Carlos III de España
Colonia
1716–1788
La biografía
Carlos III de España (Madrid, 20 de enero de 1716 — Madrid, 14 de diciembre de 1788) fue el monarca bajo cuyo reinado —entre 1759 y 1788— el reformismo borbónico alcanzó su punto más ambicioso y sistemático, tanto en la península como en las Indias. Recordado en la historiografía española como el "mejor alcalde de Madrid" por sus obras urbanas y por el impulso al despotismo ilustrado, su figura pesa en la historia de Colombia por razones menos amables: fue en su reinado cuando el Virreinato de la Nueva Granada quedó envuelto en una doble operación —modernizar la administración, la ciencia y la defensa, mientras se apretaba la tuerca fiscal sobre estancos, alcabalas y monopolios— cuyo resultado, buscado a medias y temido menos, fue la Revolución de los Comuneros de 1781 y, a largo plazo, la formación de una élite criolla ilustrada que aprendería a leer el territorio neogranadino como propio. La paradoja del reinado es exacta: las mismas reformas que consolidaron el dominio metropolitano sembraron las condiciones subjetivas para su ruptura.
Línea de vida
- 1716
Nacimiento en Madrid
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Nació en el Alcázar Real de Madrid el 20 de enero de 1716, hijo de Felipe V, primer Borbón español, y de Isabel de Farnesio, en el contexto de una dinastía recién asentada tras la decadencia del último Habsburgo, Carlos II el Hechizado.
- 1731
Gobierno en Italia
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Asumió los ducados de Parma y Piacenza en 1731 y en 1734 conquistó el Reino de las Dos Sicilias, donde reinó veinticinco años como Carlos VII de Nápoles y V de Sicilia, adquiriendo experiencia de gobierno con ministros ilustrados y obras públicas.
- 1759
Acceso al trono español
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Llamado a suceder a su medio hermano Fernando VI, que murió sin descendencia, llegó a Madrid con un gabinete ilustrado que incluía a Campomanes, el conde de Aranda, el conde de Floridablanca y el visitador José de Gálvez, con quienes intentó rehacer el imperio.
- 1777
Creación de la Capitanía General de Venezuela
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Ordenó separar del Virreinato de la Nueva Granada las provincias de Caracas, Cumaná, Guayana, Maracaibo y la isla Margarita, fragmentando la unidad territorial neogranadina en aras de una administración más manejable y un control fiscal más estrecho.
- 1778
Reforma fiscal y comercial en la Nueva Granada
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Se promulgó el reglamento de aranceles para el comercio entre España y las Indias, y el regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres restableció el impuesto de la armada de Barlovento, extendió la alcabala y reorganizó los estancos de tabaco y aguardiente, cuadruplicando el comercio pero disparando la carga tributaria colonial del 2,9% al 10,4% del PIB.
- 1781
Revolución de los Comuneros
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El 16 de marzo de 1781, Manuela Beltrán arrancó en El Socorro el bando de nuevos tributos, detonando la insurrección. Los comuneros marcharon sobre Santa Fe de Bogotá; el arzobispo Caballero y Góngora firmó las Capitulaciones de Zipaquirá, que el virrey anuló por haber sido negociadas bajo amenaza. José Antonio Galán fue ejecutado el 1 de febrero de 1782.
- 1788
Muerte y legado paradójico
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Murió en Madrid el 14 de diciembre de 1788. Su reinado dejó en la Nueva Granada una administración modernizada, una fiscalidad más pesada y una élite criolla ilustrada que había aprendido a leer el territorio como propio, sembrando las condiciones subjetivas para la ruptura con la metrópoli.
La semblanza
Carlos III no fue, en rigor, un rey español desde su cuna. Hijo de Felipe V —el primer Borbón español, llegado al trono tras la Guerra de Sucesión de 1700-1713— y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, nació en el Alcázar Real de Madrid en 1716, cuando la dinastía apenas terminaba de asentarse sobre una monarquía golpeada por la decadencia del último Habsburgo, Carlos II el Hechizado, cuya incapacidad para dejar sucesor había desatado el conflicto europeo que llevó a los Borbones al trono. La ambición territorial de Isabel de Farnesio le abrió a Carlos, siendo aún adolescente, un camino italiano: en 1731 asumió los ducados de Parma y Piacenza, y en 1734 conquistó por las armas el Reino de las Dos Sicilias, donde reinaría durante veinticinco años como Carlos VII de Nápoles y V de Sicilia. Ese cuarto de siglo napolitano no fue un pasatiempo dinástico: allí aprendió a gobernar con ministros ilustrados, a domesticar poderes eclesiásticos, a impulsar obras públicas y a manejar cortes barrocas con una disciplina metódica que traería a Madrid en 1759, cuando la muerte sin descendencia de su medio hermano Fernando VI lo llamó a suceder en la corona española.
