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Biografía

Pedrarias Dávila

Conquista

1440–1531

19 min de lectura29 documentos
Nacimientohacia 1440, Segovia
Fallecimiento1531
RolesGobernador de Castilla del Oro (1514-1526) · Fundador de Panamá (1519)
Lugar principalColombia
Período históricoConquista1499–1599
03

La biografía

En la memoria larga de la Conquista, Pedro Arias Dávila —Pedrarias— es el hombre que decapitó a Vasco Núñez de Balboa. Esa escena, tramitada por abogados a marchas forzadas y consumada por el filo del verdugo, ha sobrevivido a casi todo lo demás y se ha convertido en la síntesis con la que se lo recuerda. Pero reducirlo a esa ejecución es perder de vista lo que Pedrarias realmente fue: el primer gobernador con instrucciones reales detalladas que pisó el continente sudamericano, el fundador de Panamá, el hombre que entre 1514 y 1526 gobernó Castilla del Oro —el territorio que incluía el Darién, el golfo de Urabá y la franja caribe que hoy es Colombia— y que convirtió el pactismo precario, casi trueque, del período balboíno en un régimen de razzia, encomienda y ciudad en damero. Desde Santa María la Antigua del Darién y desde Panamá no solo administró: exportó un modelo. De su gobernación salieron, financiados con oro extraído a los caciques del istmo, los hombres y los barcos que emprenderían la conquista del Perú. Y en su sombra, durante más de una década, se fraguó el primer orden colonial del Caribe neogranadino: descentralizado, extractivo, violento, regido por la contradicción estructural entre lo que la Corona pactaba en el papel y lo que el gobernador ejecutaba en el terreno.

02

Línea de vida

  1. 1513

    Designación como gobernador de Castilla del Oro

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    Fernando el Católico lo nombró gobernador de Castilla del Oro, confiándole la más ambiciosa expedición de poblamiento organizada hasta entonces por la monarquía española, con instrucciones reales detalladas sobre fundación de ciudades y gobierno colonial.

  2. 1514

    Llegada a Santa María la Antigua del Darién

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    Pedrarias desembarcó en tierra firme con unos dos mil hombres —soldados, médicos, artesanos, curas, mujeres y el obispo fray Juan de Quevedo— en la mayor expedición salida hasta entonces de un puerto español rumbo a las Indias, inaugurando el primer régimen colonial formal en el Darién y el golfo de Urabá.

  3. 1514

    Implantación del modelo de razzia y encomienda

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    Desde Santa María la Antigua despachó entradas encabezadas por Juan de Ayora, Gonzalo de Badajoz y Gaspar de Espinosa, que sustituyeron el pactismo balboíno por el saqueo sistemático: caciques torturados, mujeres esclavizadas, poblados incendiados y tumbas profanadas en busca de oro.

  4. 1519

    Ejecución de Vasco Núñez de Balboa

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    Envió a Francisco Pizarro a prender a Balboa en Acla; el juicio fue tramitado con velocidad inusitada por abogados y la sentencia de decapitación se ejecutó en la plaza de Acla. Acto seguido, Pedrarias tomó posesión simbólica del océano Pacífico ante escribano, apropiándose del descubrimiento de Balboa.

  5. 1519

    Fundación de Panamá

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    Fundó la ciudad de Panamá en la costa del Pacífico aplicando punto por punto las instrucciones reales traídas desde España: trazado en damero, plaza central, iglesia y casa del cabildo enfrentadas, reparto de solares. Panamá se convirtió en la sede definitiva de su gobierno y en el trampolín para la conquista del Perú.

  6. 1524

    Financiación de la empresa del Perú

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    Desde Panamá, con el oro extraído a los caciques del istmo durante su gobernación, se organizaron y financiaron los hombres y barcos de Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque que emprenderían la conquista del Perú, convirtiendo Castilla del Oro en plataforma del siguiente ciclo conquistador.

El hidalgo tardío que se embarcó a los setenta

Pedro Arias Dávila nació en Segovia hacia mediados de la década de 1440, en una familia hidalga de origen converso —descendiente de judíos convertidos al cristianismo— que había ascendido en la Castilla del siglo XV a fuerza de servicio militar y matrimonios estratégicos. Su perfil no era una excepción sino un emblema. La emigración a América estaba nutrida en buena parte por conversos y sus descendientes, cristianos nuevos del islam o del judaísmo, presionados por los estatutos de limpieza de sangre que endurecieron la Península a lo largo del siglo XVI. Cruzar el Atlántico era, para muchos, la posibilidad de reinventar un apellido: la hazaña destacada que atrajera la atención de la Corona, ganara tranquilidad para la estirpe y disolviera la mancha genealógica en el brillo de un blasón. Pedrarias no huía de la persecución —su familia estaba consolidada—, pero pertenecía a ese mundo, y ese mundo explica una parte de la ferocidad con la que se aferró a las gobernaciones que la Corona le concedió.

