Ensayo · Prehispánico · antes de 1499
El urbanismo monumental tairona
Solo la Sierra Nevada de Santa Marta produjo ciudades en piedra entre los cacicazgos prehispánicos colombianos. Explicar esa excepcionalidad exige separar los factores ecológicos y políticos reales de las categorías interpretativas —vitruvianas, evolucionistas, ceremonialistas— que cada época proyectó sobre los datos.
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La respuesta en breve
El urbanismo monumental tairona emergió de la intersección entre una geografía que premiaba la nucleización vertical —la estructura piramidal de la Sierra, la compresión de pisos térmicos, las pendientes que obligaban a aterrazar— y una decisión política de varios siglos que canalizó esa nucleización hacia jerarquías redistributivas sostenidas por élites sacerdotales. La ecología fue condición necesaria pero no suficiente: otras cordilleras del actual territorio colombiano no produjeron un fenómeno análogo, y los muiscas —chibchas de familia lingüística próxima, con economía de excedentes agrícolas— nunca desarrollaron arquitectura lítica comparable. La morfología real de los sitios responde menos a una ciudad en sentido vitruviano que a conurbaciones por cuenca: grandes sistemas de poblados de varios tamaños y funciones distribuidos a lo largo de los ríos, con centros de redistribución jerarquizados por hoya hidrográfica, sin muros defensivos generalizados ni separación clara entre lo residencial y lo ceremonial. Las interpretaciones sucesivas —ceremonialismo elitista, evolucionismo urbano, marca turística— amplificaron la singularidad de sitios como Buritaca-200 y distorsionaron la comprensión de una red habitada y diversificada que la evidencia acumulada desde los años ochenta ha ido restituiendo.
El debate tiene cuatro ejes entrelazados. Primero, ecología versus política: si la concentración lítica fue una respuesta mecánica al relieve serrano o el resultado de una jerarquización deliberada que otros cacicazgos chibchas evitaron o no consolidaron; la comparación con los muiscas —sabana, dispersión, bahareque— y con los zenúes —llanura, superficialidad material, obras hidráulicas sin urbanismo monumental— muestra que la geografía abrió opciones que solo los taironas tomaron. Segundo, el origen de la complejidad: la hipótesis de Augusto Oyuela-Caycedo, recibida con escepticismo, propone que una sequía entre el 500 y el 650 d. C. catalizó el reemplazo de chamanes por un sacerdocio jerarquizado que institucionalizó la religión y concentró el excedente; frente a ella, Gerardo Reichel-Dolmatoff vinculó el surgimiento de cacicazgos en la región Caribe a la posibilidad de generar excedentes agrícolas en suelos difíciles, sin precisar el mecanismo. Tercero, la interpretación ceremonialista versus residencial: la tesis del ceremonial-temple complex —formalizada por Paul Wheatley en 1971 y aplicada a Pueblito y Teyuna-Ciudad Perdida— sostuvo que esos sitios eran complejos rituales habitados solo por élites religiosas; investigaciones posteriores, incluidos los trabajos de Santiago Giraldo en Pueblito, mostraron viviendas distribuidas alrededor de las plazoletas y estructuras tipo templo, erosionando la lectura puramente ceremonial, aunque la demostración explícita de ocupación residencial diversificada sigue siendo parcial. Cuarto, el problema del vocabulario: el uso de categorías vitruvianas —plaza, templo, palacio, acrópolis— y de los criterios childeanos para la revolución urbana impone divisiones público/privado y funciones especializadas que el espacio tairona, sin muros perimetrales ni segregación clara de usos, probablemente no admite; la conversión de Buritaca-200 en emblema turístico nacional desde 1976 amplificó además la singularidad de un sitio en detrimento de la red dispersa de centenares de poblados que las fuentes coloniales describen.
Ensayo completo
La lectura
¿Por qué solo la Sierra Nevada produjo ciudades en piedra?