Llegó a España con oficio, con equipaje humano —incluido el gusto por la caza que le ocupaba las mañanas y una devoción algo hosca por el trabajo despachado— y con una convicción: la de que el poder real debía ejercerse sin competidores. Viudo desde 1760 de María Amalia de Sajonia, con quien había tenido trece hijos, no volvió a casarse. Vivió los veintinueve años de su reinado español entre Madrid, Aranjuez, El Escorial y La Granja, rodeado de un gabinete que se convirtió en el núcleo intelectual del despotismo ilustrado hispánico: Pedro Rodríguez de Campomanes en Hacienda y en el Consejo de Castilla, el conde de Aranda en la presidencia del mismo Consejo, más tarde el conde de Floridablanca en la Secretaría de Estado, y en el ramo indiano el visitador y ministro José de Gálvez, cuya familia extendería sus tentáculos por América. Fue con ellos —no solo, pero sí a través de ellos— que Carlos III intentó rehacer un imperio.
Los orígenes de un programa
El reformismo borbónico no nació con Carlos III. Se venía cocinando desde Felipe V, en la primera mitad del siglo XVIII, cuando la nueva dinastía comprendió que la maquinaria heredada de los Austrias —audiencias autónomas, cabildos poderosos, Iglesia enredada en la administración, sistema fiscal opaco— no bastaba para sostener una monarquía en competencia con Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas. Pero fue en el reinado de Carlos III cuando ese programa acumulado adquirió coherencia doctrinaria, cuadros ejecutores y músculo aplicativo.
El diagnóstico intelectual venía dado por una generación previa de arbitristas ilustrados. José del Campillo y Cossío, cuyos escritos originales datan de 1743, había señalado los errores e inadvertencias del gobierno colonial y aportado una cifra desoladora: apenas la vigésima parte de lo que consumían las Indias procedía de productos de España. El resto entraba por contrabando inglés, francés y holandés, o se producía en las propias colonias al margen del sistema imperial. Para los reformistas peninsulares, el siglo XVIII español era un siglo de desgracias y pérdidas, mientras otras naciones europeas lo vivían como siglo de oro de las luces de gobierno y la prosperidad. La cifra de Campillo condensaba el problema: España había dejado de ser la metrópoli económica de sus propias colonias.
El programa carolino se propuso invertir esa proporción, y desplegó cuatro ejes simultáneos. Racionalizar la administración mediante funcionarios especializados, censos y control central. Reformar la fiscalidad para financiar la defensa imperial y aumentar la remesa a la metrópoli. Disciplinar a la Iglesia bajo el regalismo, restando poder a las órdenes religiosas —especialmente a la Compañía de Jesús— y sujetando a los episcopados americanos a la Corona antes que a Roma. Y fomentar el conocimiento científico útil, capaz de identificar y explotar los recursos naturales americanos. Los cuatro ejes coincidieron en el Virreinato de la Nueva Granada durante las décadas de 1770 y 1780, y en su cruce se jugó buena parte de la historia colonial tardía del territorio que sería Colombia.
La trayectoria neogranadina: consolidación del virreinato
La Nueva Granada había sido, durante el primer tercio del siglo XVIII, un experimento administrativo fallido. El Virreinato se creó por primera vez en 1717, se ensayó con el nombramiento del primer virrey, Jorge de Villalonga, en 1719, y fue suprimido en 1724, con Antonio Manso Maldonado a cargo como presidente. La justificación de la supresión apuntaba a la escasa infraestructura del territorio y a que la colonia era descrita como la más pobre del imperio español —una descripción que decía tanto de la percepción metropolitana como de la realidad económica—. El virreinato quedó en suspenso hasta que en 1739 se restableció con carácter definitivo, en un contexto en que la amenaza inglesa sobre el Caribe se volvía apremiante. El intento de la armada inglesa de tomar Cartagena en 1741 —el sitio del almirante Vernon, repelido por Blas de Lezo— coincidió con el refuerzo de las defensas y el envío de virreyes a Santa Fe de Bogotá, y fijó en el mapa geopolítico borbónico la centralidad del Caribe neogranadino.
Cuando Carlos III subió al trono en 1759, el andamiaje virreinal ya existía, pero requería la remodelación que él impuso. En 1777, el rey ordenó una operación de rediseño territorial mayor: la creación de la Capitanía General de Venezuela, que separaba del Virreinato de la Nueva Granada las provincias de Caracas, Cumaná, Guayana, Maracaibo y la isla Margarita. La medida —parte de una política más amplia que también reordenó el Río de la Plata en 1776 con la creación del virreinato rioplatense— buscaba una administración más manejable, un control fiscal más estrecho y una defensa costera más eficaz, pero fragmentaba la unidad territorial que después reclamarían los proyectos bolivarianos. Bajo Carlos III las audiencias y cabildos, que durante los Habsburgo habían gozado de excesiva autonomía, fueron sometidos a un mayor control real; la Corona insistió en fortalecer su autoridad sobre el territorio colonial mediante visitadores, regentes y funcionarios peninsulares.
La trayectoria neogranadina: el apretón fiscal
El eje más consecuente —y más explosivo— de las reformas carolinas en la Nueva Granada fue el fiscal. La lógica era sencilla y despiadada: la Corona necesitaba financiar la guerra imperial, especialmente contra Inglaterra en el contexto de la independencia norteamericana —España declaró la guerra a Gran Bretaña en apoyo a los rebeldes, y el gobernador Bernardo de Gálvez operó desde Nueva Orleans en esa campaña—, y la Nueva Granada debía aportar más de lo que aportaba. La operación se encomendó a partir de 1778 al regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, cuyo nombre quedaría inscrito con tinta hostil en la memoria neogranadina.
