mier he tenido el privilegio de consultar algunos de los documentos coleccionados por uno de sus descendientes, el distinguido historiador José…

p. 170
03Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Páginas 122, 1822 citas
[3]

libertad económica, y creían que lo demás vendría por añadidura. Proteccionista también, por lo que parece, fue Eloy de Valenzuela, partidario de la diversificación de la pro- ducción —combinación de la agricultura, la minería y las manufacturas—; hace además observaciones dignas de atención sobre la elasticidad de…

p. 182
[4]

los años de 1805, 1806, 1808 y 1810, fueron 4.593; 13.091; 20.628; y 17.213, respectivamente. Robert S. Smith, «Shipping in the port of Veracruz, 1790-1821», en: Hispanic American Historical Review, Durham, N. C., USA, febrero, 1943. En su Informe, Pombo pide como medida en favor de la nave- gación nacional la…

p. 122
04Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 4001 cita
[5]

con empeño y dedicación l a st a r e a s ne c e s a r i a sparae llogrode e s o so b j e t i v o s,pertenecerasu scuerpos d i r e c t i v o sno s ó l ol e s c o n f e r í a s t a t u s,si n o que l e spermitía l ap o s i b i l i d a d de acceder a c i e r t o s p r i v i l e g i o s económicos y f i s c a l e s 4.…

p. 400
05Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Páginas 119, 1252 citas
[6]

muchas razones tenía en esos momentos menos probabilidad de éxito. La trata de esclavos y la institución de la esclavitud habían entrado en crisis y estaban tocando a su fin. CUADRO 11.3. Comercio exterior, 1784-1793 (pesos) Exportaciones Importaciones Oro y plata Frutos Primer quinquenio 1784 1570217 80.308 1.543.648…

p. 125
[23]

como los del marqués de Valdehoyos (Julián de Trespalacios y Mier), el del marqués de Pestagua (don Andrés de Madariaga) o el de José Fernando de Mier y Guerra, estaban invertidos en grandes haciendas de agricultura y ganadería extensivas con destino a mercados locales, y ninguno llegaba a una cifra superior a los…

p. 119
06La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 34, 55, 873 citas
[7]

bien informados, hasta donde se los permitieran las lentas comunicaciones de la época. En realidad, tuvieron al alcance las noticias del mundo gracias a los barcos y a las islas del Caribe, tal y como venía sucediendo de tiempo atrás. En un ensayo sobre el ilustrado José Ignacio de Pombo, mostré como le contaba en sus…

p. 55
[15]

de sentir y cosmovisiones. Eran, en otras palabras, una verdadera influencia cultural que, por encima de las obsesiones racistas de superioridad, lograban que aspectos claves de la cultura afro penetraran en las emociones de los miembros de las élites. Cuentan también sobre el comercio de los galeones y el…

p. 34
[17]

al también viejo expediente de imponer contribuciones sobre la población de una ciudad y una provincia cansada de las imposiciones fiscales. 124 Los abusos que se cometieron, sobre todo, en los tiempos del virrey Sámano generaron profundos disgustos de los pobladores contra los reconquistadores que, a decir verdad,…

p. 87
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 118, 1202 citas
[8]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
[16]

puerto en barcos españoles. O tra cuestión conflictiva fue desarrollar exportaciones neogranadinas d is tintas del oro, es decir, de p roductos agrícolas y forestales. Ya desde la década de los años 1760 los virreyes de la N ueva G ranada habían com enzado a hacer énfasis en este tem a. El virrey Pedro M essia de la Z…

p. 118
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 5491 cita
[9]

franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…

p. 549
09El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 5381 cita
[10]

su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

p. 538
10A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Páginas 2, 102 citas
[11]

the building of the nation is the question that leads this analysis. We must go beyond the question of how economic theory arrived in Colom - bia. In this volume, we show that the study of the history of economics in countries traditionally considered peripheral must go beyond the question of how economic ideas arrive…

p. 10
[12]

Andrés Álvarez, Universidad de los Andes, Colombia Jimena Hurtado, Universidad de los Andes, Colombia Ever since the quest for independence between 1810 and 1819, economic thought in Colombia has been shaped by policy debates and characterized by a pragmatic and eclectic approach. Economic thought in Colombia can only…

p. 2
11The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Páginas 31, 1222 citas
[13]

ideas were without prec- edent in the Spanish Enlightenment. They were exponents of what Jean Sarrailh has termed a "culture utilitaire et culture dirigée." They wanted to implant practicality, in part as a means of preserving social order. Spanish Bourbon administrators and New Granadan elites alike believed that…

p. 31
[14]

Pombo argued for higher standards in general. In the philosophy course mathe- matics ought to be prescribed during all three years, rather than only one, taking up fully half of the course, with additional instruction being given in experimental physics and architecture. The law course should also be more thorough.…

p. 122
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 901 cita
[18]

í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1701 cita
[19]

y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…

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14Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 1311 cita
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llegó a ser en bre- ve una de las plazas principales del poderío español en América; pero, sobre todo, la primera del Nuevo Reino de Granada. Poblada por gentes ricas y por los empleados del Go- bierno español, desplegó desde un principio el genio alegre y hospitalario, altivo y dominador, algún tanto aristocrático en…

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15Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · Página 671 cita
[21]

la anchura de un golfo estrecho, y puede comunicarse con esos diversos puntos más rápidamente que todas las otras ciudades de la República; su rada es una de las más bellas del mundo entero y muy fácilmente podrían cavarse en ella diques flotantes o de carena, nece - sarios hoy en todos los grandes puertos…

p. 67
16Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · Página 291 cita
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slaves r5.7 per' cent; whites, including clergy, 27.o percentl and Indians o. 5 percent. Pardo artisans included shoemakers, tailors, masons, and silversmiths. Some of them became relatively wealthy and could afford to live in two-story houses and own slaves.6 The pardos'demographic weight also made them crucial to…

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17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 851 cita
[24]

E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…

p. 85
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 161 cita
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entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…

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