Antes de América tuvo una vida entera. Combatió en Granada, sirvió a Fernando el Católico en las campañas del norte de África, y ganó fama de bravura suficiente para que se le apodara el Justador y, más tarde, el Galán. Casó con Isabel de Bobadilla, sobrina de la marquesa de Moya, una de las mujeres con más influencia en la corte de Isabel la Católica. Ese matrimonio fue decisivo: sin la red que Bobadilla tejía en el palacio, difícilmente le habrían confiado a un hombre septuagenario la más ambiciosa expedición de poblamiento organizada hasta entonces por la monarquía. Porque cuando en 1513 Fernando lo designó gobernador de Castilla del Oro, Pedrarias tenía cerca de setenta años, una edad en la que la mayoría de sus contemporáneos ya había muerto.

Fue una designación política. En 1513 la Corona atravesaba una grave presión: Fernando gobernaba en nombre de su hija Juana, la disputa dinástica con los Habsburgo era latente, y las noticias que llegaban del Darién —la fundación irregular de Santa María la Antigua, el desplazamiento de Diego de Nicuesa, el ascenso de Balboa como caudillo local— exigían una intervención firme. Carlos V, ya en el trono unos años después, abriría la puerta del Nuevo Continente a súbditos de cualquier comarca, rompiendo el privilegio castellano-leonés que habían sostenido los Reyes Católicos. Pedrarias pertenecía al viejo régimen, pero fue enviado con la lógica del nuevo: una expedición masiva, oficial, con obispo, con instrucciones escritas, con la vocación explícita de convertir el Darién en la primera provincia de tierra firme, no en un fondeadero precario.

La Armada de Castilla del Oro

La expedición que zarpó de Sanlúcar de Barrameda en abril de 1514 fue la mayor que hasta entonces había salido de un puerto español rumbo a las Indias. Unos dos mil hombres se embarcaron con Pedrarias: soldados, sí, pero también médicos, artesanos, curas, algunas mujeres, un séquito burocrático y el primer obispo destinado a tierra firme americana, fray Juan de Quevedo, cuya diócesis tendría por sede Santa María la Antigua del Darién. Iba también un joven cronista, Gonzalo Fernández de Oviedo, que dejaría el testimonio más detallado —y más hostil— del desastre que se avecinaba.

Pedrarias no viajaba con vaguedades. Traía un conjunto minucioso de instrucciones reales que regulaban desde el trazado de las ciudades hasta la prohibición del ejercicio de la abogacía en las nuevas provincias. La Corona, escaldada por los pleitos que ya habían enredado a Colón y sus herederos, no quería letrados sueltos en el continente. La ciudad que debía fundarse seguía un modelo prescrito: plaza central, damero, edificios del poder civil y eclesiástico enfrentados, calles rectas. Era la ciudad ideal renacentista trasladada a la selva. Y la instrucción capital, la que lo definiría todo, era otra: al llegar a un pueblo indígena, antes de combatirlo, debía leerse el Requerimiento, ese documento redactado por juristas peninsulares que exigía a los nativos reconocer la autoridad del Papa, de los reyes de Castilla y de la Iglesia. Si rehusaban —y rehusarían siempre, porque no entendían el latín ni el castellano ni el marco jurídico-teológico invocado—, la guerra que se les hiciera sería guerra justa, y la esclavización, el saqueo y la muerte, actos legítimos.

La armada tocó tierra firme en junio de 1514. El encuentro entre Pedrarias y Balboa fue, en apariencia, cordial: Balboa, informado de que llegaba el nuevo gobernador, salió a recibirlo con la humildad calculada de quien sabe que su fundación irregular puede costarle la horca. Pero desde el primer día se estableció una desconfianza que no habría de disolverse. Pedrarias representaba el orden institucional; Balboa, el poder acumulado desde abajo, en once años de trato con los caciques, matrimonios indígenas y expediciones tierra adentro que habían culminado, apenas nueve meses antes de la llegada de la armada, en el avistamiento del Mar del Sur.

El Darién antes del desastre

Para entender lo que Pedrarias hizo, hay que entender lo que encontró. La costa del actual Caribe colombiano ya llevaba quince años recorrida por españoles. Alonso de Ojeda había navegado hasta el Cabo de la Vela en 1499. Rodrigo de Bastidas, en 1500 y 1501, había explorado desde La Guajira hasta el golfo de Urabá y la desembocadura del río Magdalena, que bautizó como Río Grande. Juan de la Cosa, el cartógrafo que iba con Ojeda, había levantado la primera carta detallada del litoral, con las bahías de Cartagena y Santa Marta y las bocas del Magdalena, antes de morir en 1510 en Turbaco, atravesado por flechas envenenadas.