Gutiérrez de Piñeres desplegó un paquete de medidas simultáneas de una torpeza política notable. Restableció el impuesto de la armada de Barlovento, destinado a financiar la defensa del Caribe. Extendió la alcabala, el gravamen sobre las transacciones comerciales. Reorganizó el estanco del tabaco —monopolio estatal sobre la producción y venta— concentrando el cultivo en cuatro zonas (Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira) y seis administraciones de distribución, con normas técnicas estrictas y resguardos policiales encargados de reprimir la siembra por fuera del sistema. La reorganización excluyó de la producción a numerosos pueblos y regiones que antes cultivaban tabaco, redujo los precios de compra al campesino y aumentó los precios de venta al consumidor. Sumó a ello el refuerzo del estanco del aguardiente de caña —establecido por Real Cédula del 23 de septiembre de 1700—, cuyas reformas permitieron un aumento continuo de los ingresos entre 1760 y la década de 1790.
Los números miden el apretón. En la última década del dominio colonial, la Corona recaudaba en la Nueva Granada un promedio de 2,4 millones de pesos anuales, y cerca de un tercio de esa cifra —unos 770.000 pesos— salía solo de los estancos de tabaco y aguardiente. La carga tributaria sobre el PIB colonial, que rondaba el 2,9%, trepó a un pico cercano al 10,4% y se asentó luego en 8,4%: en pocos años la relación fiscal entre metrópoli y territorio quedó rehecha. El reformismo comercial ilustrado había producido, en la otra cara, sus propios resultados: el reglamento de aranceles de 1778 y la rebaja general de 1776 cuadruplicaron el comercio entre España y América entre 1778 y 1788. Pero esa liberalización tenía límites férreos: España prohibía la producción neogranadina de textiles competidores, monopolizaba tabaco y aguardiente, restringía el comercio intercolonial y perseguía el contrabando en que se habían enriquecido comerciantes criollos del Caribe. La modernización comercial y el monopolio protector eran, otra vez, dos caras de la misma política.
La trayectoria neogranadina: la insurrección comunera
El 16 de marzo de 1781, en la oficina de impuestos de la villa de El Socorro, en la provincia oriental del virreinato, una comerciante llamada Manuela Beltrán arrancó de la pared el bando que informaba sobre los nuevos tributos y lo rompió. Ese gesto —solitario y colectivo a un tiempo, pues estalló en el momento preciso en que la acumulación de resentimientos fiscales, monopolistas y administrativos había saturado la paciencia local— detonó la Revolución de los Comuneros. En pocas semanas, la insurrección se extendió a Pamplona, Vélez, Cúcuta y otras localidades del norte del virreinato, involucrando a criollos, mestizos, indígenas y sectores populares en una coalición inusualmente amplia.
Los comuneros marcharon sobre Santa Fe de Bogotá. Una estimación sitúa en cerca de cuatro mil los sublevados que avanzaban hacia la capital cuando llegaron a Zipaquirá, a un día de la sede virreinal. La coyuntura era favorable: el virrey Manuel Antonio Flórez se encontraba en Cartagena supervisando las defensas contra corsarios ingleses, y la Real Audiencia carecía de tropas suficientes para enfrentar el avance. Ante la emergencia, se envió al arzobispo Antonio Caballero y Góngora a negociar. En Zipaquirá se firmaron las célebres Capitulaciones, en las que la corona —representada por el arzobispo— aceptaba revertir buena parte de las medidas fiscales: reducción o eliminación de la alcabala, del tributo indígena y del gravamen sobre mulatos, fijación de precios del aguardiente, y —cláusula políticamente cargada— la exigencia de que los cargos oficiales fueran ocupados preferentemente por criollos nacidos en el reino.
El líder negociador fue Juan Francisco Berbeo, criollo de El Socorro, quien tras el acuerdo aceptó disolver el ejército comunero. Recibió a cambio el nombramiento como corregidor con un sueldo anual de mil pesos. No todos aceptaron los términos: José Antonio Galán, cabecilla de sectores más radicales, rechazó las capitulaciones por considerarlas aprobadas demasiado rápido y continuó el alzamiento. La suerte de ambos hombres marcó la fractura interna del movimiento y anticipó lo que sería el patrón de los procesos revolucionarios neogranadinos: el criollo negociador cooptado por la Corona, el líder popular ejecutado con espectáculo aleccionador.
