Entre 2016 y 2019, la escultora Doris Salcedo produjo dos obras —Sumando Ausencias y Fragmentos— que convirtieron el duelo colectivo del conflicto armado colombiano en gestos corporales y espacios de memoria disputados, en plena crisis del proceso de paz con las FARC-EP. Fragmentos, inaugurado en diciembre de 2018, transformó las armas entregadas por la guerrilla en un piso forjado por mujeres sobrevivientes de violencia sexual, proponiendo el contramonumento como forma de impugnar la normalización institucional de la violencia.
Entre 2016 y 2019, la escultora Doris Salcedo produjo dos obras —Sumando Ausencias y Fragmentos— que convirtieron el duelo colectivo del conflicto armado colombiano en gestos corporales y espacios de memoria disputados, en plena crisis del proceso de paz con las FARC-EP. Fragmentos, inaugurado en diciembre de 2018, transformó las armas entregadas por la guerrilla en un piso forjado por mujeres sobrevivientes de violencia sexual, proponiendo el contramonumento como forma de impugnar la normalización institucional de la violencia.
Desde finales de los noventa, Colombia produjo una eclosión sin precedentes de prácticas estéticas y rituales dedicadas a nombrar y disputar el sentido de la guerra: alabaos en Bojayá, hip hop en la Comuna 13, contramonumentos como Fragmentos, bosques de paz, muralismo juvenil. El debate central es si estas prácticas son la prótesis simbólica de un Estado incapaz de ofrecer marcos de duelo y reparación, o la actualización política de repertorios culturales de larga duración que las comunidades reactivaron con autonomía propia.