En 1508 la Corona había repartido la tierra firme entre dos gobernaciones: la de Ojeda, desde el golfo de Urabá hasta el Cabo de la Vela, y la de Nicuesa, del golfo hacia el occidente, la provincia de Veraguas. Ambas fracasaron. Los indígenas caribes del bajo Sinú y del Darién resistieron con flechas emponzoñadas; el hambre, la enfermedad y las divisiones internas diezmaron a los expedicionarios. Fue en ese vacío donde Balboa —un polizón fugado por deudas en La Española— tomó el mando, cruzó al lado occidental del Atrato y fundó, con Martín Fernández de Enciso, Santa María la Antigua del Darién. Cuando Nicuesa llegó a reclamar la jurisdicción, a comienzos de 1511, apenas le quedaban cincuenta hombres de los ochocientos que había traído. Balboa lo desplazó, lo embarcó el 1º de marzo de 1511 en un navío desvencijado y de él nunca más se supo.

Balboa había aprendido algo en esos años: sin los caciques, no había supervivencia. Su método —discutido, matizable, pero real— combinaba momentos de saqueo con períodos largos de cooperación. Se casó con la hija del cacique Careta. Firmó alianzas con Comagre, con Ponca, con Tumaco. Fue el hijo del cacique Comagre quien, según la tradición, le habló por primera vez de un mar al sur y de un reino rico en oro más allá de las montañas, lo que precipitó la expedición que el 25 de septiembre de 1513 lo llevó a avistar el Pacífico desde una cumbre del istmo. Con 180 hombres partidos desde Acla el 1º de septiembre, tomó posesión del Mar del Sur en nombre de los reyes de Castilla. Ese fue el pico de su prestigio. Y fue el punto exacto en el que Pedrarias, todavía en Sanlúcar, se convirtió en su verdugo.

La razzia como método

El estilo balboíno duró poco. Apenas instalado en Santa María la Antigua, Pedrarias empezó a despachar entradas hacia el interior encabezadas por sus lugartenientes: Juan de Ayora, Gonzalo de Badajoz, Gaspar de Espinosa. La lógica era otra. Donde Balboa negociaba, ellos asaltaban. Los caciques que habían sostenido durante años relaciones estables con los españoles fueron torturados para que entregaran su oro; sus mujeres, esclavizadas; sus poblados, incendiados. La cadena de alianzas que Balboa había tejido se desmoronó en dieciocho meses.

La distinción jurídica que Pedrarias importaba era decisiva. Los indígenas resistentes no eran enemigos sujetos a las reglas de la guerra sino rebeldes a una autoridad ya proclamada: la lectura del Requerimiento los había convertido, en ficción jurídica, en vasallos insurrectos del rey. Contra rebeldes no había reglas. Se podía matar, esclavizar, saquear a los vivos, desenterrar a los muertos. Y se hizo. Las tumbas del Darién, del Sinú y de la Sierra Nevada de Santa Marta, ricas en piezas de oro martillado, fueron sistemáticamente violadas. La guaquería se volvió tan lucrativa que la Corona debió reglamentarla, considerándola un privilegio de los primeros pobladores de las regiones donde aparecían enterramientos.

Los efectos demográficos fueron devastadores, y aunque las cifras precisas del Darién de 1514-1519 son esquivas, la tendencia general del siglo colonial es inequívoca. En zonas como Cartago, la población indígena cayó un 97% en cincuenta años. Los Quimbaya pasaron de cien mil a cuarenta individuos en cuatro décadas. Tunja, que hacia 1537 contaba unos 215.000 habitantes indígenas, apenas conservaba 25.000 en 1757. El Darién no dejó cifras porque no dejó apenas testigos: la combinación de razzia, enfermedad y huida hacia la selva vació poblados enteros en pocos años. El propio Fernández de Oviedo, testigo directo, calculaba que en los primeros años de gobierno de Pedrarias murieron decenas de miles de indígenas —él escribía dos millones, cifra retórica pero indicativa del horror que se recordaba.

La ventaja militar inicial —el caballo, el arma de fuego, la espada de acero toledano, la disciplina táctica heredada de las guerras europeas— fue indiscutible en los primeros choques. Pero no bastaba por sí sola. Lo que consolidó la conquista fue la desarticulación política de las sociedades cacicales, la ruptura de las cadenas de reciprocidad que las mantenían y el establecimiento de una economía extractiva que se alimentaba de su misma destrucción. Pedrarias fue el gran ejecutor de esa desarticulación en el Darién.

La ejecución de Balboa

Durante cuatro años, Pedrarias y Balboa convivieron en una tensión enfermiza. El obispo Quevedo, que apreciaba a Balboa, intentó mediar. Se acordó incluso un compromiso: Balboa quedaría prometido con María de Peñalosa, hija de Pedrarias que estaba todavía en España, y sería nombrado adelantado del Mar del Sur y gobernador de las provincias de Panamá y Coiba, aunque en posición subordinada al gobernador general. En apariencia, Pedrarias había cedido. En realidad, había ganado tiempo.