Entre los siglos VII y XVI, en las vertientes norte y occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta, se consolidó un sistema de asentamientos que ningún otro cacicazgo del actual territorio colombiano igualó en densidad constructiva ni en durabilidad material: cientos de poblados enlazados por caminos enlosados, sostenidos sobre terrazas y plazoletas circulares en muros de piedra, con canales de riego y una jerarquía visible que culminaba, hacia 1500, en dos centros antagónicos —Bonda, en la planicie próxima a Santa Marta, y Pocigueica, en las faldas abruptas sobre las cabeceras de los ríos Frío y Don Diego. Mientras muiscas, quimbayas y zenúes desplegaban aldeas dispersas de bahareque cuyo rastro arqueológico es superficial, los taironas dejaron una arquitectura lítica que sobrevivió al abandono.
Esa asimetría es el problema. Y la pregunta, más incómoda de lo que parece, es doble: ¿por qué solo la Sierra produjo ciudades en piedra, y qué queremos decir cuando decimos ciudades?
La respuesta corta, y por qué no basta
La respuesta corta cabe en una línea: porque el relieve premiaba la concentración y porque una jerarquía sacerdotal decidió aprovecharla. Pero cada uno de esos dos términos —relieve y jerarquía— arrastra un debate de casi un siglo y una pila de malentendidos que conviene deshacer antes de darlos por evidentes.
La excepcionalidad tairona es, para empezar, un hecho material verificable: en más de cinco mil kilómetros cuadrados de vertientes serranas se distribuye un conjunto de sitios con arquitectura compartida cuya escala no tiene paralelo en el resto del país. Pero también es un fenómeno que ha pasado por manos muy distintas. Las descripciones tempranas lo leyeron con categorías vitruvianas —plaza, templo, palacio—; los años cuarenta y cincuenta lo pusieron en la escala evolucionista; las lecturas alemanas lo abordaron desde el difusionismo; llegó luego el procesualismo; y desde el descubrimiento de Buritaca-200 en 1976, el marco patrimonial-turístico se superpuso a todos los anteriores. Cada uno de esos marcos decidió qué contaba como dato y qué quedaba fuera del plano.
Ahí está la trampa. Si la respuesta se limita a la ecología —la Sierra como pirámide que comprime pisos térmicos y obliga a la nucleización—, la diferencia con los muiscas se vuelve una función mecánica del relieve y la agencia política tairona desaparece. Si se limita a lo político —élites sacerdotales que decidieron jerarquizar donde otros cacicazgos chibchas no lo hicieron—, se pierde la evidencia dura de que la geografía de la Sierra restringió opciones que en la sabana de Bogotá o en las llanuras del San Jorge simplemente no se plantearon. Y si se limita a la crítica del vocabulario heredado —el urbanismo tairona como invención teórica y como marca turística—, un fenómeno arqueológicamente sólido se disuelve en discusión terminológica.
¿Qué dice la ecología?
El primer argumento serio, y el más difícil de refutar, es ambientalista. La estructura piramidal de la Sierra Nevada —que eleva picos hasta las nieves perpetuas a pocos kilómetros del litoral— impuso una lógica de asentamiento imposible en las sabanas del altiplano cundiboyacense o en las llanuras zenúes. La compresión vertical de pisos térmicos, que permite a un habitante pasar en pocas horas del cálido al frío, hizo de cada hoya hidrográfica un microcosmos autosuficiente. Nuclearse en piedra, aterrazar las cuchillas, canalizar las aguas: respuestas obligadas al relieve, no opciones estilísticas. Bajo esta lectura, muiscas y taironas no representan grados distintos de evolución sino soluciones distintas a ecologías distintas.
El problema del argumento ecológico, tomado en solitario, es que la geografía nunca construye por sí sola. Otras cordilleras del actual territorio colombiano ofrecían pendientes escarpadas, pisos térmicos comprimidos y hoyas hidrográficas cerradas, y no produjeron nada equivalente. La Sierra ofreció incentivos; alguien tuvo que aceptarlos.
¿Qué dice la política?
