Las marchas cocaleras y la frontera agraria (1996–2000)
Entre 1996 y 2000, la expansión de los cultivos de coca en la Amazonia colombiana desencadenó las protestas agrarias más amplias de la historia del país, enfrentó al campesinado cocalero con el Estado y sus fumigaciones de glifosato, y preparó el terreno discursivo y territorial del Plan Colombia, convirtiendo la demanda de sustitución voluntaria en pretexto para la militarización.
Las marchas cocaleras de 1996 representan el momento en que Colombia eligió —o fue empujada a elegir— la militarización sobre la negociación como respuesta a la economía campesina de la coca, una decisión que selló el destino de cientos de miles de familias rurales durante las dos décadas siguientes. El episodio revela cómo la confluencia de presión estadounidense, debilidad institucional y control guerrillero del territorio convirtió una demanda agraria legítima en combustible para la escalada del conflicto armado. Entender ese nudo es indispensable para comprender por qué el problema de los cultivos ilícitos en Colombia resistió décadas de fumigaciones, erradicación forzada y operaciones militares sin resolverse.Entrar al hecho