Balboa se instaló en Acla, en la vertiente atlántica cercana al istmo, y desde allí organizó lo impensable: hizo transportar en piezas, a hombros de porteadores indígenas y esclavos africanos, los maderos con los que construyó cuatro bergantines en la costa del Pacífico. Fue la primera flota europea en el mar que él había descubierto. Con ella exploró el golfo de San Miguel y la Isla de las Perlas. Los rumores de que planeaba independizarse del gobernador y navegar por su cuenta hacia el sur, hacia el reino rico del que hablaban los indios, llegaron a Pedrarias.

La respuesta fue quirúrgica. Envió a Francisco Pizarro —entonces oficial suyo de confianza, todavía a más de una década de su propia conquista del Perú— a prender a Balboa. El juicio fue tramitado por abogados con velocidad inusitada, en contradicción abierta con las instrucciones reales que prohibían el ejercicio de la abogacía en las provincias. Los cargos: traición, conspiración, usurpación de jurisdicción. La sentencia: decapitación. Se cumplió en la plaza de Acla en 1519, con Pedrarias observando —según algunas versiones— desde detrás de una celosía.

El gesto que siguió es revelador. Pedrarias mandó llamar a un escribano, se trasladó al Pacífico y allí, con la formalidad que la Corona exigía, tomó posesión simbólica del océano en nombre de los reyes. Como si el acto de Balboa seis años antes no hubiera existido. Como si el descubrimiento fuera suyo. Ese pequeño protocolo, aparentemente redundante, resume el sentido de toda su gobernación: sustituir la autoridad acumulada por la vía del trato con el territorio por la autoridad conferida por el papel del rey.

Panamá y el desplazamiento del centro

Pocos meses antes de la muerte de Balboa, en agosto de 1519, Pedrarias fundó Panamá en la costa del Pacífico. Fue un acto fundacional en el sentido más literal: aplicó, punto por punto, las instrucciones reales que había traído desde España. Trazado en damero, plaza central, iglesia y casa del cabildo enfrentadas, reparto de solares entre los vecinos, capitulación firmada. Belalcázar —el futuro fundador de Cali, Popayán y Quito— estuvo presente en el acto y aprendió allí el protocolo que aplicaría después en la Nueva Granada.

La fundación de Panamá desplazó el centro de gravedad de Castilla del Oro. Santa María la Antigua, primera sede episcopal de tierra firme, entró en decadencia: húmeda, insalubre, sin acceso al Pacífico, quedaba fuera del nuevo eje estratégico. Nombre de Dios, en el Atlántico, y Panamá, en el Pacífico, unidos por el istmo, formaban ahora la bisagra del imperio. Por allí saldría, en las décadas siguientes, la mayor parte de la plata del Perú hacia España. La decisión de Pedrarias, más que un capricho urbano, fue una intuición geopolítica de largo alcance: entendió antes que nadie que el futuro de Castilla del Oro estaba en el Pacífico, no en el Caribe.

Lo urbano no era decorativo. La fundación de ciudades fue el instrumento central del dominio español, del mismo modo que había sido el instrumento de la Reconquista peninsular. Cada ciudad era un núcleo de poder político que subordinaba el espacio rural indígena circundante, un cabildo que administraba justicia, una parroquia que administraba almas, un reparto de encomiendas que administraba trabajo. Los vecinos —aquellos españoles reconocidos como tales por el cabildo— recibían honores, tierras, indios. La ciudad no respondía a las necesidades de la población originaria sino a las de la minoría colonizadora, y producía por su sola existencia una ruptura violenta del ordenamiento territorial preexistente. Panamá fue la matriz de ese modelo para el continente sudamericano.

De la razzia a la encomienda

Hacia el final de la gobernación de Pedrarias, el ciclo del saqueo empezaba a agotarse. El oro superficial, el de los caciques y de las tumbas, se acababa. Los indígenas capaces de ser esclavizados como mercancía menguaban por muerte o fuga. Se hacía necesario un régimen económico más estable, capaz de reproducirse sin depender de nuevas incursiones. Ese régimen fue la encomienda.

En rigor, la encomienda se consolidó plenamente después de Pedrarias —hacia 1550 se produciría la transición general en el continente—, pero sus primeras aplicaciones en tierra firme datan de su gobernación. Consistía en distribuir grupos indígenas enteros, generalmente un clan o una tribu con su cacique al frente, para el control y apropiación de su trabajo por parte de un encomendero español. El cacique era el intermediario: representaba al grupo, recogía el tributo colectivo, respondía ante el encomendero. En la isla de Mompox y sus alrededores, en la costa neogranadina, se concedieron treinta y nueve encomiendas en los primeros años de la organización colonial, marcando el comienzo formal del régimen señorial en tierras americanas.

Pedrarias entendió pronto que la encomienda era la fórmula política de la explotación estable: no destruía al grupo indígena, lo utilizaba. Preservaba las estructuras cacicales como infraestructura tributaria y las subordinaba al encomendero. Combinaba las formas tradicionales de producción indígena con la obligación de trabajar para el grupo dominador. Fue, en la larga duración, más letal que la razzia, porque la razzia mataba a una generación pero la encomienda diezmaba a todas las siguientes.