La respuesta virreinal, una vez reforzada militarmente la capital, fue inequívoca. El virrey Flórez anuló las Capitulaciones argumentando que tenían un "defecto incorregible": haber sido negociadas bajo amenaza de violencia. Galán fue apresado, juzgado y ejecutado el 1 de febrero de 1782 en Santa Fe de Bogotá. La sentencia fue una liturgia de terror: ahorcamiento, decapitación y descuartizamiento. Su cabeza fue enviada a Guaduas, la mano derecha a El Socorro, la izquierda a San Gil, el pie derecho a Charalá y el pie izquierdo a Mogotes; su descendencia fue declarada infame y se ordenó arrasar su casa y sembrarla de sal. Junto a él fueron ejecutados con penas similares los cabecillas Molina, Alcantuz y Ortiz. Caballero y Góngora, que había firmado las capitulaciones repudiadas, fue recompensado por el rey con el nombramiento como virrey de la Nueva Granada, cargo que ocuparía entre 1782 y 1789.
Los comuneros no proclamaron la independencia. Su lealtad formal a la Corona era intacta —querían un buen gobierno del rey, no la ausencia del rey— y sus demandas fueron fiscales y administrativas antes que ideológicas. Pero la exigencia de que los cargos fueran ocupados por criollos nacidos en el reino apuntaba a una aspiración de participación política que la Corona no podía conceder sin desmontar la lógica misma del pacto imperial. Y la manera en que la revuelta se resolvió —con capitulaciones firmadas de buena fe por un arzobispo, anuladas después por razón de Estado, y ejecuciones aleccionadoras para los radicales— dejó una lección política que circularía durante décadas. Francisco de Miranda, años más tarde, utilizaría ante potencias extranjeras la narración de la sublevación comunera de 1781 como evidencia de que los suramericanos estaban dispuestos a la revolución contra el dominio español.
La trayectoria neogranadina: regalismo, ciencia y defensa
Mientras el apretón fiscal producía sus efectos, el reformismo carolino avanzaba en tres frentes simultáneos que también dejarían huella en la Nueva Granada. El primero fue el regalista. Los Borbones intensificaron el control real sobre la Iglesia: intervinieron en la educación, limitaron la comunicación entre los episcopados americanos y la Santa Sede —prohibieron las visitas ad limina y las informaciones sobre el estado de las diócesis—, y consideraron a las órdenes religiosas, especialmente a los jesuitas, como entidades díscolas incompatibles con el absolutismo. La Compañía de Jesús fue expulsada de todos los dominios españoles por Carlos III en 1767, por doctrinas jurídicas peligrosas y por administrar reducciones imposibles de vigilar. En la Nueva Granada, las haciendas jesuíticas fueron incautadas y redistribuidas, aunque su tasación nunca superó los 100.000 pesos, muy por debajo de los 200.000 del Perú o de los 500.000 a 700.000 de México. La enajenación de capitales de cofradías, conventos y clero secular, en el marco más amplio de las reformas, afectó gravemente la base económica de las órdenes.
El vacío educativo dejado por la salida de los jesuitas abrió un conflicto por el control de la enseñanza superior en el que los dominicos jugaron un papel de resistencia frente a los proyectos de reforma impulsados por las autoridades virreinales. En ese cruce se plantó la figura decisiva de la ilustración científica neogranadina: José Celestino Mutis, gaditano nacido el 6 de abril de 1732, médico, sacerdote y botánico, llegado a Santa Fe en 1761 como médico personal del virrey Pedro Messía de la Zerda. Mutis sostenía correspondencia con Linneo, quien le dedicó varias plantas —entre ellas la mutisia— y difundió sus trabajos en el mundo científico europeo, abriéndole las puertas de las Universidades de Upsala y de la Academia de Estocolmo.
En 1774, los estudiantes de Mutis expusieron públicamente las tesis heliocéntricas de Copérnico en Santa Fe. Los dominicos reaccionaron con una disputación pública contra las doctrinas copernicanas y denunciaron a Mutis ante la Inquisición. El conflicto —teológico, disciplinar y político a un tiempo— se resolvió con el apoyo del virrey Manuel Guirior a Mutis, en línea con la política borbónica de proteger las ciencias útiles frente a la escolástica. Más tarde, el arzobispo-virrey Caballero y Góngora —el mismo firmante de las capitulaciones de Zipaquirá— brindaría protección sistemática a Mutis y a su gran proyecto: la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, organizada bajo patrocinio borbónico como parte de la política ilustrada de identificar y explotar los recursos naturales del virreinato. La expedición se convertiría en la escuela informal de una generación entera de científicos y letrados criollos —entre ellos Francisco José de Caldas— que aprenderían a leer el territorio como un objeto de conocimiento y de riqueza propios. Alexander von Humboldt, en su paso por Bogotá, visitó a Mutis durante dos meses e intercambió con él conocimientos sobre botánica, geografía, astronomía, física y medicina; Humboldt y Bonpland ofrecieron su amistad al sabio gaditano, reconocido ya como una figura destacada de la ilustración americana.