De ahí el segundo argumento. La hipótesis de una sequía pronunciada entre el 500 y el 650 d. C. —que habría permitido a individuos carismáticos consolidar un grupo sacerdotal jerarquizado en reemplazo de los chamanes— sostiene que la complejidad tairona nació de una crisis social gestionada por élites, no de un ajuste térmico. La existencia hacia 1500 de dos centros antagónicos, Bonda y Pocigueica, y de un sistema de redistribución con varios centros por hoya hidrográfica sugiere una economía política activa: control de rutas comerciales que llegaban por intermediarios hasta el territorio muisca, especialización en oro, mantas de algodón, adornos de plumas y objetos de piedra tallada, articulación mediante una red de caminos enlosados. Los taironas hicieron lo que los muiscas, quimbayas y zenúes evitaron o no consolidaron: concentrar el excedente en pocas manos y monumentalizarlo en piedra.
¿Y qué dice la crítica de las categorías?
La categoría de complejo ceremonial-templo, formalizada en 1971 en el marco de una discusión general sobre el origen del urbanismo, fue aplicada a Pueblito y a Teyuna-Ciudad Perdida para argumentar que se trataba de complejos religiosos habitados solo por élites sacerdotales. Esa lectura, heredera del evolucionismo urbano y de sus criterios para definir la revolución urbana, forzó categorías vitruvianas —plaza, templo, palacio— sobre un espacio que probablemente no admitía la división público/privado en esos términos. El descubrimiento de Buritaca-200 en 1976 y su conversión en emblema turístico nacional amplificaron la singularidad de un sitio en detrimento de la red dispersa de centenares de poblados que el cronista Simón, al describir el Valle de la Caldera, decía ver desde las laderas.
Queda un cuarto frente, el del origen. El debate opone a quienes ven una fuerte influencia centroamericana —con paralelos en el centro y oriente de Costa Rica y posible migración marítima— y a quienes defendieron la primacía de desarrollos locales como Momil y el río Ranchería, situando la arquitectura tairona en relación con complejos como Pajatén en el Perú. Si el complejo es esencialmente local, su excepcionalidad es un desarrollo interno chibcha; si es producto de contacto costarricense, la Sierra fue receptora de un paquete cultural que incluía la piedra, y toda comparación con otros cacicazgos colombianos cambia de terreno.
El peso de los datos
Los datos arqueológicos, tomados en su especificidad, no coronan ninguna de estas posiciones en solitario, pero sí ordenan sus pesos relativos.
La secuencia cronológica es incompleta —sobre la zona tairona faltan datos estratigráficos precisos, y esa carencia es antigua— pero permite un esbozo. Pueblito comenzó a poblarse hacia el año 600, con unas pocas familias ocupando entre 3 y 4 hectáreas. Chenge fue una pequeña aldea especializada en la explotación de sal, cuyo tamaño impide tomarla como representativa. Los grandes centros —Pueblito con sus plazoletas, Buritaca-200 con sus caminos enlosados sobre las cuchillas— corresponden a fases posteriores, y el sistema alcanzó su despliegue máximo en los siglos previos al contacto español. Entre el 200 y el 1600 d. C. la actividad constructiva y agrícola tairona transformó el paisaje de las zonas norte y occidental de la Sierra a una escala visible en el registro paleoambiental.
La morfología de los sitios remite menos a una ciudad en sentido vitruviano que a lo que resulta más adecuado llamar conurbaciones por cuenca: grandes sistemas de poblados de varios tamaños y funciones distribuidos a lo largo de los ríos, cuyos límites espaciales y sociopolíticos son difíciles de precisar. Cada hoya hidrográfica contenía varios centros de redistribución, y cada ciudad se rodeaba de sus cultivos —terrazas irrigadas, grupos aislados de andenes— formando un ecosistema artificial. No hay muros defensivos generalizados, no hay una separación clara entre lo residencial y lo ceremonial en las plazoletas centrales, y la red de caminos enlaza más que fortifica. Que los españoles, al llegar a las tierras planas cerca de Santa Marta, quedaran admirados por el sistema de irrigación en una zona hoy árida, y que su estrategia de guerra incluyera deliberadamente arrasar aldeas proveedoras de pescado y destruir los campos de maíz, confirma que el sistema económico era denso, integrado y dependiente de una infraestructura que la piedra hacía visible pero cuya lógica excedía la monumentalidad.