Nicaragua: el modelo exportado

En 1526, tras doce años de gobernación y sobrevivir a varios juicios de residencia, Pedrarias fue trasladado a Nicaragua como gobernador. Tenía más de ochenta años y una energía desconcertante. Gobernó allí hasta su muerte en León en 1531.

La etapa nicaragüense fue la prolongación exacta del modelo darienita. Fundó ciudades —León, Granada— con el mismo protocolo de damero e instrucciones. Repartió encomiendas. Exportó indígenas esclavizados hacia Panamá y hacia el Perú, donde Pizarro, su antiguo lugarteniente, requería mano de obra y aliados. Panamá y Nicaragua funcionaron durante varios años como la retaguardia logística de la conquista del Perú: proveedoras de esclavos, de oro arrebatado a los caciques, de hombres armados. La aventura de Pizarro, Almagro y Luque —los tres asociados que en 1524 y 1526 exploraron la costa del Pacífico sur— fue posible porque Castilla del Oro, tal como Pedrarias la había estructurado, era capaz de sostenerla.

Ese es uno de los sentidos más profundos de su gobernación: entre 1514 y 1531, Pedrarias no solo administró un territorio, sino que fabricó la plataforma desde la cual se lanzó la conquista del imperio incaico. El Perú es hijo, entre otras cosas, del método Pedrarias.

Los límites del poder: la Corona y sus gobernadores

Sería un error, sin embargo, presentar a Pedrarias como el ejecutor obediente de un designio imperial coherente. La relación entre la Corona y sus conquistadores fue, desde muy temprano, tensa y contradictoria. La monarquía había pactado con los conquistadores mediante capitulaciones: contratos que otorgaban licencia para descubrir, poblar y repartir tierras a cambio de la suprema jurisdicción real y del quinto —el veinte por ciento del botín—. Las mercedes eran condicionales: dependían del éxito de la empresa y de la conducta del capitulado. Desde 1526, además, las capitulaciones incorporaron cláusulas expresas sobre el buen tratamiento de los indios, acentuando el carácter público del instrumento.

Pero entre la letra y la ejecución había un océano. La fórmula que sintetizaría toda una época —se obedece pero no se cumple— fue institucionalizada en 1546 por el Cabildo de Bogotá ante las Leyes Nuevas de 1542, pero su lógica estaba operando desde mucho antes. Las contradicciones entre política colonial y práctica conquistadora se manifestaron temprano en procesos judiciales contra Colón, Cortés, los Pizarro. Pedrarias mismo fue objeto de varios juicios de residencia; sobrevivió a todos gracias a la red de la corte, a las alianzas de su mujer y a la incapacidad material del imperio para reemplazar en el terreno a quien controlaba efectivamente el terreno.

La Corona proveía el marco: capitulaciones, Requerimiento, instrucciones urbanas, encomienda regulada. Pero la ejecución quedaba en manos de hombres que se sabían indispensables, que operaban a meses de distancia de cualquier apelación y que sostenían su poder mediante redes de lealtad personal —Pizarro con Pedrarias, Pedrarias con la corte, los cabildos con los encomenderos—. El primer orden colonial del Caribe neogranadino no fue ni puro diseño imperial ni pura iniciativa privada: fue el sedimento de esa contradicción permanente entre soberanía delegada y control nominal. Pedrarias no fue el arquitecto de un sistema perfectamente diseñado; fue el hombre que operó en el hueco que la Corona no podía tapar, y ese hueco fue el que definió el ADN de la conquista.

Herencia sobre el territorio neogranadino

La proyección de Pedrarias sobre lo que hoy es Colombia es indirecta pero constitutiva. La gobernación de Castilla del Oro, en su definición original, incluía el golfo de Urabá y buena parte de la costa Caribe occidental. Desde Panamá salieron, en la década de 1530, las expediciones que reactivaron el interés español por Urabá. Julián Gutiérrez, hacia principios de esa década, llegó desde Panamá al golfo y estableció relaciones comerciales pacíficas con los indígenas locales, incluso casándose con una hermana del cacique dominante —una repetición, tardía y minoritaria, del estilo balboíno—. Pero la armonía se rompió en 1535, cuando Pedro de Heredia, ya fundador de Cartagena de Indias, lo apresó por invadir sus dominios. El breve intervalo pactista fue barrido por la lógica competitiva de las gobernaciones vecinas, herederas del modelo Pedrarias más que del modelo Balboa.

La costa Caribe neogranadina —Santa Marta fundada en 1525, Cartagena en 1533— fue colonizada bajo la misma matriz que Pedrarias había perfeccionado: fundación urbana en damero, capitulación con el rey, saqueo inicial, tránsito hacia la encomienda, esclavización sistemática de los indígenas donde el oro escaseaba. En Santa Marta, agotado rápidamente el saqueo aurífero, la esclavización de indígenas llegó temprano y masiva. En Cartagena, los descubrimientos de entierros del Sinú —las tumbas ricas en oro que atraerían generaciones de guaqueros— retrasaron esa transformación pero no la impidieron.