El tercer frente fue el militar. Las reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII buscaron crear en América una milicia disciplinada y bien entrenada que compartiera la carga de la defensa imperial. En regiones como Cartagena, donde los pardos constituían el grupo demográfico más numeroso, cualquier reorganización efectiva de la milicia requería incorporarlos y extenderles el fuero militar —el privilegio jurídico especial que sustraía a los milicianos de la justicia ordinaria—. Esa incorporación produjo un efecto social significativo: los pardos obtenían un reconocimiento institucional dentro del orden colonial, un orgullo corporativo, un lugar en la estructura de honor. Las obras defensivas se intensificaron: antes de 1760, en guerra con Inglaterra, la Corona mandó obstruir el estrecho de Bocagrande en Cartagena con piedras y arena, cerrando un canal antes navegable por los mayores navíos. La preocupación por el Caribe —donde España había concedido a Inglaterra en 1713 el asiento de esclavos, aprovechado por los ingleses para introducir contrabando— nunca se disipó durante el reinado carolino.
Su red
Carlos III gobernó a través de una red densa de ministros, virreyes y funcionarios que constituyeron la columna vertebral del despotismo ilustrado hispánico, y su reparto de papeles se lee mejor como un teatro de dos escenarios enlazados: el gabinete madrileño y la sucesión virreinal en Santa Fe. En Madrid, Aranda ejecutó la expulsión jesuítica desde la presidencia del Consejo de Castilla, con la frialdad procedimental que exigía deshacer en semanas una presencia de dos siglos; Campomanes, desde Hacienda y desde el mismo Consejo, aportó el cerebro económico —los informes sobre la ley agraria, el discurso sobre la industria popular, la doctrina regalista— que dio a las medidas una arquitectura intelectual; Floridablanca, en la Secretaría de Estado, cerró la última fase con el sentido diplomático de quien había ganado prestigio negociando en Roma la disolución de la Compañía. Los tres se relevaban en el favor real sin llegar nunca a competir de frente, disciplinados por un rey que despachaba temprano y no admitía facciones dentro de su gabinete.
Para los asuntos indianos, la pieza clave fue José de Gálvez. Visitador de Nueva España entre 1765 y 1771, aplicó allí el laboratorio de reformas que después, ya como ministro general de las Indias desde 1776, extendería al resto del imperio: intendencias, estancos, milicias disciplinadas, subordinación de audiencias. Alrededor suyo se organizó un clan que colonizó cargos: un hermano gobernó Guatemala; su sobrino Bernardo se distinguió militarmente en las campañas contra Inglaterra desde Nueva Orleans durante la guerra por la independencia norteamericana. El nombramiento del regente visitador Gutiérrez de Piñeres para la Nueva Granada, en 1778, salió de esa órbita, y su fracaso político no puede leerse sin ella: era un hombre de Gálvez ejecutando un programa de Gálvez.
En el Virreinato de la Nueva Granada la cadena virreinal dibuja mejor que cualquier organigrama la doble cara del proyecto carolino. Messía de la Zerda trajo consigo a Mutis y abrió el pequeño círculo de tertulia científica que a la larga sería semillero de la Expedición Botánica; Guirior amparó al botánico frente a la denuncia inquisitorial de los dominicos y templó la aplicación de las medidas fiscales que empezaban a llegar de Madrid, ganándose el desafecto del regente entrante; Flórez dejó que Gutiérrez de Piñeres desplegara el paquete impositivo y presidió desde Cartagena, absorto en las defensas contra corsarios ingleses, la crisis comunera de 1781 —una ausencia física que fue también una ausencia política—. Caballero y Góngora, arzobispo firmante en Zipaquirá y luego virrey, encarnó los tres papeles a la vez: pacificador político, protector de la Expedición Botánica y ejecutor del regalismo. Bajo su mando, la Nueva Granada vivió los años más intensos de convivencia entre reforma científica y disciplinamiento poscomunero, en un equilibrio que sólo un arzobispo con vocación de estadista podía sostener sin romperse.
Del lado neogranadino, la red se completó con figuras opuestas y complementarias que la propia reforma había convocado al escenario. Gutiérrez de Piñeres puso la cara antipática del proyecto, con una torpeza de trato que en pocos meses convirtió su nombre en cifra del rechazo popular. Los líderes comuneros —Berbeo, Galán, Molina, Alcantuz, Ortiz— encarnaron la respuesta desde abajo, con destinos que fueron del corregimiento remunerado al descuartizamiento y que, en su misma disparidad, prefiguraron las fracturas de clase y color de las guerras posteriores. Y en un tercer plano se formó la élite criolla ilustrada que entre 1760 y 1800 compartía con los reformistas peninsulares —Feijoo, Jovellanos, Campomanes— el rechazo a la escolástica, el entusiasmo por la ciencia moderna y la fe en la educación técnica como instrumento de progreso económico. Esa élite se formó, en buena medida, gracias a las mismas políticas de la Corona que buscaban modernizarla sin cambiarla; era, sin saberlo aún, el producto más peligroso del reformismo carolino.
Su huella
Carlos III murió en Madrid el 14 de diciembre de 1788, poco antes de que la Revolución Francesa iniciara la crisis definitiva del Antiguo Régimen europeo. Lo sucedió su hijo Carlos IV, monarca de temple incomparablemente menor, bajo cuyo reinado el edificio ilustrado empezaría a agrietarse por dentro. La huella carolina en la Nueva Granada, sin embargo, ya estaba echada, y admite una doble contabilidad.