Sobre la interpretación ceremonialista, la evidencia acumulada desde los años ochenta ha erosionado la lectura de Pueblito y Teyuna como centros puramente rituales o poblados solo por élites religiosas. Las viviendas construidas alrededor de las plazoletas y en torno a las estructuras tipo templo indican funciones residenciales que las primeras excavaciones subestimaron al leerlo todo como recinto sagrado. No una acrópolis sacerdotal, sino un sistema habitado.
La comparación
La comparación con los otros grandes cacicazgos chibchas y no chibchas del actual territorio colombiano es donde la excepcionalidad tairona se define con más nitidez, y donde se aclara por qué la ecología, siendo condición necesaria, no es condición suficiente.
Los muiscas del altiplano cundiboyacense articularon su población en aldeas asociadas a capitanías —unidades identificadas con la posesión de tierras de labranza— combinadas con una dispersión de bohíos que introducía una fuerza centrífuga permanente frente al principio de nucleización en torno al cercado del cacique. Las viviendas medían predominantemente entre 5 y 6 metros de diámetro, con diversidad creciente en los periodos tardíos. La aldea de El Venado creció desde unas pocas familias durante el período Herrera hasta ocupar 14,4 hectáreas distribuidas en nueve zonas de agrupación de casas en el Muisca Tardío. Los muiscas tenían red de trueque extensa —las salinas de Zipaquirá y Nemocón generaron un comercio considerable—, orfebrería trabajada con la mayoría de las técnicas quimbayas aunque con menor elaboración artística, y cerámica tecnológicamente adecuada pero tampoco muy elaborada. Nunca desarrollaron arquitectura lítica doméstica ni sistemas de terrazas comparables. La sabana permitía una economía política dispersa y las capitanías la sostuvieron: la centrifugalidad no era una carencia sino un principio organizador.
Los zenúes del San Jorge y el Sinú, divididos hacia 1500 en tres cacicazgos —Fincenú, Pancenú y Cenúfana— con una cultura homogénea entre ellos, presentan un cuadro aún más disperso: restos materiales muy superficialmente distribuidos, población rural, diferenciación de rangos visible en los entierros pero sin una estructura de poder centralizada que explique cómodamente las grandes obras hidráulicas que se les atribuyen. Los quimbayas se distinguieron por una orfebrería de sofisticación técnica y artística notable, sin que esa concentración de valor simbólico se tradujera en un urbanismo monumental. Ninguna de estas sociedades operaba en un relieve que impusiera —o siquiera facilitara— la nucleización lítica; la Sierra tairona sí la premió, y las terrazas irrigadas y los caminos enlosados eran, en pendientes escarpadas y bajo temporadas de lluvias erosivas, la única manera de sostener la integración económica del sistema.
Sobre el eje político, la existencia de Bonda y Pocigueica como dos centros antagónicos al momento del contacto español indica que la jerarquización tairona no solo se había consolidado sino que se había fracturado en polos rivales, lo cual solo se explica si hubo excedente concentrable, élites capaces de concentrarlo y sistemas de legitimación —muy probablemente religiosos, dada la centralidad ceremonial que las estructuras tipo templo sugieren— que sostenían esa concentración. La hipótesis de la sequía como catalizador de una religión institucionalizada dirigida por sacerdotes en reemplazo de los chamanes se ajusta a lo que la comparación con los otros cacicazgos confirma: el paso de una autoridad chamánica dispersa a una autoridad sacerdotal jerarquizada no ocurrió en el altiplano muisca ni en las llanuras zenúes, y sí ocurrió en la Sierra.
