Entre los siglos XIV y XV, los muiscas del altiplano cundiboyacense —un territorio sin oro propio— construyeron un sofisticado sistema de orfebrería ritual basado en la importación del metal, la técnica de cera perdida y la producción de ofrendas únicas (tunjos) que articulaban especialización artesanal, valor simbólico y reproducción de jerarquías cacicales.
Entre los siglos XIV y XV, los muiscas del altiplano cundiboyacense —un territorio sin oro propio— construyeron un sofisticado sistema de orfebrería ritual basado en la importación del metal, la técnica de cera perdida y la producción de ofrendas únicas (tunjos) que articulaban especialización artesanal, valor simbólico y reproducción de jerarquías cacicales.
Solo la Sierra Nevada de Santa Marta produjo ciudades en piedra entre los cacicazgos prehispánicos colombianos. Explicar esa excepcionalidad exige separar los factores ecológicos y políticos reales de las categorías interpretativas —vitruvianas, evolucionistas, ceremonialistas— que cada época proyectó sobre los datos.