El modelo fue extraordinariamente estable. Duró siglos. Y fijó una forma de dominación descentralizada, de baja intensidad institucional y alta intensidad extractiva, en la que las ciudades operaban como núcleos autónomos, los cabildos como poderes locales celosos, los encomenderos como pequeños señores de horca y cuchillo, y la Corona como una referencia lejana cuyas normas se acataban en el saludo y se ignoraban en la práctica. Esa arquitectura, que algunos historiadores han llamado la democracia armada de los encomenderos y otros la matriz de la debilidad estatal colombiana, tiene en Pedrarias uno de sus fundadores efectivos.

El hombre y la sombra

Pedrarias murió en León de Nicaragua en 1531, cerca de los noventa años. Había sobrevivido a Balboa, a Nicuesa, a decenas de sus propios lugartenientes, a los indígenas del Darién, a los juicios de residencia, al obispo Quevedo, a Bartolomé de las Casas —que lo denunció con vehemencia—, a Gonzalo Fernández de Oviedo —que lo describió con detalle escalofriante— y a todos los rumores de su próxima destitución. Lo enterraron en la iglesia mayor de León, con honores de gobernador.

Su reputación no ha mejorado con los siglos. Las Casas lo llamó furor Domini, la ira de Dios. Fernández de Oviedo, que lo había servido, dejó de él un retrato de crueldad calculada. La historiografía moderna ha atenuado los excesos retóricos pero ha confirmado lo sustancial: bajo su gobernación, el Darién se despobló, Balboa fue ejecutado en un juicio amañado y el pactismo cacical fue sustituido por un régimen que combinaba razzia y encomienda con la eficacia de una máquina.

Y sin embargo, reducirlo a esa sombra es no verlo del todo. Fue también el hombre que aplicó las primeras instrucciones reales sistemáticas sobre fundación urbana, el que trazó Panamá siguiendo el modelo renacentista de la ciudad ideal, el que entendió antes que nadie la centralidad geopolítica del istmo, el que dejó organizada una plataforma logística sin la cual la conquista del Perú probablemente no habría ocurrido cuando ocurrió. No fue un desviado del sistema: fue una de sus formas más puras. La Corona le encargó gobernar Castilla del Oro y él gobernó Castilla del Oro. Que gobernar significara, en aquel momento y con aquellas instrucciones, exactamente lo que Pedrarias hizo, es una responsabilidad que no le pertenece solo a él sino a la estructura entera que lo produjo, lo envió y lo protegió durante dieciocho años.

Es en esa lectura doble donde reside la incomodidad de su figura: el villano perfecto de la conquista americana es también el funcionario perfecto del imperio castellano. Y esa coincidencia —que el ejecutor y el sistema sean indistinguibles— es probablemente su lección más duradera para la historia de Colombia.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 51 fragmentos
01Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 44, 582 citas
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históricos asociados a la emergencia de una élite que, entremezclando lo económico, lo po - lítico y lo cultural, gobernaría a la naciente Colombia a lo largo de la segunda mitad del xix y la primera mitad del xx. Élites de espada: la autoproclamación del conquistador como la primera élite del Nuevo Mundo La aventura…

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mayoría de conquistadores y soldados que participaron en las conquistas, tanto del Nuevo Reino de Granada como de los demás territorios ultramarinos, solicitaron al Consejo de Indias que les concedie - ra blasones heráldicos, copia de aquellos que portaban las grandes casas nobiliarias en España. Mínguez y Rodríguez…

p. 58
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 252 citas
[3]

de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…

p. 25
[4]

una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…

p. 25
03Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · Página 1991 cita
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inadvertida cosa alguna que engrandeciera a su patria y distinguiera a sus vasallos más inmediatos, halló en las disposiciones aludi- das una circunstancia oportuna y feliz. Castilla, y León ante todo, fue uno de sus móviles preferidos. Ejemplo sa- gacísimo fue este para Don Fernando cuando dispuso que la gracia se…

p. 199
04¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · Páginas 17, 212 citas
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y de supervivencia en tierras nuevas, las cuales estaban plagadas de enfermedades, incertidumbres y dificultades. La limpieza de sangre fue, por tanto, uno de los aspectos decisivos de la trasformación de la península ibérica y de la migración definitiva de casi todos los indianos a América, pues no solo los obligaba…