Una respuesta con reservas
El urbanismo monumental tairona emergió de la intersección entre una geografía que premiaba la nucleización vertical y una decisión política —o una deriva histórica de varios siglos— que canalizó esa nucleización hacia jerarquías redistributivas sostenidas por élites sacerdotales. La ecología fue condición necesaria: sin la estructura piramidal de la Sierra, sin la compresión de pisos térmicos, sin las pendientes que obligaban a aterrazar, no habría habido incentivo para concentrar en piedra lo que en la sabana podía dispersarse en bahareque. Pero no fue condición suficiente: otras cordilleras del actual territorio colombiano tampoco produjeron un fenómeno análogo, y la comparación con los muiscas —chibchas de familia lingüística próxima, con economía de excedentes agrícolas, con orfebrería técnicamente comparable— demuestra que la piedra no fue una consecuencia automática del relieve. Los taironas eligieron —o sus élites eligieron, o las circunstancias eligieron por ellos— construir una economía política de red por cuencas hidrográficas, con centros de redistribución jerarquizados y una infraestructura durable que hiciera visible y perpetuara esa jerarquía.
La excepcionalidad tairona, sin embargo, ha sido amplificada por marcos interpretativos sucesivos que decidieron mirarla con categorías impropias. El vocabulario acumulado —plaza, templo, centro ceremonial, palacio, acrópolis— tiene una raíz vitruviana que asume divisiones que el espacio tairona probablemente no admite. Las plazoletas circulares no son plazas en el sentido mediterráneo, con una división público/privado y una centralidad cívica. Las estructuras tipo templo no son templos en el sentido de recintos sagrados separados de la habitación cotidiana. La ausencia de murallas defensivas generalizadas indica que la ciudad tairona no se piensa como recinto amurallado. Y la organización en conurbaciones por cuenca, con centros de tamaños y funciones variables, escapa tanto al modelo de ciudad-estado como al de centro ceremonial elitista.
La categoría más adecuada, aunque el vocabulario todavía no exista con precisión, sería la de un sistema de redistribución territorial por hoyas hidrográficas, donde cada centro articula un ecosistema artificial de terrazas, canales y caminos, y donde el conjunto forma una red de asentamientos jerarquizados sin ciudad-capital estable. Bonda y Pocigueica no eran capitales en el sentido europeo: eran polos de acumulación en un sistema que operaba por cuencas y que canalizaba, mediante intermediarios, un comercio de larga distancia hasta el territorio muisca —oro, cuentas de concha y piedra, caracoles marinos— y hasta las tierras bajas al oriente y occidente de la Sierra.
Frentes abiertos
Ninguna respuesta cierra el asunto. La cronología fina de la jerarquización sigue siendo débil: sin una secuencia estratigráfica robusta, no es posible fechar con precisión el paso de las pequeñas aldeas del siglo VII a los grandes centros redistributivos del siglo XVI, ni discriminar si la hipótesis de la sequía del 500-650 d. C. como catalizador de la jerarquización sacerdotal se sostiene o si el proceso fue más gradual.
Hay también un problema con la analogía kogui-tairona. La continuidad histórica postulada entre los indígenas actuales de la Sierra —kogui, ijka, wiwa— y los antiguos taironas ha dado frutos: la organización del universo en nueve mundos representados en un huso vertical, la centralidad cosmológica de los templos, la asociación felina del Sol y la Luna en los linajes sacerdotales. La analogía sigue siendo productiva; usarla como espejo directo del pasado prehispánico, sin atender a los cambios internos de las comunidades actuales y a su heterogeneidad política y religiosa, exige cautela.
Queda además el problema del léxico, que aún no encuentra un vocabulario analítico adecuado para describir el sistema tairona en sus propios términos. Conurbaciones por cuenca, ecosistemas artificiales, centros de redistribución hidrográfica: aproximaciones. Mientras el vocabulario disponible siga siendo vitruviano —o su versión negativa, la mera negación de las categorías europeas—, la comprensión del urbanismo tairona seguirá dependiendo de lo que no fue en lugar de lo que fue.