Del lado del debe, las reformas produjeron efectos que sus ejecutores no pudieron —o no quisieron— prever. La presión fiscal sobre una economía deliberadamente subdesarrollada por los propios monopolios metropolitanos generó, en la Nueva Granada, condiciones cada vez más difíciles para los pequeños productores y desencadenó no solo la Revolución de los Comuneros de 1781 sino posteriores revueltas menores. La contradicción era estructural: modernizar la administración exigía más ingresos, y esos ingresos solo podían salir de una economía a la que simultáneamente se le prohibía producir textiles competidores, se le monopolizaban los productos rentables y se le restringía el comercio intercolonial. El regalismo, al debilitar a las órdenes religiosas y abrir el conflicto por la educación superior, erosionó uno de los pilares tradicionales del orden colonial sin construir, en su lugar, una estructura educativa que la Corona pudiera controlar plenamente.
Del lado del haber ilustrado, el legado es más matizado. La Expedición Botánica, la protección a Mutis y sus discípulos, la disputa copernicana ganada frente a los dominicos, el patrocinio de las ciencias útiles: todo ese aparato produjo una élite criolla ilustrada que a fines del siglo XVIII sabía leer el territorio con instrumentos modernos, había asimilado las corrientes europeas del pensamiento y compartía —con la generación reformista peninsular— un marco intelectual común. El Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1811) sería el escenario en que esa ideología criolla, gestada durante décadas, alcanzaría su expresión más articulada.
Ahí está la paradoja del reinado. Las mismas reformas que educaron a esa élite la expusieron a ideas filosóficas y políticas que apuntaban a cambios más profundos que los buscados por la Corona. Los hijos bien educados de inmigrantes peninsulares, integrados en redes criollas, empezaron a manifestar resentimientos hacia fines del siglo. La alianza tradicional entre la Corona y las élites locales entró en crisis. El predominio latifundista dificultaba el acceso a la tierra de sectores populares, generaba vagos y desposeídos, tensionaba el campo. La conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli, la apropiación paulatina de una ideología diferente al absolutismo monárquico y el desarrollo de las ciencias útiles crearon —involuntariamente, indirectamente— las condiciones para madurar el proceso de independencia. Humboldt lo formuló años después con una imagen dura: durante su estancia en América había creído percibir conformidad con el régimen, y solo más tarde comprendió que le habían ocultado la verdad y que existía un odio profundo hacia España. El comentario mide la distancia entre la superficie política del reformismo carolino y las corrientes subterráneas que iba abriendo.
Nada de esto convierte a Carlos III en padre involuntario de la independencia colombiana. La Ilustración no produjo por sí misma un concepto de liberación colonial ni una guerra de independencia; fueron los actores americanos quienes tuvieron que diseñar su teoría de autodeterminación nacional en el curso mismo de la lucha, décadas después, con la crisis de la monarquía española de 1808 —la intervención napoleónica— como detonante inmediato. Pero sin las reformas carolinas —sin la Expedición Botánica, sin la formación científica de los criollos, sin el resentimiento fiscal acumulado, sin la memoria de las capitulaciones traicionadas de Zipaquirá y del descuartizamiento aleccionador de Galán— el material combustible que ardió a partir de 1810 no habría tenido ni la misma composición ni la misma densidad.
El "mejor alcalde de Madrid" fue, en la Nueva Granada, un reformador cuya lucidez administrativa y patrocinio científico convivieron con una miopía política que convirtió a la fiscalidad en el problema irresoluble de su reinado. Emprendió con inteligencia un proyecto imperial cuya lógica interna llevaba, sin que él lo supiera, a la disolución de aquello que pretendía salvar.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
52 documentos · 65 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 1681 cita
[1]fundación de las primeras audien- cias y la promulgación de las primeras Leyes de Indias, particularmente con las de 1542, ex- pendidas por Carlos V, en la Ciudad de Burgos. En este momento es la monarquía, el Estado español, el que asume el control y ejercita sus plenos derechos soberanos sobre los nuevos te-…
p. 168
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 85, 882 citas
[2](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…
p. 88
[12]E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…
p. 85
03Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 861 cita
[3]la sociedad, por la defensa de los derechos na- turales e inalienables de los individuos y por el es- tablecimiento y vigencia de la democracia contra el absolutismo y el orden senorial. EI siglo de la llustracion esta relacionado con la Revolucién Industrial que, desde Europa, se expan- dié por el mundo conocido…
p. 86
04Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · Páginas 227, 2322 citas
[4]tiempo, pero el siglo pasado, que para otras naciones fue siglo de oro de las luces de gobier- no, de buenos establecimientos y de prosperidades, fue para España siglo de desgracias y pérdidas… «Debemos mirar la América bajo de dos aspectos: el primero, en cuanto puede dar consumo a nuestros frutos y mercancías; y el…
p. 227
[5]ilustrando a la nación acerca de sus verdaderos intereses». Resulta evidente que en la esfera más alta del pen- samiento español de fines del siglo xviii había cabida para preocupaciones de tan fuerte envergadura como las económicas, no ya desde el punto de vista exclusivamen- te nacional sino en cuanto ellas tocaban…
p. 232
05Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Páginas 442, 4982 citas
[6]el ministro ruega al embajador en Madrid interceda ante el rey para que el gobernador de La Habana socorra a Nueva Orleans… Este es el principio del fin. Luis xv llega, por su ministro, a concebir una idea: regalarle a España esa porquería de colonia. ¡Se acabaron los Pirineos! Luis xiv 445 § Los caballeritos, la…
p. 442
[7]Franklin no sabe ni francés ni español, y Aranda no sabe inglés, alcanzan a comprender el uno lo que América quiere, el otro la buena voluntad de España. A España entra en secreto el enviado norteamericano y se hace toda una comedia para que cumpla su misión sin llegar hasta la Corte. Pero los hechos van…