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aquellas regiones fueron en su mayoría los de los cristianos nuevos, es decir, conversos del islam o del judaísmo que ya tenían una, dos o tres generaciones cuando tuvo lugar el descubrimiento de América. Y esa circunstancia de su traslado forzoso es el origen de lo que yo llamo una nación no planeada ni deseada: no…

p. 17
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 40, 422 citas
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aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…

p. 40
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e riqueza. Puesto que en Santa M arta se agotó rá p id a m en te la fase de saqueo del oro, la esclavización llegó tem p ran o y fue m uy im p o rtan te en la econom ía de la C onquista. En contraste, en la zona de C artagena los d esc u brim ientos de los entierros de oro del Sinú retrasaron la transform ación d e…

p. 42
06El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2821 cita
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Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…

p. 282
07Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · Páginas 85, 87, 1103 citas
[10]

pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…

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y los niños. Seguramente se trataba <:n caso de travestí o bardaje, algo no desconocido en la Amé- rica precolombina; los homosexuales quedaban in- corporados como mujeres en la estructura social y así se les trataba. Naturalmente, a los ojos de los españoles esto era una afrenta y, pues «que del pe- cado nefando eran…

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[24]

buena voluntad y sin ninguna resistencia, luego sin dilación, como fueron informados de lo susodicho obedecieron y recibieron los varones religiosos que sus altezas les enviaban para que les predicasen y ense- ñasen nuestra santa fe, y todos ellos de su libre agra- dable voluntad, sin premia ni condición alguna, se…

p. 87
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 114, 117, 1203 citas
[11]

ello en deudas y gastos, pero los medios financieros de que dispon í a no eran suficientes para continuarla como tal monopolio. En 1495, la Real C é dula del 19 de abril abri ó las puertas de Am é rica a la emigraci ó n general mediante aquellas “ capitulaciones * con personas particulares. En estas se otorgaban…

p. 114
[15]

”. Pas ó con su ej é rcito ala otra banda del Atrato y fund ó un nuevo pueblo con el nombre.d é Santa Mar í a la Antigua del Dari é n. Cuando Diego de Nicuesa protest ó contra esa fundaci ó n, pues ca í a en tierras de su gober naci ó n, Balboa no vacil ó en embarcarlo a la fuerza y enviarlo a Santo Domingo, pese a…

p. 117
[23]

nadie ”, proveedora de esclavos y de oro que se arrebataba a los indios, situaci ó n que perdur ó varios a ñ os. Fue Panam á, sede definitiva de Pedrarias D á vila, la que poco despu é s, al descubrirse el Per ú, se convirti ó en importante puerto comercial y, en 1538, sede de una Real Audiencia que tuvo pocos a ñ os…

p. 120
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 65, 67, 783 citas
[12]

"pleitos colombinos", que sólo se pudieron resolver con el hijo de Diego, Luis Colón, mediante el pago de indemnización y la confirmación de la nobleza de la familia. Fue con estas nuevas condiciones con las cuales en el año 1500, Rodrigo de Bastidas, escribano de Triana, barrio de Sevilla, capituló la conquista del…

p. 65
[16]

revelaron a Balboa la existen- cia al occidente, de la "otra mar" o "Mar del Sur", el Pacífico. Tales noticias las ocultaron a Colón, preocupado por la gloria personal; a Diego de Nicuesa, banquero y opulento merca- der; a Alonso de Ojeda, hombre de "capa y espada". Fue un hombre del pueblo, colono más que…

p. 67
[51]

las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…

p. 78
10Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2181 cita
[13]

Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…

p. 218
11Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 63, 121, 1713 citas
[14]

territorio de Nicuesa, y no de Ojeda, lo que es probable. El mismo Nicuesa llegó poco tiempo después, a comienzos de 1511, después de fracasar en sus intentos de establecer un asentamiento en la región de Veragua, en Panamá; de cerca de 800 hombres le quedaban ya menos de 50 cuando logró llegar al Darién. Nicuesa…

p. 63
[39]

menos de los comerciantes europeos; los intercambios regionales o locales suplantan a los intercontinentales, el oro entra a desempeñar —así sea débilmente— un papel como moneda local, y posiblemente el nivel de vida de los encomenderos, que han visto desaparecer el espejismo de una rápida fortuna en América y…

p. 171
[41]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
12Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Páginas 127, 1322 citas
[18]

67 que, arrancados con violen- cia de su quietud, se lanzan enloquecidos al asalto de una visión azul: ¡El mar! ¡El mar! ¡El mar!, gritan como los griegos de la leyenda. ¡Como si tuvieran, estos bárbaros, el azul en el alma, en las manos, en las palabras! Destroncan un árbol, hacen una cruz, y con la punta de los…

p. 127
[21]

los mismos que rodean a Pedrarias, pero Pedrarias sorprende el espionaje y ordena la prisión de Balboa. El propio Francisco Pizarro hace prisionero a Balboa. Los abogados levantan en un instante el proceso. La senten- cia es definitiva: que le corten la cabeza. El gobernador lo ordena. Y así, doblado el cuello sobre…

p. 132
13Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 391 cita
[19]

al otro lado del golfo de Urab á. Santa Mar í a re cibi ó t í tulo de ciudad y de all í sali ó en 1513 la expedici ó n que, con ayuda de indios amigos, llev ó a Vasco N úñ ez de Balboa al oc é ano Pac í fico. Se convirti ó en 1513 en capital de una nueva gobernaci ó n, la de Castilla del Oro, que un í a Tierra Firme…

p. 39
14Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 511 cita
[20]