La Sierra Nevada tairona construyó lo que otros cacicazgos del actual territorio colombiano no construyeron: un urbanismo lítico durable, jerarquizado, integrado por cuencas. Lo hizo porque el relieve lo premiaba y porque una decisión política —o una deriva histórica de varios siglos— lo canalizó. Los taironas no fueron más avanzados que los muiscas; fueron distintos. Y esa distinción, un siglo después de las primeras descripciones sistemáticas, sigue siendo tanto un hecho arqueológico como un problema que la disciplina apenas empieza a nombrar con las palabras adecuadas.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
21 documentos · 42 fragmentos de referencia01Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 fragmento
[1]La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…
p. 252
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 87, 912 fragmentos
[2]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…
p. 91
[8]parece que ten í an en cada hoya hidrogr á fica varios centros de redistribuci ó n, en forma de ciudades. Cada ciudad rodeada de sus cultivos, y aun cada grupo de terrazas aisladas, formaba as í un ecosistema artificial. ‘ Al comienzo del siglo xvi gran n ú mero de poblaciones de los Tairona se hab í an aglutinado…
p. 87
03Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 325, 359, 385, 3944 fragmentos
[3]cultivo del maíz y este, así como otros cultígenos y frutales, se sembra- ban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles que- daron admirados con el perfecto sistema de irrigación que 170 Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas…
p. 359
[15]relacio- nes entre Momil y algunas culturas del centro y oriente de Costa Rica, a saber Las Pavas y El Bosque. Es sobre esta base común como sugiero se haya desarrollado una tradición 196 Bogotá, 1978 - 1979. Mi cambio de enfoque, en la interpretación de estas relaciones, se debe ante todo a mis conversaciones con el…
p. 394
[17]td Ciciaófs Sobre las creencias religiosas tampoco hay datos deta- llados. La iconografía representada en cerámica, piedra y objetos metálicos, deja reconocer algunas figuras individua- lizadas que podrían identificarse con una divinidad solar o con chamanes ataviados. También hay series de figuras que parecen ser…
p. 385
[32]tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…
p. 325
04Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 242, 247, 2606 fragmentos
[4]sobre las secuencias de construcción, nuestro conocimiento mejoró de manera sustancial. Lo que al inicio era considerado un fenómeno puntual y relativamente restringido en su escala espacial, ha comprobado ser mucho más amplio y complejo de lo que se pensaba. La distribución de sitios taironas con características…
p. 260
[5]sobre las secuencias de construcción, nuestro conocimiento mejoró de manera sustancial. Lo que al inicio era considerado un fenómeno puntual y relativamente restringido en su escala espacial, ha comprobado ser mucho más amplio y complejo de lo que se pensaba. La distribución de sitios taironas con características…
p. 260
[6]Esto incluye el modo como se conceptualiza lo privado y lo público, los cambios en la forma de interactuar de sus habitantes y qué reglas se deben seguir para poder construir o no espacios como estos. Los nuevos análisis buscan alejarse de aproximaciones puramente funcionalistas y adaptativas, tales como la propuesta…
p. 242
[7]Esto incluye el modo como se conceptualiza lo privado y lo público, los cambios en la forma de interactuar de sus habitantes y qué reglas se deben seguir para poder construir o no espacios como estos. Los nuevos análisis buscan alejarse de aproximaciones puramente funcionalistas y adaptativas, tales como la propuesta…
p. 242
[9]viviendas habían sido construidas alrededor de dos grandes plazoletas centrales y dos estructuras que a todas luces parecían “templos”, motivó el argumento de que se trataba de complejos religiosos o centros ceremoniales, lo cual correspondía bastante bien con lo que para la época era tomado como seña de una secuencia…
p. 247
[10]viviendas habían sido construidas alrededor de dos grandes plazoletas centrales y dos estructuras que a todas luces parecían “templos”, motivó el argumento de que se trataba de complejos religiosos o centros ceremoniales, lo cual correspondía bastante bien con lo que para la época era tomado como seña de una secuencia…
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05Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 235, 338, 366, 3714 fragmentos