p. 498
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 228, 2312 citas
[8]la Nueva Granada. José Prieto de Salazar adquiere el cargo de tesorero de la Casa de Moneda de Santafé. Supresión del carácter he- reditario de las encomiendas. 1719 Jorge de Villalonga, nombrado primer virrey de la Nueva Granada. Juan de Herrera: Lamenta- ciones de tinieblas. 1720 Se decreta que el impuesto de…
p. 228
[10]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
07Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 54, 602 citas
[9]Villalonga, recomendó suprimirlo, en vista de su escasa infraestructura. Era la colonia más pobre del Imperio español. De virreinato volvió a hablarse tiempo después, cuando la poderosa armada inglesa intentó tomarse Cartagena en 1741, hambrienta por colonizar Sur- américa. La Corona española reforzó las defensas de…
p. 54
[49]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
0830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 131 cita
[11]se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…
p. 13
09Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
[13]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[14]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Páginas 119, 1452 citas
[15]como los del marqués de Valdehoyos (Julián de Trespalacios y Mier), el del marqués de Pestagua (don Andrés de Madariaga) o el de José Fernando de Mier y Guerra, estaban invertidos en grandes haciendas de agricultura y ganadería extensivas con destino a mercados locales, y ninguno llegaba a una cifra superior a los…
p. 119
[21]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
p. 145
11Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 792 citas
[16]la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…
p. 79
[17]la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…
p. 79
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 161 cita
[18]entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…
p. 16
13Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Páginas 142, 1482 citas
[19]1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…
p. 142
[20]cabeceras de las administraciones generales. El establecimien- to del monopolio directo se dio de forma gradual, y entre tanto se permitió la coexistencia de los métodos anteriores, el de arrendamiento y el de asiento por remate del estanco de aguardiente. Las diversas reformas de la renta del aguardiente fueron…
p. 148
14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 651 cita
[22]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
15Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 1321 cita
[23]más interés lo sucedido bajo los Borbones. 105 Humboldt (H-7), tomo 4, pág. 3. 106 Humboldt (H-7), tomo 4, pág. 4. En el Manifiesto sobre los motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de soberanía… (Bogotá, 1810), escrito por Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez, y aprobado por la…
p. 132
16Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 531 cita
[24]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
17Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2351 cita
[25]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…
p. 235
18Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 511 cita
[26]el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…
p. 51
19Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1081 cita
[27]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
20Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 2071 cita
[28]la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…
p. 207
21Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 441 cita
[29]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
22Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1611 cita
[30]a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…
p. 161
23Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 2301 cita
[31]reunían; suponiendo órdenes del rebelde Tupamaro —Tupac-Amaru— 5 y queriéndo - les dar a entender que todos se hallaban exentos de tribu - tos y que habían cesado las contribuciones de diezmos y obligación de cumplir con los preceptos eclesiásticos, para esto, y como el principal motor y cabeza fue un vecino llamado…
p. 230
24The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 1991 cita
[32]stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…
p. 199
25Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 4051 cita
[33]su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…
p. 405
26Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 731 cita
[34]en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…
p. 73
27Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1011 cita
[35]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…
p. 101
28When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 301 cita
[36]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…
p. 30
29La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 981 cita
[37]evaluación de las cosas, dentro de la pers - pectiva general de la civilización occidental. 99 D e la subversión y la finali D a D histórica 5. Subversión y Frustración en el Siglo XIX La paz hispana se mantiene por tres centurias hasta prin - cipios del siglo XIX, sin que hubiera surgido mientras tanto ninguna…
p. 98
30Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 301 cita
[38]las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…
p. 30
31Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · Página 141 cita
[39]de los centros educativos americanos y su inmersión en las nuevas corrientes intelectuales de la época. Así mismo, y con el objetivo de fortalecer la figura del rey frente al pontífice, se revisó la política conciliar, la cual se hizo más favorable a las medidas regalistas, y se apostó por limitar la comunicación…
p. 14
32Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · Página 101 cita
[40]Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…
p. 10
33Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1901 cita
[41]organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…
p. 190
34The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 971 cita
[42]condemned Spain's backwardness in matters scientific and held as his first principle the abandonment of the suppositions and systems of the Peripatetics. Apparently the Dominicans in Bogotá considered Mutis a dangerous challenge to their authority. Taking exception to the public exposition of the Copernican system by…