Francisco Pizarro para fundar ciudades y la había ejercido al esta- blecer Quito, Cali, Popayán y luego Timaná. Él mismo, Belalcázar, también había estado presente cuando en 1519 Pedrarias Dávila fundó Panamá y quizás conocía las ins- trucciones reales que este había recibido para efectuar tal fundación, y hasta las…

p. 51
15Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 331 cita
[22]

debate. Hoy sabemos, por ejemplo, que las economías agrarias de grupos indígenas que gozaban de una compleja organización social fueron suficientes para sustentar por más de una generación a los pequeños grupos urbanos de la sociedad conquistadora. Es importante advertir también un rasgo económico dominante en el…

p. 33
16Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Páginas 21, 242 citas
[25]

España, pues el rey no era soberano temporal del mundo, ni ocuparse de la conversión de los indios lo convertía en soberano de ellos. Pero si los indios no se sometían y, en especial, si ofrecían alguna forma de resistencia armada a la prédica cristiana, era lícito atacarlos y someterlos a la fuerza. Era, entonces,…

p. 21
[49]

ordenar formas serviles de trabajo. Los debates sobre estos temas fueron interminables y de gran riqueza, y en ellos aparece el rechazo de los colonos a los alegatos de los curas y a las normas reales que los obligaban a moderar la explotación del indio. Los nuevos pobladores de las Indias argumentaban la necesidad de…

p. 24
17Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Páginas 190, 2194 citas
[27]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
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de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

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[32]

y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
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y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…

p. 219
18Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · Página 4291 cita
[29]

pequeño de recién llegados? Las hipótesis han sido muy variadas, pero las dos más comunes que se han repetido con insistencia durante los últimos años son la superioridad militar de los europeos y sus enfermedades. Tengo dudas sobre que cualquiera de ellas fuera la variable definitiva, aunque vale la pena describirlas…

p. 429
19Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 351 cita
[30]

de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…

p. 35
20Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 20, 24, 313 citas
[31]

civiliza ciones extrañas, el europeo sentía la necesidad de agruparse para subordi narlas y al mismo tiempo para preservar su «ser europeo». La afirmación de ciertos valores culturales sólo podía darse en ese contexto urbano, pues vivir en «república» equivalía a «... llevar una vida urbana bien arreglada y…

p. 24
[38]

12 H is t o r ia ec o n ó m ic a y so c ia l i toda nueva conquista que no estuviera autorizada por las Audiencias obe decía al designio de la Corona de retomar la carga que ella había abando nado a la iniciativa de los particulares desde el comienzo. Se quiso ante todo hacer cesar un derroche de vidas humanas, las de…

p. 31
[40]

operaba no solamente en las especu laciones de los comerciantes establecidos en Sevilla o en las islas, sino que se reproducía, en escala más modesta, entre los soldados mismos. Después 1. Cf. Silvio Zavala, Las instituciones jurídicas en la conquista de América, Madrid, 1935. Un resumen de la tesis central en Ensayos…

p. 20
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 441 cita
[34]

se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…

p. 44
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 701 cita
[35]

bién el núcleo administrativo, reli- gioso, y el lugar donde se aprendían nuevas formas de vida. Por otra parte, las ciudades simbolizaban el poder, y la ubicación de los edifi- cios importantes en ciertos lugares estaba destinada a impresionar a sus pobladores y visitantes. nh Normas para el establecimiento En parte,…

p. 70
23Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 291 cita
[36]

Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…

p. 29
24Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 241 cita
[37]

cumplidas- del mandante (Ots Capdequi, 1946). Las capitulaciones tenían tres partes según el autor: la licencia del Rey para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias concedidas por la Corona, y el carácter condicional de las mercedes, supeditadas al éxito de la empresa y la…

p. 24
25Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · Página 531 cita
[42]

diferentes usos. Fue tanta la im- portancia de la «guaquería» en el siglo x1 que muy pronto la Corona española, a medida que se iban descubriendo los enterramientos de Sierra Nevada y del Sinú, sumamente ricos en oro, tuvo que re- glamentaria considerándola como un privilegio que correspondia 2 los primeros pobladores…

p. 53
26Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Páginas 14, 234 citas
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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[47]

instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
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instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
27Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Página 751 cita
[45]

pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…

p. 75
28Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · Página 421 cita
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extranjeros que irrumpieron durante los siglos XVI y XVII con el interés de controlar el golfo de Urabá 10 y sus recursos, al reconocer las ventajas que ofrecía su localización dentro del comercio internacional. Lue- go de estos intentos fallidos, desde finales del siglo XIX se produjeron nue- vos procesos de…

p. 42
29Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Página 431 cita
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lieutenant, because there will be much work and many risks, and such a person will be deserving of it. 7 That Your Majesty permit that during the adelantado ’s lifetime he be permitted to name and train regidores, 8 judges and public notaries and all other offices named later; he asks that Your Majesty grant him this…

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