[11]Buritaca por parte de unas comunidades muy pequeñas probablemente autosuficientes, y el intercambio y producción de objetos suntuarios fue crecientemente importante. Hay que tener en cuenta que Chenge fue una pequeña aldea al lado de sitios como Pueblito y Buritaca-200. Es decir, lo que ocurrió en ese sitio no se…
p. 371
[12]los procesos de cambio en la región sin tener que apelar a la llegada de pueblos desde afuera, aunque, lamentablemente, se ha acudido a cambios medioambientales. Augusto Oyuela, por ejemplo, propuso que las sociedades responsables de las fabulosas obras que encontraban los arqueólogos se podían explicar a partir de…
p. 366
[13]social en cierto momento, pero siempre es más útil saber algo sobre los antecedentes, o sobre los desarrollos posteriores. Lo anterior quiere decir que la mejor forma de conocer cómo se desarrolló la desigualdad implica estudios comparativos que abarquen largos periodos. No voy a extenderme más en estas…
p. 338
[30]triángulo o en línea. Gracias a investigaciones realizadas en diversas partes de los Andes orientales se sabe que las viviendas muiscas medían entre unos 5 y 6 metros de diámetro, si bien existió una enorme diversidad de estructuras, sobre todo en los periodos más tardíos. El Venado, durante la última parte del…
p. 235
06Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 501 fragmento
[14]complejo. Contactos culturales Las investigaciones arqueológicas aún no permiten reconstruir los orígenes de la Cultura Tairona, y sólo se pueden hacer breves sugeren- cias acerca de algunas fases de su desarrollo. La fase protohistórica a histórica la conocemos a través de varios sitios de contacto, es decir, de…
p. 50
07Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2481 fragmento
[16]siglo comenzaron a llegar los etnólogos y arqueólogos ale- manes. A Konrad Theodor Preuss, Theodor Koch-Grunberg o Alfred Jahn les interesaba el lugar que le asig- naba la escuela difusionista a la gente exótica de este lado del mundo. Le- garon una metodología de constata- ción empírica basada en observaciones…
p. 248
08Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 331 fragmento
[18]on a tropical agriculture project he described as a “great whirlwind of work and commerce” involving a “brave people who live without preoccupation for the future.” 10 Although Reclus’s project failed and he returned to Europe empty-handed —to become the father of comparative geography—others followed his example and…
p. 33
09La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 73, 101, 1733 fragmentos
[19]realizarse en un formato adecuado para la exhibición. Justus Wolfram Schottelius, “Estado actual de la arqueología colombiana”, Boletín de arqueología 3 (1946): 203. 12 Schottelius, “Estado actual”, 202-203. Es interesante anotar lo que para el alemán eran “los problemas más profundos de la arqueología colombiana: el…
p. 73
[20]y prácticas en la transformación de la sociedad. Al contrario, el segundo sentido en que se emplea esta expresión tiene que ver con la creación de representaciones más o menos estables del patrimonio arqueológico, que se fraguaron entre finales de la década de 1940 y comienzos de la siguiente. En ese caso, se trata de…
p. 101
[37]bianos, casi siempre limitados por la denominación histórica de las cultu - ras y el croquis del mapa nacional. Independiente de la vigencia posterior de esta propuesta, resulta valiosa por el hecho de ser el testimonio de una mirada crítica, que era capaz de incluir a la Sierra Nevada como parte de la zona andina 49…
p. 173
10Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 145, 1492 fragmentos
[21]en la base de la estruc- tura social, estarían los especialistas de oficio, tales como agricultores, artesanos y mercaderes. Patrón de poblamiento La población indígena parece haber sido muy densa. En las fuentes históricas se mencionan cen- tenares de pueblos, localizados tanto en la «tierra» (como llamaban los…
p. 149
[34]litoral Atlántico. Se considera la montaña de litoral más elevada del mundo, y sus picos son los más altos del país: el Bolívar, de 5.775 m, y el Colón, de 5.770. Estas 118 ZONA ARQUEOLOGICA TAIRONA Ia Xm cumbres se levantan bruscamente desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas, a pocos kilómetros del litoral,…
p. 145
11Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 145, 181, 187, 2084 fragmentos
[22]entran por la abertura de la puerta. El caso de las viviendas y centros ceremoniales de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta es bien conocido. El antropólogo Donald Tayler encontró que para cada ijka tiene una extraordinaria importancia la noción de centro, generalmente su casa, su labranza o su santuario,…
p. 145