p. 97
35Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 351 cita
[43]institución eclesiástica sufrió un asalto sin precedentes, iniciado por ministros y funcionarios que se jactaban de sus ideas ilustradas. Sin embargo, esta no es la única interpretación disponible acerca de las relaciones entre Estado e Iglesia, pues también existieron miembros del clero afines a las reformas, incluso…
p. 35
36Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 1391 cita
[44]más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…
p. 139
37Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 356, 5492 citas
[45]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
[60]est á tico o posi blemente disminu í a, seg ú n pudieron observarlo para la parte orien tal del virreinato los visitadores reales a partir de 1755. Tal creci miento significaba una mayor participaci ó n de los criollos en los problemas p ú blicos y un mayor grado de conciencia pol í tica y social 29 Relaciones,…
p. 356
38Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 107, 1202 citas
[46]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…
p. 120
[63]n d es haciendas la proliferación de vagos itin eran tes y sin p ro piedad. Estas gentes sin tierra to rn ab a n a la m en d icid ad o a la vagancia y alg u nos d esap areciero n en las selvas; en cualq u ier caso, re p resen ta b an una p érd id a económ ica. En u n esfuerzo p o r d o ta r de tierra a los d…
p. 107
39La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 621 cita
[47]más la personalidad de Mutis y com - prender el porqué de su viaje al Nuevo Mundo y el porqué de su interés en estudiar la naturaleza americana, debemos repasar brevemente algunos aspectos de su vida. Nace el 6 de abril de 1732 en Cádiz, en el seno de una familia bur - guesa, lo cual le permite educarse sin ningún…
p. 62
40Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 801 cita
[48]primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…
p. 80
41Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 10, 502 citas
[50]constructor de identidad al reelaborarse su sentido a la luz del pensamiento ilustrado. De hecho, las políticas borbónicas, con el objetivo de desarrollar las riquezas naturales coloniales en beneficio del Estado español, habían patrocinado el estudio de las ciencias útiles a través de la reforma de la educación,…
p. 50
[51]Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…
p. 10
42¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 481 cita
[52]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
43Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 421 cita
[53]grandes avances en el territorio español pero murió al llegar a Venezuela. Dejó un cúmulo de íconos por los que se disputaban los botáni - cos españoles y el círculo de Linné. Dentro de la disputa y gracias a la presencia de botánicos suecos en Cádiz, Mutis pudo acceder, días antes de su viaje a América, a la famosa…
p. 42
44Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1381 cita
[54]dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…
p. 138
45Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · Página 291 cita
[55]slaves r5.7 per' cent; whites, including clergy, 27.o percentl and Indians o. 5 percent. Pardo artisans included shoemakers, tailors, masons, and silversmiths. Some of them became relatively wealthy and could afford to live in two-story houses and own slaves.6 The pardos'demographic weight also made them crucial to…
p. 29
46Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 80, 902 citas
[56]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
[58]n fue fabuloso: 10 millones de pesos y como Pointis no lo reparti ó a los piratas, é stos volvieron y saquea ron otra vez la ciudad. 84 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA En el siglo xvm las relaciones con Inglaterra alternaron periodos de paz y contrabando con periodos de guerra, ataques militares y m á s contrabando.…
p. 80
47Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · Página 671 cita
[57]la anchura de un golfo estrecho, y puede comunicarse con esos diversos puntos más rápidamente que todas las otras ciudades de la República; su rada es una de las más bellas del mundo entero y muy fácilmente podrían cavarse en ella diques flotantes o de carena, nece - sarios hoy en todos los grandes puertos…
p. 67
48La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Página 2041 cita
[59]la calificación de los representantes fue transferida a las cámaras provin- ciales. El Gobierno creaba una junta especial cuando se trataba de la calificación de los diputados a la convención constituyente, Los ciudadanos activos de las primeras repúblicas: los padres de familia libres de todos los colores La sociedad…
p. 204
49Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 4501 cita
[61]política dentro de sus comunidades, puesto que llegaron a ser regido- res de cabildos y se conectaron con la sociedad criolla, lo que les permitió ser nombrados en los gobiernos locales. Al integrarse en las sociedades provincianas por medio del 285 Archivo Central del Cauca, 1763, libro capitular, tomo 23, folios…
p. 450
50Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 4401 cita
[62]con esta discusión entabla da ya hace demasiado tiempo. Si se mira de cerca el funcionamiento real del sistema, pronto se percibe que existían relaciones concretas de poder entre los funcionarios españoles y los administrados, los llamados colonos o «españoles americanos», a quienes se identifica simplemente con los…
p. 440
51El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 241 cita
[64]para la buena educación de los príncipes 1. No sólo por haber tenido contacto y conocimiento a fondo de aquella literatura social y política, sino por el hecho de vivir con angustia la misma circunstancia histó- rica y presentir que el propio destino estaba envuelto en el porvenir del imperio, y por darse cuenta de lo…
p. 24
52Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 541 cita
[65]S O N S F R O M T H E A G E O F R E A S O N 35 bore a harder edge than that of Humboldt. ‘During my time in America,’ Humboldt later wrote, ‘I never encountered discontent; I noticed that while there was no great love of Spain, at least there was conformity with the estab- lished regime. It was only later, once the…
p. 54