[29]residencial tenga un 10% más del promedio de tiestos s? ¿Es evidencia de un linaje fundador que representa una creo. Otro ejemplo, en ese mismo lugar: para el período { 'emprano, se argumenta que dos unidades, EM-12 y EM- 10polizaron el conocimiento esotérico porque tenían más ción de jarras es del 10,4%, mientras que…
p. 208
[31]disminuir, en Sogamoso aparecen algunas que son más grandes que otras, al igual que en Fúquene. En el valle de Leiva ocurre algo particular: se conforman dos comunidades donde se concentra la mayor parte de la población, y una de ellas (El Infier- mito) es algo más grande que la otra (Suta). El Infiernito parece tener…
p. 181
[35]los barí, de la serranía de Perija. Ellos viven en grandes casas comunales, habitadas por cerca de 50 personas. Pero no tienen una, sino varias de esas grandes casas, las cuales ocupan de manera estacional. Ni los kogi, ni los u'wa, ni los barí son casos únicos: de hecho, ninguno de los grupos indigenas que habitaban…
p. 187
12Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 69, 437, 4643 fragmentos
[23]vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…
p. 69
[25]enco- miendas que se establecían en las estribaciones serranas del oriente y del norte. Para controlar a los rebeldes, el ejército español de Santa Marta recibió refuerzos de Cartagena, Valledupar, Sevilla y Córdoba. Con la finalidad de desvertebrar la economía indígena, los europeos arrasaron las aldeas que suminis-…
p. 437
[41]tros así, haciendo para cambiar. Civilizado es distinto. Engaña, pelea. Coge machete, coge tierra, diciendo: eso mío, eso mío. Nosotros buenos. Alquilamos tierra y paga- mos; cogemos y devolvemos. Decimos: voy a hacer tal cosa 465 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr y la hacemos. Así nada pierde. Así gente está…
p. 464
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1321 fragmento
[24]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…
p. 132
14Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 fragmento
[26]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
15Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 621 fragmento
[27]Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…
p. 62
16Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 391 fragmento
[28]por tiestos que debió representar el lugar de habitación "de unos centenares de personas" y, en la vereda Pueblo Viejo de Cogua, Cárdale (1981: 41) señala que hay fragmentos de loza muisca dispersos de tal forma que sugieren "una agrupación de casas en número suficiente para poder denominarlo pueblo". Según los…
p. 39
17La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 fragmento
[33]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…
p. 51
18Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 301 fragmento
[36]y la arahuac. Puesto que las m igraciones y el poblam iento fueron m oldeados por las condiciones geográficas alu d id as, estos tres grupos lingüísticos no constituyeron bloques territoriales cohesionados y m ás bien es tuvieron entrem ezclados y dispersos. A la llegada de los españoles, los chibchas, ligados…
p. 30
19Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 61 fragmento
[38]producción de cerámica en la costa caribe colombiana, pero no es un hecho comprobado que se tratara de sociedades que practicaran agricultura intensiva. La asociación entre uso de la cerámica y un mayor énfasis en el sedentarismo parece clara, pero no así con la agricultura. Por otra parte, las investigaciones de…
p. 6
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 51, 542 fragmentos
[39]de los animales, las piezas de cacería y determinaba en gran medida la disponibilidad de los recursos y sus usos. Su intervención era (y es) fundamental — mediante salmos y rezos, ritos y otras ceremonias— para la reproducción de los mismos animales: recogía el “alma” de la presa y la remitía a su lugar de origen, a…
p. 54
[42]el espacio y diferentes en su organización social, poseen modelos similares que, como destacó Elizabeth Reichel (2005) en una seminario organizado en el Colegio de Francia, representan el cosmos en diferentes niveles, en cada uno de los cuales viven seres de diferente naturaleza. Los kogui perciben el universo…
p. 51
21Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 351 fragmento
[40]rescate de las formas de ver el mundo, distintas a la dominante, pues, de otro modo, desaparecerían en el curso de pocas generaciones. Es sorprenden- te encontrar que incluso criollos de fines del siglo XVIII planteaban la urgencia de un trabajo de rescate para saber cómo eran las sociedades indígenas que pronto…
p. 35